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El seguro de desempleo en los Estados Unidos desde una perspectiva histórica Miriam Nava Zazueta1 Las fuerzas macroeconómicas y los cambios tecnológicos actuales han generado una permanente transformación de las naciones, impactando no sólo a la economía, sino principalmente la fuerza de trabajo que ahí se desarrolla. El presente ensayo pretende mostrar cómo el seguro de desempleo en los Estados Unidos, establecido desde 1935, se encuentra amenazado por la reestructuración actual del mercado de trabajo a escala internacional. Pretende enfatizar, también, en la necesidad de una nueva política a favor del beneficio social y no sólo del económico, porque se considera que una mayor polarización de la riqueza producirá un aumento en el descontento social, una disminución significativa en los niveles de vida y hasta el surgimiento de un nuevo caos económico que empuje al mundo a otra crisis total. La Gran Depresión y el New Deal La década de los veinte registró en Estados Unidos una prosperidad económica relativa, más aparente que real debido a que antes de la crisis de 1929 la agricultura y algunas industrias se encontraban en problemas económicos considerables. Esta prosperidad económica relativa se vino abajo a partir de la quiebra de la Bolsa de Nueva York el 29 de octubre de 1929. El desencadenamiento de la Gran Depresión se presentó a nivel mundial, pero afectó a Estados Unidos en una mayor proporción que otros países debido a que después de la primer guerra mundial, este país actuó como acreedor del mundo, y la mayoría de las naciones europeas tenían deudas que resultaron ser incobrables para Estados Unidos, o bien, tenía que esperar bastante tiempo para poder recibir algunos pagos por este concepto.2 –––––––––––––– 1 Profesora de la Escuela de Estudios Internacionales, UAS. George B. Tindall and David E. Shi, America, brief second edition, New York, W.W. Norton & Company, 1989, pp. 630-631. 2 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 Al interior de la nación, aun antes de la quiebra de la Bolsa de Nueva York, la agricultura ya registraba una gran crisis. En 1919 el bushel de trigo se cotizaba en $2.16 dólares, en 1929 en $1.04 y para 1932, el precio se redujo a $0.38 dólares.3 El desarrollo de las nuevas industrias en la década de los veinte dio a los hombres de negocios enormes ganancias, las cuales eran distribuidas mayormente como dividendos y no como salarios, lo que condujo a que aproximadamente un tercio de los ingresos del país se concentraran en el cinco por ciento de la población. La industria seguía produciendo, pero no les proporcionaba a los trabajadores los ingresos adecuados para que pudieran adquirir estos artículos; por lo tanto, el desplome económico era inevitable.4 Antes de la quiebra del mercado de valores en octubre de 1929, la facilidad para obtener créditos y el financiamiento especulativo de los empresarios de sus propios valores, ocasionaron que las cotizaciones de las acciones no reflejaran la situación real de la economía y del desarrollo industrial. La quiebra de la bolsa de Nueva York dio pauta a una de las más grandes crisis que ha azotado a los Estados Unidos y ocasionó un colapso devastador en el mercado de acciones a nivel económico y social. La depresión económica de Estados Unidos se manifestó gradualmente, en 1930 se hundió más que la de ningún otro país, y en 1932 seguía en descenso. “De acuerdo a estadísticas gubernamentales estimadas, el nivel de desempleo en 1929 fue de 1.6 millones y en 1933 había llegado a 12.8 millones”.5 En 1931 el desempleo afectó una de cada seis familias; los que contaban con un trabajo recibían salarios para apenas subsistir y sin un seguro de desempleo. La asistencia social se encontraba financiada por la localidad, así que, para 1932, las administraciones de las grandes ciudades se encontraban en bancarrota. Surgieron los llamados Hoovervilles, barrios en míseras condiciones, ubicados en las orillas de las grandes ciudades, y también las mantas Hoover, periódicos viejos con que se cobijaban miles de personas. Las acciones emprendidas por el presidente Hoover fueron insuficientes. Los programas de ayuda voluntaria, la promulgación de el Acta de Reconstrucción Financiera para Corporaciones (Reconstruction Finance –––––––––––––– 3 Willi Paul Adams, (comp.), Los Estados Unidos de América, trad. Máximo Cajal y Pedro Gálvez, vol. 30, colección Historia Universal Siglo XXI, México, Siglo XXI, 1995, p. 295. 