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Consenso Latinoamericano de Hipertensión Arterial Prólogo When the 1999 World Health Organization-International Society of Hypertension Guidelines for the Management of Hypertension were prepared, it was expected and indeed hoped that they may represent a frame around which more specific recommendations be formulated for different regions of the world, according to their specific realities and needs. It was therefore with the greatest pleasure that in September 2000 I accepted the kind invitation of the Consejo de Hipertensión Arterial de la Sociedad Argentina de Cardiología to participate in the final discussion of this consensus document for Latin America, and it is with equal pleasure that I introduce now the published document resulting from that discussion. Because of the authority of those who have prepared it, their wide representation of the various Latin American countries, their experience of diversified social and medical realities within the Latin American region, this document will represent a very useful instrument for doctors who have to take care of what is a problem of increasing importance in Latin America, prevention of cardiovascular disease and cardiovascular death. The authors of this consensus document have been wise to develop it within the frame of previous guidelines by the US Joint National Committee and by the world Health Organization-International Society of Hypertension, and have taken further advantage of the information provided by a number of important investigators and trials published en the 2-4 years from the publication of those previous guidelines. There is a further aspect of this Consensus Document that I particularly appreciate and that I would like to underline, that is the awareness that guidelines must be flexible, and must leave a large space of freedom to the decisions of individual doctors, the understanding that guidelines deal with a disease while doctors have to take care of individual patients. I am sure that this document, by combining the best available scientific information with medical wisdom will be of greatest help to hypertension management in Latin America. Alberto Zanchetti Presentación, objetivos, participantes La hipertensión arterial, sus complicaciones, y las enfermedades relacionadas, representan un problema de salud pública de primera magnitud, que está lejos de estar bajo control, aún en países desarrollados. En Latinoamérica, una región que comparte muchos aspectos histórico-culturales y socioeconómicos, como también una problemática sanitaria, la situación es aún más seria, y dentro de la búsqueda de soluciones se deben tener en cuenta condiciones regionales tanto epidemiológicas como de recursos que influyen de manera trascendente sobre las acciones médicas. En este sentido la aplicabilidad de las recomendaciones internacionales para el manejo de estas enfermedades requiere una adaptación a nuestra realidad. En varios países de Latinoamérica se han desarrollado normas, recomendaciones, o guías para auxiliar al médico en el manejo de los pacientes hipertensos. Confiamos en que esta iniciativa común Latinoamericana para el desarrollo de guías representará un significativo avance para impulsar cambios que refuercen las acciones locales en pos de una mayor detección, tratamiento y control de la enfermedad hipertensiva y de sus consecuencias. La Sociedad Argentina de Cardiología, a través de su Consejo de Hipertensión Arterial, con los auspicios de Sociedades Internacionales y Nacionales, convocó a esta reunión de Consenso, llevada a cabo el 15 y 16 de septiembre de 2000 en la Ciudad de Buenos Aires, con calificados miembros, referentes en las especialidades médicas que se ocupan del manejo de la enfermedad hipertensiva en los países Latinoamericanos. Participaron representantes de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Se establecieron cuatro objetivos principales: Elaborar recomendaciones para el manejo clínico del paciente hipertenso aplicables en cada región, tomando como base normas ya publicadas como el JNC VI (1), y las guías de la WHO-ISH (2). Discutir las características regionales tanto epidemiológicas como de recursos, que particularizan el propósito y el alcance de estas recomendaciones. Promover la difusión de las mismas, a través de su publicación en Español, Portugués e Inglés. 