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Una IU para un nuevo país
Tesis 6: ¿Cómo situar a la organización en el conflicto social?
La organización en el conflicto social y su comunicación
Continuando el desarrollo del principio de democracia participativa, IU se dotará de dos
herramientas esenciales para la consecución de este objetivo: las áreas de elaboración colectiva y
las asambleas locales y sectoriales.
1. Áreas de elaboración colectiva. En la actualidad las áreas son de elaboración
programática, colectiva y participativa, pero no son impulsoras de apoyos a conflictos
sectoriales. Es imprescindible que las áreas sirvan también para este fin dado que
aglutinan a activistas de cada ámbito y por lo tanto conocen de primera mano el origen y
las causas de los conflictos. La elaboración colectiva, como proceso de participación
activa, analiza la realidad, propone alternativas y diseña movilizaciones para abordar
respuestas a los problemas detectados con los actores implicados. Es decir, la elaboración
colectiva nace, necesariamente, vinculada a movimientos sociales, sindicales,
profesionales, etc. y, por ende, superador de la propia organización, abriendo nuevos
marcos de trabajo incluso electoral con otras fuerzas, políticas o no.
Las áreas, por tanto, han de ser espacios multidisciplinares y abiertos a la sociedad, no
exclusivamente militantes. Asimismo, ha de trabajarse desde la base del consenso y la
autorreglamentación interna, sin que eso signifique que haya determinados criterios que
hayan de cumplirse por parte de todas las áreas.
Para garantizar que el trabajo de las áreas sea fructífero y las personas que en ellas se
involucran sean conscientes de su utilidad, el modelo organizativo de IU ha de recoger la
necesaria vinculación institución-dirección política-áreas-asambleas, dando la necesaria
difusión a las propuestas programáticas y movilizaciones para que sean herramientas
útiles.
Como alguna medida indispensable para la consecución de este objetivo debemos
recoger la participación en los órganos, especialmente en lo que se refiere a la
introducción de puntos del orden del día, la rendición de cuentas y evaluación de los
trabajos desempeñados por las áreas para garantizar el cumplimiento de los objetivos,
establecer mecanismos flexibles para conocer y contribuir a las políticas institucionales y
el establecimiento de mecanismos de resolución de conflictos en caso de propuestas
contradictorias por parte de áreas distintas, asambleas sectoriales o territoriales.
El propio espíritu con el que nacen las áreas hace que haya que flexibilizar la estructura y
el modelo organizativo. A pesar de tener que contar con una coordinación suficiente y un
mínimo control sobre el número y las competencias, ha de dejar margen suficiente para
poder articularse en el territorio de la manera más eficaz. Y resolver la participación de sus
miembros, que pueden ser o no militantes de la organización, en la toma de decisiones
programáticas. Estableciendo cauces de participación suficientes para resolver propuestas
políticas que puedan ser especialmente sensibles.
Más allá del grado de autoorganización de las áreas se recomienda que las mismas
recojan en su seno dos realidades organizadas que deben ser útiles para la participación
de la militancia: las redes de activistas y los foros de debate y elaboración. Las áreas
deben transitar hacia un modelo organizativo más flexible, orientado al fortalecimiento del
nuevo movimiento anticapitalista. Las áreas son la mejor herramienta para avanzar en la
construcción de ese espacio volcado en el conflicto, la movilización y la tensión social.
Es imprescindible la activación de las áreas de elaboración colectiva y los foros
programáticos presenciales y on-line durante todo el año. En IU se ha concedido
tradicionalmente mucha importancia al trabajo local de la militancia en sus asambleas de
base, sin embargo, también es necesario el trabajo temático sobre el programa, de modo
no presencial, con personas de otras federaciones y asambleas. Para ello, creemos que la
organización debe disponer de:
1. un foro telemático en el que contribuir, formarse y debatir acerca de las distintas áreas
del programa (ej. Plataforma Loomio usada en la campaña de las generales)
2. un foro telemático general en el que discutir temas de actualidad política.
Asimismo, los y las militantes de IU debemos organizar cursos y talleres presenciales,
además de explorar las posibilidades telemáticas de bajo coste o gratuitas para ir
generando formación, comunicación interna y externa, así como una biblioteca o
repositorio del material generado para formar a la militancia en distintas áreas (ej.
legislación europea, finanzas y economía, cuestiones de género, ambientales). El trabajo
en las áreas de elaboración colectiva anteriormente comentado puede servir de base para
los mismos.
