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La ciudad islámica Comunicaciones científicas seleccionadas del coloquio celebrado en el Middle East Centre, Faculty of Oriental Studies, Cambridge, Gran Bretaña, del 19 al 23 de julio de 1976 R. B. Serjeant (ed.) Traducción y transcripción de términos árabes: Pedro Balañá Abadía, licenciado en Filología Semítica y en Historia General Serbal/ t!lIZD Colección de temas africanos 1. La trata negrera del siglo XV al XIX, VV.AA. 2. Introducción a la cultura qfricana: aspectos generales, VV.AA. 3. Aspectos sociopoliticos del parlamento tradicional en algunos paises africanos, VV.AA. 4. 5. 6. 7. Juventud, tradición y desarrollo en Africa. B. Ly y 0~0s. Antidesarrollo: Surá.frica y sus bantustanes, Donald Moerdijk. La mujer africana en la sociedad precolonial, Achola 0. Pala y Madina Ly. La ciudad islámica, R. B. Serjeant (ed.) I Titulo de la edición original: o Unesco 1980 The hhmic cin, Asesor editorial: Ferran /~~ies/u,ex profesor de la Umversidad de Dakar, profesor de Historia del África Negra, Universidad de Barcelona. Primera edicicwl 1982 o edición española, Unesco 1982. la traducción al espatiol ha sido realizada bajo la responsabilidad de Ediciones del Serbal con la ayuda financiera de la Unesco. Ediciones del Serbal, S.A.. Witardo. 45. Barcelona-14 Impreso en España. DepQsito legal: B. 33.799-1982. Impresión: Romanya-Valls. Verdaguer 1. Capellades. ISBN: 92-3-301665-X Unesco. ISBN: 84-85800-38-9 Ediciones del Serbal. --~--_.-_. “..,_ --1 Prefacio El Coloquio sobre la Ciudad Islámica, organizado por el World of Islam Festival Trust, fue patrocinado por la UNESCO y tuvo lugar en el Middle Ea.9 Centre, Faculty of Oriental Studies, Cambridge, Gran Bretaña. En dicho coloquio participaron eminentes especialistas procedentes tanto de paises islámicos como europeos. Sus contribuciones se reproducen en la presente obra. Los autores son responsables de la elección y presentación de los hechos contenidos en este libro, y también de las opiniones expresadas en el mismo, que no son necesariamente las de la UNESCO ni comprometen a la Organización. SUMARIO Inrroducción, por R. B. Serjeant 9 Primera parte: La ciudad islámica 1. Instituciones religiosas, por Jean-Louis Michon 2. Iri.stituciones,juridicas, por Muddathir Abdel-Rahim 3. Instiruciones de gobierno. por Abdel Aziz Duri 4. Instituciones de enseñanza, por Hisham Nashabi 5. El rrazado ,fìsico, por Nikita Elisséeff 6. Los mercados, por Pedro Chalmeta 7. Lus instituciones econhmicas, por Yusuf Ibish 8. Estrat$caciOn social en Arabia, por R. B. Serjeant 11 13 49 63 83 113 131 145 161 Segunda parte: Cambios, renovación, conservación 189 /. $an’ã’, por Paolo M. Costa ...................... 2. Fez, por Titus Burckhardt ...................... 3. Alepo, por Alif Bahnassi ........................ 4. L.u visión moderna de ‘Ali Mubürak, por B. F. Musallam 191 209 223 23 1 Apéndices . . . . . . . . .._..............___............... 251 ............................. 1. Recomendaciones 2. Relacicin de ponentes ........................... 253 26 I In traducción R. B. Serjeant (Profesor de árabe en la cátedra Sir Thomas Adams, Universidad de Cambridge, Gran Bretaña). El Middle East Centre, de la Faculty of Orienta1 Studies, decidió patrocinar en Cambridge, Gran Bretaña, un Coloquio sobre la Ciudad Islámica, que se desarrolló el 19 al 23 de julio de 1976 dentro del World of Islam Festival. Este coloquio no se habría realizado sin la comprensiva ayuda de la UNESCO, que aportó el respaldo financiero preciso. Bkcamente pensábamos tratar el problema de la conservación de la herencia arquitectónica islámica y la necesidad de convencer, a las autoridades interesadas en el tema, de la urgencia de preservar dicha herencia antes de que sea destruida, ya que es considerada sin valor y desechable, especialmente allí donde la substitución de 10 viejo por lo nuevo representa una ganancia. Yo mismo, en nuestra época, he podido presenciar la destrucción de lugares como el Kuwait antiguo, hoy en día convertido en una jungla de asfalto, el arrasamiento de viejos edificios en San’ã’” -que el Departamento de Antigüedades no pudo impedir- y el trazado de carreteras a través del Alepo antiguo; apenas pude reconocer el Damasco de 1977 como la ciudad que conoci en mis tiempos de estudiante universitario, allá por el año 1935. Me apresuro a añadir que ni en Cambridge estamos libres de culpa por 10 que concierne a la destrucción de nuestra herencia cultural. La Universidad y la ciudad han erigido algunos edificios horrendos, como la Facultad de Historia, que no sólo es una ofensa visual, sino también algo insatisfactorio funcionalmente, una especie de cascada de vidrio cara, demasiado caliente en verano y fria en invierno, y con tendencia a l Para la transcripción de la lengua kabe, se ha empleado el sistema de la escuela de arabistas españoles, ejemplificado actualmente en las revistas Al-Qanrara, Cuadernos del f.~/umy Awrüq, entre otras. Los topónimos conocidos (Bagdad, Fez; Ttinez, etc.) se escriben en la forma normaliza& por el uso. Algunas voces (abasi, cadi, muecin, ulema, visir, etc.) han sido traducidas de acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Espatiola. Todas lus notas inmducidas por un osterisco corresponden u IU adoptoch espaAola de la obro. sufrir goteras. Esperpentos concretos, ejecutados con cemento y en colores desagradables, desfiguran hoy la añeja King Street, que yo recuerdo como paseo típico de una localidad tranquila. A veces, los amigos de la conservación son criticados como si deseasen preservar las comunidades islámicas en calidad de museos humanos vivientes. Pero nadie, con sentido común mínimo, puede aceptar esta acusación. ;Quién se privaría del confort real que pueden proporcionar algunas comodidades modernas? En Marruecos debemos reconocer a los franceses su visión cuando modernizaron las ciudades islámicas conservándolas intactas y planearon otras nuevas junto a aquéhas. Lo cual, sin embargo, y como señala Titus Burckhardt, no basta, puesto que, mientras los mas ricos de la comunidad tienden a trasladarse a los barrios mas acogedores, los viejos edificios que ellos abandonan son ocupados por la afluencia de trabajadores pobres emigrados del campo, incapaces de mantenerlos. La conservación no es, en absoluto, una tarea fácil. El coloquio celebrado en 1976 se diferenció de los coloquios precedentes sobre el mismo tema en que la experiencia se hizo invitando a arquitectos, arqueólogos e historiadores del arte para que participasen al lado de los eruditos en el campo de los estudios islámicos; ello redundó en beneficio de todos. Hubo muchas discusiones animadas tanto durante las sesiones en sí como, de modo informal, entre los participantes; pero, lamentablemente, no hemos podido publicarlas. El retraso en la aparición de estas comunicaciones científicas se ha debido, en parte, a la necesidad de resolver antes determinadas cuestiones de carácter administrativo, y, también en parte, a mis propios e inevitables compromisos, especialmente la preparación del amplio volumen titulado $un’ã’: un Arabian Islumic City(en prensa) para el World of Islam Trust. Se han seleccionado para ser publicados los trabajos cuyo contenido es de naturaleza e interes permanentes, antes que los descriptivos o efímeros, aunque éstos fueron muy valiosos a la hora de estímular el debate. En nombre de todos los participantes quisiera expresar nuestro agradecimiento al St. Johns College, que acogió a los asistentes al coloquio, al equipo de la Faculty of Oriental Studies y al Middle East Centre, asi como -en último término pero no menos vivamente- a la UNESCO, que se ha encargado de publicar estas comunicaciones. Primera parte: La ciudad islámica Mezquita del Sãh, Isfahãn. [Foto: Unesco/Dominique __~__ __--.