1 Programar líneas de acción futuras que sirvan para implementar la utilización de las recomendaciones (Estudios epidemiológicos o de registro; de intervención, planes de educación médica y difusión a la comunidad; e interacción con organizaciones sanitarias y prestadoras de salud). Sociedades Internacionales Auspiciantes International Society of Hypertension. Interamerican Society of Cardiology, Latinoamerican Society of Hypertension. Sociedades Nacionales Auspiciantes Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial, Sociedad Peruana de Hipertensión, Sociedad Uruguaya de Cardiología, Sociedad Paraguaya de Hipertensión Arterial, Sociedad de Hipertensión Arterial de México, Sociedad Mexicana de Hipertensión Arterial, Liga Uruguaya de Lucha contra la Hipertensión, Sociedad Ecuatoriana de Hipertensión, Fundación Cardiológica Argentina. Participantes Presidente: Felipe Ramos, Comité de Redacción: Felipe Ramos, Mario Bendersky, Pablo Lotufo, Ariel Reyes, Alberto Villamil, Diego García García, Luis Alcocer, Hugo Baglivo, Jorge Oseguera, Ramiro Sánchez, Gloria Valdés. Invitados especiales: Alberto Zanchetti, Mario Maranhao. Mesa de Epidemiología: Coordinadores: Mario Bendersky, Pablo Lotufo; Secretario: José Alfie; Participantes: Ximena Berrios, Fernando Montenegro, Horacio Carbajal, Myriam Ayala, Angel González Caamaño, Carlos Ponte. Mesa de diagnóstico y estratificación de riesgo: Coordinadores: Diego García García, Luis Alcocer; Secretarios: Claudio Majul, Marcos Marín; Participantes: Felipe Ramos, Enrique Marcó, Osvaldo Kohlman. Mesa de prevención y medidas de tratamiento no farmacológicas: Coordinadores: Hugo Baglivo, Jorge Oseguera: Secretario: Laura Brandani: Participantes: Margarita Fernández, Julio Acosta Martínez, Guillermo Morales Stiglich. Mesa de tratamiento farmacológico: Coordinadores: Ariel Reyes, Alberto Villamil; Secretarios: Mónica Díaz, Gustavo Caruso; Participantes: Pablo Rodríguez, Aníbal Damonte de Elía, Agustín Ramírez. Mesa de poblaciones y situaciones especiales: Coordinadores: Gloria Valdés, Ramiro Sánchez; Secretarios: Carol Kotliar, Paula Weissman; Participantes: Beatriz Grunfeldt, Guillermo Fábregues, Lenín González, Julio Tolve. Correspondencia a Dr. Felipe Ramos, Fundapres, Arenales 1974, Piso 3 C1124AAD Buenos Aires, Argentina. E-mail [email protected], [email protected] La reunión de Consenso fue posible gracias a la contribución de: Servier, Bayer, Astra-Zeneca, Sanofi, Aventis, Boehringer Ingelheim, Novartis, Bagó, Merck Sharp Dohme, y Bristol-Myers Squibb. Introducción Las recomendaciones basadas en evidencias tienen como objetivo mejorar la calidad de la asistencia médica en la práctica clínica y los resultados del tratamiento. En el campo de la hipertensión han sido publicados varios documentos (1-3), con algunas discrepancias entre los mismos (4,5). Actualmente la población de hipertensos tratados no ha alcanzado un control adecuado de la presión arterial (1,6). Sin embargo, el estudio HOT (7) ha documentado que es posible cumplir con este objetivo en un alto porcentaje de pacientes. Las diferencias significativas entre los resultados de los ensayos y la práctica clínica pueden depender más de la conducta de los médicos que fallan al implementar medidas terapéuticas suficientes para corregir la hipertensión no controlada, que en la adherencia de los pacientes al tratamiento (8). Una falsa percepción de los médicos quizá pueda explicar estos resultados, como fue observado en el estudio Cardiomonitor (9), en el cual se encontró sólo un 37% de hipertensos controlados mientras los médicos consideraban que el objetivo había sido logrado en el 76% de los pacientes. Además, otras condiciones frecuentemente asociadas a la hipertensión, como la dislipidemia y la diabetes, de fuerte valor pronóstico (10) tampoco son tratadas eficientemente a pesar de que los ensayos clínicos han probado que las intervenciones son altamente costo-efectivas (11-15). Por lo tanto se debe crear una herramienta para llenar el vacío existente entre la evidencia de los ensayos clínicos y la práctica clínica, y esta función puede ser llevada a cabo a través de la implementación de las guías o recomendaciones (16). 