2. Asambleas locales y sectoriales. Las asambleas viven los conflictos locales en primera
línea e inciden sobre su realidad local, por lo tanto han de ser actores fundamentales en la
implicación en los conflictos y la traslación de sus demandas al ámbito institucional y
social.
La redefinición del modelo organizativo tiene una repercusión directa sobre la prioridad de
intervención en los conflictos al generar una organización menos interiorizada y más
volcada en el conflicto y en su realidad territorial o sectorial.
Debemos recuperar la tarea de construir instituciones sociales que tengan y practiquen en
su seno los principios y valores que queremos que sean dominantes, en vez de ofrecer la
espera a una victoria electoral que se antoja lejana. La enormidad del reto de transformar
la sociedad y la pequeñez de quienes nos lo planteamos acaba convirtiéndose en
melancolía. Es necesario tocar con las manos ese mundo que deseamos y, en parte, es
posible.
De hecho, parte de nuestros problemas para hacernos entender tienen que ver con esa
ausencia de referencias en la vida concreta que permitan atisbar una sociedad nueva. La
hegemonía cultural del neoliberalismo es rotunda no solamente por una victoria ideológica,
sino porque esta se apoya en una práctica concreta, cotidiana y evidente del individualismo
o el consumismo. No se concibe otra vida al margen de eso. Por el contrario, hay valores
morales de la izquierda, como la secularización de la sociedad o la tolerancia hacia la
diversidad sexual o racial, que sí avanzan, aunque sea de forma lenta y con reacciones
adversas, apoyados en la práctica social cotidiana.
No se trata, en resumen, de entender la presencia en el conflicto como mera labor de
agitación y de respaldo de causas justas, sino como construcción de poder popular, de
nuevos vínculos humanos, de relaciones sociales menos mercantilizadas y más solidarias.
Es en estos conflictos desde donde emerge la conciencia de clase, y con ella el poder
popular.
Hace falta, por tanto, cambiar nuestra forma de organizarnos y de comunicar, para hacer saltar los
consensos básicos del neoliberalismo, socavar su legitimidad, mostrar que sus instituciones no
funcionan y presentar a la sociedad nuevas alternativas. Partimos de cuatro premisas:
 Daremos un carácter central y estratégico al refuerzo y puesta en marcha de experiencias
alternativas de consumo, producción, creación cultural, etc.
 Reorganizaremos nuestras estructuras para orientarlas a la construcción de ese tejido
social y dotarlas de perspectiva estratégica.
 Insertaremos cada acción política dentro de una estrategia para reforzar un movimiento
más amplio, orientado a abrir un escenario de cambio real. Es decir, resaltar el valor
instrumental del plano electoral e institucional y también evitar perder la mirada a largo
plazo cuando trabajamos en lo social.
Todo ello exige la toma de medidas concretas.
En lo organizativo, ya apuntado, volcaremos las estructuras de base hacia el activismo y la
creación de tejido social. No se trata de suplantar a los colectivos sociales, sino de complementar,
reforzar y colaborar en la coordinación de los distintos ámbitos.
Dirigiremos todo nuestro potencial militante hacia el conflicto. Giraremos la organización desde la
institución hacia las luchas concretas y la creación de redes y comunidad, y organizaremos
nuestro trabajo y prioridades políticas en función de eso. Somos miles de personas, con un
proyecto estratégico de nuevo país, que intervenimos de manera directa para mejorar las
condiciones materiales de vida de la mayoría trabajadora. Repensemos nuestra forma concreta de
organización:
 Para organizar bien a nuestra militancia, simpatizantes y comunidad necesitamos una base
de datos bien segmentada, que sea útil para el trabajo de las asambleas de base, las
redes de activistas y los foros de debate, como para organizar el activismo digital.
 Las asambleas territoriales deberán realizar un análisis de los conflictos en marcha en su
entorno y de las experiencias alternativas activas, valorando cuáles de ellas es necesario
reforzar o qué nuevos ámbitos de trabajo sería necesario abordar. No debemos centrarnos
tanto en aquellas luchas o problemas concretos que alcanzan una gran intensidad puntual,
sino más bien en generar o reforzar instituciones comunitarias sólidas que puedan
perdurar.
