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Transcript
PAULINO PAREDES PEREZ,
UN COMPOSITOR QUE MERECE SER RESCATADO
ENSAYO BIOGRAFICO POR
DR. RAUL W. CAPISTRAN
H. MATAMOROS, TAM NOVIEMBRE DEL 2007
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PAULINO PAREDES PEREZ,
UN COMPOSITOR QUE MERECE SER RESCATADO
Hay compositores que pasan por esta vida dejando una profunda huella en aquello
y aquellos que lo rodearon. En algunos casos, todo parece conjugarse y aquel artista llega
a destacar y a convertirse en centro de atención para muchos. Su influencia, llega a ser
tan tremenda que no sólo afecta a sus contemporáneos, sino que su vida y obra se
convierten en faro luminoso que sirve de guía para futuras generaciones. Vienen a nuestra
mente los nombres de algunos de los grandes maestros mexicanos del siglo XX, tales
como José Pablo Moncayo, Eduardo Hernández Moncada, Blas Galindo, Silvestre
Revueltas y Carlos Chávez, entre otros. Hombres cuya presencia e influencia en el
mundo de la música de concierto sigue vigente. Artistas que gosaron de reconocimiento
público, y partieron de este mundo dejando sus nombres grabados en las páginas de
nuestra historia de la música.
Sin embargo, por diversas circunstancias, no sucede igual con otros hombres de
gran valía. Algunos de ellos, a pesar de su tremenda labor, son olvidados, hasta que otros,
descubriendo la grandeza de sus contribuciones, son llamados a rescatar su nombre del
olvido, a darlo a conocer, y a ganar para él y su obra, el lugar que les corresponde en la
historia.
Este es el caso de Paulino Paredes Pérez. Hasta hace relativamente poco, el
nombre de este compositor era desconocido para muchos, y su música, de exquisita
factura, permanecía en un baúl esperando ser rescatada del olvido. Sin embargo, gracias a
la labor de sus descendientes y de un grupo de amigos, entusiastas musicólogos, y
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directores de orquesta, muchos interesados en la música de concierto hemos llegado a
conocer la vida y a valorar la obra de este prolífico compositor.
Paulino Paredes Pérez nació en Santiago de Tuxpan, Michoacán, el 22 de Junio de
1913, en el seno de una devota familia católica. Fueron sus padres Don Refugio Paredes
Gama y Doña Petra Pérez. Siendo muy joven mostró gran interés por la música, interés
que bien pudo haber sido alimentado por la influencia de su padre, Don Refugio, hombre
sencillo, pero dotado de gran sensibilidad quien practicaba el arte de la música. También
pudo haber recibido la influencia de sus tíos, quienes tocaban en la banda del pueblo.
Siendo muy niño, formó parte del Coro de Cantores que había en la parroquia, y tomó las
primeras lecciones de música de Vicente Ortíz, compositor y organista del pueblo.
A los 12 años, sufrió el primer embate del destino y quedo huérfano de padre.
Comenzó para él, una lucha constante por salir adelante, por superarse, por abrirse paso
en la vida y forjarse un nombre y un futuro.
Al igual que su gran maestro y amigo, el compositor Miguel Bernal Jiménez,
Paulino y su familia vivieron la trágica guerra Cristera y se horrorizaron al ver atacada su
fe Cristiana y coartada su libertad religiosa. Esa gran fe en Dios, la Virgen María y en la
religión Católica habrían de transformarse, tiempo mas tarde, en composiciones para uso
litúrgico y/o religioso de diversa envergadura.
En 1929, el Párroco de Santiago de Tuxpan, Don Margarito Bautista, lo apoyó
económicamente para estudiar en la Escuela Superior de Música Sagrada de la señorial
Ciudad de Morelia, en donde tuvo como maestros al señor Canónigo Don José Ma.
Villaseñor y a los profesores José Cedillo, Salvador Carvajal, Ignacio Mier, Felipe
Aguilera Ruiz y Miguel Bernal Jiménez.
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A finales de los años treinta, la situación social, política y religiosa que imperaba
en el centro del país, era sumamente inestable. El conflicto entre el estado y la iglesia
había crecido dramáticamente a raíz de los decomisos, y confiscaciones de bienes, y de
los desalojos y clausuras de templos que el gobierno mexicano había realizado.