2 Limitaciones de las guías Deben reconocerse ciertas limitaciones en toda recomendación. Si bien deben basarse en la evidencia científica, hay un espacio considerable para interpretar las evidencias en diferentes contextos (clínicos, de salud pública, políticos y económicos), que pueden explicar grandes diferencias entre las guías existentes (17). Además, la evidencia puede ser controvertida (18), y aun sesgada, y las recomendaciones pueden fallar en tanto sobresimplifiquen la toma de decisiones (árboles de decisión binarios), sean demasiado rígidas ignorando las preferencias de los médicos y pacientes, imprudentes en la terminología (mandatorios y no permisivos), o subestimen algunos procedimientos para los cuales aún no se ha recogido suficiente evidencia (19). En el presente, aspectos del uso de drogas clásicas para el tratamiento de la hipertensión como diuréticos y beta-bloqueantes aún están sujetos a discusión (20-23), y muchos temas de la práctica clínica no están definitivamente resueltos o son controvertidos (Tabla 1). En la presente guía se aclaran aquellas situaciones en las cuales el monto de evidencia puede no ser suficiente y se expone una opinión acordada en un consenso de expertos, sin entrar en una discusión más apropiada para los especialistas, ya que esta información está dirigida principalmente a médicos dedicados a la atención primaria, que son los que asisten a la gran mayoría de los pacientes con hipertensión y enfermedades relacionadas. Orientación de recursos hacia la prevención 1aria. o tratamiento de los hipertensos de alto riesgo Decisión de tratar a: o hipertensión leve sin daño de órgano blanco o hipertensión de bata blanca o hipertensión sistólica aislada nivel 1 Costo-eficacia de o Mediciones domiciliarias y ambulatorias de presión arterial o Ecocardiografía, microalbuminuria y otros estudios de detección para marcadores precoces de daño o Estudios para hipertensión 2aria. en poblaciones seleccionadas o Tratamiento de la hipertensión en mayores de 80 años Beneficios adicionales de nuevas drogas insuficientemente probados Meta terapéutica de presión arterial: sistólica, diastólica, presión de pulso Decisión de tratar con antihipertensivos poblaciones de alto riesgo con presión limítrofe Tabla 1: Temas de controversia, o no definitivamente resueltos en hipertensión arterial ¿Porqué son necesarias guías locales? Las prioridades de salud y los recursos disponibles, el estado socio-económico de la población y la epidemiología de la hipertensión y enfermedades relacionadas varían considerablemente entre países, y aun entre regiones del mismo país. Datos del estudio de siete países muestran que la asociación lineal entre presión arterial y riesgo es paralela en distintos países confirmando que la presión arterial siempre explica una variación en el riesgo relativo, pero que el riesgo absoluto, un parámetro clave para definir el umbral de decisiones varía por un factor entre uno y cinco entre las poblaciones estudiadas, apoyando diversos enfoques diagnósticos y terapéuticos (24). Las recomendaciones de la WHO-ISH (2), y de la BHS (3) alientan la producción de guías locales, y un beneficio adicional puede residir en una mejor aceptación y uso de las recomendaciones si médicos y expertos locales están involucrados en la elaboración, difusión e implementación de las guías. (25-27). Epidemiología de la Hipertensión en Latinoamérica Latinoamérica se encuentra en un momento de transición epidemiológica caracterizado por la coexistencia de enfermedades agudas infecciosas con enfermedades crónicas cardiovasculares (28-30). Las muertes de causa cardiovascular representan el 26 % de todas las causas de muerte (31), pero el aumento en la 3 prevalencia de los factores de riesgo puede conducir a un aumento epidémico de la mortalidad cardiovascular (32,33). Factores demográficos, como el envejecimiento poblacional, y sociales, como la desigualdad económica y el proceso de aculturación, condicionan una alta prevalencia de hipertensión arterial. Alrededor de la mitad de los hipertensos desconocen su condición, y sólo una baja fracción de los que reciben tratamiento están controlados (presión arterial menor de 140 y 90 mm