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Compendio de la Historia
universal
César Cantú
Rudimentos
Historia es la narración encadenada de importantes acontecimientos tenidos por
verdaderos. Es ciencia de primer orden entre las etnográficas y morales, y descansa en la fe
que se refiere a los testimonios por que fueron trasmitidos los hechos anteriores, de los cuales
deduce el porvenir probable en el desenvolvimiento de la libre actividad del hombre.
En cuanto a sus asuntos, la Historia puede ser política, literaria, sagrada, eclesiástica,
artística, científica, universal, particular, municipal, antigua, moderna, contemporánea, personal
(biografía).
En cuanto a la forma, hallamos la crónica, la efeméride, los anales, los comentarios, las
memorias, las monografías, las anécdotas, los compendios, las colecciones. La verdadera
historia quiere ser escrita con reglas de arte, con criterio, y con intención filosófica, moral,
política y social, recogiendo documentos, evaluando su fidelidad, penetrando su sentido,
apreciando su valor y su importancia, buscando las causas, los efectos, la íntima conexión de
los hechos.
Sirven a la Historia, en primer lugar los testigos oculares, después la tradición oral y escrita.
Esta llega tal vez hasta nosotros trasformada en mitos y fábulas: muchas edades o pueblos
están representados por tipos deales: poesías y fiestas conservan acontecimientos, no de otro
modo recordados. La arqueología estudia los monumentos, las medallas, las inscripciones que
revelan antiguos hechos. La paleografía, se ocupa de los documentos coleccionados en los
archivos. La crítica enseña a discernir lo verdadero de lo probable y de lo falso, el fondo de la
apariencia, y a conjeturar lo cierto. La estadística calcula todas las condiciones civiles de un
tiempo dado. La filosofía de la historia compara los hechos, los agrupa, los generaliza,
sometiéndolos a leyes de sucesión para evidenciar la providencia, las conquistas de la
conciencia y del orden, los progresos de la humanidad en todos los elementos sociales.
Son ojos de la historia la geografía y la cronología. Aquélla enseña los lugares, que vienen
a ser el teatro donde se mueven los hombres y las naciones; ésta distingue los tiempos
fabulosos, antiguos, medios y modernos; los limita según las eras de los pueblos, las más
Comentario: Así en el original.
Tipográficamente pudiera haber
sido insertada una hipotética «i»
que hubiera dado lugar a ideales.
Tanto deales (relativos a los
dioses) como ideales tienen aquí
sentido. (N. del e.)
importantes de las cuales son para nosotros la anterior y la posterior a Jesucristo, y señala las
épocas deducidas de grandiosos acontecimientos.
Libro I
1. -Los orígenes
Edad prehistórica.
Averiguar cuándo empezó la materia; si esta es inseparable de la fuerza;
si el concurso fortuito de los átomos pudo formar los cuerpos, errantes en el
espacio con leyes determinadas y eternas; cómo alrededor de uno de estos
innumerables soles se colocaron ocho grandes planetas y otros muchos de
menores dimensiones, y un número indeterminado de cometas; cómo uno
de estos planetas, que es nuestro globo terráqueo, se condensó, y en el
transcurso de millares de siglos adquirió su forma actual, teniendo una
superficie de 5098857 miriámetros cuadrados y un volumen de 1082634400,
pero sin que conozcamos más que su parte externa, compuesta de capas
que designan sus varias épocas geológicas, que goza de un clima glacial en
los polos, cálido en el ecuador y templado en los trópicos, y está habitada
por hombres en toda su superficie; estas y otras investigaciones semejantes
incumben a otras ciencias, y pertenecen a la edad llamada prehistórica. En
esta, cuyos datos son recientes y muy inciertos todavía, quiere establecerse
que el hombre empezó al fin de la época geológica cuaternaria, la que
precede inmediatamente a la edad actual. Concluido el periodo glacial,
durante el cual las nieves ocupaban la mayor parte de la Europa y del Asia,
empezó el hombre su penosísimo progreso, primero sirviéndose únicamente
de piedras, toscas; luego de piedras talladas y pulimentadas; después, del
bronce, y por fin del hierro; adquirió el uso del fuego y de los metales, salió
del estado salvaje en que se encontraba, viviendo en cavernas o en chozas,
y vino a ser el rey de la naturaleza.
Sea lo que fuere de estas conjeturas, la historia propiamente dicha
considera al género humano tal cual es hoy, y se funda en datos positivos,
tales como los testimonios más o menos auténticos de quienes vieron los
hechos o los oyeron referir.
El génesis
La narración de más auténtica antigüedad que tenemos, es el Pentateuco
(Génesis, Éxodo, Números, Levítico y Deuteronomio), escrito por Moisés,
bajo inspiración divina, y no contradecido [sic] por los progresos de la ciencia
ni por temerarias hipótesis, que a la experiencia se sustraen. Allí se refieren,
en once breves capítulos, los orígenes del mundo, del hombre, de un pueblo;
y son planteados y resueltos los problemas que más atormentaron a la razón
humana. Según aquél, Dios, eterno y personal, creó la luz y la materia con
un acto libre de su voluntad; ordenó la materia gradualmente, le mandó que
produjese los animales, y por último creó al hombre, y, dándole a la mujer
por compañera, los colocó en un sitio delicioso. Pero el hombre
ensoberbecido, quiso ser igual a Dios, y violó un mandato de éste, por cuyo
motivo fue expulsado a la tierra, donde ha de ganarse el sustento con el
sudor de su frente, y hacerse acreedor con sus obras a la recompensa que
viene después de la muerte.
