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Ambientación:
ABRIL: Navegar es vivir… desde el faro que nos guía
Imagínate vivir continuamente a oscuras sin el mínimo de luz. ¡Nos
terminaríamos acostumbrando! estarás pensando. Lo que está claro es que
cuando estamos a oscuras y viene la luz, sobre todo si estamos en una
situación difícil, nos sentimos aliviados. Igual les sucede a los barcos que
cuando están en plena tormenta ven la luz de un faro que permanentemente
indica donde está el peligro y por donde deben ir para evitar el peligro del
naufragio.
Jesucristo es la luz del mundo y el que camina en la luz tendrá la vida eterna.
La luz de la vida es lo que da sentido al hombre, le ilumina la vida personal, y el
que tiene la luz sabe leer los signos que Dios le pone en su vida diaria.
La luz es un signo de la llamada de Dios, pero una llamada personal a seguirle,
pasando de las tinieblas a la luz que también es signo de la vida. Te invito a que puedas descubrir si tu vida tiene
sentido, si está iluminada, si es así, entonces podrás comprender el amor de Dios.
Señor Jesús, eres luz para mi camino,
eres el Salvador que yo espero.
¿Por qué esos miedos ocultos?
¿A quién temo, Señor?
La vida es como una encrucijada,
y a veces indeciso no sé por dónde ir.
Lo sé de sobra: seguirte es duro.
¡Hay tantas cosas
fáciles de conquistar a mi lado!.
Yo sé, Señor,
que si me dejo llevar por ellas,
me amarrarán
hasta quitarme la libertad que busco.
Yo sé que, si te sigo y me fío de ti,
los obstáculos del camino
caerán como hojas de otoño.
SALMO POR EL CAMINO
una llamada a perder mi dignidad humana,
mi corazón dirá que no,
porque en ti me siento tranquilo.
Aunque la mentira y
la violencia acampen contra mí,
aunque el dinero y el placer me rodee,
mi corazón, Señor Jesús, no tiembla.
Aunque la publicidad fácil me declare la guerra
y mis ojos encuentren en cada esquina
Señor Jesús, escúchame, que te llamo.
Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.
Mi corazón me dice que tú me quieres
y que estás presente en mí,
que te preocupas de mis problemas
como un amigo verdadero.
Busco tu rostro: no me escondas tu rostro.
No me abandones, pues tú eres mi Salvador.
Dame la certeza de saber que,
aunque mi padre y mi madre me abandonaran,
tú siempre estarás fiel a mi lado.
Espero en ti, Señor Jesús:
dame un corazón valiente y
animoso para seguirte.
Tú que eres luz para mi camino
y el Salvador en quien yo confío.
MIRAR SIEMPRE HACIA ADELANTE (Juanjo Elezkano)
Ayúdanos, Señor,
a mirar siempre hacia adelante,
a emprender el camino
convencidos de que no vamos solos,
de que Tú vas con nosotros.
Danos valor, mucho valor,
para afrontar nuestra vida de todos los días,
para ser testigos tuyos en este tiempo
y llevar el ánimo y la esperanza
a nuestros hermanos.
Abre nuestro corazón
a los problemas del mundo.
Haz que seamos capaces
de escuchar a los demás.
Danos una actitud de humildad
para servir con alegría cada día
sabiendo que, de esta manera,
vamos construyendo tu reino paso a paso.
Ayúdanos a gastar nuestra vida
por el proyecto que Jesús nos encargó.
No queremos defraudarte, Señor,
queremos que cuentes con nosotros.
Estamos seguros de tu apoyo.
Gracias por este tiempo vivido,
gracias por el silencio y por tu mensaje,
gracias porque Tú nos has unido de verdad,
gracias por haber estado aquí,
gracias por todo,
hasta por los detalles más sencillos.
Lectura del Evangelio
(JUAN 8, 12) Yo soy la Luz del mundo
Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no camina en la oscuridad, sino que tendrá la luz de vida.
PALABRA DEL SEÑOR
Meditación – Oración espontanea…
Magníficat: MARÍA, MADRE DE LA ESCUCHA
María, Madre del corazón lleno de Dios,
danos tu misma apertura al Padre,
para dejar que Dios entre en nuestro corazón.
Danos tu confianza para fiarnos de Dios
y dejar nuestra vida en sus manos.
María, Madre de los oídos abiertos,
abre los oídos de nuestro corazón
a la Palabra de Dios que nos habla
en las necesidades de los que nos rodean
y en las cualidades que Él nos ha regalado
y nos llama, como a ti, a hacer su voluntad.
María, Madre de la entrega a Dios,
enséñanos a darnos con generosidad al Señor,
que está presente en los más pequeños
a los que debemos amar con nuestra ayuda.
María, Madre del corazón siempre dispuesto,
danos tu misma disponibilidad
para ayudar desinteresadamente
y con alegría
a los que necesitan nuestro apoyo y
nuestra presencia amiga.
María, Madre del camino a casa de Isabel,
danos tu misma fuerza de voluntad
para salir con prontitud al encuentro
de quienes están necesitados de nosotras, sin
poder o atreverse a pedir ayuda.
María, Madre atenta en las bodas de Caná,
danos tu misma solicitud y preocupación
para estar pendientes de los que no tienen
el vino de la alegría, de la esperanza y del amor
y poder saciarles de esa felicidad
que sólo da el vino bueno de tu Hijo Jesús.
María, Madre del “haced lo que Él os diga”,
Ayúdanos a decir “Si” a Dios,
un sí generoso y total como el tuyo
a la llamada que tu Hijo Jesús nos haga a cada uno de nosotros.
Oración Final: ORACIÓN DEL COMPROMISO
Queremos, Señor, ser tus testigos, luz en medio del mundo, sal que sazone la tierra.
Ser tus testigos para llevar a los hombres tu amor, tu esperanza verdadera, tu gozo de ser
amor en medio de los hombres.
Haznos testimonios de un amor que nunca pasa de moda, de una luz en un mundo a
oscuras, de una paz en una tierra en guerra.
Sabemos, Señor, y por eso pedimos tu ayuda, que ser testigo es tener tus sentimientos,
es tomarse en serio tu evangelio, es sembrar los caminos de tu amor.
Gracias, Señor, por tantos testigos como hemos conocido y que nos hacen continuar en la
tarea, aun en medio de las dificultades, sabiendo recoger la antorcha y llevándola por las
calles de nuestro mundo. Amén.
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