Hg) (Tabla 2). El envejecimiento poblacional representa un problema de diferente magnitud entre los países de la región, mientras Perú, Paraguay y Brasil tienen menos del 5 % de personas mayores de 65 años, otros como Uruguay llegan hasta el 12%. El aumento de la población añosa determina un incremento en el número de hipertensos con un predominio de las formas sistólicas, de mayor riesgo cardiovascular y más difícil control. El envejecimiento se asocia además a un aumento de la comorbilidad general y cardiovascular. Un bajo nivel socioeconómico y educativo favorece el desarrollo de hipertensión, además de limitar su grado de conocimiento y tratamiento (34,35). Así, en Chile la prevalencia de hipertensión aumenta de 12,1 a 21 %, y la de obesidad aumenta de 21,5 a 40,1 %, al comparar el nivel socioeconómico superior con el inferior, respectivamente (36). En Argentina, la prevalencia de hipertensión aumenta desde 19 % en el nivel de instrucción más alto, al 50 % entre los que carecen de instrucción (37). En Chile los años de escolaridad se relacionan en forma inversa con la mortalidad cardio y cerebrovascular, siendo este efecto más evidente en el sexo femenino (38). Las diferencias étnicas en la prevalencia de hipertensión, como es el caso de la población negra de Cuba (39) y Brasil (40), parecen estar vinculadas a factores socioculturales. Del mismo modo, la baja presión arterial y la falta de aumento de la presión arterial con la edad encontrada en las poblaciones indígenas que viven aisladas de la civilización, parece estar relacionada a diferencias en el estilo de vida más que a una verdadera diferencia racial (41). Diferentes estilos de vida también contribuyen en la menor prevalencia de hipertensión en las poblaciones andinas de Chile (42) y Venezuela (43). En la zona litoral de Perú el 18% de la población presenta hipertensión, mientras que en el Cuzco o región andina la prevalencia es del 7%. En la zona andina de Venezuela hay una prevalencia del 21%, mientras que en la región oriental del 36%. El proceso de aculturación se asocia a un aumento en la prevalencia de hipertensión y otros factores de riesgo (44). La transición a una vida sedentaria y a hábitos dietéticos urbanos, así como la incorporación de alcohol y tabaco, determinan en las poblaciones indígenas un aumento del promedio de presión arterial y el aumento de la presión arterial con la edad característico de las sociedades occidentales (45). País Prevalencia Conocidos Tratados Controlados % % % % Argentina (46-52) 28.1 54 Brasil (53) 26.8 50 30 10 Chile (54) 22,8 43 26.1 8.2 Ecuador (55) 28.7 41 23 6.7 México (56,57) 23.6 41 21 6.4 Paraguay (58) 30,5 33.5 18.3 7.8 Uruguay (59) 33 68 42 11 32.4 47 37 8.5 Venezuela (43) 42 14.3 Tabla 2: Valores estimados de prevalencia, conocimiento, tratamiento y control de la hipertensión arterial en algunos países de Latinoamérica Hipertensión arterial se define como presiones iguales o mayores de 140 y/o 90 mm Hg o recibir tratamiento antihipertensivo. Puede haber diferencias metodológicas entre los respectivos estudios que limitan el análisis comparativo. Prevención primaria de la hipertensión arterial La prevención primaria de la hipertensión arterial, o conjunto de medidas tendientes a disminuir la incidencia de la enfermedad hipertensiva primaria, es posible considerando que los factores genéticos involucrados necesitan de un entorno adecuado para poder expresarse como enfermedad. La prevención puede 4 modificar dicho entorno para evitar la evolución de la hipertensión. Las medidas de prevención intentan corregir hábitos malsanos de vida, tales como el tabaquismo, el sedentarismo, el excesivo consumo de sal y alcohol, y el consumo calórico elevado que lleva a la obesidad. Los intentos para implementarlas en pacientes hipertensos y en la población con riesgo aumentado de contraer esta enfermedad, se enfrentan contra la falta de perseverancia y la poca adhesión que se obtiene. Por las severas complicaciones y el perjuicio socioeconómico derivado que la enfermedad hipertensiva provoca, debería ser preocupación especial de los gobiernos y de la comunidad organizada promover campañas de concientización masiva de la población a fin de disminuir las tasas de morbimortalidad que en países de