3 Samuel Eliot Morison, Henry Steele Commager y William E. Leuchtenburg, Breve Historia de los Estados Unidos, trad. Odón Durán D'Oion, Faustino Ballue y Juan José Utrilla, tercera edición, México, FCE, 1987, pp. 716-717. 5 James T. Patterson, America´s Struggle Against Poverty: 1900-1985, Cambridge, Harvard University Press, 1986, p. 42. 46 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 Corporation Act), la cual estaba autorizada a prestar dinero a instituciones financieras y ferrocarriles para la creación de empleos, establecida en 1932 al igual que el Acta Federal para Préstamos Bancarios para Hipotecas (The Federal Home Loan Bank Act), que se encargaba de refinanciar las hipótecas sobre los hogares en peligro de ser perdidos por sus dueños y la Ley GlassSteagal, otra medida de recuperación, la cual emitía bonos de gobierno y valores que pudiesen ser aceptados como garantía para los documentos crediticios que expedía el Acta de Reconstrucción Financiera para Corporaciones. El programa implantado por él no tuvo mucho éxito. El que Hoover considerara que la ayuda a la población debía de ser proporcionada por los estados y municipios, y el que los préstamos otorgaba la RFC fueron pequeños, ocasionó que las medidas tomadas para la recuperación no funcionaran ya que no actuaban en función a la escala de necesidades existentes. De esta manera la situación era insalvable. La principal consecuencia de la Depresión fue el desempleo a gran escala y por un largo tiempo. "Millones perdieron sus trabajos y sus ahorros; muchos incapaces de pagar las hipotecas o las rentas se encontraron sin hogar. Hombres y mujeres hambrientos hacían fila esperando por exiguos alimentos que proporcionaban las organizaciones de caridad y las iglesias".6 El que no existieran sistemas públicos de seguridad social hizo más tensa la situación, la población pedía ayuda gubernamental, la cual tardó años en llegar, fue hasta 1932, con Franklin D. Roosevelt, que el gobierno empezó a ocuparse de las necesidades económicas de la población. En 1932 Roosevelt llega a la presidencia con la política del “Nuevo Trato” en busca de aliviar las necesidades económicas de la población. Entre 1932 y 1935 empezaron a establecerse programas para ayuda económica y proporcionar empleo de subsistencia a millones de personas. Programas como Corporación Civil de Conservación (Civil Conservation Corps, CCC); la Administración Federal para Ayuda de Emergencia, (Federal Emergency Relief Administration, FERA); la Administración de Trabajos Civiles, (Civil Works Administration, CWA), y otros más, pero la piedra angular establecida por Roosevelt a favor del beneficio social fue El Acta de Seguridad Social (Social Security Act) legislada en 1935. Esta ley puede ser considerada en toda –––––––––––––– 6 Allen F. Davis and Harold Woodman (eds), Conflict and Concensus in Modern America History, sexta edición, Lexington, Massachussetts, D.C. Heath and Company, 1984, p. 341. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 47 su extensión como la aplicación de la metafísica humanista de la voluntad7, estableciendo lineamientos de beneficio social jamás vistos anteriormente en Estados Unidos8; creó un sistema de seguro para edad avanzada en el que todos los trabajadores tenían derecho a participar, de la misma manera, estableció un sistema federal–estatal para crear un seguro de desempleo y, proporcionó ayuda a los estados para el cuidado de madres dependientes, niños sin hogar, personas ciegas y lisiados en general; asimismo, estableció un sistema para brindar servicio público de salud, y otros. Un programa trascendental que ha beneficiado a millones de trabajadores responsables en épocas de crisis, es el Seguro de Desempleo, el cual se encuentra establecido dentro del contexto del Acta de Seguridad