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EL TEATRO Y SU DOBLE
ANONIN ARTAUD
Leiden, Lucas van. Las hijas de Lot. 1ª mitad del siglo XVI
EL TEATRO DE ANTONIN ARTAUD
Propone un teatro completamente inusual en su tiempo, basado en el
gesto y en la necesidad de impresionar al espectador mediante la
estimulación de los sentidos y no del espíritu.
Artaud comienza con una relación de la peste ocurrida en 1720 en
Marsella y sus consecuencias mortales. Aborda el concepto de la peste y
relaciona dicha enfermedad con una especie de identidad psíquica, una
actitud de la voluntad. De esta manera, vincula al concepto de peste
anotado con la actividad teatral y el nacimiento del actor como tal, así como
entender al teatro mismo como una epidemia.
Está claro que sus ideas son totalmente revolucionarias en su tiempo y
por ello bastante criticadas, pero lo que el intentaba era despertar a la
sociedad de una especie de epidemia que se estaba adueñando de sus
mentes.
Este teatro al igual que la peste, se dedica únicamente “a realizar actos
inútiles y sin provecho”.
Acusa al teatro de su época de la utilización de una poesía que
prescinde de la realidad., y lo mas grave es que afecta al espíritu y lo engaña,
es como una epidemia que atrapa no sólo al actor sino a todo el pueblo.
Según Artaud “una verdadera pieza de teatro perturba el reposo de los
sentidos, libera el inconsciente reprimido, incita a una especie de rebelión
virtual e impone a la comunidad una actitud heroica y difícil”.
Estas palabras han recorrido medio mundo, han sido el lema de muchos
grupos de teatro y de artistas, aunque en ese momento sus teorías fueron muy
criticadas y no se llevaron a cabo, si que fueron muchos los artistas que leyeron
sus ideas y que las llevaron a la práctica, solamente hay que ver una
actuación de La Fura del Bahus para darse cuenta de que Artaud está
presente en cada uno de sus gestos, aunque esta tema lo trataré en el último
punto de mi comentario.
Lo imposible según Artaud en el teatro se transforma en elementos
normales, y es ahí donde radica nuestro peor mal.
El teatro según Artaud afecta a la gente de la misma manera que la
peste, o cualquier otra enfermedad que sea una epidemia, es un mal universal
que se adueña del público y le hace creer y despertar en él sentimientos
equívocos.
He aquí la primera idea de debate que me hace replantearme muchas
cosas: Si la sociedad a la que tanto crítica Antonin, es una sociedad que se
deja influenciar fácilmente por unos estereotipos de personajes que aparecen
y desaparecen, que hacen creíbles y cotidianas situaciones que no lo son,
cuyos actores realizan una mera representación de un guión sin pararse a
pensar en si llegará o no al alma del espectador, en si podrá arrancar una
sonrisa sincera o incluso un par de lágrimas, un teatro ausente de gestos que
hablen por sí mismos, de una poesía sincera, un teatro al que la gente acude
sin más… ¿Qué diferencia hay entre esa sociedad de los tiempos de Artaud y
la nuestra? ¿Qué nos diferencia de ellos? ¿Qué diferencia hay entre los que
acuden a un museo y pasan sin más ante una obra, y los que acudían a los
tan criticados teatros de Artaud?
Hay que tener en cuenta que en aquella época la cultura occidental
estaba siendo muy criticada, y el intenta de alguna manera despertar el
espíritu de la sociedad y hacerles entender la vida y su propia cultura de otra
forma, de la forma correcta según entendía él.
Según Artaud: El problema tanto para el teatro como para la cultura,
sigue siendo el de nombrar y dirigir sombras; y el teatro, que no se afirma en el
lenguaje ni en las formas, destruye así las sombras falsas, pero prepara el
camino a otro nacimiento de sombras, y a su alrededor se congrega el
verdadero espectáculo de la vida.
Destruir el lenguaje para alcanzar la vida es crear o recrear el teatro. Lo
importante no es suponer que este acto deba ser siempre sagrado, es decir,
reservado; lo importante es creer que no cualquiera puede hacerlo, y que una
preparación es necesaria.