Sin embargo, al volver la estabilidad, el rico ambiente musical sacro en Morelia y
específicamente, en la Escuela Superior de Música Sagrada se restableció también. Don
José María Villaseñor, alto prelado de la iglesia Católica en Michocán, era un alma
diletante, un gran amante de la música y un visionario. Villaseñor percibía como, poco a
poco, el oficio de maestro de capilla y músico de iglesia desmerecía al punto de estar en
peligro de extinguirse. Era el sueño de este líder eclesiástico, crear una escuela de música
sacra “lo más perfecta posible.” Para Villaseñor, cada alumno de la Escuela Superior de
Música Sacra, representaba al futuro maestro de capilla, quién cumpliría con abnegación,
devoción y profesionalismo, las funciones propias de su oficio, contribuyendo a la
edificación de las almas y a la propagación de la fe.
Don Paulino también recibió la influencia y protección de este mecenas quien,
como Lorena Díaz Núñez expresó, “fundó una auténtica familia musical, protegió a sus
miembros, les permitió compartir diversas actividades musicales sacras y laicas, y les
brindo un invaluable apoyo moral.”
Gracias a su disciplina, responsabilidad y tesón, Don Paulino Paredes destacó
como alumno de la Escuela Superior de Música Sagrada, llegando a obtener la distinción
de ser becado para continuar sus estudios en Europa. Paulino deseaba dirigirse a París,
Francia, donde esperaba perfeccionar su arte y aprender y asimilar el estilo
composicional Francés de la época. Sin embargo, el destino se ensañó una vez mas con
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Don Paulino y truncó el gran sueño de su vida. En 1939 estalló la Segunda Guerra
Mundial, y Europa se convirtió en un lugar peligroso donde era imposible viajar para
continuar estudiando.
Decepcionado, regresó a la Escuela Superior de Música Sagrada en Morelia, y
continuó sus estudios con renovada energía y entusiasmo. En 1940 recibió su título en
composición sagrada, y cinco años después obtuvo el magisterio en canto gregoriano.
Gracias a su profesionalismo, seriedad y responsabilidad, Don Paulino fue nombrado
catedrático de la Escuela Superior de Música Sagrada, y años después, se convirtió en
director de la Escuela Popular de Bellas Artes de la Universidad Michoacana.
Sin embargo, Don Paulino no estaba satisfecho con esto. Su intensa vocación de
educador, lo motivó a formar parte del equipo encabezado por su gran maestro y amigo
Miguel Bernal Jiménez, y junto con un grupo de entusiastas profesores, fundaron en
1945, el Conservatorio de las Rosas.
En 1948, el arzobispo Guillermo Tritschler y Córdoba instó a los presbíteros
Pablo Cervantes y Antonio de P. Ríos, para que comisionaran a Don Paulino para fundar
la Escuela Diocesana de Música de Monterrey. Don Paulino aceptó el reto y se trasladó a
esta ciudad para entregarse en cuerpo y alma, a la formación de los futuros profesionales
de la música sacra del norte del país.
En Monterrey, Nuevo León, la vida profesional de Don Paulino se vuelve más
intensa aun. Para él, la Sultana del Norte era tierra fértil en donde, con esfuerzo y
dedicación, se podían realizar grandes empresas. Así, al poco tiempo de llegar a su tierra
adoptiva, funda el Coro La Silla, difunde la música sacra a través de la radio, se
desempeña como maestro en la Universidad Labastida, y el Instituto Motolinia, y toma
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posición como catedrático de la Escuela de Música de la Universidad Autónoma de
Nuevo León.
Muy pronto, Don Paulino demuestra al público culto regiomontano que él es
incanzable, y continua fundando coros entre los cuales destacó el Coro de la Sociedad
Cuauhtémoc y Famosa, el Coro de la Comisión Nacional Bancaria, y el Coro Labastida.
En 1956 el Lic. Raúl Rangel Frías lo nombró director de la Escuela de Música de
la Universidad Autónoma de Nuevo León, institución a la que se entregó en cuerpo y
alma hasta su muerte.
La vida personal de Don Paulino fue también muy intensa. Él, fue un hombre
bueno, leal, solidario y generoso y, aparte de amar a su esposa y cuidar y educar con
esmero a sus hijos, hospedó en su casa a varios de sus alumnos, para terminar de
formarlos y después colocarlos en distintas instituciones educativas y religiosas de
Monterrey para que se ganaran la vida. José Hernández Gama, Silvino Jaramillo, Wario,
y Primo Cuauhtli, son algunos de los discípulos a quienes Don Paulino Paredes acogió
como mentor paciente y generoso, y como amigo sincero y leal.