Latinoamérica alcanzan casi al 50 % de los decesos. Mas aún, 30-40 % de los eventos cardiovasculares relacionados con la elevación de la presión arterial ocurren en individuos cuyos promedios tensionales se encuentran por debajo de los límites que corrientemente se definen como hipertensión arterial, pero por encima de los niveles óptimos (120/80 mm Hg)(60). Para reducir la morbimortalidad cardiovascular, el tratamiento de la hipertensión arterial debe complementarse vigorosamente con esfuerzos para prevenir su aparición y disminuir la presión arterial de individuos que si bien no son hipertensos, superan el nivel óptimo (61). Los objetivos de la prevención se resumen en(1): Disminuir la incidencia (nuevos casos) de hipertensión arterial Reducir los factores de riesgo que participan en el desarrollo de la hipertensión arterial primaria Reducir los factores de riesgo cardiovascular adicionales Prevenir el aumento de la presión arterial con la edad Aumentar el reconocimiento de sujetos con presión arterial limítrofe Mejorar las condiciones de estilo de vida para las poblaciones más necesitadas Reforzar los programas de ayuda comunitaria. Es necesario reorientar los esfuerzos hacia la prevención primaria de la hipertensión arterial y de los demás factores de riesgo cardiovascular conocidos, e iniciar o reforzar medidas de carácter poblacional, por parte de los gobiernos, las asociaciones médicas, y los organismos no gubernamentales vinculados al cuidado de la salud (62). Muchas de estas medidas de prevención primaria también coadyuvan en la prevención secundaria de las complicaciones de la hipertensión arterial establecida. Medidas poblacionales Educación a la población: A través de medios de comunicación (periódicos, TV, emisiones de radio) y en las escuelas, en los que en forma sencilla y precisa se difundan los beneficios de un estilo de vida sana: dieta adecuada, actividad física periódica, supresión del hábito tabáquico, y un limitado consumo de alcohol. También se debe proporcionar información sobre la hipertensión, sus riesgos y consecuencias, y los beneficios esperados con el tratamiento. Enfermeras entrenadas pueden contribuir en la tarea educativa, así como otros profesionales de la salud como nutricionistas, psicólogos y terapeutas físicos que tienen experiencia en la implementación de medidas que procuren modificar el estilo de vida. Es muy importante llegar a segmentos particulares de la población, a partir de los niveles escolares y aun preescolares, como actividad curricular o extracurricular dado que a dichas edades existe mayor predisposición para asimilar y poner en práctica estas medidas, asociado a la influencia que pueden ejercer en el medio familiar. Estas acciones deberán reforzar el concepto de grupos de alto riesgo, tales como hijos de hipertensos, tabaquistas, obesos y aquellos que consumen sal y/o alcohol en exceso. (Tabla 3) 5 Hijos de hipertensos Hijos de obesos, tabaquistas y alcohólicos Presión arterial limítrofe Edad a 50 años Sobrepeso u obesidad Excesiva ingesta de sodio ( más de 6 gr de cloruro de sodio) Alteraciones plurimetabólicas (dislipidemia, resistencia a la insulina, diabetes, hiperuricemia) Sedentarismo Excesivo consumo de alcohol Bajo peso al nacer Taquicardia en reposo (más de 85 latidos por minuto) Raza negra Región geográfica Bajo nivel socioeconómico Tabla 3: Características asociadas con mayor riesgo de desarrollar hipertensión arterial Industria alimentaria: Las instituciones públicas o privadas vinculadas al cuidado de la salud deberían obligar a las empresas fabricantes de alimentos a que indiquen claramente el contenido de sodio, calorías, colesterol y grasas saturadas de sus productos. Debería alentarse la producción de productos dietéticos que lleven un rótulo destacado donde el Ministerio de Salud, oficinas técnicas o instituciones científicas avalen que dichos productos cumplen los requisitos exigidos para ese fin, previo análisis por autoridades competentes. La mayor inversión económica que les requiera a las empresas adecuarse a esas normas se verá compensada por la mayor venta que tendrán sus productos si una institución pública o privada reconocida aconseja su utilización para preservar la salud. Como contrapartida, los gobiernos podrán