Estas palabras me parecen muy interesantes, ya que definen no sólo el
verdadero problema de la cultura de su época, sino claramente el de nuestra
cultura, nos vemos reflejados en sus palabras, estas sombras que tanto crítica
Artaud bien podrían relacionarse con estereotipos que actualmente se nos
imponen, ya sean estereotipos de belleza, de cine, de teatro e incluso políticos
y religiosos, el sentirse por obligación unidos o encadenados a esas sombras.
Es para él el teatro el gran instrumento para romper con todo esto, y
crear nuevas sombras que vayan más allá y sean capaz de romper con lo que
se nos presenta como verdadero y cotidiano, cuando en realidad no lo es, y
es a través de los gestos, de la música, de un simple escenario, de una luz que
nos refleje algo diferente, donde se encuentra el verdadero sentido de la vida,
eso que nos hace pensar y alarma a nuestros sentidos, para advertirnos de que
algo existe más allá de lo que se nos impone.
Este teatro que va más allá es para él metafísico, pero ¿qué entiende
Artaud por metafísico? Seguramente lo que viene después de la naturaleza
más allá de lo físico, por ello es tan importante para él la representación del
gesto, de la pantomima, que tanto ha sido utilizado en el teatro oriental.
Basta con ver una película de Charles Chaplin “El gran dictador. 1940”
para darse cuenta que se puede hacer una ruptura del lenguaje y expresar y
decir mucho más que si hubiera un lenguaje que aparentemente está tan
estudiado y programado, pero que en realidad en algunos casos puede llegar
a no decir nada.
El teatro occidental según Artaud a relegado a último término lo
puramente teatral, es decir lo que no puede ser representado con palabras,
para ello pone de ejemplo una pintura que contempló en el museo del Louvre
de un pintor primitivo del siglo XVI Lucas van den Leiden Las hijas de Lot.
Este cuadro es tan importante para él por la manera en que es
representada y lo que es más importante entendida la escena. La forma de
representar el acontecimiento es para Artaud la forma perfecta, ya que es un
escenario teatral en toda regla, contienen todos lo elementos de los que
carece el teatro occidental. Cautiva nuestros sentidos, de la misma manera
en la que los perturba y nos hace sentir intranquilos por la tempestad que se
desarrolla a la espalada de Lot y de sus hijas.
Está claro que las palabras deben de ser las protagonistas de las obras
literarias, es su propio lenguaje, el teatro ya tiene el suyo, una especie de
poesía de los sentidos, que ante todo debe ocuparse de satisfacerlos igual
que cuando contemplamos una pintura, de la misma manera que disfruto
Artaud ante el cuadro de Lucas van den Leiden.
Una obra de teatro, al igual que una obra de arte, no debe de ser
realizada para intentar resolvernos conflictos internos y por ello hacernos sentir
bien al vernos reflejados es sus sombras, sino únicamente para satisfacernos,
para agradarnos, o al menos así lo entiendo yo, no quiero sentirme mejor
persona cuando salga de una obra de teatro o incluso al contemplar una
película, no sirve de nada, porque nuestro bienestar desaparece tan rápido
que ni siquiera nos dará tiempo a gozar en nuestro gozo.
Es necesaria la utilización de una poesía metafísica, porque hace que
nuestro pensamiento tome actitudes profundas más allá de las puramente
psicológicas, y esto al contrario del teatro occidental, es capaz de conseguirlo
el teatro oriental.
De esta manera según Artaud hacer metafísica con el lenguaje
hablado es hacer que el lenguaje exprese lo que no expresa comúnmente; es
emplearlo de un modo nuevo, excepcional y desacostumbrado, es devolverle
la capacidad de producir un estremecimiento físico…
Aquí queda claramente explicado el significado de lo que para Artaud
significa poesía o lenguaje metafísico, un lenguaje que sea capaz de expresar
algo más, de ir más lejos y hacernos sentir lo que no sentimos o captamos
habitualmente, esta teoría tan aristotélica es clave para entender la obra de
Artaud cuando habla de un lenguaje propio del teatro diferenciado
claramente del lenguaje habitual.