- _,... -.. _. _.._____ I<__L__ Roger.] 1 Instituciones religiosas Jean-Louis Michon (Francia) Se me ha pedido que trate el tema del lugar que ocupan las instituciones religiosas en la ciudad islámica, y esta tarea me enfrenta a una elección difícil. iDebo esbozar las directrices principales de la ley y el dogma islámicos ante un auditorio de especialistas familiarizados ya con ellas, o debo limitarme, de forma mas o menos arbitraria, a los aspectos que requieren mi atención especial, en detrimento de uno de los aspectos menos variable de la civilización islámica, es decir, su homogeneidad y su preocupación constante por establecer un equilibrio armonioso entre sus diversas partes integrantes? En un sentido lato, la ciudad islámica, como la ciudad clasica -la Civitus Romana, por ejemplo- no es mas que la gran comunidad de personas que obedecen su ley. Así pues, engloba a todos los musulmanes -todos los que profesan el Islam- y coincide con la ummu, la “nación” de la cual cada musulmán se reconoce y siente ciudadano, viva sólo o en grupo, sea nómada o sedentario, ciudadano o campesino. Sin embargo, la ciudad islámica puede ser considerada desde una perspectiva más restringida, aunque no debe entenderse nunca como algo separado de ese marco universal en que se inserta. Así se contempla la ciudad como simplemente limitada a los grupos urbanos organizados bajo la égida del Islam y a la forma de “civilización” -muduniyyu o @Tira (ciudadania o sedenturismo),” según la terminología desarrollada por los autores de la época “ckísica”- que ello implica. Creo que esta era la intención de quienes organizaron el coloquio, cuyo coordinador se preocupó de definir el tema de este articulo estipulando que debía subrayar el modo de vida urbano, esdecir, cómo los musulmanesconcebianla vida virtuosa y construían su habitat para practicarla aqui, en la Tierra. l En letra cursiva y entre paréntesis. detrás de los vocablos y expresiones kabes correspondientes, aparecen las traducciones que se ha considerado oportuno inlroduur al adaptar al español el texto original. 14 Jean-Louis Michon Pero, incluso limitandonos a considerar la civilización urbana, aún debemos abarcar un campo amplísimo. De hecho, la naturaleza caracteristicamente monolitica del Islam, que es la religión de la Unidad Divina, se esfuerza por orientar las vidas de los individuos, así como la de las sociedades, hacia la adoración del Dios Único, y por no dejar, en el despliegue de las actividades humanas, ningún dominio exento de la autoridad de la Ley Divina. Esto significa que, de acuerdo con la intención estricta del Legislador Divino, ninguna comunidad urbana puede tener mas instituciones que las religiosas. Sin duda, esta afnmación habrá sido ampliamente ilustrada por aquellos de mis colegas que, en este coloquio, han hablado de las instituciones politicas, sociales, e incluso económicas, de las ciudades musulmanas, así como de su funcionamiento y modificaciones históricas. Las comunicaciones previamente leídas sobre estos temas me excusan de reincidir en ellos. No obstante, y dado que la dimensión religiosa tiende a introducirse en todos los aspectos de la vida ciudadana, a penetrarlos todos, en mi exposición me veré obligado, indudablemente, a realizar algunas incursiones en sectores ya tratados. Con este procedimiento obedeceré simplemente a la definición general de religio, cuya fmahdad estriba en enlazar, con una sola cuerda pendíente del Cielo, las múltiples hebras con que se teje la existencia terrenal. Más exactamente, puesto que hablamos del Islam, sólo tendré que seguir el camino señalado por una religión cuyo dogma fundamental y tema permanente es el tuw&, la afirmación de la Unidad Divina, que pretende declarar, sobre todo y por encima de todas las relatividades de nuestro entorno terrenal, los derechos inexorables debidos al Creador. El Islam y la civilización urbana El desarrollo urbano en los primeros tiempos del Islam¡ Realmente son muchos los observadores e historiadores del Islam que han insistido en un contraste asombroso dentro del contexto geográfico 1. Sobre el desarrollo urbano durante los primeros siglos del Islam, cf. M. Lombard, “L’évolution urbaine pendant le Haut Moyen Age”, Annales. É. .S. C, Paris, 1957, p. 7-28, y L’lslam dans sa premibe grandeur [siglos VIII-XI], cap. VI, París, 197 1. 15 Instituciones religiosas y humano en que se estableció primeramente el Mensaje Islámico: la península arábiga, habitada principalmente por beduinos nómadas o semisedentarios, y la faz clásica del mundo musulman tal como aparecería pocas centurias después, red de grandes ciudades, desde la India hasta Occidente, entre las que fluirían y refluirian, por tierra y por mar, toda clase de productos, así como las diversas ramas del saber, las ideas y la cultura. Es un hecho que la propagación del Islam por los ejércitos ásabesy, ante todo, por la intima convicción del mensaje de que eran portadores, fue acompañada por un extraordinario desarrollo urbano. Este fenómeno tuvo lugar en las tres grandes áreas donde primero se extendió la conquista: el Imperio Sasánida al nordeste (Mesopotamia e Irán), el Imperio Bizantino (Siria y Egipto) y el Occidente, antes romanizado y a la sazón sujeto en parte a los barbaros (África del Norte e Hispania). Aparecieron nuevas ciudades, que originalmente no eran más que campamentos fortificados, como Küfa y Basora, fundadas en los anos 15- 17 de la Hégira (636-638 de la Era Cristiana)” durante el califato de ‘Umar. A sus primeros pobladores, combatientes en la Guerra Santa, se añadieron los conversos (matilio clientes) y los “protegidos” (bimmies, judios y cristianos, es decir, las “gentes del Libro” sujetas a un impuesto de capitación pero libres respecto a sus personas, propiedades y creencias) a un ritmo tal, que Küfa se vanagloriaba de una población de mas de cien mil habitantes al cabo de treinta años, y Basora pasaba de los doscientos mil. El ritmo trepidante con que Bagdad, fundada en el 145 (762) por el califa al-Mansür, fue construida por cien mil obreros, que también serían sus primeros habitantes, explica el hecho de que la capital abasí fuese el hogar -cuarenta años después- de unos dos millones de ciudadanos, y la mayor metrópolis de su tiempo. Aún podrian añadirse muchos mas ejemplos: la fundación de al-Fu+ (El Cairo, mas tarde) por obra de ‘Amr en el año 19 (6401; la de Qayrawán, por parte de ‘Uqba en el 48 (6681, y la de Túnez pocos años después, seguidas por las de Almeria (7561 y Fez (807). Ademas, por todas partes existían ciu- l -____ Las fechas del calendario cristiano correspondientes a las de la hégira aparecerin detrás de éstas, entre parentesis, a lo largo de toda la obra. Cuando la fecha de la hågira figura sola, va seguida de la abreviatura h. Para hallar las equivalencias entre los cómputos musulmti y cristiano, el estudio mês recomendable es el de Manuel Ocaña Jiménez, Nuevas rublos de conversion de dutus islúmicus a crislianus y viceversu. Madrid. 