Social de 1935 y dando beneficios a partir de 1938; el cual, tiene el doble objetivo de proporcionar ayuda a los desempleados, y a su vez, mantener un equilibrio en el consumo para que no se propague un detrimento económico. A través de los años el seguro de desempleo ha brindado apoyo a millones de estadounidenses y ha sido objeto de cambio y enmiendas para ampliar su cobertura, de tal manera que los beneficiarios se encuentren en un radio más amplio. Seguro de desempleo: origen y funcionamiento Conceptualización del seguro de desempleo Al ascender Franklin Roosevelt a la presidencia de Estados Unidos, trató de resolver los problemas económicos y sociales; activando la política del Nuevo Trato impregnado de un alto sentido pragmático e ideología filantrópica que daba importancia al hombre olvidado. Fomentó un cambio económico a través de la intervención del gobierno en la economía y en la puesta en práctica de programas de auxilio social. Como producto de esta época de sufrimiento, reformas económicas y sociales, nace el seguro de desempleo, un elemento importante del Acta de Seguridad Social legislada en 1935, la cual no establece –––––––––––––– 7 El pensamiento político y moral de Franklin D. Roosevelt, dirigido principalmente a la creencia del bienestar social de las masas antes que el individual, concuerda con el de John Dewey; véase A. H. Somjee, The Political Theory of John Dewey, New York, Teacher College Press-Columbia University, 1968. 8 Véase Hubert H. Humphrey, The Political Philosophy of the New Deal, Lousiana, Lousiana State University Press, 1970, y Matthew Festenstein, Pragmatism and Political Theory, Great Britain, Polity Press, 1997. 48 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 de manera directa dicho seguro, pero a su vez propone un sistema que facilite a los Estados la creación de un seguro de este tipo. El seguro de desempleo es un programa que pretende proporcionar ayuda económica a los desempleados involuntarios y así mantener el equilibrio económico; de hecho, en 1955 el departamento del trabajo lo definió como sigue: El seguro de desempleo es un programa -- establecido bajo la ley federal y estatal -para mantener el ingreso durante periodos de desempleo involuntario debido a la falta de empleo, el cual provee una compensación parcial de los salarios perdidos como un hecho de derecho, con dignidad para las personas elegidas. Ayuda a mantener el poder de compra y estabilizar la economía. Ayuda a prevenir la dispersión de entrenamiento a la fuerza laboral, el sacrificio de habilidades y el rompimiento de los estándares laborales durante desempleo temporal9 Como se puede apreciar, el seguro de desempleo es un concepto amplio que representa una prestación laboral para quienes cubren los requisitos establecidos por la ley; además, pretende actuar como un estabilizador económico a través del mantenimiento del consumo. Aunado a estos objetivos, también permite al individuo la oportunidad de reintegrarse a la vida laboral (mediante el servicio de empleo) en un empleo digno que le permita desarrollarse, y no sea explotado. El programa entró en vigor en 1935, pero fue hasta 1938 cuando empezó a pagar beneficios a aquellos desempleados involuntarios calificados para recibir dicha prestación. El seguro de desempleo es un programa que funciona a través de la colaboración de los estados y de la federación, desde su nacimiento, ha funcionado hasta los tiempos actuales; sin embargo, las disposiciones que se encuentran dentro de la competencia estatal varían entre una entidad y otra. Principalmente son los Estados quienes establecen los estándares mínimos en cuanto a requisitos para que un individuo sea elegible para recibir dicha prestación; a su vez, son también las entidades estatales quienes se encargan de la administración del programa, aunque se encuentran obligados a cubrir ciertas disposiciones federales, como el requisito de que el seguro de desempleo debe de ser pagado por medio de oficinas públicas o bien aquellas que sean autorizadas por el Departamento del Trabajo; sin embargo, salvo algunas disposiciones federales, los Estados son discrecionalmente libres para actuar y establecer sus leyes sobre su seguro de desempleo. –––––––––––––– 9 http://www.doleta.gov/dialogue/tec-sec2.htm#II. