Download Romanin-Misa Bodas de Plata 2006-10-24
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Obispado de Río Gallegos Errázuriz 53 - Tel: (02966) 42-2616 - 42-2325 Fax: (02966) 42--6183 - Email: [email protected] Web : www.diocesisriogallegos.com.ar 9400 – Río Gallegos – Provincia de Santa Cruz - Argentina Homilía de la Misa de Acción de Gracias 25 años de la Ordenación Sacerdotal 24 de Octubre de 2006 Gimnasio Colegio Salesiano. Río Gallegos Queridos hermanos todos: Nunca imaginé que iba a celebrar mis bodas de plata sacerdotales aquí, en mi querida Diócesis de Río Gallegos. Una vez más vuelvo a decir que “los sueños de Dios son más grandes que los sueños de los hombres.” Gracias por estar, por acompañarme en esta acción de gracias a Dios. Recuerdo algunos momentos significativos de mi vida que fueron tejiendo esta historia tan hermosa que Dios ha pensado para mí. Es tomar conciencia que la vida me ha regalado encuentros y amistades, alegrías y luces, como también desencuentros y oscuridades. Es como una sucesión de nacimientos y muertes, de transformaciones que marcan el carácter pascual de nuestras historias, con una intensidad de vida muy significativa. Incluso, siento que la misma vida pide una purificación y una profundización que me lleve a asumir los desafíos, con una mayor unión con Dios, con un crecimiento de caridad pastoral que unifique mi nuevo ministerio. Me acuerdo el día cuando entré corriendo a casa y le dije a mamá, que estaba lavando la ropa, que quería hacerme sacerdote… ¡qué contenta se puso!. La alegría más grande de papá y de mamá era tener un hijo sacerdote. Enseguida arreglaron todo: me prepararon el colchón, la ropa… y con mis 11 años me largué a vivir esta aventura que hoy veo maravillosa. La Congregación Salesiana me recibió con el mismo cuidado y afecto de mi hogar. Comencé a tener una nueva familia: la casa de Don Bosco. Los salesianos me fueron enseñando a conocer más a Dios, a la Auxiliadora, al mismo Don Bosco. Los estudios, el patio, los paseos, el teatro, el coro, los exploradores, el fútbol… tantos años que pasaron rapidísimos. Un clima intenso de oración, de piedad, de sacrificios, de estudio. Todo esto fue marcando mi vida y centrando todo en la Persona que desde hacía mucho tiempo había ganado mi corazón, y por la que quise dejarlo todo para seguirlo: la Persona de Jesús. Fue Él el que me llamó por mi nombre y me invitó a dar mi vida trabajando entre los pibes y los jóvenes. Cuando en aquel entonces pensé en mi lema sacerdotal, busqué la Palabra de Dios que resumiera la experiencia de vida de Don Bosco, y así surgió la frase de Jesús que hemos proclamado en el día de hoy: “Quien recibe a uno de estos pequeños a mí me recibe.” La tarde mi ordenación sacerdotal de aquel 24 de octubre, en el patio del oratorio salesiano de Avellaneda, Mons. Argimiro Moure dijo estas palabras: “No sabemos qué es lo que hay detrás de este “sí”. Sabemos, hasta este momento, esta tarde, tu historia. No la sabemos de aquí en adelante. ¿Qué va a hacer Dios con tu sacerdocio? No sabemos. Ahora vamos a ver cómo Mons. Juan Carlos Romanín, sdb. Homilía de la Misa de las Bodas de Plata Sacerdotales nace, pero cómo se desarrolla, no. Eso está en la mente y en el corazón de Dios. Y está en el mejor lugar que puede estar. Es el corazón de un Padre. Abandonate, que Dios haga lo que quiera… total, se lo permitas o no, lo va a hacer igual. Pero verás, verás… pasarán los años y te aseguro, que si cada día le dices que sí, y le firmás antes que comience el día, no habrá dos días iguales y no te cansarás de esta maravillosa aventura de ser testigo e instrumento del amor de Dios a los hombres.” Y les puedo asegurar que estas palabras hoy son una profecía. Abandonarse a Dios, mirarlo sólo a El, escucharlo hablar a través de las cosas de cada día, de cada chico, de cada joven, poner en su corazón de misericordia todas mis miserias y pecados, gozar de su presencia entre los que intentábamos hacer algo nuevo, me regalaron días distintos y diferentes. Jesús Buen Pastor, Jesús modelo, Jesús amigo. Es a Él a quien hemos dado la vida. Ciertamente Jesús está deseoso de hacer de nosotros instrumentos de su