198 1. -. .---.- 16 Jean-Louis Michon dades antiguas que, tras haber caido en decadencia, encontraron vigor y prosperidad renovados con su entrada en la pax Islamica. Éstefue el caso de Damasco, Balj, Bujãrã y Samarcanda, o de Córdoba y Sevilla. $ómo debemos explicar una vocación de planificación urbana tan precoz, tan fuertemente afirmada como esta, en el knbito del Islam? La organización urbana, sin duda, no era desconocida para los conquistadores arabes. La Meca, donde había nacido Mahoma, y donde habia sido proclamada su vocación profética, era desde mucho antes una agrupación urbana de autentica importancia como nexo en el comercio de caravanas dentro de la península arábiga y como centro de peregrinación que albergaba los ídolos de numerosas divinidades en el templo de la Ka‘ba. Pero, por encima de todo, había existido la experiencia de Medina, la “Ciudad del Profeta”, donde Mahoma había encontrado asilo en la época de la Hégira (6 22) y donde fueron sentadas las basesde la Comunidad Musulmana y de su organización. Fue en Medina, durante los diez años que el Profeta residió en ella hasta su muerte, junto a sus compañeros, que, como él mismo, eran emigrados de La Meca o “ayudantes” CO+) de Medina, donde la Comunidad Musulmana fue dotada de las instituciones basicas que enseguida comentaremos. Medina era -y, en gran medida, no ha dejado de ser nunca- la ciudad islamica modélica, cuyo ejemplo inspiró a los fundadores de las primeras ciudades a que ya nos hemos referido, de igual forma que nunca ha dejado de servir de punto de referencia, en el decurso de los siglos, para las reflexiones y modos de actuación de los legisladores y gobernantes musulmanes. Sin la firme impronta heredada de esta primera ciudad del Islam, bajo la triple influencia del Mensaje revelado, de la personalidad de Mahoma y de la disciplina comunitaria adquirida por los primeros creyentes, resulta incomprensible que los combatientes de las Guerras Santas* fuesen capaces-incluso suponiéndolos aptos para su conquista relknpagw de implantar sus ideales, inequívocamente islámicos, y su estilo de vida en tierras tan extensas y diversas, algunas de las cuales resultaban, por su parte, herederas de culturas antiquisimas. Claro esta que la conquista no acarreo la destrucción de las ciudades antiguas ni de su estructura. La conquista siguió siendo esencial* Conjunto de enfrentamientos bélicos suscitados por los musulmanes, en los primeros tiempos del Islam (siglos VII-VIII), para cumplir el deber del .Pihüd o guerra santa (extensión de su fe por medio de las armas). 17 Instituciones religiosas mente un asunto de combatientes y de ejércitos organizados, y no tropezó con ninguna resistencia notable por parte del pueblo sometido al yugo de los bizantinos o de los sasanidas. Su misma rapidez favoreció un género de evolución que, aunque profunda, no derrumbó el antiguo orden de cosas sino que, mas bien, facilitó su remodelación y su adaptación a nuevos marcos de suficiente fortaleza y amplitud como para poder imponer sus normas sin borrar, por ello, las caracteristicas peculiares de tipo regional y local. LA Comunidad Musulmana El éxito alcanzado por el Islam al edificar comunidades urbanas no es ajeno a la insistencia con que el Coran se refiere a los grupos humanos o a la evocación de aconteceres históricos o alegóricos que son relevantes para los grupos humanos, es decir, naciones turnarn, singular ummal y ciudades (qurà, singular qarya), a las que habian sido enviados los mensajeros de Dios, pues a nadie se le había negado la Revelación. Ahora bien, la mayor parte de tales naciones y ciudades mostraron ingratitud y maldad pecaminosa, por lo que incurrieron en la ira de Dios: iCuántas ciudades hemos destruido!... Cuando les alcanzó Nuestro rigor, no gritaron masque: “iFuimos impíos!” (VII, 4-51.” Dios propone como parábola una ciudad, seguray tranquila, que recibía abundantesustentode todaspartes. Y no agradeciólas graciasde Dios. Dios, en castigo por su conducta, le dio a gustar el hambre y el temor (XVI, 112).Cuando queremosdestruir una ciudad, ordenamosa sus ricos y ellos seentreganen ella a la iniquidad. La sentencia contra ella se cumple y la aniquilamos (XVII, 16). A fin de evitar la repetición de males semejantes, la Comunidad Musulmana se siente obligada a ser virtuosa y fiel a sus compromisos: Soisla mejor comunidad humana que jamassehaya suscitado:ordenáislo que estabien, prohibís lo que estamal y creéisen Dios (III, 110). l Los pasajes del Corán que, en el texto, son identificados por sus referencias a las azoras (capitulos) y aleyas (versiculos) correspondientes, se han traducido según la versión castellana de Julio Cortés (Madrid, 1980). 18 Jean-Louis Michon Dicha comunidad ha recibido el don de la “moderación” (II, 143) y constituye un todo orgánico donde cada elemento esta en su lugar: “El creyente es para el creyente como las partes de un edificio que se sustentan mutuamente”, declaró el Profeta en un hadi! (dicho) frecuentemente citado. Y también dijo: Veréis a los musulmanes,en su bondad, afecto y forma de sentir en comunidad, como si constituyesenun único cuerpo en que, cuando un miembro está enfermo, buscacompartir su insomnio y su fiebre con todo el cuerpo. Finalmente, aseguró que “mi Comunidad nunca caerá unanimemente en el error ($zkülu)“, declaración que tendría considerables repercusiones al introducir el principio de la ijjmä’, o consenso de los creyentes, como fuente para la elaboración de la ley. Esta solidaridad se traduce, en la ley musulmana, en la existencia de un estatuto colectivo obligatorio, denominado “deber de suficiencia” (fartj kifiyaa), que exime a un creyente individual de cualquier deber legal obligatorio en el momento en que un número suficiente de fieles se pone de acuerdo para suprimirlo. Esto se aplica, por ejemplo, a la oración por los difuntos, a la Guerra Santa (,tXihäd)y al cumplimiento de tareas que requieren un completo acuerdo con el Saber Religioso. Ciertamente un hombre, con su conducta, se compromete sólo a si mismo, y sólo él comparecerá delante del Juez Supremo para responder de sus actos. Sin