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 49 Históricamente, la tendencia del seguro de desempleo ha sido a favor de aumentar su cobertura. En 1935 establecía tan sólo el ingreso de industrias privadas que contaran con 8 empleados o más, excluyendo por completo al sector público, la agricultura, el trabajo doméstico en servicios, los trabajadores independientes, y otros. Posteriormente la legislación fue cambiando, y en 1976 se hizo una enmienda que ampliaba la cobertura beneficiando a los trabajadores de las industrias que cubrieran los requisitos establecidos por el Estado; la ampliación de la cobertura fue tal que para 1996 "un promedio de aproximadamente el 89 por ciento de la fuerza laboral civil se encontraba ya fuese laborando en industrias cubiertas por esta prestación, o bien recibiendo los beneficios del seguro de desempleo"10, y ha sido la federación quien ha impulsado la ampliación del radio en cuanto a la cobertura de industrias para recibir dicho beneficio. Funcionamiento y financiamiento del seguro de desempleo El caos social en la época de los treinta, en Estados Unidos, en choque con las ideas económicas de libre mercado, hacía muy posible que al haber un cambio en la presidencia los programas como el del seguro de desempleo se vinieran abajo; fue por esto que Roosevelt estableció el financiamiento del programa a través de impuestos sobre nómina patronal, con la intensión manifiesta de que "ningún maldito político podría alguna vez desechar su sistema de seguridad social"11, en el entendimiento de que el programa sería por lo tanto autofinanciable y no un costo total para el gobierno federal. Para lograr el cumplimiento de los objetivos del seguro de desempleo, se estableció que éste funcionara bajo un acuerdo de cooperación entre la federación y los Estados; la administración del programa sería responsabilidad de cada Estado dentro de sus límites territoriales, y también se encargarían de establecer los lineamientos mínimos para poder gozar de esta prestación en caso de desempleo involuntario, la escala de beneficios a otorgar, y otros aspectos generales. A cambio de esta libertad de acción, tendrían que seguir algunas disposiciones federales como el establecimiento de que el beneficio debe de ser pagado a través de oficinas públicas o de aquéllas autorizadas por el departamento del trabajo. Es de hace notar que los gastos de administración no son pagados por el fondo para cubrir los pagos a los desempleados, estas erogaciones corren por cuenta de la federación. –––––––––––––– 10 11 http://www.doleta.gov/dialogue/tec-sec3.htm#III. Tindall and Shi, América…, p. 722. 50 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 Desde su inicio y hasta hoy día, es de esta manera como se ha encontrado funcionando el programa; existiendo rangos de variabilidad entre los Estados en cuanto a las disposiciones del servicio en tiempo y en los requisitos para recibirlo. El tiempo aproximado de duración del servicio es de 13 semanas, aunque puede entenderse hasta 26 o 39 semanas dependiendo de la tasa de desempleo que observe el estado en cuestión.12 Según el departamento del Trabajo en 1997 el máximo de semanas que un estado pagaba eran 26, y tan solo dos estados habían superado este rango (Minnesota y Washington) en cuestiones normales, aunque el rango se eleva cuando se enfrentan situaciones de desempleo extremo; un ejemplo de esto es que en 1970 los beneficios se extendieron hasta por 39 semanas debido a las altas tasas de desempleo registradas. Los requisitos para tener derecho a este servicio varían en uno y otro estado, pero entre las generalidades podemos mencionar el que se debe haber tenido un periodo mínimo laborando por tiempo completo y con buen historial laboral; que el individuo haya laborado en empresas que paguen impuesto por seguro de desempleo; que su situación de desempleado no haya sido por voluntad, por pleitos, despido, disputas laborales y además que se encuentre en disponibilidad de reintegrarse a la población económicamente