No se trata de hacer un teatro social o de actualidad, de la misma
manera que en el cuadro de Lucas van den Leiden no se trataba de hacer
una pintura social si no de ir más allá, conmover el alma o el ojo humano.
Hacer las cosas de la misma manera en la que todo el mundo las hace,
es relativamente fácil, pero intentar cambiar el modo de hacerlas, y lo que es
más importante el lenguaje de cada arte, eso sólo lo han hecho y lo harán
unos pocos, los más atrevidos, los de mentes inquietas
incluso con aire
surrealista, los valientes de las generaciones pasadas y de las venideras.
Se trata de hacer un teatro imposible, increíble y maravilloso, un teatro
alquímico, de esta manera entendiendo lo que es la alquimia y lo que los
alquimistas pretendían, Artaud hace un símil bastante lógico, ya dentro de los
límites en los que nos hemos adentrado, y así entiende que en el teatro igual
que en la alquimia existen dos planos o al menos deben de existir en el buen
teatro, un plano físico donde ocurre todo lo puramente real, como las
imágenes, las personas, los objetos, y el otro plano sería el ficticio o ilusorio, de
esta forma se consigue ese teatro primitivo que tanto añora Artaud, y esa
especie de espectáculo que tanto nos recuerda a la acción de Cage “Pieza
de teatro nº 1” donde arte, poesía, música y danza se unían para intentan
conmover el alma del espectador, aunque no de cualquier espectador, y aquí
es donde en mi opinión radica uno de los problemas del arte de acción, que
no es entendido ni aceptado por todo el mundo, aunque esto no quiere decir
que sea lo normal o que sea un problema en sí, pero si un obstáculo.
Las acciones de Cage, también tienen mucha relación con el teatro
balines de Artaud, los estados espirituales en ambos son claves para
desarrollar ambas acciones y donde todo vale, y las palabras no son
necesarias, porque un gesto vale más que mil palabras…
Un espectáculo cuyo punto de partida es el simple gesto para expresar
algo de la mejor manera que hay, sin necesidad de utilizar el lenguaje, pero no
creamos que detrás del teatro balines no hay toda una planificación
minuciosa, una matemática calculada, de la misma manera que los artistas de
acción piensan con minuciosidad todos sus movimientos para representar su
mensaje, y que fuera de este plano no se entenderían seguramente, son tan
libres como lo eran los balineses de poder elegir su propio lenguaje, y es ahí
donde se encuentra la clave para entender la teoría de Artaud.
Es el gesto en estado puro lo que hace que este teatro sea tan especial,
de la misma manera que el arte de acción también cause admiración por su
público, porque es la idea, el arte, el concepto, la imagen en su estado más
puro.
Una crítica rotunda al teatro de Occidente y a su cultura, Artaud siente
admiración por la cultura oriental, ya que sus obras no están limitadas al texto,
sino que es un teatro físico más que verbal, que te hace pensar.
Intenta resolver el problema que surge alrededor de esta idea, de la
eficacia intelectual que puedan tener los gestos, los ruidos, las formas en sí,
pero lo que de verdad se esta cuestionando es la eficacia intelectual del arte
en sí.
Según Artaud el dominio del teatro, hay que decirlo, no es psicológico,
sino plástico y físico. Y no importa saber si el lenguaje físico del teatro puede
alcanzar los mismos objetivos psicológicos que el lenguaje de las palabras, o si
puede expresar tan bien como las palabras los sentimientos y las pasiones;
importa en cambio averiguar si en el dominio del pensamiento y la inteligencia
no hay actitudes que escapan al dominio de la palabra, y que los gestos y
todo el lenguaje del espacio alcanzan con mayor precisión.
Está claro y comparto con él, que hay cosas que las palabras no
pueden expresar, o al menos no se pueden expresar tan bien, y yo ya no me
referencia al teatro únicamente, sino al arte en sí, y más concretamente a la
pintura, la escultura, la fotografía, el cine mudo…
Artaud es atrevido y como tal, cuestiona uno de los problemas a los que
se enfrentaba el arte, se cuestionaba si éste era capaz de expresar de la
misma manera y con tanta eficacia, lo que las palabras si que pueden hacer,
y la respuesta evidentemente es no, no porque todos sabemos que lo hace de
otra forma diferente, aunque no sabe si mejor o peor.