embargo, el lazo que le une al cuerpo social es tan fuerte, que, para su salvación, depende en gran medida de quienes le rodean y de las circunstancias mas o menos favorables que prevalecen allí para el cumplimiento de la Ley Revelada: En verdad, el hombre camina hacia su perdición. Pero no los que creen,obran bien, serecomiendanmutuamentela verdad y serecomiendanmutuamentela paciencia(GUI, 2-3), dice el Corán, subrayando en la última parte de la azora la importancia de la amonestación mutua acerca de las virtudes fundamentales. Esta combinación perdurable del esfuerzo desplegado por cada hombre para someterse a la voluntad del legislador divino, y del marco comunal que le sirve de ayuda y soporte en ese esfuerzo, constituye la característica mas destacable de la ciudad islámica. Emergerá de nuevo, en cada etapa de nuestro estudio, al analizar las diversas obligaciones 19 hlituciones religiosas individuales (jür+s ‘QJW),cuyas implicaciones colectivas y elementos constituyentes no podremos pasar por alto. En la ciudad musulmana, el esfuerzo por conseguir la salvación individual engloba ipso ficto la sacralización de lo social, mientras que, inversamente, la Comunidad a la que han sido confiados el Mensaje Divino, instituciones prudentes y el ejemplo del justo, conserva su contenido en beneficio de sus miembros. El gobierno de Dios, Único y Solo Dios y Monarca Absoluto, y la igualdad de los hombres bajo la atención divina, idénticamente dependientes de, y sometidos a, la Ley Divina, aunque cada cual, pese a todo, responsable de sus actos y aceptando personalmente las obligaciones que se derivan de dicha ley: estas dos características resumen la estructura de la Comunidad Musulmana, que ha sido descrita, justamente, como una “teocracia igualitaria”. * Las fuentes de las instituciones Las instituciones del Islam se fundamentan sobre tres fuentes: el Corán, la Tradición del Profeta (sunna) y las enseñanzas orales y escritas de los juristas. Fueron estos quienes dieron sus diversas “escuelas” (mu-&) a la ley musulmana; pero fueron las dos primeras fuentes, el Coran y la Sunna, a las que ningún estudioso puede dejar de referirse, las que le otorgaron su identidad y cohesión. El Corán y la proclamación de la unidad divina El Libro de Dios, que fue “enviado desde arriba” al profeta Mahoma, y fue “recitado” por él a la comunidad humana, contiene en sus 114 azoras todos los elementos esenciales del “dogma” islámico ( ‘aqidu) y de su ley (Suri’a). Su mensaje esencial es la proclamación de la Unidad Divina Wfaw@d), la absoluta Trascendencia del Principio respecto de todas las manifestaciones, y la situación de total dependencia de la criatura respecto del Artesano Supremo. Este mensaje se condensa en las dos fórmulas del “testimonio de la fe” Uuhãda), cuya declaración confiere a todo hombre de buena voluntad la condición de musulman. La 2. Esta noción es analizada en detalle por L. Gardet, La 1961. cir2 musulmane, cap. II, Paris, 20 Jean-Louis Michon primera fórmula declara que “No hay mas Dios que el Uno y Único” (Mlüh); la segunda afirma que “Mahoma es el mensajero de Dios”. La primera fórmula, con su doble aspecto de afirmación y negación, expresa, por un lado, la irrealidad de cuanto no contiene causa suficiente en si mismo, es decir, el mundo creado y cuanto alberga, y, por otro, la única realidad del Ser Absoluto. La clara evidencia de ésto se impone per se sobre el entendimiento y obliga a una adhesión, en principio, de indole intelectual. La segunda fórmula tiene un contenido mas personalizado y voluntaxista. No solamente implica la aceptación de la misión profética de Mahoma, sino también la adhesión de cuanto contiene el Mensaje revelado. Y también implica la aceptación de Mahoma como guía y modelo de la Humanidad, y, por tanto, el deseo de atenerse a la práctica (sunna) iniciada por el Profeta. Así pues, un musulrmín que atestigua la Unidad Divina no esta formulando simplemente una profesión de monoteísmo; al mismo tiempo esta comprometiéndose a si mismo a obedecer la ley prescrita por el Coran y ejemplificada por la sunna. Y este compromiso suyo se transforma en una especie de renovación del pacto de sumisión firmado por las almas, en el instante de su creación, con Dios Omnipotente: “iNo soy yo vuestro Señor? Dijeron: Claro que sí, damos fe!” (VII, 1721. Así, declarar el testimonio de fe asume el significado de un “recuerdo” @ikr) de la Alianza Primordial, y esto es cierto tanto para todos los actos como para todos los pensamientos mediante los cuales el musulmán sincero tiende a aproximarse lo mas posible a Dios, y a actualizar en su propia sustancia, humana y limitada, una unidad de comportamiento e intención que constituirá un reflejo del ruwhid Divino en su existencia terrenal. La proclamación de la Unidad y el recuerdo de Dios, tales son los objetivos esenciales hacia los que el Coran urge sin tregua a los creyentes, y los medios que el libro sacro indica para la realización de los mencionados fines son múltiples, apelando a todas las facultades de que esta dotado el hombre, tendiendo a entretejer lo sagrado con su dimensión temporal no menos que con el espacio en cuyo seno evoluciona aquél, y en lo mas profundo de su ser tanto como en relación a su familia y al entorno social que le rodea. Por ello es incitado, ademas de a las prácticas de su religión estrictamente obligatorias -de las que hablaremos mas adelante, a leer el Libro Divino (LXXIII, 4; XVII, 78), a invocar .---- -- -- “^l 21 Insriluciones religiosas el Nombre de Dios, Allãh (LXXXVII, 1, 151,y sus “nombres mas bellos” (XVII, 1101,y también a pronunciar determinadas fórmulas que celebran y alaban al Todopoderoso, le agradecen Sus bendiciones, imploran Su ayuda y protección, y nos recuerdan que Él es la única Causa, el comienzo y el fin de todas las cosas. Y todas estas formas de @kr se imponen al creyente para recalcar un buen número de acciones de su vida diaria. Ia práctica de las plegarias (‘ibüdüt), así como 10s mandatos (mu’ümaküA que regulan la vida social, incluso los que establecen la infracción (‘uqlibü~~ de las reglas instituidas por la Ley Revelada, no tienen, en último término, función mas elevada que la de mantener y guiar a los creyentes por el “recto camino” hacia el que son dirigidos, conforme a las palabras de la Fü@xz, primera azora del Corán, “los que Tú has agraciado”. Mas allá de las acciones, el Corán exalta las virtudes, que son a modo de reflejos de las Cualidades Divinas sobre el alma humana. La sumisión a Dios Uskim, taslim), que es lo que hace del hombre un musulmán, nos conduce a Él, que es la Paz (al-sakim), como la paciencia (@r) consiste en esperar allí donde Dios, el Paciente (al-.