Una autoridad suprema que puede mandar, un acto de desobediencia
voluntaria que contamina toda generación futura y siembra la discordia entre
los sentidos, la inteligencia y la voluntad; después una redención divina, que
ilumina el entendimiento con las verdades reveladas y ayuda a la voluntad
con los sacramentos: he aquí los dogmas fundamentales del cristianismo,
que es la creencia de los pueblos más civilizados.
La estirpe humana creció pronto bajo los patriarcas de larga vida, pero
degeneró tanto, que Dios mandó un diluvio, en el cual pereció toda, excepto
la familia de Noé. Sem, Cam y Jafet, sus hijos, tan pronto como dejaron de
hablar la misma lengua, salieron de la Mesopotamia a dispersarse por el
mundo, siendo luego troncos de tres razas distintas, en las cuales el
organismo y las cualidades particulares del cuerpo, las dotes del espíritu y
las tradiciones, los sentimientos morales y el lenguaje, atestiguan la unidad
de origen y la triplicidad de división.
Es de suma importancia aceptar esta unidad de origen, porque de ella se
deriva que todos los hombres son iguales por naturaleza, aunque diversos
por las facultades la educación y el adelanto social; de aquí que deban
amarse, respetarse y ayudarse, considerar como un delito la opresión de un
pueblo por otro y la conquista, y como fratricidio la guerra, siempre que no la
exijan la necesidad de la defensa y la tutela de los propios derechos.
La historia más dilucidada es la de los descendientes de Sem, hasta el
cual desde Adán, se cuentan, al menos 1307 años y 2262 a lo más; y de
Sem a Abraham al menos 1948 y a lo sumo 3184. Esta incertidumbre
procede de que aquellos tiempos únicamente se numeraban según la
sucesión de los patriarcas.
El lenguaje
Poco sabemos de aquellas primeras edades; después de haberse
constituido las sociedades, se inventaron las artes y dieron principio las
ciencias. No hablo del lenguaje ni de la escritura, puesto que estas
invenciones son tan maravillosas, que se piensa que no pudieron ser dadas
sino por quien diera al hombre la vida. En efecto, hacer que al sonido de una
voz se una tal o cual significado, no arbitrario sino admitido por todo un
pueblo, cosa es que no puede obtenerse sino de quien habla ya; y mucho
más el formar un discurso entero, no de nombres solos, sino con el verbo, es
decir, con la afirmación de la existencia. Por otra parte, en tantos siglos, los
animales nunca han refinado su lenguaje, y los leones y los ruiseñores rugen
y gorjean hoy como en el paraíso terrenal; ni lanzarán nunca los seres de
esta especie más que ininteligibles gritos, y aunque se les enseñe a hablar,
no transmitirán la palabra a sus pequeñuelos; el hombre habla do quiera se
le encuentra, hasta en los países más salvajes, ni en tradición ni en fábula
se cuenta que nadie haya inventado la palabra. Y esta es ya perfecta en
todas partes, es decir, basta para expresar todas las ideas. Así, las lenguas
más antiguas son las más exquisitas; ningún elemento esencial se les
añade, y solo se vuelven mas analíticas, mientras las primitivas son muy
sintéticas. En varios pueblos salvajes, se encuentra cierta fineza lógica,
desconocida de los más cultos; como en el maya y betoy de los Americanos
hay dos formas de verbos, una que indica el tiempo y otra las relaciones
entre el sujeto y el atributo.
Si el lenguaje hubiese sido inventado, cada grupo de hombres, cada
familia tendría uno especial, sin relación con el de las otras familias. A veces
el lenguaje es una de las bases de la historia de la humanidad, uno de los
caracteres de las estirpes, distinguiéndose, según él, las semíticas u
orientales y las indo-europeas, y las lenguas monosilábicas como el chino.
Las lenguas son los lazos más sólidos de las naciones, que no se rompen ni
por el tiempo, ni por conquista, ni por barbarie. Y la palabra es siempre la
idea expresada, como es la palabra pensada la idea; y sin la palabra tal vez
no adquiriría el hombre las ideas generales. El lenguaje es la mayor prueba
que pueda aducirse contra los materialistas y aquellos que en el hombre no
ven más que un mono perfeccionado.
Escritura
Comprender luego que la voz podía descomponerse en 5 vocales y 15 o
16 consonantes; y que estos sonidos podían presentarse a los ojos en forma
de signos, e inventar además la escritura, es también un prodigio tanto más
notable, cuanto que alguna escritura se encuentra en los pueblos todos. Hay
escrituras jeroglíficas, donde la palabra es generalmente representada por el
objeto material, como el pájaro o el monte, por ejemplo, en una figura más o
menos clara del pájaro o del monte, o también por símbolos; y hay escrituras
silábicas como el chino y el japonés, donde cada sílaba tiene un signo
particular; tenemos en fin, nuestra lengua alfabética, la más perfecta de
todas, donde cada sonido y cada modificación tienen su signo.
Perfectibilidad
Otro carácter distintivo del hombre y prueba del origen único es la
perfectibilidad; dote que les distingue de todos los animales. Con ella, desde
la barbarie en que había vivido después de la primera desobediencia, o del
estado salvaje a que lo habían reducido particulares circunstancias, pudo
poco a poco adquirir tantos conocimientos, procurarse tantas comodidades,
convertirse en señor de la tierra y poner la naturaleza toda a su servicio.
