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La Historia de la Guerra del
Peloponeso es un relato de la
Guerra del Peloponeso, que tuvo
lugar en la Antigua Grecia y que
enfrentó a la Liga del Peloponeso
(liderada por Esparta) y la Liga de
Delos (liderada por Atenas). La obra
fue escrita por Tucídides, un general
ateniense que sirvió en la guerra.
La obra es considerada un clásico,
además de que se trata de uno de
los primeros libros de historia que se
conocen. Fue dividida en ocho libros
por los editores posteriores de la
antigüedad.
Tucídides
Historia de la
Guerra del
Peloponeso
ePUB v1.0
Bercebus 07.03.12
Introducción
Las contiendas libradas entre Atenas
y Esparta, las dos poleis más
importantes de la Hélade, tuvieron
varias fases y alguna interrupción; se
firmó, alguna vez, la paz, y se
reanudaron las hostilidades; por eso
suele hablarse de guerras del
Peloponeso, en plural.
Los acontecimientos bélicos más
importantes fueron los siguientes: guerra
de Arquidamo (del año -431 al -421),
llamada así por el rey espartano de este
nombre; paz de Nicias, acordada, en el
-421, entre Atenas y Esparta; se
pretendía que fuese una paz de 50 años,
pero pronto fue quebrantada; cuarta
guerra siciliana (del -415 al -413); en el
-413, la flota ateniense fue aniquilada en
el puerto de Siracusa y también
destruido el ejército de tierra ateniense;
guerra de Deceia, entre el -413 y el
-404, fecha esta última en que Atenas
fue derrotada totalmente: se instaura en
Atenas una oligarquía títere de Esparta,
llamada el Gobierno de los Treinta
Tiranos.
Como quiera que son los mismos
griegos quienes mejor nos enseñan las
cosas que a ellos atañen, vamos a citar
unas líneas de Platón sobre este tiempo
y sus avalares: [1]
«Siendo yo joven, pasé por la misma
experiencia que otros muchos; pensé
dedicarme a la política tan pronto como
llegara a ser dueño de mis actos; y he
aquí las vicisitudes de los asuntos
públicos de mi patria a que hube de
asistir. Siendo de general censura el
régimen político a la sazón imperante, se
produjo una revolución; [2] al frente de
este movimiento revolucionario se
instauraron como caudillos cincuenta y
un hombres: diez en el Pireo y once en
la capital, a cargo de los cuales estaba
la administración pública en lo referente
al ágora y a los asuntos municipales,
mientras que treinta se instauraron con
plenos poderes al frente del gobierno en
general. [3] Se daba la circunstancia de
que algunos de éstos eran allegados y
conocidos míos, [4] y en consecuencia
requirieron al punto mi colaboración,
por entender que se trataba de
actividades que me interesaban. »Mi
reacción no es de extrañar, dada mi
juventud; yo pensé que ellos iban a
gobernar la ciudad, sacándola de un
régimen de vida injusto y llevándola a
un orden mejor, de suerte que les
dediqué mi más apasionada atenció