aplicar su poder de vigilancia y sancionar a aquellas empresas que no cumplan con lo destacado en los rótulos de sus productos. Esta medida puede ayudar a disminuir el consumo de sodio y de alimentos ricos en colesterol y ácidos grasos saturados. Expendedores de alimentos: En los establecimientos donde se preparan y/o expenden comidas (restaurantes, comedores escolares, instituciones de beneficencia que poseen comedores comunitarios, empresas que elaboran alimentos precocidos, comedores de hospitales, etc.), los organismos competentes deben recomendar la aplicación de los conceptos sobre una alimentación saludable, induciendo la preparación de comidas pobres en grasas saturadas, sal y colesterol, y ricas en calcio y potasio. Será de utilidad promocionar el uso de sustitutos de la sal común y especias aromáticas permitidas que contribuyan a sazonar las comidas. Las cartas que ofrecen platos a consumir deberían tener secciones claramente identificadas donde se promocionen alimentos saludables, indicando la cantidad de calorías, sodio, colesterol y grasas saturadas que contiene cada preparación. Educación para incrementar la actividad física: Deben desarrollarse campañas para hacer conocer los beneficios de una actividad física aeróbica, liviana, regular y periódica (caminatas, bicicleta, natación en forma recreativa) dado que favorecen la reducción de las cifras de presión arterial. Para una actividad física más intensa o competitiva es conveniente efectuar previamente una consulta médica a fin de conocer la capacidad física del postulante o identificar una posible cardiopatía silente. Son ámbitos adecuados para esta difusión las escuelas, los lugares de trabajo, y aquellos donde se realicen tareas comunitarias. Educación y apoyo a los profesionales de la salud: Es útil la realización de cursos, seminarios, mesas de trabajo o discusión específicas sobre la prevención primaria, para estudiantes de medicina y todos los profesionales dedicados a la asistencia de pacientes. Es importante la divulgación por los medios audiovisuales de todas las normativas y sugerencias que sobre estos temas de prevención sean publicados por sociedades científicas, organismos gubernamentales o no involucrados en el cuidado de la salud. Los congresos médicos nacionales e internacionales deberían incluir en sus temarios centrales a la prevención primaria de la hipertensión arterial. Educación para el paciente hipertenso: El paciente hipertenso debe ser educado sobre la importancia de la prevención primaria para que de esa manera efectúe su propio cuidado e influya sobre el de su familia. El profesional de la salud debe informar a sus pacientes sobre la importancia de este concepto y como desarrollarlo. La distribución de folletos informativos dirigidos a los pacientes y elaborados por los centros de salud, sociedades científicas, e instituciones públicas pueden representar una ayuda para el profesional, quien los puede distribuir a sus pacientes. 6 Estudio diagnóstico y estratificación de riesgo Definición ampliada de hipertensión arterialLa hipertensión arterial es una enfermedad controlable, de etiología múltiple, que disminuye la calidad y expectativa de vida. El valor de la presión arterial parece asociarse en forma lineal y continua con el riesgo cardiovascular (60), aunque esta relación puede variar en distintas poblaciones (24). En función del significativo incremento del riesgo asociado con valores superiores a 140 y/o 90 mm de Hg de presión sistólica y diastólica respectivamente, se considera dicho límite como el umbral para el diagnóstico, si bien se reconoce que el riesgo es menor con valores inferiores de presión arterial, admitiéndose categorías de presión arterial óptima, normal, y limítrofe. El riesgo global es mayor cuando la hipertensión arterial se asocia con otros factores de riesgo o enfermedades, y esta asociación es muy frecuente. Este padecimiento tiene gran repercusión tanto para el individuo como para la salud pública. Según los valores de presión arterial se clasifica a los pacientes en distintas categorías (Tabla 4), lo que tiene interés pronóstico y clínico. 