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sentir y gustar Bienvenidos a la oración de los miércoles. Hoy empezamos un curso nuevo en el que queremos seguir más de cerca a Jesús: en la oración y en lo que vivimos cada día y que compartimos con los demás. Una buena manera de empezar es continuando el sendero que cogimos el curso pasado, el que nos marcaba el Año de la fe que acabará en noviembre y el de tantas personas que son ejemplo para nosotros por la confianza que han tenido en el Padre. Mirémonos en estas personas y aprovechemos los espacios que nos va dejando la monotonía del horario del curso. Disfrutemos de los momentos de silencio en los que podemos escuchar cómo Jesús nos susurra al corazón. Este año, en la oración de los miércoles, pondremos atención a escuchar sus palabras por medio del evangelio de Lucas. Dejemos que nos guíe al igual que guió a las primeras comunidades de cristianos. Para entrar en la oración nos preparamos concentrándonos en lo que vamos a estar haciendo este rato que tenemos por delante. Nos ayudará el silencio y, a medida que avancemos, quedarnos con esa palabra, con esa idea, que más gusto espiritual suscite en nuestro corazón. Tomamos conciencia de que estamos en presencia del Señor y nos disponemos para compartir con Él nuestra vida. NOS PREPARAMOS Jesús, hoy venimos a buscarte un día más porque queremos empaparnos de ti. Ayúdanos a conocerte para que así te amemos y podamos seguirte hasta el Padre. Haznos sentir deseos de una vida pausada y fundamentada en ti. BUSCA EL SILENCIO Busca el silencio, ten alerta el corazón, calla y contempla. 1. BUSCAD Y ENCONTRARÉIS "Y yo os digo: Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y os abrirán, pues quien pide recibe, quien busca encuentra, a quien llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide pan, le da una piedra? O, si le pide pescado, ¿le dará en vez de pescado una culebra? O, si pide un huevo, ¿le dará un escorpión? Pues si vosotros, con lo malos que sois, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre del cielo dará el Espíritu Santo a quienes lo pidan!" (Lc 11,9-13) A veces nos cuesta creerlo, ¿no? A menudo pensamos que a Dios le podemos pedir que nos toque la lotería, una matrícula de honor en un examen que no hemos podido estudiar o que gane nuestro equipo de futbol. ¿En quién creo? ¿Qué fe sostiene mi vida? ¿Qué me dice Jesús que me va a dar el Padre cuando se lo pida? 2. COMO UNA SEMILLA "El reino de los cielos se puede comparar a una semilla de mostaza que un hombre siembra en su campo. Es sin duda la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que las otras plantas del huerto; llega a hacerse como un árbol entre cuyas ramas van a anidar los pájaros." (Mt 13,31-32) Es cuestión de confianza. Pero nos cuesta. Muchas veces nos pasa que ponemos la confianza en las cosas grandes, con mucha aceptación de todos, con muchos medios... pero el reino de Dios está ahí, en la persona que pasa desapercibida, en el acto anónimo, o en el proyecto que parece que fracasa. 3. MIRAR EL MUNDO El Evangelio nos propone una manera de creer y, en consecuencia, una forma de mirar el mundo. Lo fascinante es que es una manera de entender la realidad que ofrece un enorme contraste con lo que nuestro mundo enseña a valorar y a apreciar. La Buena noticia desvelada en Jesús tiene esa sorprendente capacidad. Transforma la mirada. Le da la vuelta a nuestras expectativas. Nos propone una forma diferente de comprender a Dios y al prójimo. ¿Cómo llega la fe a transformar mi mirada? EL SEÑOR ES MI PASTOR El Señor es mi pastor, Él me guiará. El Señor es mi pastor; nada me falta. Me hace descansar en verdes pastos, me guía a arroyos de tranquilas aguas, me da nuevas fuerzas y me lleva por caminos rectos haciendo honor a su nombre. El Señor es mi pastor, Él me guiará. Aunque pase por el más oscuro de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo; tu vara y tu cayado me inspiran confianza. El Señor es mi pastor, Él me guiará. Me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos; has vertido perfume sobre mi cabeza y has llenado mi copa a rebosar. Tu bondad y tu amor me acompañan a lo largo de mis días, y en tu casa, oh Señor, por siempre viviré. El Señor es mi pastor, Él me guiará. HAZME IR MÁS DESPACIO, SEÑOR Acompasa el latir de mi corazón inquieto. Apacigua mis apresurados pasos con la visión del alcance eterno del tiempo. Ablanda la tensión de mis nervios con la música de las melodías que perduran en mi memoria. Ayúdame a experimentar el mágico poder restaurador del sueño. Enséñame el arte de tomarme pequeñas vacaciones: detenerme para mirar una flor; charlar con una amistad; acariciar un perro; leer unas líneas de un buen libro. Hazme ir más despacio, Señor, e inspírame cómo echar raíces profundas en la tierra de los valores perennes de la vida, para que pueda crecer hasta la cima de mi grandioso destino. y recuerda, nos vemos...