activa cuando exista un empleo disponible en el cual pueda desempeñarse sin ser explotado y que cuente con los estándares mínimos de beneficios en el empleo.13 En cuanto al monto del dinero que un individuo recibe por este beneficio, la repartición del gasto entre la federación y los estados se establece que será a partes iguales. De acuerdo con el reporte del presidente Clinton en 1996, el porcentaje que recibía variaba entre el 50 y el 70 por ciento del salario que solía recibir dicho ex-empleado. El rango para establecer la proporción es: a mayor salario percibido, menor porcentaje en pago por seguro de desempleo; esta es una acertada disposición para tratar de equilibrar los pagos de este seguro y que la distribución del ingreso sea más o menos equitativa. Considero importante hacer notar el contraste entre los datos que presenta el reporte del presidente en 1996 y el informe que presenta en 1997 la Comisión de Acuerdos para la Cooperación Laboral de América del Norte, en donde –––––––––––––– 12 13 http://www.wdsc.org/layoff/ui.htm. http://www.doleta.gov/dialogue/tec-sec3.htm#111. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 51 manifiesta que el porcentaje del salario que reciben los beneficiarios de este seguro varía entre el 27% como mínimo y el 52% como máximo.14 Esta disparidad de datos puede ser debido a la diferencia en los años de análisis o también una disparidad debida a la diferenciación en estadísticas y/o la amplitud del estudio. Aun así, el Departamento del Trabajo en uno de sus reportes declara que "bajo programas normales y especiales, cerca de 8 millones de personas recibieron $20.6 billones de dólares en beneficios en el año fiscal del 1997".15 Incluso existe el seguro de desempleo para discapacitados, pero este es un concepto que merece un estudio más amplio que su simple mención. Un aspecto medular del funcionamiento del seguro de desempleo es la manera como éste se financia. Desde su origen y previendo que ningún político les quitara esta prestación a los ciudadanos, Roosevelt estableció que dicho programa sería autofinanciable a través del pago de cuotas patronales, las cuales cobrarían el estado y la federación en la modalidad de impuesto gravable sobre la nómina de pago; así, el sueldo de todos los empleados estaría sujeto a ser base gravable, constituyendo un fondo de reserva para periodos con altos índices de desempleo.16 El porcentaje de impuesto varia actualmente entre el 0.6 y el 4.9 por ciento, (teniendo un promedio del 2.2% entre los estados).17 De acuerdo con los índices de desempleo registrados por esa empresa en los últimos tres años, es la tasa de porcentaje que se encuentra sujeto a pagar. De ese impuesto, nueve de diez partes son de impuesto estatal que va al fondo de seguro de desempleo, y el resto corresponde a la federación, que es con lo que se cubren los gastos administrativos. En los estados que no tienen leyes correspondientes al Seguro de Desempleo, el monto total del cobro a los patrones será en la modalidad de impuestos de carácter federal y se destinaran en la misma proporción, que en el caso anterior, al fondo del seguro y para desempleo y para cubrir los gastos administrativos. Esta disposición que, de acuerdo con el índice de desempleo es el impuesto que se paga, no fue una modalidad aplicada desde siempre. Al –––––––––––––– 14 Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte. Comisión para la Cooperación Laboral, Los Mercados de Trabajo en América del Norte. Un análisis comparativo, Estados Unidos, Bernan Press, 1997, p. 116. 15 http://www.wdsc.org/layoff/ui.htm. U.S. Deparment of Labor. Employment and Traininig Administration. Fact Sheet. Unemployment Insurance. 16 http://www.doleta.gov/dialogue/master.htm#. 17 Acuerdo de Cooperación Laboral de América del Norte. Comisión para la Cooperación Laboral, Los Mercados de Trabajo …, p. 116. 