 En esta línea, las asambleas y las federaciones no pueden ser compartimentos estancos
que se ciñan a su territorio. Se debe fomentar el contacto y coordinación entre distintas
asambleas y federaciones, facilitando el trabajo cooperativo que multiplica su impacto y
sus resultados.
 Debemos apostar especialmente por aquellas experiencias que no se limiten a demandar
cambios a las instituciones sino que apuestan por la auto-organización para lograr el
disfrute efectivo de derechos: a la vivienda, a la alimentación, a la salud, a la educación,
etc.
 Actividades que estén orientadas a dotar de autonomía, conciencia y, sobre todo,
compromisos de acciones concretas. Para ello, la educación popular y la animación
sociocultural aportan numerosas herramientas que podemos utilizar. Y sobre todo, sirven
para saber a qué sectores sociales concretos debemos esforzarnos en dirigirnos con todos
nuestros esfuerzos. Tenemos que abrir las puertas de nuestros locales a la comunidad.
 Para ello, se articularán redes de activistas, ya sea para ámbitos generales de intervención
o bien para luchas o proyectos concretos. Se priorizarán la luchas feminista y ecologista y
las vinculadas al conflicto capital-trabajo.
 Organizar espacios de solidaridad: La militancia debe organizar espacios de solidaridad, de
mutuo refuerzo: espacios, iniciativas que respondan a las necesidades directas de las
clases explotadas.
 Apoyar los liderazgos populares: La militancia debe promover los liderazgos populares
comprometidos con los discursos y las propuestas de los espacios de diálogo y análisis
que vayan creando las explotadas y los explotados. Como mencionamos, de todos modos,
tenemos que reforzar la idea de la horizontalidad y los principios de "mandar obedeciendo"
y de renovación.
 Se introducirán mecanismos para la organización del trabajo, que permitan crear equipos
multidisciplinares en cada área. Cualquier organización humana debe estudiar los métodos
y procesos para mejorar su eficacia.
 Combinar las formas clásicas de participación para nuestra militancia que sufre de la
brecha digital, con la dinamización de la comunidad digital y comunicacional.
Por su parte, la comunicación ha de tener un papel central en nuestro modelo organizativo.
Hacemos política para interactuar con la gente y, por tanto, la actividad de consumo interno debe
reducirse al mínimo imprescindible. Pero, además, no podemos concebir la comunicación como el
momento final del proceso político, como una mera venta de un producto ya terminado, sino que
debe formar parte del proceso de toma de decisiones políticas. Una posición política cargada de
razón puede resultar absolutamente inútil si no se planifica cómo transmitirla, en primer lugar, al
conjunto de la organización, y despuésés a la sociedad.
Esta cultura de la comunicación exige poner en un lugar central la planificación estratégica del
discurso. La política de una organización no puede ser una suma de decisiones aisladas que
simplemente se enuncian, sino que deben percibirse como un conjunto coherente de ideas y
acciones que buscan generar un resultado y que tienen continuidad. Hemos de concebir la política
como un proceso.
Algunas de las tareas a desarrollar serían:

La formación en comunicación, proyectando una imagen plural, feminizada y renovada.
Pero no sólo comunicaremos lo que hacemos en IU sino también lo que hacen los
activistas fuera de IU.

La elaboración constante de argumentarios y resúmenes sencillos sobre las cuestiones
clave para compartirlos con el conjunto de la organización y la mejora de los sistema de
comunicación interna, para que esta sea estable y ágil, permitiendo una comunicación más
fluida entre las distintas estructuras. Al mismo tiempo dotaremos de herramientas y
formación a nuestras asambleas de base y activistas para que comuniquen a la sociedad
sin intermediarios.

La planificación estratégica de campañas de movilización y la implementación de
herramientas colaborativas para la organización de activistas y para el desarrollo de tareas
de elaboración teórica.

La vinculación entre análisis sociológico y comunicación política;

Utilizar un lenguaje para la mayoría. Debemos ser capaces de adecuar a la realidad
española del siglo XXI nuestras ideas, nuestras palabras, los conceptos con las que la
izquierda ha explicado su mensaje y se ha dirigido a la clase trabajadora. Una estrategia
discursiva propia, que conecte y traduzca políticamente la frustración e indignación, al
servicio de la conquista de la hegemonía cultural.
