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Personajes de Renombre Excelsior David Paramo 18 DE NOVIEMBRE DEL 2015 Absurdo y ridículo Es francamente absurda la propensión de quienes insisten, evadiendo los datos duros, en que el país se encuentra en una crisis. Apenas afirmó Luis Videgaray que si el viernes se confirma el adelanto que hizo el Inegi sobre el PIB, la Secretaría de Hacienda ratificará el rango de estimación que hizo, y ya aparecieron las voces que están viendo cómo le hacen para que sus creencias se conviertan en realidad. Ayer mismo le preguntaron al titular de las finanzas públicas que si, luego de conocer el cambio en las estimaciones del Fondo Monetario Internacional, donde baja la expectativa para el mundo y, en particular, para México, la dependencia no cambiaría su expectativa, a lo que Videgaray, enfático, dijo que no. Aquí es necesario establecer que ocurren varias cosas. Primera: Parecería que muchos medios de comunicación y ciertos “especialistas” son animales de costumbres arcaicas y, por eso, les cuesta mucho trabajo adecuarse a los cambios. En los últimos años —y no sólo durante esta administración— se ha convertido en una tradición que se baje trimestralmente la estimación que se presentó en el paquete económico del año previo. Así que les cuesta demasiado trabajo entender que, por primera vez en mucho tiempo, los datos duros confirmen que no hay crisis y, por lo tanto, la Secretaría de Hacienda no tiene por qué modificar su estimación sobre el crecimiento de la economía. Segunda: Entre muchos periodistas existe la creencia de que tienen que ser políticamente correctos o subirse a las tendencias. Y hay, entre muchos mexicanos, la idea equivocada de que el país se encuentra en una crisis por la depreciación del tipo de cambio y la baja del precio del petróleo. Así que no faltan quienes, suponiendo que son analistas críticos del sistema, creen que tienen que satisfacer las expectativas de la población y, por lo tanto, se esfuerzan en ver una crisis donde no la hay. Para algunos influye el hecho de que cualquiera que habla positivamente del gobierno en turno, automáticamente, se convierte en un chayotero, vendido del sistema y demás epítetos sin fundamento. REALIDAD/EXPECTATIVA Prácticamente todos los indicadores de la economía mexicana demuestran que más de dos décadas de políticas económicas correctas han funcionado de una manera adecuada, puesto que el país está en línea con un crecimiento de 2.4% para este año y perspectivas de que aumente en 2016. Se han enfrentado los problemas derivados de la caída del precio del petróleo y la elevada volatilidad del tipo de cambio con medidas ortodoxas que permiten que el salario, consumo interno y niveles de bienestar se incrementen en un entorno en el que la inflación tiene el menor nivel en su historia o, por lo menos, desde que se mide el crecimiento de los precios, es decir: desde 1970. Sin embargo, gran parte de la población no quiere reconocer la buena marcha de la economía. Algunos lo hacen por la propensión ridícula a creer que el Presidente en turno (sea del partido que sea) es una suerte de Dios maldito que, pudiendo hacer lo bueno, sólo busca el mal de la población y, por lo tanto, no puede esperarse que las cosas funcionen. Otros más lo hacen, simple y sencillamente, por incultura o por una grave pobreza en su análisis. Creen que el país sigue dependiendo de un tipo de cambio fijo, como hace 20 años, y que, por lo tanto, la estabilidad de la economía depende de la paridad. ACOSTUMBRARSE Es momento de que los mexicanos se acostumbren a que el país no está en crisis como ha sido, desgraciadamente, una constante desde la década de los setenta y que se deben valorar los éxitos de la economía en su verdadera proporción. Lo que está sucediendo en la economía no corresponde a un milagro sino a la continuidad en la corrección de las acciones económicas, a la toma de decisiones adecuadas para sortear los retos y, lo más importante, al alejamiento de políticas populistas que, en el mejor de los mundos, sólo ofrecen soluciones de corto plazo cuando, en la mayoría de las ocasiones, sólo generan más problemas de los que, según ellos, pretenden solucionar. Lo que pasa en la economía mexicana debe ser visto como el mejor ejemplo de que no sólo se debe mantener el esfuerzo sino también profundizar en las medidas estructurales.