$&) por excelencia, decreta una pausa. Siguiendo este mandato de ser equitativos, dado que “Esto es lo mas próximo al temor de Dios” W, 81,los creyentes, particularmente aquéllos a quienes se les ha otorgado posiciones de autoridad o de asesoramiento dentro de la colectividad, seran auténticos servidores de Dios, que se llama a Si Mismo “el Justo” (al-‘Adb. Estas pocas indicaciones deben bastar para mostrar cómo el tu w@d, la proclamación de la Unidad Divina, que es la razón de ser del Mensaje Coranico, actúa para modelar la vida y la subsistencia mas intima de cada uno de los miembros de la Comunidad Musulmana, y para penetrar de forma concreta en el análisis de las instituciones urbanas. La Tradición del Profeta (sunna) En cierto modo, el profeta Mahoma es el Coran puesto en obra. Él es el intermediario (al-tiita) escogido providencialmente (Mu~~ufi, MujrürY’ no sólo para transmitir a los hombres los contenidos del Libro Revelado, sino también para dirigirlos por la senda del retorno hacia el Dios * Ár.: elegido, preferido. Títulos honoríficos otorgados a Mahoma. ---- ._____-._-__- 22 Jean-Louis Michon Único y Solo. Mahoma es, al mismo tiempo, el portador de un mensaje particular, la ley islamica, y una resplandeciente manifestación de la Verdad Universal (al-Zjaqq). A estos dos aspectos se refieren los nombres de “Profeta” (Na!4 y “Enviado” (Rusüfj. El Coran ordena a los creyentes: “iobedeced a Dios y a Su Enviado!” (VIII, 11.Aún mas, les propone al Profeta como “un bello modelo para quien cuenta con Dios y con el último Día y que recuerda mucho a Dios” (XxX111, 2 ll. De ahí la importancia otorgada por los primeros Compañeros &+übal,* los que les siguieron (fübi‘Mn)* * y, mas adelante, por la Comunidad Musulmana en conjunto, a la colección de dichos y consejos del Profeta, e incluso de sus actos y gestos, para valorarlos y llevarlos a la practica. Esta actuación del Profeta fue reunida, durante el tercer siglo h., en grandes colecciones de hadi@ (tradiciones), colecciones que los tradicionistas (al-Bujãri, Muslim, Ibn Maya, Abü Dáwüd, al-Tirmidi, alNasã’i) compilaron con un cuidado no menor que el que había incitado a los “califas ortodoxos” (Abü Balo, ‘Umar y ‘Utmãn, en particular1 a establecer una recensión del texto del Coran completa y definitiva. El hadi! aporta abundantes detalles históricos, formales y practicos, sobre las creencias, así como sobre los actos de culto establecidos en el Coran. Contiene valiosa información sobre las circunstancias de la Revelación y, también, directrices espirituales y morales aplicables a las diversas circunstancias de la vida individual y social. Incluso se registran, ocasionalmente, aspectos del comportamiento de Mahoma que, cuando fueron asumidos por la comunidad, elevaron ciertas costumbres árabes ancestrales al rango de tradición religiosa. De este modo, sancionadas y llevadas hasta los confines mas lejanos del mundo musulmkt, dichas prácticas contribuirían, en no poca medida, a dotar a la ciudad musulmana, y a sus habitantes, de algunas de sus características peculiares. Así, por ejemplo, las convenciones que regulan la recepción de huéspedes, la preparación e ingestión de alimentos, la higiene y el aseo personal (uso de la alheña y de determinados perfumes, modo de cortarse el pelo y la barba), etc. Ár.: compañeros, amigos. Primera generación de conversos al Islam, contemporáneos y conocidos de Mahoma. * seguidores. Segunda generación de conversos musulmanes, posterior a la de los Compañeros (su/&). l l Ár.: 23 htiluciones Lu jurisprudencia religiosos (tiqhl-’ Ni el Coran ni la Sunna se presentan como colecciones de leyes religiosas coherentes y organizadas. Sus prescripciones son mesuradas, parcas, e, incluso, poco elaboradas. Por si fuera poco, con frecuencia las dos fuentes citadas no dicen nada en torno a cuestiones legales que se pueden suscitar con el crecimiento de la extensión geográfica del D¿ir alZslüm,” y los tremendos cambios culturales, sociales y económicos resultantes originan nuevas necesidades dignas de consideración. Durante los treinta anos (632-66 1) que siguieron a la muerte de Mahoma, los cuatro califas “ortodoxos” (Abü Bakr, ‘Umar, ‘U@kr y ‘Ah) y sus lugartenientes, diseminados por las provincias del nuevo imperio -todos ellos Compañeros del Profeta y versados en el saber religiosw, gobernaron aquella comunidad de acuerdo con las leyes coranicas. Durante este período, que el sentimiento musulmán todavía considera hoy, junto con los diez años de Medina, como la “edad de oro” islámica, la autoridad temporal y la autoridad espiritual continuaron unidas, como en vida de Mahoma, en la persona del califa. La única ley reconocida era la Suriá, incluso cuando permitía, en provecho del tratamiento de los asuntos corrientes, costumbres y practicas muy arraigadas en las tierras conquistadas. Ahora bien, con la implantación de la dinastía omeya, fue emergiendo gradualmente una disociación entre los poderes políticos y administrativos del califa, que se ocupaba sobre todo de establecer y consolidar su poder temporal, y la autoridad en los asuntos religiosos, depositada en los cadíes, a los cuales fue confiada la aplicación de la Suri’u. Fue entonces cuando los eruditos de la ley, movidos por su deseo de devolver al Islam su pureza y homogeneidad originales, se preocuparon de coleccionar, en compendios de doctrina coherentes, todas las prescripciones necesarias para la buena conducción de la Comunidad Islámica. Basándose en el Corán y la Sunna, solventaron las lagunas que encontraron mediante un esfuerzo investigador (ijjrihãd) que, para resolver las cuestiones no tratadas explícitamente por las dos grandes 3. Un resumen de este concepto puede hallarse en la Encyclopédie de I’lslam, 2” ed., s. v. “liqh”. Ár.: Morada del Islam. Paises en que rige la ley canónica islámica y que están sujetos a la autoridad de príncipes musulmanes. l 24 Jean-Louis Michon fuentes tradicionales (Corán y Sunna), dependía de la opinión personal (M 1~1,la analogia (y[rWs)o, nuevamente, del consenso unánime (i?;mã? de la comunidad de los creyentes, expresado por sus doctores en ciencia religiosa. Este empeño por codificar la jurisprudencia (fìqh) originó la aparición de los cuatro “métodos” (mu~hub/mag’ühib, término traducido a menudo por “rito” o “escuela”) del Islam sunni. En todos los casos se trata del cuerpo entero de prescripciones que gobiernan los actos de los creyentes hasta en sus mas mínimos detalles. Cada acto puede ser obligatorio (fu@ w@ib), recomendado (mandúb), permitido (mubüh), condenable (makrüh) o prohibido ((rarüm), tanto si se trata de cuestiones de culto (‘ibüdüt) como si son de conducta social (mu‘ümulüt~ o si atañen a las sanciones (‘uqlibüt) que deben ser aplicadas por las infracciones de las prescripciones legales. Diremos, muy en general, que las escuelas y sus áreas respectivas de predominio son las siguientes: a) la escuela máliki, fundada por Mãlik ibn Anas (m. 7951, que actualmente cubre el África del Norte y central, el Alto Egipto, Sudán y el África occidental; b) la escuela hanafi, fundada por Abü Hanifa (m. 7671,que fue adoptada por los otomanos, es hoy la más extendida, y prevalece en Turquía, Siria, India, sudeste de Asia y China; c) la escuela Sãfi’i (m. 