Los profesionales de la música que recibieron la asesoría de Don Paulino, son hoy
en día, distinguidos maestros, compositores y críticos. Ellos no pudieron substraerse a la
tremenda y positiva influencia del gran hombre, y son ahora caballeros en toda la
extensión de la palabra, profesionistas quienes se han ganado una reputación como
hombres responsables, y al igual que su maestro, han desarrollado un prestigio de
personas buenas y serias.
La obra de Don Paulino es abundante, e incluye canciones, piezas para piano,
sinfonías, impresiones sinfónicas, ensayos sinfónicos, suites orquestales, un concierto
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para violín, otro para piano, música para ballets, un cuarteto de cuerdas, música para
teatro infantil y para pantomima, así como una abundante cantidad de obras sacras.
Su música revela a un compositor en toda la extensión de la palabra. Las obras de
pequeñas dimensiones, poseen estructuras formales perfectamente equilibradas, temas
que revelan creatividad, imaginación y originalidad. Su estilo es flexible y parece
ajustarse a distintos propósitos. Por un lado, canciones como Al Pie del Tajo, revelan
rasgos profundamente nacionalistas. El oyente no puede menos que transportarse a un
ambiente pintorescamente provinciano y evocar a compositores tales como Tata Nacho y
Mario Talavera. El lenguaje armónico es tonal y sencillo y la línea vocal es
predominantemente diatónica. Por otro lado, las canciones Inclinada en las Tardes y
Hoy, muestran un estilo de composición mas elaborado, el estilo de la canción de
concierto. En ellas se presenta un lenguaje armónico más complejo y cromático y una
línea vocal lírica caracterizada por un rango más extenso, e intervalos melódicos de cierta
dificultad para el intérprete.
Pocas son las obras para piano que dejó Don Paulino. Entre ellas destaca su
Album de Piezas, el cual contiene cinco obras cortas tituladas Se quedo sin dulce, !Eres
una niña loca!... , Duérmete mi niña, Mazurca, y Momento Romántico. Estas piezas
revelan a un compositor maduro que conscientemente se aleja de las técnicas de
composición tradicionales, para explorar lenguajes menos ortodoxos. En, Se quedó sin
dulce, por ejemplo, el compositor parece explorar las posibilidades de la armonía por
cuartas y quintas. Aun cuando existe un centro tonal, prevalece un manejo armónico en el
que predominan progresiones de acordes aumentados, disminuidos, y alterados lo que
minimizan la fuerza de atracción de ese centro tonal. Así, Paredes crea un ambiente de
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inestabilidad que bien expresa el sentimiento de tristeza y desilusión que solo un niño
puede experimentar al quedarse sin dulce.
Al igual que en Kinderscenen de Robert Schumann, no se trata de piezas
didácticas para niños, como podría pensarse por los títulos que ostentan, sino que son
obras bien logradas, que exhiben dificultades técnicas correspondientes a un tercer o
cuarto año de conservatorio.
Las obras orquestales de gran envergadura, revelan a un compositor maduro, que
conoce con profundidad su oficio y disfruta de escribir para ensambles instrumentales
grandes. Sus sinfonías, impresiones sinfónicas, suites orquestales, y ballets, exhiben al
artista, que sabe manejar con sabiduría, inteligencia y perspicacia las diversas
combinaciones instrumentales y tímbricas de la orquesta.
Entre estas obras destacan por su belleza, madurez, y perfección la impresión
sinfónica Cañón Huasteca, la suite para ballet Espalda Mojada, la Sinfonía Benjamina, y
la Sinfonía Provinciana, entre otras.
Sus obras pueden ser sobrias, obscuras, austeras, o bien, brillantes y exuberantes.
Cañón Huasteca, impresión sinfónica compuesto en 1956, refleja en una misma obra esa
variedad de colores, timbres y emociones. Paulino Paredes se inspira en una de las
bellezas naturales de su tierra adoptiva, el “Cañón de la Huasteca,” localizado en las
afueras de Monterrey, Nuevo León.
