Download A Jesús Caído,
Document related concepts
no text concepts found
Transcript
A Jesús Caído, Luz del alba, mi Precioso Lucero. El alma me duele, Señor, al verte llegar, cargando con el madero de mi injusticia e insolidaridad. El corazón se me rompe, cada vez que al suelo, con tu cuerpo vas a dar, en pago de mis ofensas, ¿No hay quien te ayude a levantar? Yo quisiera ser el que lo hiciera, pero mi cobardía no da para más. Mil espinas llevas clavadas, a golpes de traición, cada una lleva escrita mi falta de compasión; yo te las arrancaría, si pudiera, sin ningún temor, mas no puedo, pues son señales que llevas como precio de mi salvación. El cuerpo entero se me estremece cuando te veo avanzar, con la frente malherida a causa de mi iniquidad. Y me digo: de esto, yo soy culpable, porque no he aprendido a perdonar. Con paso lento, muy despacio, te vas acercando a mí, en busca de un hermano perdido al que quieres redimir; ¡Que dolor!, ¡que espanto! ¡Señor, cuanto debes sufrir! Por arrastrar mis miserias, ¡Yo, no lo podría resistir! Y caes, te levantas y... vuelves a caer, porque aún no he aprendido a escucharte, ni a entender; y te apoyas en la piedra para intentar sostener tu cuerpo escarnecido a causa de mi tozudez. Sí, ¡por fin! Tu rostro empiezo a vislumbrar, ¡que cara de dolor! Y que ternura en tu mirar... ¡pero, ¿no lo ves? si rebosa bondad! Es todo un Dios que se entrega por mi falta de amor a los demás. Llevas en la faz las marcas de la violencia y la humillación, porque no sé defenderte, en ninguna situación; por negarte mil veces y decir, sin ninguna razón: Este, yo no lo conozco, será otro impostor. La tristeza me acongoja, ¡casi no puedo respirar! El nudo de la garganta, se resiste, ¡no se va! Y los ojos, a los que, al pasar, te has de asomar, no me hacen caso, ¡quieren llorar! Y se me nubla la vista, ¡no puede ser, aguanta! que está al llegar, es el Rey del universo que viene con toda su majestad, llevando su pesada carga y con ella salvando a la humanidad. Ya has llegado, te sitúas frente a mí, ¿no me buscabas? pues ya me tienes aquí. Vengo para decirte que por ti voy a morir, porque quiero salvar tu alma y las que me quieran seguir. El bullicio se torna silencio, el sol pierde su resplandor, hasta el viento queda quieto, sólo tus ojos brillan con todo fulgor, me miras, pero al fondo del corazón, donde me dejas grabado a fuego la inmensidad de tu amor. Y te vas, y te veo alejarte llevando sobre tus hombros el peso de mi deshonra y desmanes, en busca de otras almas que a ti quieran acercarse, en busca de ese amor que rebosas, incansable. Ya te pierdo en el horizonte, apenas veo tu torpe caminar, saliendo al encuentro de tu inevitable final; quizás vuelvas a caer, una vez y otra vez más, por culpa de mi hipocresía, por el delito de mi falsedad, por mis mentiras, por mi odio, por mi rencor, por mi egoísmo y por mi falta de lealtad; porque para eso has venido al mundo, para enseñarme a amar y entregar tu preciosa sangre en rescate de mi libertad. Mi alma se aflige, Señor, al verte pasar, cargando con el madero de mi oprobio e indignidad. Luís Gallego López Tiempo de Cuaresma, 2.004