820), que engloba Egipto, el I$yãz, sur de Arabia, África oriental y meridional, y comparte el sudeste de Asia con el rito hanati; y d) la escuela hanbali, fundada por Ahrnad ibn Hanbal (m. 855), limitada, en la actualidad, a Arabia (Nayd). Desde el punto de vista religioso, las cuatro escuelas son consideradas igualmente validas, y, para un musulmán, resulta perfectamente aceptable elegir su propio mu-ab e incluso cambiarlo en el curso de su vida, especialmente si se traslada de residencia y deseaadecuarse al rito de su nueva comunidad. Las diferencias entre las escuelas ortodoxas son, en primer lugar, de índole metodológica, y se basan en el método particular que utilizó cada fundador para elaborar diversamente las normativas legales. La analogía (qiyüs) es aceptada por todas; pero los Sãti’íes desconfían de la opinión personal (ruj4. El consenso unánime (i$mü?, o consensus doctorum, fue interpretado por al-&&i como el acuerdo unanime de los eruditos en una época determinada, pero Málik lo limitó a los eruditos de la ciudad de Medina, e Ibn Hanbal, a los Compañeros del Profeta. Tales concepciones originan algunas variantes, con consecuencias prácticas -___--___I_ ----.- - .__l_<_ll_--_. I 25 Itwiruciones religiosas que, a veces, tienen importancia para las modalidades de las disposiciones legales, tanto si éstas se interpretan literalmente (mãlikismo, hanbalismo) como según el espiritu de la ley @ãfi’ismo, hanafismo), y de acuerdo con el grado en que los elementos de la ley consuetudinaria local tmedinesa, romano-bizantina, sasánida, talmúdica, o cristiana de las iglesias orientales) subsanan las carencias, si son compatibles con las concepciones religiosas islámicas. Sobre ese último extremo, la escuela hanbali, por ejemplo, ha demostrado ser particularmente estricta y refractaria respecto a la introducción de usos considerados “innovaciones” USas) reprensibles. Establecidas en los comienzos del califato abasí, durante el siglo III (IX), las escuelas de Jìqh han sobrevivido hasta el presente, y nunca han cesado de alimentar las especulaciones y argumentaciones de los doctores de la ley. En este tiempo han evolucionado poco en todos los sentidos y, con ciertas excepciones, tales como el notable caso de la Sulafìyya” , que se atiene rigurosamente a la autoridad de Ibn Taymiyya, el famoso hanbali del siglo VIII (XIV), no han tratado de revisar ni los principios ni la aplicación de la ley para adaptarla a las nuevas necesidades de indole socio-económica. Habiendo extraído su sustancia del estado de cosas predominante en los días del Profeta y de los cuatro primeros califas, constituyen una especie de ley ideal que parecería impío y peligroso intentar adaptar a las condiciones mudables. Algo distinto, sin embargo, es el cuadro que presenta la jurisprudencia constituida por la denominada “facción” J’i’i(G‘a) de la comunidad musulmana. Para los @íes, “partidarios de ‘Ah”, era el propio ‘Ah quien, en su calidad de cuñado y sobrino del Profeta, debía haber sucedido legítimamente a Mahoma como líder y guía de la comunidad musulmana. Las acciones de los tres primeros califas “ortodoxos”, tal como las admiten los sunníes, no son una fuente legal para los si’íes. Por el contrario, ‘Ali y sus descendientesimanes -doce según los duodedimanos, * * siete para los ismã’ihes, y cinco en opinión de 10szaydies-, Movimiento reformista islámico de los siglos XIX-XX que tomó su nombre del vocablo kabe sa/aJ predecesor, antepasado, autoridad intelectual. * Miembros de una secta Hi’i que reconoce a una serie de doce imanes, hasta Muhammad al-Mahdi. Los ‘ismã’ilies son miembros de una secta Sii que sólo reconoce a siete imanes, por lo cual también se les denomina septimanos. Los zaydies son miembros de una secta Si’i que sólo reconoce a cinco imanes, el titimo de los cuales fue Zayd, hijo de Zayn al-‘Abidin. l l 26 Jemdouis Michon son los herederos de la “Luz de Mahoma” y, por consiguiente, los intérpretes predestinados de la ley religiosa externa y los exponentes del significado interior de la Revelación. Limitando nuestra atención al Si‘ismo duodecimano, que, como religión oficial del Irán es el mas extendido, puesto que engloba ademas la mitad de la población del Irak e importantes grupos de fieles de la India, Pakistán, Afganistán y Líbano, nos encontramos con que fundamenta su ley en el Coran y en la Tradición del Profeta (&í$, como sucede con el sunnismo, y luego, en las enseñanzas de ‘Alí y de los demás imanes, en particu!ar, del cuarto (Zayn al-‘Abidin), quínto (Muhammad alBãqirl, sexto (Ya’far al-Sadiql y octavo (‘Ali al-Ridal, que fueron eminentes teólogos. El duodécimo imán, Muhammad al-Mahdi, juega un papel especial en la formación de la ley Si‘í o, mas bien, en su extensión a situaciones nuevas. Pesea haberse ocultado (guybu)” en el año 329 de la Hégira (9401, el “Amo del Tiempo” habita todavía entre los hombres y guía espiritualmente a los cualificados para aplicar la reflexión personal (iytihüd a los problemas jurídicos. Así pues, hablando desde un punto de vista institucional, parecen existir dos rasgos principales que tipifican el Si‘ismo duodecimano en relación con todas las escuelas sunnies. De una parte, la concepción que los Sí’íestienen del jefe de la comunidad musulmana, no sólo como líder político y guardián de la ley, sino también como detentador de unas funciones iniciáticas y esotericas; de otra, el papel continuado que desempeña el @rihGd, con inspiración derivada del imán, en la evolución legal o en el desarrollo teológico. Históricamente hablando, el G?smo duodecimano no espera ya que ninguna autoridad espiritual y política, que responda a cualquier criterio de legitimidad, sea capaz de tomar en sus manos el destino de la comunidad musulmana hasta la reaparición del ultimo imán. Sobre este punto su perspectiva es, como si dijésemos, de tipo transhistórico y dependiente de sus expectativas acerca del Mahdi. * El Islam sunní, por el contrario, nunca dejará de laborar en pro de la restauración del califato, tanto a nivel teórico como práctico, elaborando unas reglas de gobierno suficientes, por lo menos, para salvaguardar la apariencia de dicha institución. A nivel de la elaboración del fiqh, las posiciones respectivas del sunnismo y del Si‘ísmo quedan, l ausencia, alejamiento. Ocultación de un imán, según la doctrina Si‘i. * Ár.: Guiado por Allãh. Personaje ideal que ha de aparecer al tin de los tiempos para reagrupar a los musulmanes y restaurar el Islam. l l Ár.: 27 Insriluciones religiosas por así decirlo, invertidas. En los círculos sunníes generalmente se piensa que las “puertas del ijtihüd estiin cerradas” desde la edificación de los cuatro grandes sistemas juridicos que, ante todo, formularon los principios de la ley (us al-jqh), y luego en el espacio de unas pocas generaciones, detallaron sus aplicaciones Yùni?. Solamente cabe hacer recomendaciones jurídicas (fetuas) oportunas acerca de puntos muy especilicos y basandose en los precedentes, mientras que en el Si’ísmo duodecimano aún se practica el igtihüd, que permite formular normas autorizadas para extender la ley religiosa a condiciones nuevas. 