La grandeza y majestuosidad de esa maravilla natural de Nuevo León, son
plasmadas a través de un tema de carácter sereno y majestuoso, presentado primero por
los metales y luego por los alientos. El tema es sabiamente transformado, y de ser sereno,
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se convierte en grandioso, transportando al oyente en el tiempo y el espacio, a la
inmensidad del “Cañón de la Huasteca.”
La estructura formal es sabiamente balanceada, proporcionando a la obra una
unidad perfecta. La transición entre los temas se realiza de manera sutil y bien lograda, y
del primer tema, el compositor pasa a un tema juguetón, de carácter nacionalista,
presentado por la flauta. Los temas son ingeniosamente desarrollados y combinados con
nuevas ideas y nuevas combinaciones de instrumentos y la obra llega hasta su climax,
para terminar en un final grandioso.
La influencia de grandes compositores de mediados de Siglo XX, tales como
Silvestre Revueltas, Aaron Copland, Bernal Jiménez, Rodolfo Hallfter, entre otros, se
deja percibir en la obra de Paulino Paredes. Sin embargo, la independencia e
individualidad del compositor domina en todo momento. El oyente puede percibir la
influencia, pero en ningún momento siente que esta escuchando una imitación, sino la
creación personal, autentica y sincera del compositor.
Tristemente, Cañón Huasteca fue estrenada hasta 1997, mas de cuarenta años
después de haber fallecido el compositor.
Obras instrumentales como la suite Danzas Campestres (1039), la Danza del Loco
(1941), el ballet Las Horas (1942), y Bodas Alegres (1941), incluyen al piano en su
partitura. En ellas, Don Paulino explota las posibilidades tímbricas y percusivas del piano
para enriquecer aun más, la ya de por sí exuberante paleta orquestal.
En el ballet Las Horas, por ejemplo, logra producir colores cristalinos que evocan
el tic-tac de un reloj, creando un ambiente mágico y misterioso, mientras que en la Danza
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del Loco, la cualidad percusiva del instrumento coadyuva grandemente para crear un
ambiente de excitación y desenfreno casi primitiva y salvaje.
Muñecos de Barro (1940), es probablemente la obra en la que el compositor
mejor explota las posibilidades del piano. La obra esta dividida en tres movimientos:
Allegro, Largo y Vivace. En cada movimiento el compositor hace gala de su creatividad e
imaginación. Lo mas impactante de esta obra, es la manera como los colores y timbres
instrumentales se suceden uno al otro, de la misma manera que un rayo de luz se
diversifica al pasar por un prisma. Aun cuando el piano desempeña un papel muy
importante, no domina, sino que se funde en la paleta orquestal creando un paisaje
musical multicolor.
De las obras que llevan piano, destaca por su belleza y originalidad la suite
Danzas Campestres, la cual se caracteriza por la brevedad de cada una de las danzas, su
austeridad de recursos armónicos, su perfecta estructura formal, el balance equilibrado, y
la belleza y variedad de sus temas. Las características de esta suite hacen de ella una obra
ideal para ser interpretada por cualquier orquesta de cámara, desde las orquestas de
cámara de nuestros conservatorios, hasta las orquestas de cámara profesionales. Mas aun,
el autor creó dos versiones una para cuerdas, flauta, clarinete, corno en fa y piano y otra
con una orquestación más exuberante, que incluye oboes fagotes, trompetas, trombones y
timbales.
Don Paulino era un compositor que no temía al reto de proveer de unidad a las
obras en varios movimiento. Cuando algunos de nuestros compositores se limitaron a
componer sinfonías en un solo movimiento, para evitar ese reto, Don Paulino crea
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sinfonías en cuatro movimientos, de gran complejidad melódica, rítmica e instrumental y
tremenda unidad formal.
Este es el caso de la Sinfonía Provinciana (1945), la cual consta de cuatro
movimientos: Allegro, Andante Poco Sostenuto, Scherzo (Fandangillo) y Molto
Moderato - Allegro Mosso. Para la realización de esta obra de eminente carácter
nacionalista, Don Paulino se inspira en las fiestas patrióticas del pueblo, con sus desfiles
escolares, y el jolgorio de su plaza principal con sus puestos de comidas, sus juegos
mecánicos y sus juegos pirotécnicos.
