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Transcript
sabe que, en caso de que eso suceda, Occidente no va a intervenir militarmente para
proteger su soberanía.
En lo que respecta a Ucrania, Rusia ha dejado en claro que espera obstruir las elecciones
presidenciales de mayo; estas son las elecciones que los líderes occidentales esperan que
vayan a consolidar el cambio en Ucrania, mientras que al mismo tiempo conviertan las
negociaciones constitucionales del país en un acto inicial en la obra del establecimiento
de un nuevo orden europeo.
Rusia prevé que Ucrania se irá a convertir en algo parecido a Bosnia - es decir que se
convertirá en un país radicalmente federalizado que esté compuesto por unidades
políticas donde cada una de ellas se adhiera a sus propias preferencias económicas,
culturales y geopolíticas. En otras palabras, mientras que técnicamente se preservaría la
integridad territorial de Ucrania, la parte oriental del país tendría vínculos más estrechos
con Rusia que con el resto de Ucrania - de forma similar a la relación que existe entre la
República Srpska de Bosnia y Serbia.
Esto crea un dilema para Europa. Mientras una federalización radical podría permitir
que Ucrania permanezca intacta mientras atraviesa por la actual crisis, lo más probable
es en el largo plazo esto vaya a condenar al país a la desintegración y al fracaso. Como
lo demostró la experiencia yugoslava, la descentralización radical funciona en teoría,
pero no siempre funciona en la práctica. El Occidente se enfrentará a la incómoda tarea
de rechazar soluciones en el espacio postsoviético que promovió hace dos décadas en la
antigua Yugoslavia.
Confrontado con el revisionismo de Rusia, Occidente parece estar comportándose como
el borracho en el cuento de las llaves perdidas, donde ese proverbial borracho busca sus
llaves perdidas bajo un farol, porque ahí es donde se encuentra la luz. A pesar de que
sus supuestos han sido invalidados, los líderes occidentales se esfuerzan por elaborar
una respuesta eficaz.
En Europa, las estrategias que han surgido -entre ellas, trivializar la anexión de Crimea
o considerar que Putin está loco- son contraproducentes. La UE oscila entre el
extremismo retórico y el minimalismo en sus políticas. Aunque algunos han
recomendado, de manera desacertada, una ampliación por parte de la OTAN en el
espacio postsoviético, la mayoría de los países se está limitando a apoyar sanciones
simbólicas, como las prohibiciones de visado que afectan a alrededor de una docena de
funcionarios rusos. Sin embargo, esto podría aumentar paulatinamente la presión sobre
las élites rusas que no fueron sancionadas para que estas demuestren su lealtad a Putin,
posiblemente incluso podría provocar una purga de los elementos más pro-occidentales
en la clase política de Rusia.
De hecho, nadie realmente cree que las prohibiciones de visados marcarán diferencia
alguna. Estas prohibiciones se impusieron porque fue la única acción sobre la cual los
gobiernos occidentales pudieron ponerse de acuerdo.
Cuando se trata de Ucrania, tanto los líderes occidentales como el público en general en
los países occidentales se encuentran con un estado de ánimo de decepción preventiva.
La opinión pública occidental hastiada por toda un década de pensamientos
esperanzadores y expectativas excesivas -desde los relativos a las “revoluciones de
colores” en el mundo postsoviético a aquellos vinculados la primavera árabe- en la
actualidad ha optado por escuchar solamente las malas noticias. Y, este es un riesgo