Lo que está claro es la posición que adopta Artaud, no se trata de
suprimir la palabra en el teatro, sino de cambiar su posición, que no sea lo
primordial en la obra teatral, sino un complemento.
Una frase muy importante para mí, y creo que para muchos artistas es
esta que incluye Artaud en su libro: Uno de los motivos de la atmósfera
asfixiante en que vivimos sin escapatoria posible y sin remedio – y que todos
compartimos, aun los más revolucionarios – es ese respeto por lo que ha sido
escrito, formulado o pintado, y que hoy es forma, como si toda expresión no se
agotara al fin y no alcanzara un punto donde es necesario que las cosas
estallen en pedazos para poder empezar de nuevo… Debe terminarse con
esta idea de obras maestras… Las obras maestras del pasado son buenas para
el pasado, no para nosotros.
Me parecen muy importantes estas palabras, porque en mi opinión
tienen mucho que ver, ya no sólo con el ambiente que se respiraba en su
época, sino en la nuestra, ¿qué manía hay de imponer cosas, de imponer
estereotipos, de imponer incluso la forma de vivir, de imponer como lo mejor
las obras maestras (no les quito importancia en la historia del arte), de imponer
y de imponer constantemente?
No es de extrañar que los artistas de acción, desde mi humilde
conocimiento acerca de ellos (ya que es ahora cuando me estoy adentrando
en el tema), se sintieran admirados e identificados con estas palabras, porque
si quieren denunciar y revindicar algo en la vida, está claro o al menos así lo
veo yo, que hay que romper los estereotipos que nos resulten un obstáculo.
Si yo quiero decir algo, será más efectivo si lo hago de una forma
personal que yo sienta y que sea reconocible y cercana a los demás. Los
artistas de acción pensaron y siguen haciéndolo, que la forma en la que ellos
hacen las cosas, donde hay una ruptura con la obra de arte como tal, es la
mejor y la más adecuada, aunque mucha gente no lo entienda, y cuando
digo que no lo entiende, no me refiero a que no entienden el asunto en sí, o el
mensaje, sino que no comparten la forma a veces violenta de hacerlo, y eso
es muy respetable.
Lo que yo quiero decir, es que “Las Meninas” de Velásquez son una
obra maestra, vale, que es admirable la técnica, el concepto del espacio, el
realismo de la escena, lo de contemporáneo que posee la obra al
representarse el propio pintor pintando, pero: ¿Qué necesidad tenemos de
llevar hasta la saciedad el tema? ¿De representar y representar de todas las
formas posibles el tema?
El cuadro ya se entendió en su época y se ha entendido y admirado,
ahora hay que darle paso a lo nuevo, a lo que se tenga que decir nuevo, el
tema ya está agotado, o al menos así lo entiendo yo y creo que Artaud
también lo entendía con ciertas obras literarias.
Vamos a darle paso a las cosas nuevas, y abramos nuestra mente a las
nuevas formas, “Las Meninas” ya están muy vistas, ya sabemos que están hay,
pero hay muchas cosas por decir y que no queremos entender.
EL TEATRO DE LA CRUELDAD
Artaud dice: Cualesquiera que sean los conflictos que obsesionen la
mentalidad de una época, desafío al espectador que haya conocido la
sangre de esas escenas violentas, que haya sentido íntimamente el tránsito de
una acción superior, que haya visto a la luz de esos hechos extraordinarios los
movimientos extraordinarios y esenciales de su propio pensamiento –la
violencia y la sangre puestas al servicio de la violencia de pensamiento-,
desafío a esos espectadores a entregarse fuera del teatro a ideas de guerra,
de motines y de asesinatos casuales…
En el período angustioso y catastrófico en que vivimos necesitamos
urgentemente un teatro que no sea superado por los acontecimientos, que
tenga en nosotros un eco profundo y que domine la inestabilidad de la época.