Sinfonía Provinciana es una obra de grandes dimensiones, e instrumentada para
gran orquesta. El primer movimiento esta en forma sonata, e inicia con un tema enérgico
de carácter marcial que recuerda al Himno Nacional Mexicano. El segundo tema es de
carácter más lírico, y contrasta con el primero por su naturaleza más cantabile. La
constante reiteración, manipulación y transformación de los temas enfatiza el carácter
patriótico de la obra.
El segundo movimiento esta caracterizado por un tema melódico de largo aliento
interpretado por el oboe. El oyente no puede menos que transportarse a la tranquilidad de
los pueblos de Michoacán, con sus huertas, sus jardines y sus iglesias y edificios
coloniales. Paulino Paredes hace gala de su conocimiento de la orquestación, y se explaya
creando un paisaje lleno de variados timbres y colores instrumentales, en el que las ideas
melódicas de largo aliento pasan de un instrumento a otro, en una larga sucesión de
placida música que embelesa al oído.
El tercer movimiento es un fandanguillo. Nuevamente, el maestro Paredes hace
gala de su imaginación y creatividad. La rica paleta orquestal, que incluye una variedad
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de instrumentos de percusión (xilófono, sonaja, tamborcillo, platillo, etc) y dos arpas, es
explorada exhaustivamente. Todos los instrumentos participan en uno u otro momento,
como desfilando ante los oídos maravillados del oyente. El tema principal, presentado por
los clarinetes, es de carácter festivo e intensamente nacionalista, y transmite el bullicio y
la alegría de las fiestas pueblerinas. Las notas repetidas en figuras de corchea, primero en
los violines y después en diversos instrumentos, parecen evocar el animado ir y venir de
la gente por la plaza, y las calles del pueblo. La estructura formal es ABA, donde B es
representado por un trío que prepara para la recapitulación de la sección A con su
carácter animado e intenso.
La Sinfonía Provinciana culmina con un cuarto movimiento, en el que se reitera
el tema patriótico del primer movimiento, en el estilo de una gran apoteosis final. En
todos los movimientos el compositor hace uso del contrapunto libre, lo que le permite
combinar dos o más ideas musicales, reiterarlas, fragmentarlas, expandirlas, presentarlas
en diversos instrumentos, para finalmente, crear una obra que es a la vez, emocionante,
expresiva e intensa y que posee gran unidad.
La inquietud y energía que Don Paulino poseía, lo hacen buscar la proyección y
difusión de esta obra más allá de los humildes limites de su tierra adoptiva y así, en 1947,
envía su Sinfonía Provinciana al concurso Reichold en Detroit, Michigan en donde la
obra llegó a ser premiada por el Reichold Music Award Committe. Para satisfacción del
compositor, la Sinfonía fue estrenada en México, un 9 de Octubre de 1953, en el Palacio
Nacional de Bellas Artes, fungiendo como director huésped de la Orquesta Sinfónica
Nacional, el maestro Guillermo Espinosa.
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En el ámbito de la música sacra, su intensa devoción a Dios y la Virgen María, se
vuelca en una abundante producción de obras que incluye misas, réquiems, música para
el oficio divino, aves marías, motetes, villancicos, música sacra para órgano, y otras obras
de diversa envergadura entre las que destacan Las Siete Palabras (para órgano y coro), la
Cantata Mariana (1954), para órgano y coro, dedicada a la Virgen María, y un “ Stabat
Mater (1942) para orquesta y coro.
Su música sacra revela dos facetas. Por un lado, tenemos al creador de música
funcional, al compositor quien sabe que muchos organistas carecen de la técnica
suficiente para interpretar pasajes difíciles y escribe partes para órgano que son simples y
fáciles de leer, así como líneas melódicas diatónicas, sencillas y fáciles de cantar por un
coro de feligreses.
Por otro lado, tenemos al creador de la Cantata Mariana, al compositor que tiene
que dar rienda suelta a su talento e imaginación, y utiliza un lenguaje mas elaborado para
así poder expresar musicalmente su fe en Dios, en Cristo, y en la Virgen María. La
Cantata Mariana, posee todo el carácter, profundidad, y solemnidad inherente a la
música sacra. La influencia de Lorenzo Perossi, gran compositor de música sacra, se
percibe en la obra. Sin embargo, también se percibe la autenticidad y sinceridad de un
compositor que conoce su oficio y que desea manifestar su fe a través de la música.