El Asia debió ser la primera morada del hombre, ya que la mayor parte
de los animales domésticos, de los géneros, de los frutos con que se regala
la culta sociedad en todo el mundo, proceden del Asia y allí se encuentran
en estado silvestre, como el trigo, el toro, el búfalo, la cabra, el camello, el
puerco, el gato, el chacal de que provienen nuestros perros. Emigrando, el
hombre llévase consigo a estos compañeros de sus fatigas y alimentadores
de su existencia; y ningún otro o muy pocos sabe domesticar después.
Acosado por las necesidades, el hombre no hubiese inventado más que
lo necesario para satisfacerlas. Pero estaba dotado de razón, por medio de
la cual distingue el efecto de la causa, lo invisible de lo visible, la unidad en
la multiplicidad, y comprende también sus deberes y el derecho de poderlos
cumplir y verlos respetados por los otros. Por esto era inherente a su
naturaleza el vivir en sociedad, sin la cual el hombre no sería hombre, como
si le faltase la vista o la palabra.
Sociedad patriarcal
La primera sociedad fue la doméstica, donde prevalecía el padre por
autoridad atemperada con el afecto. En la larguísima vida de los patriarcas,
este padre veía multiplicar su descendencia, y formarse una tribu entera, a
cuyo frente él se encontraba: después le seguía el más viejo o el más
autorizado, el más experto en el mando, el mejor observador de los astros,
gobernando sin magistrados y sin fuerzas, pero con conciencia y por medio
de la fe, el respeto, la gratitud y la convicción: él era rey, juez, sabio,
pontífice. A la familia se une la propiedad, siendo aquélla dueña del terreno
que labraba, del ganado que pacía, de la casa, de los vestidos, de los
muebles que se fabricaban.
Algunas de aquellas gentes han conservado hasta ahora el gobierno
patriarcal y las tribus; en otras partes se unieron bajo un solo patriarca varias
tribus, cuyos jefes debían consultarle sobre los intereses comunes: y de aquí
resultaron un patriciado que administraba los negocios públicos, diversidad
de costumbres y de derechos en un mismo pueblo, de riqueza entre los
individuos y de herencia, y la constitución de distintas familias por dignidad y
por poder.
A veces, un grupo de cazadores hace una expedición y necesita un jefe
que la dirija; éste los domina a todos, y, si se establecen en un nuevo país,
se constituye en rey; los demás le obedecen porque así les parece
conveniente y porque él se impone; para evitar insurrecciones, pone
soldados a sus ordenes; para contentarlos, nombra jueces que mantengan el
derecho. Otras veces, por la posesión de un prado o de una mujer, por celos
o por ambición, un pueblo se levanta en guerra, conquista otro país, reduce
sus habitantes a la esclavidad, [sic] y los obliga a servir al rey y a la tribu
conquistadora abrogándose el derecho de castigar.
De este modo se formaron los primeros Estados.
La industriosa raza de Cam, que inventó el arte de trabajar los metales,
pobló la Asiria y la Arabia, y penetró, por el istmo de Suez, en África y en las
islas de los mares del Sur.
Los
descendientes
de
Sem,
conservadores
de
las
tradiciones
patriarcales, se quedaron en Asia, entre el Éufrates y el Océano Indio, de
donde se extendieron después por una parte de la Asiria y de la Arabia,
penetrando hasta América.
Más torpe que aquella y menos corrompida que ésta, la estirpe de Jafet
se dirigió hacia el Septentrión, ocupando las islas del Mediterráneo y la
Europa, y sacando partido de las ventajas que ofrecía un pueblo fuerte y
dispuesto a la civilización.
Esto se efectuó en el transcurso de largos siglos, durante los cuales la
gente iba de tierra en tierra, mezclándose, combatiéndose, partiéndose las
riquezas y los descubrimientos, los defectos y las creencias.
Libro II
2. -El Asia
Hasta aquí, la historia puede considerarse como anónima: ahora empieza
a distinguirse por países, por naciones y por hombres.
El Asia, cima del género humano y de la civilización, se extiende sobre
más de 933350 miriámetros cuadrados, entre el 24º grado de longitud
oriental y el 172º occidental, y entre el ecuador y el 78º de latitud boreal. Dos
grandes cordilleras en dirección al ecuador la dividen en tres zonas: la
septentrional o Siberia, entre el Altai y el Océano Glacial, desconocida de los
antiguos. Entre el Altai y el Tauro se eleva la más alta región del mundo,
árida y desprovista de arbolado, con muchas praderas. En la tercera zona,
que se extiende hasta el trópico, donde aparecen, hacia el ecuador, las
penínsulas India y Arábiga, es el país más privilegiado por la naturaleza;
acariciado por las brisas de un mar tranquilo, protegido por altas montañas,
regado por caudalosos ríos, goza de un benigno clima, donde prosperan los
animales y los vegetales más útiles al hombre; para vestirlo y alimentarlo,
hay el gusano de seda, el algodón, el arroz y mil productos de la tierra;
perlas y diamantes para adornarlo.
El Indo divide el Asia meridional en dos partes, una hacia el Océano y la
otra hacia el Mediterráneo. En esta se fija en primer lugar la historia, y puede
dividirse a su vez en varias regiones: I, la de aquende el Éufrates; II, la de
allende el Éufrates; III, la comprendida entre el Tigris y el Indo. En la primera
Comentario: Tigre en el
original. (N. del e.)
se hallan el Asia Menor, la Siria, la Fenicia, la Palestina y la Arabia; en la
segunda, la Mesopotamia, la Armenia y la Babilonia; en la tercera, la Asiria,
la Susiana, la Persia, la Media, la Bactria y la Sogdiana.
