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PISTAS DE ESPERANZA Marzo 2011 – Nº 6 EL VERBO DE DIOS TEXTO: El Verbo, al encarnarse, se hace hombre en todo como nosotros menos en el pecado. Cristo es Dios y hombre verdadero… Es concebido por el Espíritu en el seno de María Virgen. Es hombre espiritual. Hombre en todo como nosotros, menos en el pecado. DIOS ES AMOR... El amor es darse. Dios hecho hombre se nos da. No tiene la tiranía del pecado. Se nos da en totalidad… No tiene egoísmos… Es en todo como nosotros, menos en el pecado. EL AMOR ES DARSE. Cristo se nos dio en su nacimiento, en su pobreza extrema y desconocida, aun de los más pobres. CRISTO SE ANONADÓ… Se nos dio en una soledad y abandono únicos. Se nos dio en todo su vivir. Se nos dio en su Pasión. Se nos dio en su muerte... Se nos dio en su Resurrección. EL AMOR ES DARSE. Cuando se ama se olvida uno de sí mismo para entregarse totalmente al ser amado. SE VIVE MÁS EN EL SER AMADO QUE EN SI MISMO… (Madre Esperanza Vitales. TARJETAS. ME-T 0049) REFLEXIÓN: Cuando en primavera caminamos por las afueras de nuestros pueblos, vemos como los árboles muestran sus primeras flores y los rosales comienzan a llorar por sus yemas para anunciar al mundo que hay vida, que el futuro es posible. La madre tierra, patrimonio del mundo, se adorna para que todos los seres humanos vivamos la alegría. “¡Ojala rasgases el cielo y bajases!”. Con este grito de Isaías se abre el camino de la Historia: “y el Verbo se hizo carne y puso su tienda entre nosotros”. El Dios del Cielo, el Soberano… se hizo Emmanuel-Dios con Nosotros. Un Dios de andar por casa: cercano, entrañable, próximo, familiar. Un Dios que se hace niño y nos abre las puertas para que se nos haga más fácil creer en Él, quererle, confiar sin reservas. Cuando el Ángel le hizo la propuesta de maternidad a María, no forzó la situación. Esperó su SÍ y cuando ella lo vio claro, con total libertad dijo la palabra definitiva: “Aquí está la esclava del Señor”. Todo venía y viene de Dios. Así entendemos la presencia de Dios que sigue requiriendo también el sí de nuestra vida. Un sí al amor, al darse sin reservas, que pasa por el anonadamiento, por la entrega, que no siempre es cómoda ni fácil. Pero Dios apuesta a favor de cada uno de nosotros y espera nuestro sí. La Encarnación tiene lugar en Nazaret, en el silencio, en clima de oración y en ella es el mismo Dios quien con su gracia actúa. El tiempo se llena de Dios y, por tanto, el Reino de Dios está ya entre nosotros. En consecuencia: - El tiempo se hace “lugar” en el que podemos encontrar al Dios que salva. Esto se puede aplicar a cada “lugar” y a cada “momento” de nuestra historia. - Debemos tomarnos en serio “el tiempo” y santificarlo, porque es en el tiempo y sólo en él, donde se da nuestro encuentro con Dios – Salvador. - La presencia de Dios, requiere el sí de nuestra vida. Un sí al amor, a la vida, a la Iglesia… que hace que surja la esperanza en el camino de los hombres. - El verbo de Dios es ese Niño indefenso, débil como todos, pero que a la vez es eterno como el Padre. Es Dios. Por la fe sabemos que era Niño- Dios. Concebido por el Espíritu Santo, nacido de María Virgen, eterno con la eternidad de Dios, sujeto a la debilidad humana y Señor de la creación y de la Historia. Lo humano y lo divino se dieron cita en Él. PISTAS PARA EL DIÁLOGO: “El límite entre el “antes de Cristo” y el “después de Cristo” no es una línea trazada en la historia o en el calendario, sino un signo interior que atraviesa nuestro corazón y cambia la historia. Mientras vivamos en el egoísmo, aún hoy somos los que viven “antes de Cristo” (Joseph Ratzinger) ¿Ha cambiado Cristo mi historia? ¿Qué valor doy al tiempo en mi vida? Estamos llamados a vivir una extraordinaria apertura del corazón al Espíritu, que viene para que nos encontremos más profundamente con Cristo Jesús, el único Salvador. ¿Qué relación de filiación tengo con el Dios-Padre? ¿Me he encontrado en profundidad con Cristo?. “Mira que estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo” (Ap.3, 20). Ahora, en este momento, Dios está llamando a mi puerta. ¿Abro mi corazón para que el buen Dios se encarne en mi vida? ¿Qué le impide entrar? http://www.misionerasdelpilar.org