52 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 inicio del programa, el porcentaje de pago fue establecido de manera genera para todas las entidades económicas. En 1935 se pagaba el 1%, en 1937 el 2% y a partir de 1938 se pagó el 3% por cada año consecutivo hasta que se estableció lo que hoy día funciona: a mayor índice de desempleo en una empresa, mayor tasa de impuesto.18 Para el cobro de los impuestos por concepto de desempleo, la Secretaría del Tesoro estableció al departamento de ingresos internos (Bureau Of Internal Revenues) como mecanismo para la recolección de dichos impuestos establecidos sobre la nómina del año anterior, los cuales son depositados en el Fondo de Confianza para el Desempleo (Unemployment Trust Fund). Aquí se depositan y administran los impuestos que financian el seguro de desempleo. El manejo de este fondo queda en manos de la Secretaria del Tesoro, quien se encuentra posibilitada para intervenir el saldo del fondo que en ese momento no se requiera para cubrir pagos a desempleados. Estas inversiones deberán ser hechas sólo en obligaciones y/o bonos de la Estados Unidos, los cuales garanticen la recuperación del capital más los intereses; otro uso que tiene este saldo al ser invertido y en cooperación con la Junta de la Reserva Federal, es actuar como estabilizador económico, siendo utilizado para ampliar o contraer los créditos evitando depresiones en los negocios lo más posible.19 El mantener un nivel estratégico de reserva en el fondo para el seguro de desempleo, es un factor clave para la estabilidad económica. En 1959 el Comité para el financiamiento de beneficios estableció el factor HCM (high cost multiple) que indica el número de años que el estado puede pagar beneficios sin un ingreso adicional. De acuerdo al resultado del análisis hecho, el comité recomendó mantener un índice entre el 1.5 y el 3 por ciento para la funcionalidad del fondo sin que se presenten percances que no se puedan resolver, con excepción de casos extremos e inimaginables. Así pues, el claramente observable que el objetivo de Roosevelt enfocado al bienestar de los trabajadores ha sido mantenido y expandido en cobertura a través del tiempo, sin que ningún otro político tenga la fuerza para hacer desaparecer este tipo de prestación laboral; sin embargo, los cambios ocurridos en el mundo al integrarse las economías, han ocasionado que cada vez sea más difícil para un individuo recibir este tipo de prestación ya que cada día aumentan los requisitos para calificar como aptos a ser beneficiarios; aunado a esto, es observable que la tendencia al crecimiento del empleo parcial y el –––––––––––––– 18 Véase H. Paul Douglas, Poverty USA. The Historical Record. Social Security in the USA, USA, Arno Press & The New York Times, 1971. 19 Ibíd., pp. 143-145. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 53 autoempleo dejen fuera a millones de personas de la posibilidad de ser beneficiados por este tipo de servicio. La globalización y las tendencias en el mercado laboral: Los efectos en el seguro del desempleo Los cambios en el contexto socioeconómico han afectado sustancialmente el desempeño de la fuerza de trabajo, provocando incertidumbre y presiones psicológicas respecto al futuro. Las fuerzas macroeconómicas que moldean la economía se han encargado de dar una nueva forma al contexto laboral y a las necesidades de mano de obra en las industrias. El desarrollo tecnológico y los cambios que ha traído consigo han acelerado los procesos de producción, demandando cada vez más trabajadores con altos niveles de calificación y desplazando a la mano de obra poco tecnificada. La globalización ha hecho más factible la movilidad de la localización industrial, enviando a las empresas a donde resulta más barato producir20. A estos dos factores generadores de desempleo, se deben sumar los cambios demográficos existentes, como el ingreso cada vez mayor de mujeres a la fuerza laboral, la inmigración y el aumento de individuos de edad avanzada que permanecen en sus empleos por mayor tiempo; esto hace que la estructura de la fuerza laboral se modifique sustancialmente. Ésta transformación estructural afecta al seguro de desempleo porque las características de la fuerza de trabajo no son las mismas que en 1935. Estos cambios han provocado que los solicitantes del seguro de desempleo sean en mayor proporción de la industria de los servicios que de la industria manufactura, y esta