Comentario: Batria en el
original. (N. del e.)
Al otro lado del todo se halla la India propiamente llamada, con Malabar y
la isla de Ceilán. Más allá del Ganges, se encuentra el país de los Seris, el
más antiguo que los antiguos conocieron, cuando aún se ignoraba la
existencia de la China.
Con el Egipto, bastante parecido a estos países, a pesar de hallarse en el
África, concluye el teatro de la historia más antigua.
Comentario: El traductor utiliza
siempre la expresión apesar, que
hemos modernizado convirtiéndola
en a pesar. (N. del e.)
El clima y el terreno determinan la índole y las vicisitudes de estos
pueblos. Por las praderas sin límites van errando con sus aperos y caballos
el Mongol, el Calmuco y el Songaro, como el Chino atraviesa los
innumerables ríos, el Indio monta elefantes y guerrea, y el Árabe viaja con
sus caballos y el camello, verdadera nave del desierto; así es que, desde
tiempo inmemorial, son pastores errantes el Mongol y el Tártaro; indómitos
los Maratas; indolentes los Indios; industriosos los Chinos; comerciantes y
guerreros los Árabes, lo mismo hoy que hace treinta siglos.
Flor de belleza es la especie humana en el Asia central, de modo que las
esclavas circasianas perfeccionan la estirpe turca. Cerca del Mediterráneo
se unen la perfecta inteligencia y el sentimiento del arte.
Del Ararat, que es el pico más elevado del Cáucaso, los pobladores
bajaron a la llanura a medida que iba secándose, y en la fértil Mesopotamia,
es decir en el país comprendido entre el Éufrates y el Tigris, en la
montañosa Armenia, y en la risueña Babilonia fundaron sus primeras
ciudades, vastos recintos de sus campamentos, formados por chozas de
caña y palma, lona y betún, tan fáciles de construir como de deshacer. La
Comentario: El traductor utiliza
siempre la forma “amedida”, que
hemos corregido. (N. del e.)
gente nómada acudía a estas ciudades, a fin de gozar de las ventajas de la
vida ordenada. El país fue cuidadosamente cultivado, conduciéndose aguas
de regadío. El anchuroso y despejado horizonte permitía observar las
estrellas, tanto para que se orientasen los viajeros, como para que
distinguiesen las estaciones los pastores; y los signos del zodiaco, y los
nombres de las constelaciones demuestran aún el origen pastoril de la
astronomía, convertida después en ciencia por los sacerdotes y los jeques.
Despotismo
Común era la poligamia, que desordenaba a la familia acarreando la
esclavitud de la mujer, el celo entre hermanos, y por consiguiente, la
violencia doméstica y el despotismo público, no pudiendo existir libertad
política donde no hay libertad moral, pues una sociedad de tiranos
domésticos no puede formar más que un gobierno tirano.
Conquistas
Las grandes llanuras del Asia y las costumbres nómadas facilitaban
extensas conquistas: y los Escitas (bajo cuyo nombre los antiguos
confundieron a Tártaros, Afganos, Mongoles y Manchúes), los montañeses
Persas y Partos, los Árabes ladrones atacaban a menudo a las gentes
incivilizadas. A veces los imperios, engrandecidos por la aglomeración de
varias tribus, invadían otros países, distribuyéndolos entre los caudillos, que
les exigían impuestos y los colocaban bajo su dominio. La civilidad de los
vencidos era a veces adoptada por los vencedores, no tanto por su moral
como por su lujo y corrupción; de donde resultaba que las instituciones del
país concluían por prevalecer y dominar a los vencedores, hasta que caían
bajo otra invasión, cuando los sátrapas, a quienes estaban confiadas las
provincias, no se declaraban independientes y constituían nuevos reinos.
Aquellas conquistas eran desastrosas; a veces quedaba destruida toda
una población, o era acosada por el ejército, como un rebaño, hasta ser
internada en otro país: los Hebreos fueron arrojados a Babilonia y Asiria; los
Egipcios a la Cólquide por Nabuco y a Susa por Cambises; y los Griegos, al
centro del Asia por Jerjes.
Otras veces, los vencedores pactaban con los vencidos; o se unían tribus
de naturaleza y ocupaciones distintas, o dos reinos se juntaban, adorando a
unos mismos dioses, pero conservando derechos y ocupaciones distintas.
Así se formaban las castas, unas sacerdotales, otras industriales y otras
Comentario: “Afganes” en el
original. (N. del e.)
Comentario: El traductor
siempre utiliza la forma
“amenudo”, que hemos corregido.
(N. del e.)
guerreras, viviendo en el mismo sitio, aunque reservándose atribuciones,
usos, matrimonios y cultos distintos.
Mientras tanto, seguía su curso el comercio; numerosas caravanas iban a
los países más ricos en productos, que hallamos en la historia de José el
Hebreo.
Religiones
Además de estar unidos por el gobierno, los pueblos tuvieron por lazos la
comunidad de ritos y creencias. Estas procedían de las tradiciones
primitivas, pero se corrompieron por el pecado, y el monoteísmo se modificó
según los climas, la constitución y las pasiones. Algunos paganos
personificaban la naturaleza y principalmente los objetos más maravillosos y
benéficos, como el sol y las estrellas (sabeísmo); otros deificaban personas
(evemerismo); quiénes exageraban la idea de Dios, persuadidos de que éste
lo es todo y todo es él (panteísmo); quiénes reducían el culto a
contemplación, como en la India; muchos lo reducían a actos prácticos,
como en Egipto y en la China, o formaban el cielo según la jerarquía
terrestre, y subordinaban los dogmas a las ventajas de una nación o de una
raza.
