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Tucídides
baron y talaron la tierra, y quemaron las tiendas y pabellones que los atenienses habían dejado de cuando asentaron allí su campamento, y hecho esto regresaron a sus
casas.
XIV
Pasadas estas cosas, y advertidos los siracusanos de que
los atenienses habían enviado embajadores a los camarinos para confirmar la confederación y alianza que en
tiempo pasado habían hecho con Laques, capitán que a la
sazón era de los atenienses, también les enviaron embajadores, porque no confiaban mucho en ellos, a causa de
que en la anterior jornada se habían mostrado perezosos
en enviarles socorro; sospechaban que en adelante no les
quisiesen ayudar, y acaso favorecer el partido de los atenienses, viendo que habían sido vencedores en la batalla,
haciendo esto so color de aquella confederación y alianza
antigua.
Llegados a Camarina, de parte de los siracusanos,
Hermócrates con algunos otros embajadores, y de la de
los atenienses, Eufemo con otros compañeros, el primero
de todos Hermócrates, delante de todo el pueblo que para
esto se había reunido, queriendo acriminar a los atenienses, habló de esta manera:
«Varones camarinos, no penséis que somos aquí enviados de parte de los siracusanos por temor alguno que
tengamos de que os asuste esta armada y poder de los
atenienses, sino por sospecha de que con sus artificios y
sutiles razones os persuadan de lo que quieren, antes que
podáis ser avisados por nosotros.
»Vienen a Sicilia con el pretexto y el achaque que
vosotros habéis oído, pero con otro pensamiento que todos sospechamos. Y a mi parecer, tengo por cierto que no