IU, sí; con más fuerza
Tesis 6:¿Cómo situar a la organización en el conflicto social?
Las Asambleas y la militancia deben saber ser parte natural en el conflicto.
La crisis económica del sistema capitalista incrementa los conflictos sociales. El capitalismo, en su
fase neoliberal, ha provocado que las contradicciones se expliciten, y la lucha de clases, en todos
sus aspectos, sea más aguda. Cómo decía Marx, las crisis mundiales han sido siempre “la
concentración real y el ajuste forzoso de todas las contradicciones de la economía burguesa”.
Descifrar estas contradicciones debería evidenciar los problemas económicos que nos aquejan y
los conflictos sociales que provocan.
Esta debe ser la tarea de una fuerza de izquierda: analizar las contradicciones del sistema
capitalista en su fase actual, para superarlo. Discernir la contradicción entre realidad y apariencia,
porque si interpretamos erróneamente la realidad, nos conduciremos necesariamente a políticas
erróneas.
Conflicto social y estructura social están íntimamente relacionados. Por ello, lo primero es analizar
la estructura social de la segunda década del siglo XXI en nuestro país.
1.- Las Asambleas de IU en sus respectivos ámbitos deberán conocer y analizar las
contradicciones que existen en su entorno, elaborando un catálogo de conflictos, cómo agudizar
las contradicciones y la estrategia para superarlas.
2.- Los militantes de IU deben orientarse a trabajar en algún tipo de asociación o entidad de la
sociedad civil, plataforma, movimiento, marea, etc.
3.- Las áreas de elaboración colectiva funcionarán con criterios de apertura a la ciudadanía,
elaborando alternativas y planteando movilizaciones.
4.- El conflicto capital-trabajo en las condiciones actuales nos hará reflexionar y apostar por un
sindicalismo de clase adaptado a la nueva realidad social, las nuevas condiciones de la clase
obrera, precariedad, dispersión, inseguridad y paro. Debemos examinar de forma concreta si
podemos llegar, por nuestra presencia en el tejido social, a lugares donde los sindicatos,
centrados en la empresa, no llegan. El conflicto social no sólo debe circunscribirse al mercado
laboral y al lugar de trabajo, sino ampliarlo al lugar donde se reproduce la fuerza de trabajo y a sus
actividades de consumo: vivienda, educación, salud, servicios públicos, movilidad, espacios
públicos y bienes comunes, consumo responsable, etc.
En coherencia con estos planteamientos debemos seguir manteniendo canales fluidos de relación
con las organizaciones de los movimientos sociales y con los sindicatos. Las reuniones con
CC:OO, UGT, CGT, Intersindical o USO han sido frecuentes. Conviene resaltar que votan más
trabajadores y trabajadoras en las elecciones sindicales a los sindicatos con los que mantenemos
buenas relaciones que electores sumados tienen todos los partidos progresistas y de izquierdas
juntos. Esas buenas relaciones, especialmente con CC.OO. no han impedido que IU mantuviera
una posición claramente diferenciada en la reforma de las pensiones.
5.- Estar representados en las instituciones debe servirnos para ser en ellas la voz de la calle.
Debemos actuar como caja de resonancia de los problemas y conflictos de los movimientos
sociales. Además de socializar la problemática, para amplificar la comprensión del problema por el
resto de la ciudadanía; rompiendo el cerco que siempre busca el aislamiento del problema y del
sector afectado. La solidaridad empieza por el conocimiento de la dificultad del otro.
6.- Para facilitar el contacto con la realidad y el conflicto, de los militantes y dirigentes, en
ningún órgano de IU debe haber más de un 50% de liberados por cargo público u orgánico.
Revolución Democrática para una Izquierda Unida
ganadora
Tesis 6:¿Cómo situar a la organización en el conflicto social?
En el centro. Renovada. Hablando el mismo idioma y manejando el mismo código simbólico que la
mayoría social: pedagogía y diálogo, frente a proclamas y lemas difíciles de digerir; construcción
horizontal, abierta y colectiva, frente a la predicación ideológica del dogma y la verdad. Huir de la
fe, para asentar la confianza.