4 Estas posiciones divergentes revelan, sin embargo, una preocupación idéntica, es decir, la de mantener a la comunidad de creyentes dentro del orden instituido por la Ley Revelada. Así pues, más allá de las diferencias de interpretación que la sabiduría musulmana contempla como derivadas de la Bondad Divina, según se expresa en el proverbio “[jtikif al-‘ulumã’ ru(zmu” (“los desacuerdos de los sabios son una merced”), el Islam Si’í o sunní, asi como sus diversas ramas o escuelas, dejan la misma huella, idéntica en el tiempo y en el espacio, sobre los seguidores del Islam y sobre sus ciudades. Los pilares del Islam Entre las instituciones comunes a todos los musulmanes hay cuatro que, juntamente con el doble testimonio de fe tratado antes, constituyen los “pilares de la religión” (urkãn al-din): la oración, el ayuno, la limosna y la peregrinación. Estas cuatro prácticas fundamentales han sido comparadas a menudo con los cuatro lados que forman la base de una piramide, cuya cúspide sería la Suhüdu o proclamación del tuwhid. Esta comparación ilustra muy adecuadamente la posición del creyente individual, cuya existencia se halla, como si dijéramos, colocada en el espacio delimitado por los muros inclinados de la pirámide, que conducen a su vértice superior, símbolo de la Unidad Divina. Idéntica figura podria servir, asimismo, para representar a toda la Comunidad Musulmana, que se halla contenida también en el marco de la Surf’u y, por tanto, apunta en dirección al Cielo. La vida religiosa de un musulman 4. Cf. Seyyed Hossein Nasr, Ideals and Realities of /s/um, cap. VI, Londres, 1966. donde se delimitan claramente los puntos de convergencia y de divergencia entre el Islam sunni y el Si’i (incluido el ismã’ilismo). 28 Jean-Louis Michon muestra una sobreimpresión de ambas imagenes particularmente insistente, cosa que no implica ninguna confusión y contribuye a añadir una dimensión colectiva y un sentido a los actos rituales que realiza el individuo, bien sea implicitamente, mediante la oración solitaria y el ayuno, bien sea de modo explícito, como sucede en la oración comunitaria, la limosna y la peregrinación. La oración (gilãt) La oración es la clave del Islam, el rito cuyo poder santificador contribuye con mayor riqueza a cada piedra del edificio comunal y a su cohesión. No es este el lugar para analizar las fórmulas, fundamentalmente coránicas, y los gestos que hacen del rezo un bikr (conmemoración) completo, incluyendo la sacralización del cuerpo y la concentración del alma; pero tampoco podemos silenciar el papel jugado en la ordenación del ritual por las dos condiciones de la existencia terrenal: el tiempo y el espacio. La oración, realizada cinco veces al día (al alba, a mediodía, a media tarde, al ponerse el sol, y después de caída la noche) puntúa con su ritmo la vida entera del individuo desde la pubertad hasta la muerte. Gracias a su continua renovación, imprime en el tiempo efímero la marca de aquel instante único en que el Pacto primordial <mi@, adorar a su Señor, fue reconocido por las almas por vez primera. En el contexto espacial hay una especie de reducción a la unidad. El rezo comienza en una postura erecta, la posición vertical propia del hombre, %ucesor -de Dios- en la Tierra” (Corán II, 30 y passim), dotado, desde el momento de su creación, de “la mejor complexión” (XCV, 4). Cada uno de los fieles debe, pues, permanecer erguido como un pontífice, y colocado como un eje orientado hacia el que Dios envía su favor desde la altura y lo extiende sobre la Tierra. La orientación horizontal de la qibla”, apuntando a La Meca, acarrea una reagrupación simbólica de todos los creyentes en el sitio en que Abraham levantó un templo al Dios Único, huella tangible del axis mundi en la Tierra. La oración, como el ayuno, es obligatoria para todo musulmán “responsable”, es decir, para todo adulto de mente sana. Se dice que, ejecutada comunitariamente, ha de resultar “veintisiete veces mejor * Ár.: sur, mediodia. Orientación hacia La Meca. (En las mezquitas, el muro de la ka, que contiene el mihrüb o nicho, indica la dirección en que se halla La Meca) yib- 29 hliluciones religiosas que cumplida en soledad’ (@di& debido, indudablemente, a que reúne por igual en las fuas de los fieles a ricos y pobres, débiles y poderosos, sin distinciones, y, de esta manera, actualiza de modo concreto el ideal de la ciudad perfecta cuyos habitantes, como los ángeles en las esferas celestiales, celebran al unísono la gloría del Creador. Determinadas condiciones que preceden o acompañan al cumplímiento de la oración han influido considerablemente sobre el diseño y funcionamiento de las ciudades del Islam. Así, por ejemplo: a) el estado de pureza ritual, logrado con las abluciones mayores o menores; b) el respeto al momento específico de la oración; c) la orientación hacia La Meca; d) la existencia de un lugar lo bastante amplio como para poder acomodar a todos los fíeles en la oración comunitaria del viernes a mediodía, que es obligatoria en todos los núcleos de población de cierta importancia. La primera exigencia obligó a la dotación de aseos,albercas, fuentes y baños públicos (~ammãm), cuyas cúpulas bastan para denotar la presencia de una ciudad islámica. La segunda dio lugar a la creación de las funciones del muwqqit, funcionario que elabora los horarios, y del muecín, que convoca a la oración. Esto, a su vez, llevó a la construcción de alminares y, en determinadas capitales, de observatorios astronómicos. Las dos últimas exigencias determinaron cómo debían ser edificadas las mezquitas y cumplidas sus exigencias litúrgicas: una sala de rezos extendida a lo largo, con un nicho u hornacina (mi@üb) para indicar la qiblu, amén de un púlpito (minbar) desde el que el imán pronuncia su exhortación (ju,tbd antes de la oración del viernes. La mezquita no es exclusivamente un sitio para rezar, sino que constituye a la par un punto de reunión, un foro donde se intercambian las noticias de la localidad. Asimismo, es un centro para la educación religiosa, en el que niños y adultos de todas condiciones se sientan en circulo, frecuentemente caida ya la noche, para recitar el Corán o para escuchar las enseñanzas de un alfaqui. A menudo, la mezquita es también un refugio donde mendigos, vagabundos y oprimidos pueden hallar cobijo y asilo, aparte de recibir las limosnas o los alimentos dispensados generosamente por la comunidad en los lugares de culto. La oración comunitaria se realiza en ocasiones fuera del recinto de la mezquita, como en el caso de las dos grandes fiestas celebradas por los musulmanes para marcar, respectivamente. el final de la Peregrinación y el del Ayuno del Ramadán. Entonces los fieles marchan en multitud hasta la musullir (orutorio descubierto), situada fuera de los muros 30 Jean-Louis Michon de la