Download Historia del rey Don Fernando el Católico. De las empresas, y ligas
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acompañaron hasta la iglesia mayor: y fue depositado su cuerpo a la otra parte de la capilla mayor, frontero a la sepultura del rey don Alfonso de Nápoles el Segundo. De la batalla que vencieron junto a Semenara don Hernando de Andrada, y don Hugo de Cardona: en la cual fue vencido el señor de Aubeni. XXV. Con la fama de haber llegado Puertocarrero a Calabria, el señor de Aubeni se levantó de la Mota Bubalina: y sus gentes desampararon otros lugares: señaladamente a Terranova, y la fortaleza: y hallándose en San Jorge, que está muy cerca, el que tenÃa cargo de aquel estado por el Gran Capitán, desde que se le hizo merced dél con el tÃtulo de duque de Terranova, se pasó luego allá: y tras él, el capitán Alvarado con cien hombres de armas, y el capitán Miguel de Alcaraz con trescientos peones: con pensamiento de juntarse más presto con la gente que llevaba Puertocarrero: creyendo, que se habÃa puesto en camino: y por tener tomado aquel paso, y estancia contra los enemigos. Esto se hizo sin orden ni sabidurÃa de Puertocarrero: y como el de Aubeni tuvo aviso que estaba enfermo, como era capitán de gran vigilancia, y atentÃsimo a las ocasiones, fue sobre Terranova, y probó de combatir el lugar, que estaba yermo: y no proveÃdo de lo necesario para poder sostener el cerco: y creyó gozar de aquella vitoria: y prender la gente de armas, y los soldados que estaban dentro. Teniendo Puertocarrero la nueva desta salida, viendo que su mal se le iba más agravando de cada dÃa, envió por todos los capitanes, para dar orden cómo fuesen socorridos los de Terranova: y señalóles por capitán a don Hernando de Andrada: y diole todo su poder con orden, de lo que debÃa hacer: y proveyó que VilamarÃn enviase sus galeras delante de Ioya, porque los franceses viesen, que iba el socorro por mar, y por tierra. Con esto partió apresuradamente toda la gente de caballo, y de pie: y ordenadas sus batallas llegaron a Semenara: pero las galeras se detuvieron junto a la torre del Faro, esperando tiempo para sacar la gente al Scyllo, y que fuese al campo: y siendo el asiento de Terranova de tal disposición, que no bastaba la gente a defendella, por ser de gran guarda, la repartieron: y los enemigos alojaron en ella en la parte que se dice de Santa Catalina: y combatieron a los de dentro por dos veces: y fueron muertos, y heridos muchos de los enemigos, sin daño de los nuestros. Entonces, viendo que estaban apremiados tanto de hambre, como de los contrarios, porque entraron en la villa sin alguna provisión, aceleraron aquellos capitanes su camino: y teniendo dello noticia el de Aubeni, se salió con sus batallas ordenadas del Burgo, donde estaba, con esperanza de lo poco que él sabÃa que los de Terranova tenÃan de comer: y mudóse a los casales, que estaban junto de Terranova. El ejército que llevaba don Hernando de Andrada se detuvo por esta nueva en Semenara: porque el fin que llevaban era, socorrer a Terranova: y consiguiéndose aquel efeto, con expreso mandamiento de Puertocarrero, les era prohibido, que no diesen batalla: y también deliberaron de esperar a Manuel de Benavides, y a Antonio de Leyva, y a Gonzalo de Ãvalos con su gente, y a don Juan de Cardona con mil quinientos infantes: y Alvarado no quiso salir de Terranova, porque halló