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MAYO – 2011:
“El arte de vivir con María todo en positivo”
- Catequesis - oración para Bachillerato.
- “La sonrisa de María ilumina nuestra vida y alumbra nuestro
mundo”
CONTEMPLA A MARÍA como la PRIMERA y más AGRADECIDA DISCÍPULA DE JESÚS.
Introducción: Podemos afirmar ese título: “primera y más agradecida discípula de Jesús” porque,
realmente, Ella estuvo 30 años en la escuela de su Hijo, mientras que los otros discípulos estuvieron tres. Nos
podemos imaginar quién aprendió más, si María o los demás discípulos. Lucas destaca esa relación única con
su Hijo, tanto tiempo conviviendo con Él.
María discípula: Para Jesús ser verdadero discípulo era más importante incluso que fuera su Madre,
“más bien dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen”. María tiene más “gloria” o más valor
por haber sido discípula de Jesús que por haber sido madre. Y, Ella es el “espejo” donde mirarnos… “¿Quién es
mi madre y mis hermanos?”, Él pregunta. “El que hace la Voluntad de mi Padre, ese es mi madre y mi
hermano”, responde Jesús con decisión.
Escuchamos la canción: “Háblame, María…” del CD “Cruz y gloria” (Mª Ángeles Ruiz) – Si no gusta
mucho la melodía, se puede poner música bonita de fondo y recitar en forma de oración dejando un ratillo de
silencio para subrayar y meditar por dentro…
Háblame, María, de Jesús, nadie me puede hablar de Él como tú.
Háblame de tu Hijo, de tu Dios. Háblame, háblame.
Háblame, María, de Jesús cuando estás de pie ante la cruz
acogiendo el nacimiento de otros hijos de tus labios brota un nuevo hágase.
Te hablaré de aquel momento en que el Ángel me anunció
que de mí nacería el Mesías, Salvador.
Te diré que al abrazar entre mis manos al Señor
abracé su Voluntad, le entregué mi corazón.
Quiero hacerte comprender por qué en silencio y humildad
quiso Dios acercarse y al hombre salvar.
Te hablaré de su niñez, su despertar, su juventud,
Fue creciendo su amor hecho de gestos sencillos,
Siempre dio felicidad olvidado de sí mismo.
Y en su conciencia maduró su ser Hijo de Dios,
seguí de lejos sus pasos cuando el amor predicó.
Grande fue mi sufrimiento porque el mundo no entendió
que aquel a que condenaba fue juzgado porque amó.
Quise haber muerto por Él, pero Yo necesitaba
de su vida y salvación, de su sangre derramada.
Ante mi Hijo muerto en Cruz, yo también puedo decir
con esperanza en el alma: Me amó y se entregó por mí.
Lo más propio del discípulo es acoger la Palabra de Dios. Si María de Betania cogió la mejor parte por
haber escuchado un rato las palabras de Jesús a sus pies, cuánto más María que las saboreaba guardándolas
en su corazón y reposaban en lo más profundo. María las asume y se transforma de manera que produce algo
nuevo. María nos enseña que ser verdadero discípulo/a no es entender sino CREER. Poco a poco vamos
entendiendo en la medida que creemos.
Ser discípulo no es tener todas las cartas de la baraja, todas las respuestas a todo, es preguntarse ¿cómo
es posible? Y dar el SÍ. María, aceptando el misterio de Dios, es fiel hasta el final.
Nadie nunca se pareció a Él como María, incluso, físicamente. Nadie ha amado tanto a Jesús como lo
amó María, ni lo amará. María es el ejemplo perfecto para aprender a amar a Jesús, su Hijo, su Dios. María
todo lo refería a Él. A Ella le fue fácil vivir la continua referencia a Jesús. También Jesús experimentaría mucha
soledad al ver la respuesta débil y cobarde de muchos discípulos, sólo una persona, Ella, que se fió plenamente
y lo acompañó hasta el final, solo Ella lo comprendió todo.
Jesús dijo: “Yo os he destinado a que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca”. Los frutos
verdaderos no son nuestras obras sino lo que somos, nuestra manera de ser, por eso María, la llena de gracia,
la “agraciada”, ¡agradece!, convierte todo en luz, ilumina, alumbra, su vida se transforma en una continua
alabanza y canta de agradecimiento, sonríe y vive en positivo, sabe ver más allá y mantiene la esperanza.
El estilo de vida de María se caracteriza por:
-

Entrega
Servicio
Escucha
Acogida
- tenacidad
- alabanza
- fe y oración
- atención al otro
- comprensión
- gozo en la fiesta
- agradecimiento, gratuidad…
- …..
Se canta el estribillo: “Mi alma glorifica a Dios, mi espíritu se alegra.
Mi Dios por siempre Él será, bendito sea su nombre.”
Su Magníficat, su cántico responde con gozo a la invitación a María a alegrarse; en su pequeñez se siente
amada y salvada. Descubre que toda Ella es puro don, es regalo de su Creador, por eso canta, por eso ríe, por
eso alaba, por eso ama, por eso se siente feliz. Reconoce que todo le viene de Él y que fuera de Él no hay
fecundidad. Cree que Dios puede realizar en nosotros lo que nos ha prometido, a pesar de comprobar nuestra
incapacidad radical.
María lo apostó todo a su fe y lo arriesgó todo. Arriesgó su pareja y su buena fama. Se puso en camino.
Esperó la resurrección cuando los otros no esperaban. Y esperó el Espíritu. Brilla como la esclava del Señor,
como la discípula del Hijo, en la esfera de una condición humilde donde se ve todo lo que Dios puede hacer en
un corazón sencillo, pobre y libre.
Es una de las nuestras. Espejo en que los hijos se miran para descubrir la vocación profunda que nace
del corazón, de escuchar a su Señor.


Momento de silencio para releer, subrayar, acoger y meditar…
Escuchamos la canción: “ María hoy”
Siempre paciente, siempre pendiente, siempre valiente, cariño y amor.
Tú me proteges como la Tierra, lo que necesito, das vida y calor.
Tú mi Maestra siempre me guías, sabia y sencilla, siempre me cuidas.
Madre del hombre, eres verdad, siempre me apoyas, luz especial.
Tú, María, Tú me miras cada día, con los ojos de mi madre,
La mirada de mi amiga, con la dulzura de mi maestra.
Tú trabajando, tu generosa, Tú compartiendo partes del camino.
Tú mi socorro, Tú mi amistad, tú mi modelo siempre bondad.
Tú me acompañas, me dejas caer, Tú me levantas, me enseñas a ser.
Tú la sonrisa, ganas de vivir. Siempre alegría, siempre estás ahí.
Eres mi madre, eres mi amiga. Tú mi maestra, eres la luz.
Eres la fuerza, eres valor. Eres la vida, eres amor.

Momento para compartir haciendo eco de lo leído y orado, de la canción, o dar gracias, pedir al Señor…

Al final se canta el MAGNÍFICAT entero, el canto agradecido de María.