situación por supuesto que afecta a la fuerza laboral menos tecnificada, ya que son los que se encuentran sujetos en mayor medida a la amenaza psicológica y real de convertirse en desempleados, suponiendo que son ciertos los clamores de que los Estados Unidos está ubicando su industria manufacturera en otros países que le reporten menores costos de producción. Aunque en los últimos años las mayores tasas de desempleo se han localizado entre los profesionistas; esta aumento del 39.9 % en 1988 al 42% en 1997.21 Todos estos cambios que han afectado la estructura de la fuerza de trabajo, han hecho que los trabajadores sientan un gran temor e incertidumbre –––––––––––––– 20 El fenómeno de relocalización industrial que se dio al interior de Estados Unidos con la crisis del fordismo, se está presentando a nivel internacional facilitado por el efecto de la globalización. Véase B. Bluestone y B. Harrison, The Deindustrialization of America, New York, Basic Books, 1982. 21 http://www.doleta.gov/dialogue/tec-sec1.htm#I. Current Environment, pp. 1-3. 54 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 por su futuro laboral, y aunado a esto, cada vez son mayores y más específicos los requisitos para tener derecho a recibir los beneficios del seguro de desempleo. La realidad nos muestra que las tendencias laborales se inclinan de aumento de los empleos no estándar,22 los cuales no se encuentran entre los que gozan el derecho a esta prestación. Esto indica que el rango entre los beneficiados cada vez es menor y que, en aquellos que cuentan con este derecho, los requisitos para ser calificados como receptores se vuelven más estrictos. Los factores actuales de los cambios macroeconómicos han contribuido, sino es que fomentado el problema del desempleo y por consiguiente el decrecimiento del nivel de vida de los individuos, debido a que una vez que el desempleado agota los beneficios del seguro de desempleo y no encuentra un nuevo trabajo, su nivel de vida y el de su familia se ve seriamente dañado. Además de que no debe descartarse la probabilidad del aumento de la violencia, la criminalidad, los robos, y de cualquier actividad, lícita o ilícita que les proporcione a los individuos una forma de vida, incluyendo otras formas de welfare (madres solteras, niños de la calle, abandono de los padres y generación de familias uniparentales, etcétera), con lo cual se convierten en problemas sociales y en cargas económicas para el gobierno. Dicha carga no sólo es por aquellas familias que viven del estado benefactor, sino también de aquellos individuos que se introducen en el mundo de la criminalidad, ya que ello provoca mayor número de presos en las cárceles y, por lo tanto, también un aumento de los gastos que el gobierno tiene que hacer por concepto de readaptación social. Es importante hacer ver que los actuales cambios macroeconómicos no sólo están cambiando la estructura del mercado de trabajo y las características requeridas para la fuerza laboral; es vital darnos cuenta de lo que estos cambios traen consigo, y aunque parezca demasiado extremista, por lo regular lo que provocan es un círculo vicioso generador de problemas sociales en aumento. Es necesario no sólo ver los beneficios económicos de un mundo global con nuevas tendencias, sino analizar hasta qué punto es pertinente y conveniente este tipo de integración mundial y de las nuevas tendencias en el mercado laboral. –––––––––––––– 22 Véase, Acuerdo de Cooperación Laboral de America del Norte. Comisión para la Cooperación Laboral, Los Mercados de Trabajo… Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 55 Conclusiones La década de los treinta quedó marcada en la historia universal como una época en la cual el caos económico provocó el crecimiento de la problemática social como consecuencia de la poca posibilidad para cubrir las necesidades más elementales. La llegada a la presidencia de Franklin Delano Roosevelt marcó, en la historia de Estados Unidos, un punto trascendental en donde, por vez primera, el gobierno actuó dentro de la economía y en pro de resolver las carencias de los más necesitados y a favor de la fuerza de trabajo. Producto de