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SEMANA MISIONERA “Id y haced discípulos a todas las gentes…” Id y… contagiaos de su ardor Id y… despertad Id y… abrid vuestra mente y vuestro corazón. SAO PAULO, fue lugar de acogida y encuentro, lugar de fe y oración. Comunidad que vive, pueblo que vibra. Iglesia encarnada, servicial, que da y se da, que cree y comparte este gozo, que ama e invita a amar. Allí, durante una semana, compartimos tanto con jóvenes como con mayores la fe, la cultura, la fiesta en un continuo dar y recibir, recibir y dar. Crecía en cada celebración el grupo de peregrinos. Pasábamos del pequeño grupo de nuestra parroquia, Sao Paulo Apóstolo, a celebraciones en las que nos uníamos varios grupos de diferentes parroquias, hasta llegar a encuentros de zona y regionales en los que ya éramos miles y miles de todos los países “Id y haced discípulos…” SAO PAULO, fue lugar de compromiso. Recorrimos sus calles, llamamos a sus puertas, a veces con cierto temor, inseguridad… Pero no, ¡ADELANTE! es preciso arriesgarse. Es el momento del anuncio, del acercamiento a cada hogar, a cada familia. ¡Cuánta gente con necesidad de hablar, de expresar su fe o su alejamiento de ella, de contar sus miedos, su soledad…! Y… allí, nosotros, en grupos de tres: Maycom de Bahía, María de Barcelona y yo, escuchando e invitando a experimentar el gozo de creer, de formar comunidad, de vivir la unidad, la alegría de ser hijos del mismo Padre y hermanos de todos los hombres… Terminábamos este encuentro con una breve oración. Los enfermos formaron también parte importante de nuestra misión. Con la comunicación de experiencias tanto de voluntarios como de peregrinos finalizaba en Sao Paulo la primera parte de nuestra peregrinación, había merecido la pena Ya de camino, siempre en camino, “Aparecida”. “Gracias, Madre, sólo conocía tu nombre de oídas, hoy he llegado hasta tu casa a rezarte, a saludarte ¡Dios te salve! Vuelve a mí tus ojos misericordiosos, tu mirada serena que me pacifica, tu mirada comprensiva que me acoge, tu mirada… de Madre” Allí junto a María, Virgen pequeña y morena, celebramos la Eucaristía unidos a un gran número de obispos de España, Filipinas, Malta… La palabra de hoy seguía haciendo hincapié en aquello que estábamos experimentando cada día: La acogida, la escucha, el servicio… “Había mucho amor en la escucha de María, había mucho amor en las atenciones de Marta” Escuchar y acoger su Palabra es hacer como Marta y María: mirarle y dejarnos mirar por Él, amarle y dejarnos amar. Siempre respondíamos a la Palabra de Dios con un fuerte aplauso mientras decíamos “GRACIAS SEÑOR”, me gustaba este gesto. Pasamos la tarde y la mañana del día siguiente con la Comunidad “CANÇAO NOVA” de CACHOEIRA PAULISTA. “Cançao Nova”, hombres y mujeres, casados, solteros, sacerdotes y célibes. Hombres nuevos para un mundo nuevo. Evangelización a través de la música y cualquiera de los medios de comunicación: Radio, Tv, Internet… Realizaron para nosotros un festival canción-oración. Vivimos allí un momento importante de nuestra peregrinación: Celebramos el sacramento del perdón y eucaristía acompañados por nuestros obispos y sacerdotes. ¡Era un gozo cantar, bailar, orar…! Y… llegó el día. Río se desborda de vida y entusiasmo. El del Cristo del Corcovado nos abre su corazón en el corazón de tantas familias que nos abren sus casas y sus brazos. La de Rosalía será nuestra casa. Familia generosa, alegre… ¡Qué buenos ratos pasamos compartiendo canciones! Comienzan las Jornadas con el mensaje de bienvenida del arzobispo de Río de Janeiro en Copacabana que nos introduce en el corazón de estos días: “El Señor te eligió para estar acá y hacer con nosotros esta bella experiencia”. Mañanas de oración y catequesis y Eucaristía: Primer día Monseñor Daniel Fernández esperanza, sed de Dios” Segundo día, Monseñor Mariano Parra, Obispo de Puerto Rico: “Ser discípulo” Torres, Obispo de Venezuela. “Sed de Tercer día, Monseñor Madariaga, Obispo de Honduras: “Ser testigo” Todas ellas gran riqueza y me ayudan en mi reflexión personal. ¡Cuánta vida expresada con sencillez y cariño! Sería bueno escucharlas y enriquecernos comunitariamente! Tardes con el Papa Francisco, estábamos deseando escucharle. Él se encontraba a gusto entre nosotros y nosotros felices de poder estar con él. "Qué bien se está aquí", decía en su discurso de bienvenida, invitándonos a “poner FE para que nuestra vida tenga un sabor nuevo, a poner esperanza para que nuestro horizonte sea luminoso, a poner amor para que nuestro camino sea gozoso… Pon a Cristo en tu vida y ésta se llenará de su amor”. Poco a poco sus palabras iban calando hondo: “Dejen que Cristo y su palabra entre en su vida. Dejen que germine, dejen que crezca. Dios hace todo pero déjenle hacer, dejen que Él trabaje en ese crecimiento. ¿Qué clase de terreno somos? ¿Qué clase de terreno queremos ser?” También yo repetía en silencio:”Qué bien se está aquí, mar y tierra, luz que rompe la oscuridad, Palabra y silencio, lluvia serena que empapa, ríos de gracia, alegría, paz… Sí, que bien se estaba allí, en aquella playa junto a las olas del mar. Pero ahora… “vayan” a construir la Iglesia, a anunciar el gozo de haber encontrado a Cristo, “vayan” y anuncien la alegría de la fe. La tarea ha comenzado, comienza cada día. Por donde empezamos? “Por vos y por mí” Allí, a los pies de Cristo os recordé a todas y a cada una. Sus brazos abiertos os acogen y bendicen. Su corazón, os envía todo su amor