Todos procuraban dar a la religión um carácter nacional, y hacer de Dios
el protector del pueblo; de ahí que las primeras ciudades fuesen sagradas,
como Jerusalén, Jericó, Jeracome, Jerápolis, Dióspolis, Babel, ciudad de
Dios, e Ilio, fabricada por Neptuno.
Pronto en la religión popular se introdujo el arcano, misterio reservado a
los sacerdotes, los únicos que podían ofrecer los sacrificios, consultar los
dioses, comunicar al pueblo parte de la doctrina, reservándose la otra; de
este modo pudieron los gobiernos convertirse en teocráticos en muchas
partes, es decir, regidos por la voluntad de Dios, o mejor dicho por los
sacerdotes que expresaban sus decretos. Al principio bastó una idea firme
dominando a extraviadas costumbres, para persuadir al pueblo de la
existencia de un poder supremo, para establecer una semejanza entre el
orden civil y el físico, que es moral porque es obra de Dios. El interés de
estos sacerdotes estaba en importar a su país el conocimiento de antiguos
sucesos conocidos por tradición y considerados como milagros.
Comentario: El traductor utiliza
la forma “Jerusalem”. Hemos
optado por normalizarla siempre
que aparezca con la más castellana
Jerusalén. (N. del e.)
Tiempos prehistóricos
La cronología y geografía faltan, pues, en los hechos que la
tradición refiere de aquellos primeros siglos; pero varios eruditos han tratado
de dar por lo menos una ordenada sucesión a las historias mitológicas, bajo
las cuales la imaginación de los pueblos acumuló circunstancias por las
cuales también se puede inquirir algún dato positivo.
Mas puros, más humanos, pero menos milagrosos son los hechos de los
pueblos monoteístas, como los
Persas, Medas y Hebreos; estos
abandonaron la teofanía, es decir la comparación de la divinidad. Las
encarnaciones abundan, por el contrario, entre los Indios, que tienen
poemas y edificios gigantescos, y donde la idea de la divinidad se confunde
de tal manera con la de la humanidad y de la naturaleza toda, que es muy
difícil desarraigarlas. En la China, todo es positivo y todo depende de un
emperador.
Hubo, en las naciones, grandes hombres, cuya perspicacia y fuerza
prevalecieron, difundiendo el concepto de lo bueno, de lo verdadero y de lo
generoso. Yao, era constructor de canales y aljibes, y sus Chinos eran fríos,
positivos y de escasa inteligencia. El egipcio Manete fabricó a Menfis,
encauzó el Nilo y construyó estanques, y las generaciones de aquel pueblo
Comentario: En el original
aparece siempre como “Memfis”.
(N. del e.)
se dedicaron a semejantes obras. Las expediciones de Odino se repitieron
en las frecuentes emigraciones de los Escandinavos; los Esquimales
aparecían como cazadores de monstruos marinos; Hércules, Prometeo,
Orfeo y Jasón representaban el genio artístico, guerrero y maravilloso
respectivamente, siendo la gloria de los Griegos.
Primeras monarquías
El primer gran imperio se encuentra en las llanuras del Sennaar.
Nemrod de la estirpe de Cam, y cazador fuerte, fundó un imperio en
Comentario: “Nembrod” en el
original. (N. del e.)
Babilonia; pasó a Asiria, donde edificó a Nínive, y dejó este imperio a Nino, y
el de Babilonia a Evecoo.
2680 – 1916
Bactrianos, Medos y Persas, formaron el imperio de los Arios, es decir de
Comentario: “Batrianos” en el
original. (N. del e.)
los valientes, unidos con los Indios, pero permaneciendo monoteístas, con
sus castas de sabios o magos, de guerreros, agricultores y mercaderes. Este
país, llamado Eriene, entre la India, el Cáucaso, el Oxo y el Golfo Pérsico,
tuvo por primer rey a Kajumarot, quien fundó a Balk; y las aventuras de sus
sucesores fueron intercaladas en los poemas, donde raras veces se
Comentario: Más conocido
como “Oxus”. Antiguo nombre del
“Amu-Daria”. (N. del e.)
distingue la realidad de la fantasía. Nino (Argiasp), jefe de una tribu de Arios
semíticos, conquistó a Balk con ayuda de Semíramis; engrandeció a Nínive,
cuyo recinto era de tres jornadas. Semíramis fabricó a Babilonia y otras
ciudades, y difamada por sus libertinas costumbres fue asesinada por Ninia.
A aquel pueblo asirio pertenecieron, según la Biblia, Teglar-Falasar, que
destruyó el reino de Damasco (763); Salmanasar, que aniquiló al de
Samaria; Sennaqueribe, cuyo ejército fue exterminado en Judea (707); y en
fin Sardanápalo, personificación de todas las voluptuosidades. Los sátrapas
Arbaces y Belesis, se rebelaron contra él y lo sitiaron en su capital, donde
pereció en una hoguera con sus tesoros y sus mujeres (667).
Entonces prevaleció la estirpe Medo-Bactriana, que tenía por capital a
Comentario: “Medo-Batriana”
en el original. (N. del e.)
Ecbatana, y sucumbió después bajo los Caldeos, gente semítica y
sacerdotal, vencida a su vez por la tribu de los Pasagardos, mandada por
Ciro (Koresc).
