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Transcript
Presentación
Un sector que crece y se internacionaliza
ISABEL GARCÍA TEJERINA. Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente
El conjunto de actividades que integran el sistema agroalimentario español,
producción primaria, transformación, transporte y distribución, supone ya
una aportación a la economía española superior al 11%, adquiriendo un
peso cada vez más relevante. Su evolución en los tres últimos años ha sido
muy positiva, creciendo un 1,3%, debido fundamentalmente al aumento del
valor en las fases de producción y de la industria agroalimentaria.
Un factor determinante de esta situación, junto con la demanda interna, es
la demanda exterior, con un crecimiento espectacular de las exportaciones,
que se han constituido en un potente motor del sector, haciendo de España
el octavo país exportador de mercancías agroalimentarias, a nivel mundial,
y el cuarto de la Unión Europea, con una cuota de exportación de un 8,5%.
El comercio exterior agroalimentario representó en 2015 el 17,6% del total
de las exportaciones españolas, con más de 44.000 millones de euros en
valor, y un crecimiento del 29% con respecto a 2011. Además, esta subida
se ha visto acompañada de una mejora en el precio medio de exportación,
lo que indica un mayor valor añadido.
El incremento de las exportaciones se debe a la evolución positiva de las de
productos frescos, si bien continúan siendo los transformados, con un 58%,
la base principal de nuestro comercio exterior.
Frutas y hortalizas, aceite de oliva, vino y cítricos, junto con la carne de
porcino, constituyen el grueso de nuestros envíos situándonos en posiciones
de liderazgo mundial en todas ellas.
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Presentación
exterior, en estrecha colaboración con el Ministerio de
Economía y Competitividad, está consiguiendo objetivos
impensables, hace apenas unos años, para vender más, a
más países y a mejor precio.
Baste señalar nuestra posición actual en el mercado de Estados Unidos, en productos como el aceite de oliva, donde, por
primera vez, somos líderes como proveedores, superando a
quienes tradicionalmente ocupaban esa posición.
Pero no todo está hecho. Queda mucha tarea por abordar y
tenemos la obligación de llevarla a cabo.
Nuestra mejor arma es, sin duda, la excepcional calidad de
nuestros productos y elaboraciones, cuya reputación a nivel
mundial crece de año en año.
Esa reputación es la que tenemos que mantener, en un
mundo tan cambiante, combinando tradición e innovación,
promoción y comercialización adecuada a los países en los
que queramos introducirnos. Porque es fundamental seguir
diversificando el destino de nuestros envíos.
Estoy convencida de que coordinando el esfuerzo de todos
los implicados lograremos avanzar en el objetivo de hacer
de la alimentación, cada vez más, una seña inequívoca de
identidad de la Marca España.
Además, se ha producido una mayor diversificación en los
destinos. Y aunque la Unión Europea continúa recibiendo
en torno a las tres cuartas partes de las mismas, se aprecia
un aumento constante hacia países terceros, especialmente
asiáticos.
Obtener estos resultados, realmente espectaculares, si nos retrotraemos diez años atrás, ha sido labor de nuestras empresas
agroalimentarias y de sus organizaciones representativas, que
han apostado por la calidad y competitividad de nuestros productos para hacerlos valer en los mercados europeo y mundial.
Y también, en estos últimos años, al impulso proporcionado
por el Gobierno, desde el Departamento, mediante diversas
iniciativas.
En primer lugar, a través de normativas con las que poner de
manifiesto la entidad del sector como cadena alimentaria, en
torno a la que integrar y vertebrar a cada uno de los sectores
productivos, para profesionalizar su gestión conjunta en la
defensa de sus legítimos intereses e introducirse con solvencia en los mercados mundiales.
Y, en apoyo de esta proyección internacional, definiendo
Líneas Estratégicas con este fin específico, cuya aplicación a los sectores fundamentales de nuestro comercio
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