7 Presión sistólica Presión diastólica (mm Hg) (mm Hg) Optima < 120 < 80 Normal < 130 < 85 Presión arterial limítrofe 130-139 85-89 Hipertensión Nivel 1 140-159 90-99 Nivel 2 160-179 100-109 Nivel 3 180 110 Sistólica aislada < 90 140 Categoría* Tabla 4: Definición y clasificación de la presión arterial en adultos mayores de 18 años *Sujetos que no reciben drogas antihipertensivas y sin enfermedad aguda. Cuando la presión sistólica y diastólica se ubican en categorías diferentes se debe clasificar al paciente en la categoría más alta. Basados en el promedio de tres o más lecturas (por visita), registradas en dos o más visitas luego del examen inicial. La hipertensión sistólica aislada se categoriza en niveles similares a los usados en la clasificación general. Medición de la presión arterial Para el diagnóstico correcto de la hipertensión arterial se requiere el uso de una técnica de registro apropiada de la presión arterial como, por ejemplo, las normativas de la American Heart Association (63). La variabilidad fisiológica de la presión arterial puede explicar fluctuaciones del 20 al 50 % a lo largo de las 24 hs. (64), es mayor en pacientes hipertensos, y tiene una variación considerable intra e interconsultas: 6 y 10% en promedio respectivamente (65,64), siendo, además, comunes los errores técnicos en el registro de la presión arterial. Es por ello que el médico debe respetar los procedimientos recomendados para disminuir el error metodológico y mejorar la reproducibilidad de los datos obtenidos. En la primera consulta las mediciones de presión arterial se realizarán en posición supina, sentado, y de pie. Deben hacerse en ambos brazos, y si hay diferencias mayores a 10 mm de Hg, en visitas subsiguientes se elegirá el brazo en el cual se haya registrado el valor más elevado. Se realizarán tres o más mediciones en cada consulta y se considerará el valor promedio como el valor de la consulta. Debe ser obtenido un mínimo de tres registros de presión arterial en días diferentes antes de clasificar a un individuo como hipertenso (excepto que el paciente tenga evidencias de daño de órgano blanco hipertensivo o se presente con una emergencia hipertensiva). Las mediciones se practicarán en un ambiente tranquilo, luego de un reposo de cinco minutos (de preferencia al final de la consulta médica). En los 30 minutos previos a la medición el paciente no debe ingerir alimentos, beber café o fumar, y no debe hablar mientras se realizan los registros. El brazo debe estar desnudo y sostenido a la altura del corazón, con la mano en pronación para relajar el brazo, la espalda apoyada en el respaldo del asiento y ambos pies en el suelo. El manguito inflable estará centrado sobre la arteria humeral y debe dejar libre 2 a 3 cm por encima del pliegue de flexión del codo. El ancho del manguito debe ser superior al diámetro del brazo o cubrir el 40 % del perímetro braquial, y la longitud del mismo debe cubrir el 80 % del mismo perímetro. La discordancia entre el tamaño del manguito inflable y el diámetro del brazo puede producir una sobreestimación sistemática de los valores de presión arterial cuando el manguito inflable es inapropiadamente pequeño. El operador debe mantener una posición cómoda, con la columna de mercurio a la altura de sus ojos para evitar el error de paralaje. Se debe identificar inicialmente la presión sistólica por el método palpatorio, para definir la presión máxima de inflado que debe superar en 30 mm Hg la presión sistólica determinada por palpación. Debe preferirse la campana del estetoscopio a la membrana, ubicándola sobre la arteria humeral, y luego el manguito debe ser inflado rápidamente hasta la presión máxima determinada previamente, para luego ser desinflado lentamente a una velocidad de 2-3 mm Hg por segundo o menor si hay bradicardia. La lectura de la presión sistólica debe coincidir con el comienzo del primero de dos ruidos de Korotkoff sucesivos o Fase I, y la presión diastólica deberá coincidir con la desaparición de los ruidos o Fase V (por convención se usa el último ruido auscultado). La auscultación debe continuar hasta que la presión en el manguito haya bajado 10-20 mm Hg por debajo del último ruido escuchado, para confirmar la desaparición de los mismos, y luego se desinflará el manguito rápido y en forma completa. Los valores deben registrarse con una aproximación de 2 mm Hg. En el caso particular de ausencia