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LECTURA DEL EVANGELIO (LC.11,9-13)
“Y yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis,
llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca
encuentra, a quien llama se le abre. ¿Qué padre entre
vosotros, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le
dará en vez de pescado una culebra? O, si pide un huevo, ¿le dará un
escorpión? Pues si vosotros, con lo malos que sois, sabéis dar cosas buenas a
vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a
quienes lo pidan! “
ORACIÓN DE INTERCESIÓN
Señor, en este momento en el que compar mos la oración vocacional
queremos ponernos en disposición de dejar algunas cosas en tus manos:
(hacemos nuestras pe ciones espontáneas)
Hoy ponemos en tus manos……..
MOTIVACIÓN
PADRENUESTRO
ORACIÓN FINAL:
Cada una de nosotras llevamos
como un gran tesoro, es nuestra suerte:
la llamada personal a compar r la misión de Jesús:
ser tes gos creíbles del Dios que Él, su hijo, nos ha revelado.
Por eso ,Señor, contágianos cada día más,
tu mirada amorosa a nuestro mundo,
queremos vivir dejándonos sorprender por tu presencia en la Creación.
Como miembros vivos de la Historia,
queremos vivir más sensibles a lo pequeño y a los pequeños.
Y manifestar así tú rostro de Dios dador de Vida, cercano al ser humano
y apasionado por el mundo.
Te lo pedimos por Jesucristo ..........
La Cuaresma es camino de BÚSQUEDA, de PRESTAR ATENCIÓN, de
encontrar a Dios en nuestra vida...aunque parezca que todo es desierto.
El paso del empo, la ru na, la mediocridad, el pensar solo en mí…
pueden hacer que mí corazón se haya quedado “miope”, se llene de
“cosas” y haya dejado de ver “lo especial”: a DIOS en mi vida.
Este empo nos traslada siempre a un lugar inhóspito, solitario,
donde es di=cil encontrar agua, encontrar vida, encontrar esperanza. Es
nuestro desierto personal, pero también podemos verlo, en esta
“oración vocacional”, como un desierto comunitario.
Adentremonos en el desierto con el corazón despojado, confiado,
esperanzado...porque es un lugar privilegiado para tener la suerte de
dejarnos sólo en las manos de Dios. “En tus manos están mis azares”
CANTO: Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla
-ORACIÓN VOCACIONAL FEBRERO 2015-
SALMO: … Es Dios (cada una lee una estrofa)
Ant.: Oigo en mi corazón buscad mi rostro
Si nos despierta y nos saca de la mediocridad,
si compromete y complica nuestra vida, pero la llena de sen do…
es Dios.
Si llama al corazón, al amor, a la generosidad, a la ilusión,
… no al miedo ni al temor…
es Dios.
Si nos invita a ser profundamente felices y a hacer felices a los demás…
si habla el lenguaje de la confianza y de la paz…
es Dios.
Si nos va liberando de cosas, de egoísmos;
si rompe nuestros planes como rompió los de María de Nazaret…
es Dios.
Si no nos saca de la realidad del mundo
sino que nos invita a estar en ella como levadura, sal , luz…
es Dios.
Si nos invita a acercarnos, a estar y a sen r con los más pobres,
a dar vida, alegría, plenitud, sen do…
es Dios.
Si nos invita a centrarnos en Jesús, a seguirle, a convivir con él
y a anunciar su Buena No cia
es Dios.
«Cada una al tratar de vivir con alegría y plenitud su
respuesta personal al Señor, fortalece la fidelidad de sus
hermanas y contribuye, a la vez, al despertar de nuevas
vocaciones “ (Const.59)
REFLEXIÓN PERSONAL (Música)
Me siento feliz al decir estas palabras: «Tú eres mi Dios; en tus manos
están mis azares»
Se me quita un peso de encima, descanso y sonrío…hasta en medio del
desierto.
«Mis azares están en tus manos». ¡Benditas manos! ¿Y cómo he de
volver a dudar, a preocuparme pensando en mi vida y en mi futuro,
cuando sé que está en tus manos?
«Mis azares». Buena suerte, mala suerte; altos y bajos; penas y gozos.
Todo eso es mi vida, y todo eso está en tus manos. Tú conoces el empo
y la medida, tú sabes mis fuerzas y mi falta de fuerzas, mis deseos y mis
limitaciones, mis sueños y mis realidades. Todo eso está en tu mano, y tú
me amas y quieres siempre lo mejor para mí. Esa es mi alegría y mi
descanso.
Que esa fe aumente en mí, Señor, y acabe con toda ansiedad y
preocupación en mi vida. Seguiré trabajando por «mis azares» con todas
mis fuerzas y con toda mi alma. Pero ahora lo haré con rostro alegre y
corazón despreocupado, porque ya no estoy atada a conseguir el éxito
por mi cuenta. Estos «azares» están en tus manos y bien se encuentran
allí. Quiero sen r que el yugo es suave y la carga ligera. La paz y la
esperanza vuelven a mi alma cuando escucho las benditas palabras: «Tú
eres mi Dios, en tus manos están mis azares».
(Carlos G. Vallés)
Ant.: Oigo en mi corazón buscad mi rostro