amor para cada uno de los que están a nuestro lado. Él se hace presente en esta Eucaristía justamente para hacerse uno de nosotros, cercano, atento a venir en nuestra ayuda, más feliz que nosotros de celebrar este aniversario de la prolongación y actualización de su mismo sacerdocio. Sacerdocio que podría sintetizarlo desde dos grandes miradas: la Eucaristía y la cruz. Realmente puedo decir que el centro de todo este tiempo, en la vida y en el trabajo sacerdotal de cada día, fue Él, Jesús Eucaristía. Es en la Eucaristía que el Señor Jesús, potente y misericordioso, como lo han conocido sus discípulos y las muchedumbres del Israel de su tiempo, se me hizo el necesario pan de vida. Fui comprendiendo que la centralidad de la Eucaristía es esencial para la vida del sacerdote. El Rector Mayor de los Salesianos, en aquel entonces, Don Egidio Viganó, me escribió para la ordenación una carta muy bonita en la que me decía: “Privilegiá la Eucaristía de cada día y tratá de comunicar esta gracia a los jóvenes.” Y también me enseñaron que Jesús nunca fue tan sacerdote como en la cruz, en el momento del mayor dolor y del mayor amor. “Cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz, anunciamos tu muerte, Señor, hasta que vuelvas.” Transformar cada dolor en amor fue el gran desafío intentado por muchos años con varios de mis hermanos de comunidad. Así comprendimos que la vida del sacerdote era esto: un darlo todo, todo. Nada para sí. El sacerdote ya no se pertenece más a sí mismo. Es una llamada a un amor totalitario. Es comenzar a vivir la Palabra del Evangelio de la Virgen María: “Una espada te atravesará el corazón.” Es tener como modelo del sacerdocio a María al pie de la cruz. Los sacerdotes son hombres que siguen a Jesús como lo seguía María. El mismo Don Bosco, al ser ordenado sacerdote, escuchó de su mamá Margarita las palabras que nunca iba a olvidar: “Recuerda, Juan, que comenzar a rezar Misa es comenzar a sufrir.” Así como el Buen Pastor, el sacerdote hace suyos los dolores de las personas que están bajo su cuidado, y las transforma en amor. Esta fue una de las experiencias más fuertes que me tocó vivir. Descubrí que la misión del sacerdote es ser el hombre de Dios, y que esto se logra plenamente sólo en la medida en que permitimos que Dios viva en nosotros. Celebrar la Eucaristía fue siempre para mí una gracia, en los momentos lindos y también en los momentos más difíciles, como sucedió en las que tuve que celebrar despidiendo los restos mortales de mamá y después los de papá. Momentos que nunca podré olvidar, pero que sólo en la Eucaristía encontré el consuelo y la paz en medio de un profundo dolor. Página 2 Mons. Juan Carlos Romanín, sdb. Homilía de la Misa de las Bodas de Plata Sacerdotales Concluyo contándoles una sencilla experiencia de esos momentos. El día anterior viajé en colectivo desde Villa Devoto, donde vivía en la comunidad salesiana de los estudiantes de Teología, al oratorio Don Bosco de Avellaneda, para la ordenación. Hacía bastante calor y el colectivo estaba lleno de gente. Yo estaba parado junto a uno de los asientos. Allí estaba sentada una joven mamá con su hijito en brazos que lloraba y gritaba. La gente estaba un poco molesta. La mamá sólo se preocupaba de su hijo. Lo acariciaba, le cantaba, le hablaba… estaba sola para él, sin importarle lo que pasaba a su alrededor. Yo la miraba y pensaba: si esta mujer ama así a su hijito cuánto más me ama la Virgen a mí que mañana me ordeno sacerdote… Y esa noche, que recuerdo no haberla dormido, recé mucho a la Auxiliadora, hablamos un montón. La sentí muy cercana, muy dentro mío. Hoy las cosas se repiten: la Virgen está entre nosotros, camina con nosotros, nos acompaña y protege, nos cuida y nos acaricia para que no lloremos ni suframos. Quiero pedirle a Ella por cada uno de ustedes, por los que están lejos y no pudieron venir y por los que ya no están. Que Ella celebre y festeje con nosotros estos 25 años, como lo hizo con su Hijo en las Bodas de Caná. Que nos llene de su presencia siempre nueva y nos regale muchos sacerdotes santos para esta querida Diócesis de Río Gallegos. Que así sea. + Juan Carlos Romanín, sdb. Padre Obispo . Página 3