mezquita, frecuentemente junto al cementerio, a fín de orar al aire libre, dando frente a una pared que representa la qiblu. Estos actos de gracia, en que la comunidad entera participa -cuando miles de frentes se postran sobre el suelo y se elevan despues con movimiento uniforme, en un silencio apenas roto por la gran exclamación del tukbir, es decir, la fórmula Allühu ukbur (“Dios es el mas grande%, figuran entre las manifestaciones mas elocuentes de la realidad y vitalidad de la ciudad islamica. Ef ayuno (siyãm) Uno tiene que haber vívido en una ciudad islámica durante eLmes del ramadan para comprender hasta qué punto un rito cumplido individualmente gana en fuerza -si no necesariamente en hondura- al ser practicado símulta.neamente por una población entera. Incluso antes del inicio del mes sagrado, durante el cual el ayuno tiene que ser observado desde la aurora hasta el ocaso, la ciudad tiembla de alegre excitación. Porque, pese a las muy auténticas pruebas del hambre, y aún mas de la sed, durante las cálidas tardes el mes completo transcurre en medio de una atmósfera de gozo. En muchos de los que ayunan puede detectarse un sentimiento de liberación, como de quien satisface una deuda justa, y de orgullo por la capacidad de sacrificar los hábitos propios y dejar a un lado la satisfacción de apetitos apremiantes. La emulación heroica se apodera de todos, incluso de los niños muy pequeños, que arden en deseos de hacer cuanto hacen los adultos. Aunque la ley coranica exime expresamente del ayuno a los enfermos, viajeros, mujeres que estan a punto de dar a luz, y a las personas muy ancianas, los interesados continúan ejercitando esta privación asiduamente. Muchos musulmanes que no practican su religión durante el resto del año, ayunan y oran durante el mes sagrado, y nadie osa quebrantar el ayuno si no es en secreto. Las mezquitas no están vacias por la noche. Se forman círculos de gente en torno a los lectores del Corán y los predicadores, Largas oraciones, llamadas “de las pausas” (turüwi~l, son recitadas comunitariamente o en soledad, y se hacen rogativas especialespor los ausentes, los que viajan, los enfermos y los prisioneros. La noche vigesimoséptima del mes de ramadan es celebrada con particular fervor, en conmemoración de la “Noche del Poder” Uqdut al-Qudr), en la cual el arcángel Ga- 31 Instituciones religiosas briel descendió, cumpliendo órdenes divinas, para llevar el Corán a Mahoma. En toda familia acomodada, la caridad se practica extensamente durante este mes, y más en particular el dia del ‘id al-fi?r (Fiesta de IU ruptura del u.vuno), que señala el final del ayuno. Ese dia es obligatorio, para los que tienen recursos suficientes, dar una limosna especial, el zukãt ul$!r (limosna de IU ruptura del ayuno). Toda la ciudad, ahora renovada y purificada, se regocija porque recuerda el “dicho inspirado” (@di! qudsi) del Profeta, por cuya boca dijo Dios: El ayuno se hace por amor a Mí, y Yo recompensoa quien ayuna, pues él prescindeen Mi honor de su placer, alimento y bebida. La limosna (zakàt) La institución de la limosna obligatoria es, literalmente, una “purifícación” destinada a atenuar o erradicar el apego a los bienes materiales que ensucia el corazón, lo compromete en una acumulación de riquezas efiieras y engendra lo que el Islam considera una de las faltas mAs imperdonables, ésto es, la de “asociar” (Sirk) otras divinidades con Dios, o, según lo interpretan los pensadores islámicos más profundos, la de tratar la verdad y la ilusión en idéntico plano de igualdad, prefiriendo incluso la segunda a la primera. La institución del zukãt recuerda al creyente que el disfrute de sus bienes constituye sólo un favor temporal concedido por Dios para probarle: “No alcanzaréis la piedad auténtica mientras no deis de limosna algo de lo que amáis”, dice el Corán (III, 92). Hablando en términos sociales, el zukãt es un elemento esencial de la vida comunitaría. En su calidad de “impuesto” único fijado por el Corán a los creyentes, su cuantía se establece, conforme a la naturaleza de los bienes, en un décimo o un quinto de las ganancias anuales cuando éstas alcanzan un nivel determinado (ni$b)*. Esta limosna se entrega al Tesoro Público (Buyt al-müh, que la administra y reparte entre los cualificados para recibirla, o sea, los musulmanes pobres y necesitad&. Por tanto, la limosna asegura una cierta redistribución de los l Ár.: bienessometidos a tributación 32 Jean-Louis Michon recursos, que. sin pretender igualar las condiciones inherentes y predestinadas de la fortuna humana, impone al rico un sacrificio que le aprovecha, e inspira sentimientos de gratitud en los pobres, a los que Dios dijo: “No desesperéisde la misericordia de Dios” (Corán XII, 87). Por encima y más allá del zuküt obligatorio, la limosna voluntaria sudaga) es recomendada con insistencia, tanto en el Corán como en la Sunna. Se cuenta que el Profeta dijo: (zuküt al-tumvwu’o No hagas cuentas, pues entonces Dios las hará contigo; no pongas límites, porque Dios te los pondrá a ti. Da en limosna cuanto puedas. Esta exhortación ha sido ampliamente seguida, y, como el zukát obligatorio, la suduqu ha servido siempre para atender a las necesidadesde los pobres, armar a los que combaten en la guerra santa, aprovisionar a los viajeros, liberar esclavos, redimir cautivos y contribuir al sostenimiento de numerosas instituciones religiosas o de utilidad pública. Relacionada con la práctica del zuküt y la entrega voluntaria de límosnas, se halla la institución de los bienes habites (wuqfi, hubus), entregados a perpetuidad a la comunidad islámica con fines religiosos o para el bien común. Estas fundaciones pías figuran entre las instituciones más típicas de la ciudad musulmana. Su origen debe buscarse en la Sunna. Según un @di! (dicho) transmitido por al-Bujãri, en una ocasión ‘Umar preguntó al Profeta cómo podía utilizar, de modo agradable a Dios, una franja de terreno que poseia en Jaybar. La respuesta fue: “Haz que la propiedad no sea transmisible, que no esté sometida a venta, don o herencia, y entrega sus rentas a los pobres”. Asi quedó establecido el primer wuqf; cuyas rentas fueron distribuidas entre los que dependian del :uqSt. El wuqf‘está sujelo a tres normas básicas: a) lo determina el deseo del donante, según se expresa en el acta de constitución, estableciendo el uso perpetuo de la propiedad inmovilizada; b) no está sometido a ninguna formalidad y puede constituirse mediante una simple declaración verbal, con tal de que el donante sea un creyente responsable, la donación realizada corresponda efectivamente a una propiedad suya y no haya sido mancillada por ninguna ilegalidad; c) una vez constituido, la propiedad es inalienable e inviolable. De este modo, el wy/‘produce el efecto de traspasar una posesión a la propiedad divina, mientras que deja el disfrute de ella a sus criaturas. 33 Imtiruciones religiosas La propiedad asignada al @bus es de muchas clases, y tanto mobiliaria como inmobiliaria. Segú