Los antiguos historiadores representaban estas revoluciones y cambios
de capitales como sucesión de los imperios Asirio, Babilónico, Medo y Persa,
cuando no constituían más que el gran imperio comprendido entre el
Éufrates y el Tigris, país muy abierto, cuya capital era Babilonia, ciudad
cuadrada de quince millas por lado y ceñida por Semíramis de muros tan
anchos que seis carros podían andar por ellos de frente; con mil quinientas
torres, magníficos diques en el Eúfrates, jardines, paseos y casas alineadas,
relucientes como el esmalte, adornadas de flores y coronadas de palmeras;
con un suntuoso templo consagrado a Belo, del cual sobresalía una torre de
ocho pisos. Las inmensas ruinas de sus palacios y de sus templos,
pronosticadas por Isaías, atestiguan aún su magnificencia. Esta era debida a
la riqueza proporcionada por la industria y el comercio; allí se tejían telas y
tapices preciosos, y se trabajaban piedras duras que hoy día adornan
nuestros museos con el nombre de cilindros babilónicos. Cuando la piedra
faltaba, era suplida por arcilla y nafta, que abundaban mucho en aquel país.
Descubriéronse magníficos restos de su escultura en Korsabad y en
Kojunscich. Adoraban héroes divinizados y los astros Belo y Milta, es decir el
sol y la luna, con un cortejo de astros. Heródoto recuerda dos fiestas
principales: una en honor de Belo, donde se gastaban hasta miles de
Comentario: “Erodoto” en el
original. A lo largo del texto,
aparecerá también la forma
“Herodoto”. Se ha normalizado el
término bajo la forma “Heródoto”.
(N. del e.)
talentos en incienso, y otra en donde los esclavos hacían de amos, como en
las saturnales. Beroso, sacerdote caldeo, nos transmitió confusamente los
hechos y pensamientos de aquel pueblo, que también sacrifica a Dios
víctimas humanas; en el templo de la diosa Milta, las mujeres se prostituían
por devoción. Las hermosas se vendían, y con su precio dotaban a las feas.
Esmeradísimo era el cultivo de los campos, con magníficos sistemas de
regadío; usaban la escritura cuneiforme, imprimiendo sus hechos en ladrillos
sin cocer. La ciencia y la magistratura correspondían a la clase de los
sabios, hereditariamente conservadores de una doctrina más pura, de una
moral más prudente y de muchos conocimientos astronómicos, hasta el
punto de dividir el zodíaco en 30 grados de 30 minutos, computar el año en
365 días, menos seis horas, y averiguar que las estrellas son excéntricas a
la tierra. La gran torre que servía para las observaciones astronómicas
ofrecía la medida del estadio caldeano que era la 1119ª parte del grado,
equivalente a 5702 toesas, 1 pie, 9 pulgadas y 7 líneas; lo que difería
solamente de 63 toesas de la medida de la tierra que hoy conocemos.
Inventaron el gnomon solar, y Calístenes, compañero en la expedición de
Alejandro Magno, mandó de Babilonia a Aristóteles observaciones hechas
allí desde el año 2200.
3. -Los Hebreos
No queda historia mejor determinada que la del pueblo Hebreo, que une
a la misión civil la religiosa, conservando el pasado y preparando el porvenir
con las perpetuas creencias brotadas de su seno. Se equivocaban, empero,
los que tomaban la historia de los Hebreos por fundamento etnográfico
general; puesto que Moisés no escribió para satisfacer la curiosidad, sino por
la religión y para su gente, por cuyo motivo solo notó lo concerniente a su
pueblo, a las escasas tribus de los Árabes que se habían unido a él, y a los
Fenicios, sus adversarios.
De Heber, descendiente de Sem, tomaron su nombre los Hebreos, al
frente de los cuales puso Dios a Abraham, y que se consideraban como
pueblo elegido por providencia especial, y depositario de las tradiciones y
Comentario: “Conciernente” en
el original. (N. del e.)
promesas hechas a Abraham, de que llegaría a ser un pueblo inmenso, del
cual nacería el redentor del género humano.
1236 – Moisés – 1265
Con numerosa tribu, rebaños y riquezas pasó Abraham el
Éufrates; se trasladó de la Caldea a Canaán y distinguió a su pueblo de los
otros por medio de la circuncisión. Lot, su sobrino, se encerró en el valle de
Sodoma, y fue padre de los Moabitas e Idomitas. De Agar, esclava egipcia,
tuvo Abraham a Ismael, padre de los Árabes; de Sara, su mujer, engendró a
Isaac, de quien nacieron Esaú, cazador, y Jacob, agricultor. Este usurpó la
primogenitura y la bendición paternal, y de su nombre llamó Israelitas a los
descendientes de sus doce hijos. Entre ellos prefería él a José, por lo cual
fue vendido por sus hermanos envidiosos a una caravana de Madianitas,
que llevaban a Egipto con camellos armas, resinas y mirra. Conducido allí,
José conquistó el favor de Faraón, que le nombró virrey, y aconsejó a éste
que adquiriese todos los terrenos, reduciendo los propietarios a simples
colonos, y se preparase de este modo para hacer frente a una gran carestía.
José llamó a sus hermanos, quienes se esparcieron y multiplicaron por los
campos de Gessén en el Bajo Egipto. Pero su actividad, sus costumbres
patriarcales, y su culto monoteísta repugnaban a las costumbres egipcias,
por lo que se procuraba oprimirlos, hasta que Moisés, 250 años más farde,
los condujo fuera de Egipto y pasó el mar Rojo con ellos (habiendo 600000
mil aptos para la guerra), y los condujo a la Palestina. Pero antes los hizo
detener 40 años en los desiertos de la Arabia, hasta los montes Oreb y
Sinaí, a fin de que perdiesen las costumbres adquiridas en el Egipto, y entre
sufrimientos y prodigios, renovaran su pacto con el Dios de Israel, quien dio
a Moisés, en la cúspide del Sinaí los diez preceptos que comprenden todo lo
que constituye la moral de un hombre y la civilización de los pueblos.