IU debe ser una organización política coherente, democrática en sus formas e ideologizada en su
contenido, dispuesta a ofrecer un modelo alternativo de sociedad, defendiendo valores para la
transformación social y convencida de que es necesaria la reestructuración de la izquierda para
conseguir tales objetivos. Son sus señas de identidad, que no tienen por qué ser absolutas ni
absolutistas, pero sí una parte más a tener en cuenta en un momento en el que las formas de
movilización y los contextos de la misma han cambiado. Con humildad, pero con claridad en las
posiciones que IU defienda, debe prevalecer su autonomía y su voluntad de colaboración.
La convergencia, el pluralismo, la búsqueda de consensos y el diálogo, está en nuestro ADN
político, y únicamente la transversalidad, la coordinación y el compartir conocimientos hace que
nuestra propuesta como fuerza política de izquierda transformadora tenga la solvencia y el saber
hacer en este panorama tan convulso.
Es necesaria una renovación que permita la construcción de una Izquierda Unida más abierta,
más amable, radicalmente democrática, que se entienda a sí misma como una parte más de la
necesaria reconstrucción de la izquierda en España y en Europa, y que esa reconstrucción
trascienda lo conocido hasta ahora porque la realidad es otra y los actores políticos con los que
compartir la construcción de un movimiento social y político de respuesta al austericidio son otros.
La lectura adecuada y permanente de la realidad, la generación de condiciones de cambio y
transformación desde la calle y desde las instituciones, la experiencia, el compromiso militante y la
historia de lucha de IU, junto a las nuevas formas de intervención en la vida política de personas y
colectivos, deben formar parte de la implicación de IU y de sus gentes en la labor de
transformación de la realidad y la implicación en el conflicto social.
IU no necesita disfraces ni arreglos cosméticos de nombres o colores, IU sigue siendo una
herramienta útil para la transformación social, pero hay que adaptarla, hay que recuperar su
discurso de lucha y renovar su estructura. Hacer del discurso una herramienta pedagógica que
ayude a comprender la realidad y las posibilidades de cambiarla, con propuestas claras, solventes
y realizables. Y hacer de la estructura de IU un lugar amable, participativo, colaborativo y ágil junto
a otras organizaciones y personas, que desarrollen su aportación a la necesaria transformación
social.
La sociedad española ha apostado por una renovación en las instituciones, por una forma de
entender las organizaciones políticas de manera más transversal y transparente, y por exigirles
respuestas posibles a los problemas que sufre.
La crisis económica que arrastramos desde 2008 provocó la indignación y la respuesta ciudadana
ante una situación traumática que desmontaba las realidades y los sueños de generaciones
enteras. Manifestaciones, huelgas generales y el 15M, que durante el primer periodo de la crisis
demostraron que la movilización social, no sólo era posible y deseable, sino que contestaba de
forma rotunda al austericidio que se planteaba desde los gobiernos del PSOE y del PP, sufrió un
punto de inflexión a partir de las Elecciones Europeas de 2014 y la aparición de Podemos, como
nuevo sujeto político, en la apertura de un ciclo de cambio que aún sigue inconcluso.
Durante todo ese tiempo, IU estuvo en la calle, comprometida con las realidades dolientes que
estaban suponiendo la gestión de la crisis y el ataque frontal a los derechos y libertades
ciudadanos, junto a colectivos y asociaciones ciudadanos, movimientos sociales, sindicatos de
clase, colectivos específicos como la PAH, o promoviendo iniciativas como las Marchas por la
Dignidad, las Mareas… etc.
Pero la apertura de ese ciclo político y “el golpe en el tablero” junto a la llamada a “tomar el cielo
por asalto”, generó una expectación y una esperanza de cambio que frenó las movilizaciones y
desvió la protesta social hacia la confianza de que el final del ciclo electoral supondría la llegada
de un nuevo tiempo de cambio que acabaría con la crisis económica y sus consecuencias. Nada
más lejos de la realidad.
La expectación generada no se ha cumplido, las consecuencias de la crisis
económica continúan, se consolidan y profundizan, y la movilización social, sufre
estado de coma: es IU la que sabe, puede y debe resucitar la movilización
No es tiempo ahora de buscar a los culpables de la desmovilización social, pero sí de confirmar
que IU también se dejó deslumbrar por los acontecimientos a futuro del ciclo electoral y además
en un papel subalterno a Podemos, lo que la distanció de la calle como organización sin que por
ello la militancia dejara de seguir participando en las movilizaciones que en mayor o menor
medida y de forma sectorial, se han seguido manteniendo en el tiempo en diferentes lugares y
ámbitos a lo largo y ancho de nuestro país.