El lenguaje modal predomina y el estilo polifónico, aunque utilizado con
economía, es empleado con sabiduría en la parte climática de la obra, dando a la
composición un carácter grandioso en los momentos de mayor tensión. El rango y
posibilidades de las voces son explorados con maestría por el compositor. La alternancia
entre recitativos, arias, y coros es sabiamente balanceada creando una obra que posee
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variedad y mantiene el interés del oyente. La parte del órgano va más allá de un mero
acompañamiento, y requiere de un organista experimentado para su interpretación. La
escritura demuestra el conocimiento que el compositor tenía de este instrumento y de su
función dentro de la música sacra. Los preludios e interludios exhiben diversos grados de
dificultad y forman parte integral de la obra, preparando al oyente para la parte medular,
y dando como resultado una obra que posee gran unidad.
Sería demasiado prolijo dar una descripción de cada una de las obras de este
compositor. Sin embargo, las obras aquí descritas, son una pequeña muestra, de una
totalidad que refleja a un artista comprometido al ciento por ciento con su arte. El legado
musical de Paulino Paredes Pérez revela a un compositor formado, que no dudó en
plasmar en el papel pautado lo que su imaginación, creatividad e inspiración le dictaban.
El era un compositor nato, que sentía el llamado y la responsabilidad de crear, que
componía por necesidad espiritual, intelectual, y psicológica. Don Paulino fue además,
un hombre integro, y un educador con una verdadera vocación de servicio.
El destino quiso arrebatarle la existencia, justo cuando empezaba a cosechar
triunfos y su obra comenzaba conocerse mas de allá de nuestras fronteras. Un cáncer de
páncreas le arrebató la vida en 1957. Tenía solo 43 años. En medio de dolores terribles,
murió abrazado a un crucifijo y lamentándose por no poder continuar su obra. Paulino
Paredes sabía que en él, se encontraba la chispa divina de la creatividad, y que poseía la
disciplina y la dedicación necesarias para continuar materializando sus ideas.
Desgraciadamente, después de su deceso su nombre y su obra quedaron en el olvido para
muchos.
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Al igual que, Bernal Jiménez, Don Paulino resistió la tentación de emigrar a la
Ciudad de México y prefirió la provincia. Quizá, si él hubiera decidido residir en la
capital, la vida y obra de Don Paulino ocuparían el lugar que se merecen en la historia de
nuestra música. Pero no, Don Paulino prefirió privarse de un ambiente cultural y artístico
más rico, y se dirigió a provincia, demostrando una vez más ser un hombre humano y
generoso que no temía el trabajo duro, y que más bien, despreciaba la comodidad para
enfrascarse en la ardua labor de sembrar la semilla de la música culta en tierra poco
labrada.
Desgraciadamente, la tremenda centralización de las instituciones educativas y
culturales de nuestro país a mediados del siglo XX, ocasionaba que muchos de los artistas
y compositores de provincia quedaran marginados y carecieran de la proyección, que solo
las instituciones capitalinas podían proveer a sus artistas. Así, Don Paulino fue una
víctima mas de esa centralización.
Uno puede especular y hacerse preguntas tales como, Que habría pasado si Don
Paulino hubiera estudiado en Europa, si no hubiera decido residir en provincia, o si él no
hubiera muerto tan joven. Sin embargo, lo cierto es que la vida y obra de Don Paulino
Paredes Pérez merece ser rescatada del olvido y debe ganarse para él, el lugar que le
corresponde en la historia de nuestra música.
Destacan en la gran empresa de darlo a conocer, el maestro Felix Carrasco,
director de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Autónoma de Nuevo León, el
Maestro Guillermo Villarreal, director de la Orquesta Juvenil de Nuevo León, el Maestro
Silvino Jaramillo y el maestro José Hernández Gama, discípulos del maestro Paredes y
reconocidos profesores, así como la familia Paredes Chávez. Todos ellos han emprendido
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acciones contundentes para rescatar y difundir la obra de Don Paulino, y poco a poco han
logrado para este compositor el reconocimiento que se merece.
Falta aun mucho por hacer. Ojalá que muy pronto, nuestras revistas especializadas
en música culta publiquen artículos sobre su vida y su obra, que su nombre aparezca en
las biografías de grandes compositores mexicanos y que su música sea tocada por mas
orquestas del país y del extranjero. Ojalá también, que Don Paulino pudiera ver todo esto
desde donde se encuentre ahora.
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