Moisés ha sido el hombre más grande que la historia recuerda, grande
como profeta, poeta, historiador, legislador, libertador y ordenador. Su
código muestra una sabiduría superior a la humana, por las más elevadas
combinaciones políticas, como por las particularidades domésticas, con el fin
constante de conservar la nación, y elevar y purificar la moral, combinando la
autoridad que conserva con la libertad que perfecciona. La unidad de Dios
es su dogma fundamental; se prohibía toda imagen por temor a la idolatría.
Comentario: “Esaúl” en el
original. (N. del e.)
Tenían tres fiestas principales: Pascua, en memoria de la salida de Egipto;
Pentecostés, para celebrar las primeras mieses; los Tabernáculos, para los
últimos trabajos agrícolas. Todas las primicias eran especialmente
consagradas a Dios. No queriendo ser rey, dio Moisés al pueblo una
democracia teocrática bajo jueces, teniendo por verdadero jefe a Dios, que
lo libertó de Egipto. Según los doce hijos de Jacob, doce fueron las tribus; en
doce cuerpos andaban por el desierto, y doce eran sus campamentos
cuando hacían alto; entre todos estaba distribuida la tribu sacerdotal de
Levy, la cual no tenía terrenos propios, pero exigía la décima parte de los
réditos de las demás. En las más graves resoluciones, era convocado todo
el pueblo, o todos sus representantes; los ancianos de cada tribu dictaban la
justicia. Se procuraba que las fortunas quedasen niveladas por medio del
jubileo, por lo cual cada cincuenta años, aquel que tenía vendido o
hipotecado su terreno, volvía a tomar posesión de él. Cada siete años, la
tierra había de descansar (año sabático) y el pueblo se surtía de los
almacenes públicos.
No estaba prohibida la poligamia, pero la mujer no era degradada ni
confundida en los gineceos; Sara, Raquel, Lía, Rut, madre de Tobías,
desempeñaban un gran papel en sus memorias; Débora fue jefe del pueblo;
Judit libertó a Betulia; Atalia fue reina, y Olda interpretaba el libro de la ley.
Moisés conservó la esclavitud, común en los pueblos, pero trató de
mejorarla, y el Hebreo siervo recobraba la libertad en el año sabático.
Castigado era el que mataba a su propio esclavo. No había mendigos;
dejábanse algunas espigas y algunos racimos para los espigadores.
Moisés no aceptó el título de rey, ni quiso dar primacía a su familia;
llegado a la vista de la tierra prometida, murió «sin que la vista ni las
fuerzas» le hubiesen abandonado; y la conquista de Josué fue realizada
sobre los Amonitas y otros pequeños pueblos de la Palestina y de la Fenicia.
Jueces – 1580 – 1092 – 1096
Aquí siguió una serie de victorias y derrotas, de esclavitud y
de emancipaciones, bajo los jueces Gedeón, Tola, Giairo, Jefté y otros, con
la inteligencia de Heli y la fuerza de Sansón. Siendo juez supremo Samuel,
que instituyó y reformó las escuelas de los profetas y maestros de canto, las
de la ley y las de la música, y creyéndose débiles, los Israelitas, a causa de
Comentario: “Rachel” en el
original. (N. del e.)
la división, pidieron un rey; Samuel trató de disuadirlos, presentándoles el
ejemplo de los vecinos, pero tuvo que ungir a Saúl, quien transformó el
Estado teocrático en monarquía absoluta. Habiéndose equivocado éste en el
modo de gobernar, fue vencido por los Filisteos, y se ungió rey al valiente
David, pastor de la tribu de Judá. Este realizó la conquista, dominó del
Eúfrates al Mediterráneo, sobre 70000 millas cuadradas, con 9 millones y
medio de habitantes, y puso firme residencia en Jerusalén tornada a los
Gebuseos, con la fortaleza de Sión; en este punto depositó el Arca de la
Alianza, santuario nacional que se había transportado durante toda la
peregrinación.
Llámase Palestina la parte meridional de la Siria, entre el Líbano al N., el
desierto de Siria y el de la Arabia al E.; y al S. y al O. el Mediterráneo. Del
Ermón, que es la más alta y nevada cresta del Antilíbano (2750 metros) nace
el Jordán, que, atravesando el lago de Genezaret, desemboca en el mar
Muerto, compuesto de agua tibia y salada, sin vegetación y sin peces, y
colocado a un nivel inferior al del Mediterráneo. El mar Muerto divide la
Palestina en dos partes; al occidente, la fértil llanura de Galilea, dominada
por el monte Tabor; la Judea, al Mediodía, con numerosos valles y montes
perforados de grutas. Entre las dos se encuentra la llanura de Esdrelón, con
el Carmelo y los selváticos montes de Efraím. Los alrededores de Jerusalén,
hoy áridos y pedregosos, eran entonces cuidadosamente cultivados hasta
las más elevadas cumbres, produciendo olivos, jazmines, vivas y avena, a
pesar de lo árido del suelo.