Es la militancia y su valor de compromiso permanente con la realidad de injusticia que la rodea, la
que hace que IU siga teniendo sentido y valor en sí misma ante el reto de recuperar el tiempo
perdido y la movilización social como motor de cambio político. Y es la militancia, desde el debate
democrático y desde la confianza en el proyecto político de IU, la que deberá plantear y defender
los cambios necesarios para que IU recupere el espacio perdido y la dirección política que la sitúe
en el nuevo tiempo de la izquierda transformadora en España.
IU tiene futuro si interpreta de forma vanguardista su enorme trayectoria y bagaje. Desde el
convencimiento de que sin movilización social no habrá cambios políticos, IU debe trabajar para
volver a tener instrumentos de lucha política legitimados por la ciudadanía y compartidos con ella.
IU siempre fue el referente de la izquierda alternativa, la voz de la clase trabajadora y los derechos
sociales. Su discurso está más presente que nunca porque el conflicto social se mantiene y las
consecuencias de la crisis continúan.
Retomar la movilización social junto a otras organizaciones de todo tipo, y junto a la
espontaneidad de la gente ante la frustración generada porque el cambio prometido no se va a
producir, debe ser, junto al compromiso de la militancia y la labor institucional, un objetivo
prioritario en el nuevo tiempo de IU.
Es fundamental adaptar nuestra organización a los contextos, y para ello proponemos una
revolución de metodologías, de formas de relacionarnos con los ciudadanos, de mejorar nuestros
procesos internos de decisión y de ir a estructuras más horizontales y colegiadas, en donde el
debate y la discusión política vertebren nuestro trabajo. Sólo hablando con la gente de los
problemas que les afecta, y haciéndoles partícipes de las posibles soluciones, seremos capaces
de contribuir a la recuperación de la movilización social y la posibilidad de transformar la realidad
desde la política.
Somos referencia de lucha y compromiso y debemos serlo junto a otros y otras. El tiempo de
considerarnos hegemónicos de la movilización ha pasado. Ahora toca ir con otros, sumar para
multiplicar resultados y participar de otras iniciativas de movilización y compromiso social en clave
colaborativa. Aportando la experiencia y la visión propia de nuestra fuerza política, fomentando la
participación con perspectiva pedagógica y de invitación a normalizar las iniciativas de protesta y
movilización como elemento de consolidación democrática y respuesta política, y siempre desde
el respeto a la diferencia y la consideración de ésta como algo legítimo y enriquecedor.
La realidad social, política, económica y cultural de España necesita que se restablezca la
movilización social. Con independencia de los resultados electorales de las pasadas elecciones
generales o de la nueva cita electoral que pueda producirse, lo cierto es que las políticas de
austericidio, empobrecimiento y recorte masivo de derechos fundamentales, no pueden ser
vencidas sólo desde la espera a que nuevas fuerzas políticas o nuevas alianzas cambien el orden
de las cosas.
La Historia y la experiencia acumulada como fuerza política y de compromiso social nos dicen que
los cambios profundos, las transformaciones que perduran y la consolidación de formas de vida
dignas, deben ir acompañadas de una acción política que vincule la movilización con la propuesta
y ésta a su vez con presencia en las instituciones. Y todo ello junto a otros agentes sociales y
políticos sensibles y susceptibles de sumar su esfuerzo al cambio.
Para todo ello IU debe poner en marcha una política de alianzas y de colaboración con todos
aquellos sectores, organizaciones, colectivos y sindicatos que estén dispuestos a sumar esfuerzos
para recuperar el protagonismo de la gente en la calle a través de la movilización, haciendo un
llamamiento a la recuperación del espacio y el tiempo perdidos para volver a tensionar a los
millones de ciudadanos/as afectados por la crisis que en su día se indignaron, se movilizaron,
despertaron y ahora sienten frustración por no haberse mejorado la situación.
Debe ser IU junto a otros colectivos y organizaciones, la que recupere el mensaje de que la
movilización es imprescindible. Y desde la labor de su militancia, el compromiso de sus
cargos públicos y la definición de una hoja de ruta clara por parte de la dirección,
establecer un calendario de acciones, propuestas y campañas a desarrollar, siempre desde
la invitación a otros sectores a colaborar en su elaboración, diseño y desarrollo.