Está claro el espíritu reivindicativo que propone, un Teatro de la
Crueldad que agite a las masas, dramas, crímenes y espectáculo al servicio de
la gente, sin necesidad de recurrir a las imágenes muertas de los mitos.
El accionismo vienés en mi opinión, propone mucho de estas ideas, y
quizás es su gran crueldad, violencia y fuerza de sus acciones las que nos
hacen despertar.
Una acción de Rudolf Schwarzkogler o de Günter Brus quizás nos afecte
mucho más que la escena de un crimen real. De esta forma las acciones se
convierten en escenas de de teatro reales capaz de afectar al espectador, y
de expandirse por todos los rincones de la sala.
Hay en las palabras de Artaud clara influencia de Freud y el
Psicoanálisis, los elementos que se manifiestan en los sueños son sustitutivos de
otros contenidos del inconsciente, nuestros sueños son deseos que desterramos
al inconsciente por resultarnos incómodos, en nuestros sueños emergen pero al
mismo tiempo los censuramos.
Por ello Artaud dice : El público creerá en los sueños del teatro, si los
acepta realmente como sueños y no como copia servil de la realidad, si le
permiten liberar en él mismo la libertad mágica del sueño, que sólo puede
reconocer impregnada de crueldad y terror.
Determinadas situaciones nos aterran al verlas tan reales como nuestro
sueños, sobre todo si son de tipo sexual, como las acciones de los vieneses con
claros matices sexuales.
Hay que retomar el camino verdadero del teatro y devolverle su
lenguaje específico, de la misma manera que se intenta revindicar el
verdadero camino del arte, devolverle su propio lenguaje capaz de
emocionar, aunque en ocasiones se está llevando al límite y por ello algunos
anuncian “la muerte del arte”, aunque para mí no es la muerte del arte, sino la
muerte del concepto de arte que se ha quedado pequeño y no sabemos
como denominar lo que es arte y lo que no lo es, porque nadie puede poner
esos límites.
Seguramente el arte ha llegado a un punto dónde no es capaz de
emocionar, si acudimos a una acción realizada por artistas y con el lenguaje
apropiado, dónde las emociones están palpables, sonidos, ruidos, luces, gritos,
el ser humano viviente cara a cara…todo esto es más auténtico a la hora de
emocionarnos o de comprender un mensaje que se nos lanza, pero tampoco
podemos pretender que todas las obras sean así, porque entonces la muerte
de la obra de arte se rompe para no volver jamás, y eso a día de hoy es
inconcebible.
Artaud dice: El teatro sólo podrás ser nuevamente el mismo, ser un
medio de auténtica ilusión, cuando proporcione al espectador verdaderos
precipitados de sueños, dónde su gusto por el crimen, sus obsesiones eróticas,
su salvajismo, sus quimeras, su sentido utópico de la vida y de las cosas y hasta
su canibalismo desborden en un plano no fingido e ilusorio, sino interior.
Cuando se refiere a “Teatro de la Crueldad” no habla de crueldad, tal y
como entendemos nosotros la palabra, sino más bien de romper con el estilo
usual del lenguaje y darle un sentido filosófico tal como rigor, aplicación y rigor
implacable…
Según Artaud este teatro ha sido creado para devolver al teatro una
nueva concepción de la vida, de la misma manera que se ha creado el arte
de acción, una nueva concepción de la vida más apasionada.
El Teatro de la Crueldad escogerá asuntos y temas que correspondan a
la agitación y a la inquietud características de nuestra época.
De la misma forma que también lo hará el arte o incluso el cine (cine de
autor, no comercial), siempre dirigido a un hombre que no esté sometido a
leyes políticas ni religiosas, cosa algo difícil en nuestros tiempos.
Tenemos un largo camino por recorrer, y como Historiadores del Arte
hemos de ser los que estén a la cabeza de estos debates que surgen
alrededor del nuevo arte, porque no es la muerte del arte, sino el nacimiento
del arte.
RAQUEL GARCÍA CAMPILLO
[email protected]