1016 – Salomón
Salomón, hijo de David, fue el más sabio de los Egipcios y de los
orientales; enriquecido por el comercio que extendía hasta las Indias, a
través del desierto de Siam, introdujo en Jerusalén el fausto de las cortes
asiáticas, construyose un real palacio y un gran templo, donde trabajaron
treinta mil obreros durante siete años; mandábanse diez mil cada mes a
cortar cedros en el Líbano; setenta mil de ellos transportaban los materiales
y ochenta mil preparaban las piedras; este templo vino a reunir tres
unidades: el Dios que se adoraba, la ley que se custodiaba y el pueblo que
en masa acudía a las anuales solemnidades.
Comentario: El macizo del gran
Hermón (2814 m.), remata al norte
la cordillera del Antilíbano. (N. del
e.)
La historia de los Hebreos, dominada por el milagro, prueba que todos
los acontecimientos eran premio o castigo de Dios. Salomón, cediendo
demasiado a las mujeres, decayó, y murió después de haber reinado
cuarenta años, siendo su reino dividido entre Jeroboam, que con diez tribus
de Israel estableció su corte real en Siquem al principio, y más tarde en
Samaria; y Roboam, que con las tribus más poderosas de Judá y Benjamín,
se quedó en Jerusalén. En aquella época, tuvieron muchas discordias y
guerras, y cayeron varias veces en la idolatría. Los Asirios se aprovecharon
de aquellas circunstancias para atacarlos y exterminaron el reino de Israel
llevándose a los habitantes a los confines de la Media; mientras que
alrededor de Samaria, se introducían otros habitantes llamados más tarde
Samaritanos.
El reino de Judea, después de muchas prosperidades, fue a su vez
vencido por Nabuco, rey de los Caldeos, quien destruyó a Jerusalén,
llevándose el pueblo a Babilonia.
587 – Esclavitud - Libros sagrados
En la esclavitud de los setenta años, los buenos
conservaron la fe, y colgaron sus arpas de los sauces que bordaban los ríos
de Babilonia, llorando a Jerusalén; Daniel y Tobías, desempeñaban
importantes cargos, mientras deploraba Jeremías la desventura de la patria.
Este es uno de los profetas mayores, profetas que además de poseer la
inspiración divina, eran poetas insignes. El Pentateuco, los libros de Josué,
de los Jueces, de Samuel, de los Reyes y los Paralipómenos; y luego los de
Job, Esdras, Nehemías, los Salmos, los Proverbios y el Eclesiastés, el
Cántico de los Cánticos, los cuatro profetas Mayores y los doce Menores,
constituyen el cuerpo de la literatura hebraica y libros sagrados. Además de
estos, la Iglesia católica aceptó, como deutero-canónicos, los libros de Judit,
Tobías, Ester, 1º y 2º de los Macabeos, la Sabiduría, el Eclesiástico, Baruch
y parte del libro de Daniel.
La religión y la nación constituyen el fondo de todos estos libros. La
oración es su carácter, tanto si contienen alabanzas como descripciones; y
se refieren a las cuestiones más elevadas, a los enigmas de la ciencia, a
cuanto afecta al hombre, moral y físicamente considerado, al tiempo y a la
eternidad; en estos libros se inspiraron las mejores creaciones de los
pueblos civilizados, como la Divina Comedia, el Paraíso Perdido, la Mesiada,
la Atalia de Racine, el Discurso de Bossuet, y los Himnos Sagrados de
Manzoni.
4. -La India
La India se halla entre el Océano y la Himalaya, con altísimas montañas,
grandes ríos y numerosos arroyos, en cuyas márgenes abundan toda clase
de frutos sabrosos y delicados, canela, ananás, palmeras y vides; en ellas
pacen cuantiosos rebaños, y por las vías fluviales llegan de lejanas regiones
navegantes que dejan su dinero en cambio de abundantes y variados
productos. El valle de Cachemira ostenta, particularmente, innumerables
riquezas; el monte Meru es el Olimpo de los dioses, y el Indo, que atraviesa
el Punjab, o tierra de los cinco ríos, que a su izquierda desembocan, como a
Comentario: “Pendjab” en el
original. (N. del e.)
la derecha el Kabul, convierte en delicioso jardín el Delta que en su
desembocadura se formó. El Ganges fluye al golfo de Bengala, después de
haberse unido al Brahmaputra, cuyos beneficios son tantos, que es adorado
Comentario: “Bramaputra” en
el original. (N. del e.)
como una divinidad. Este y otros muchos ríos facilitan la navegación, y, por
lo tanto, el comercio; de modo que se calcula que 170 millones de habitantes
viven hoy sobre 3157000 kilómetros cuadrados.
La gente es pacífica y benévola como el país, y evita todo daño, no
solamente al hombre sí que también a los animales; se alimenta de leche,
arroz y frutos; resiste con paciencia las fatigas y la opresión; es aficionada a
contemplar y meditar; posee, en fin, una civilización tenaz que resistió a la
conquista de los Macedonios, de los Musulmanes y de los Ingleses.
La antigüedad consideró a la India como la cuna de los grandes sabios,
pero la conocieron muy poco; Alejandro Magno no pasó de Idaspe, ni los
sabios que lo acompañaban entendieron una civilización que tanto se
diferenciaba de la helénica. La fantasía, que es la cualidad predominante de
aquel pueblo, creó fábulas millones de millones de años ha, poemas
inmensos, y monumentos ya exterminados. El año de cada Dios es de 360
años; y cada Dios vive 12000 años divinos, lo que equivale a 4520000 años
humanos, o sea un día de Brahma. Cada edad del mundo (calpa) es la vida
Comentario: “Brama” en el
original. (N. del e.)
de un Dios, y se divide en cuatro yugas o épocas, durante las cuales el
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