este tiempo de cambio surge el Seguro de Desempleo como uno de los programas del Acta de Seguridad Social de 1935. Este programa, que en un principio fue de cobertura limitada, ha proporcionado un medio de subsistencia a aquellos que han perdido su empleo por causas involuntarias, y a la vez ha actuado como un estabilizador económico al mantener los patrones de consumo. Considerado como una prestación para aquellos que se encuentran desempleados, pero que durante algún periodo han laborado en empresas que pagan impuestos por este seguro, los desempleados involuntarios cuentan con un medio de subsistencia temporal en el ínter de ubicarse en un nuevo centro laboral. A través de los años este seguro ha ampliado su cobertura de tal manera que, para la década de los ochenta, la mayoría de los desempleados que calificaron para este servicio podían contar con recibir los beneficios de esta prestación; sin embargo, es sabido por todos que en los últimos años, y principalmente desde fines de la década de los ochenta, hasta hoy día, las economías se han globalizado de tal manera que ya no existen economías cerradas. Estos cambios en la economía aunados al desarrollo tecnológico y a factores demográficos, se han ocupado de diseñar ciertas características que han transformando profundamente el mercado laboral en nuestros días. La existencia de la globalización y su facilidad para la movilidad de la localización industrial, aunado a que la tecnología en las empresas ha simplificado fuertemente los procesos productivos ocasionando que los requerimientos de fuerza laboral sean de mayor calificación, además de la necesidad de un menor número de ellos para llevar a cabo la labor productiva. Todos estos hechos han provocado que exista una tendencia al desempleo de mano de obra no calificada, un menor requerimiento en número de personas calificadas, –esto debido a que se exige una mayor eficiencia– y un elevado crecimiento de empleos no estándar. 56 Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 Estas situaciones impactan negativamente el funcionamiento del programa de Seguro de Desempleo y por supuesto generar problemas económicos y emocionales en los empleados y en los desempleados. Con el aumento del índice en la tasa de desempleo, cada vez aumentan más los requisitos para recibir los beneficios de dicho seguro, lo cual provoca, por un lado, que exista un aumento en los gastos del gobierno para satisfacer esos beneficios, y por otro, que sea más difícil para los desempleados calificar y llenar todos los requisitos para recibirlo. En general se puede concluir que, aunque este programa ha funcionado en beneficio de los empleados responsables, cuando por causas involuntarias son sujetos de desempleo, esta realidad se encuentra en un proceso de transición que se vislumbra sufrirá un cambio negativo como prestación laboral. Las actuales tendencias del mercado laboral indican que cada vez serán menos las personas que cuenten con los requisitos para recibir este servicio. Es necesario que el gobierno legisle nuevas medidas a favor de los derechos de los trabajadores, ya que la globalización y la tecnología con los cambios que han hecho en la estructura del mercado laboral, amenazan con destruir lo que Roosevelt estableció a favor de los ciudadanos responsables y trabajadores: un programa de seguro de desempleo integrado en una Acta de Seguridad Social que busca un beneficio para los estadounidenses. Parece irónico, pero la previsión de Roosevelt para que ningún político pudiera eliminar este tipo de prestación, ha sido inútil y todo apunta a que la globalización y la tecnología con sus nuevas tendencias se ocuparan de hacer desaparecer el seguro de desempleo en el corto plazo. La única solución viable es entender que el capitalismo como sistema no puede funcionar con personas que no tengan capacidad de compra, además de que puede generar una sobreproducción sin consumo, lo cual, en términos de economía no es saludable para ningún país ya que ocasiona desequilibrios socioeconómicos poco favorables para las naciones y poco convenientes en el ámbito internacional. Clío, 2002, Nueva Época, vol. 1, núm. 28 57