de la fase V (común en niños y embarazadas), se debe registrar la fase IV (atenuación de los ruidos) y la fase V, por ejemplo 122/66/0. Entre mediciones es 8 recomendable esperar uno a dos minutos, y en aquellos casos en que los ruidos de Korotkoff sean poco audibles se recomienda antes de la medición, y con el manguito ya colocado, mantener el brazo levantado mientras se abre y cierra la mano durante un minuto antes del registro de la presión arterial, lo que aumentará significativamente la intensidad de los ruidos. Mediciones domiciliarias o autocontrol de la presión arterial Los pacientes frecuentemente obtienen mediciones de la presión arterial fuera del consultorio, las que ofrecen ventajas como distinguir la hipertensión sostenida de la “hipertensión o efecto por la bata blanca”; permiten obtener un gran número de datos, útiles para evaluar la efectividad del tratamiento; estimulan la participación del paciente en el control de su enfermedad, mejorando la adherencia al tratamiento; y pueden reducir los costos del manejo clínico del paciente hipertenso (66,66b). Han demostrado tener buena reproducibilidad y valor pronóstico (68-70). Sin embargo, deben tenerse precauciones ya que en algunos pacientes promueven la automedicación o el control obsesivo de la presión arterial, o un estado de angustia ante la variabilidad de la presión o los síntomas asociados, y aun la pérdida de confiabilidad en el médico, en el tratamiento, o en el registro mismo del dato. Es esencial contar con evidencias del uso de una técnica de medición correcta y con equipos validados. Estas desventajas se pueden subsanar instruyendo al paciente con respecto a la metodología, el uso de los equipos tanto manuales como semiautomáticos, la indicación con respecto a la frecuencia de mediciones, posición del sujeto, y circunstancia de la medición, lo que debe acompañarse de información acerca de la variabilidad esperable y los niveles de alarma (qué hacer ante mediciones muy altas o muy bajas). Las mediciones domiciliarias deben ser evaluables (el operador y el equipo), y realizarse bajo prescripción y control del médico. Con estas condiciones y en sujetos con la disponibilidad de realizarlas, son recomendables. Los datos no evaluables deben ser desestimados. Se considera como nivel de normotensión en domicilio a valores por debajo de 130/80 mm Hg, siendo los valores superiores a 135/85 compatibles con hipertensión (66). Monitoreo ambulatorio de presión arterial Si bien se reconoce que los datos de presión arterial obtenidos a través de este método tienen mejor valor pronóstico que las mediciones clínicas (71), discriminan mejor variaciones inducidas por el tratamiento, y pueden ofrecer información útil en algunas situaciones especiales (Tabla 5), este estudio es un recurso más apropiado para ser usado por el especialista, siendo las mediciones domiciliarias un sustituto razonable en el manejo clínico rutinario de los pacientes (72). Los valores de presión arterial considerados normales para este método, que debe ser realizado con equipos validados, para la presión sistólica / diastólica respectivamente en mm Hg, son: promedio de 24 horas: 130/80, promedio diurno o del período de actividad 135/85, promedio nocturno o del período de descanso / sueño 120/70. Los promedios de los respectivos períodos deben calcularse individualmente para cada sujeto según los horarios referidos de actividad y reposo. Se suele tomar como referencia el horario de acostarse y de levantarse. Evaluación diagnóstica Presión arterial limítrofe Sospecha de hipertensión por bata blanca Pacientes con elevada variabilidad de la presión arterial Hipertensión arterial episódica o asociada con síntomas Evaluación de la presión arterial nocturna Evaluación de la terapéutica Hipertensión resistente (descartar efecto de bata blanca) Síntomas de hipotensión bajo tratamiento Tabla 5: Indicaciones del Monitoreo Ambulatorio de Presión Arterial (1,64) Discordancias entre las mediciones clínicas y las domiciliarias o ambulatorias La existencia de diferencias muy significativas entre la información recogida por mediciones de presión en distintas circunstancias ha hecho surgir dos nuevos grupos de pacientes : los hipertensos de bata blanca cuando sólo las mediciones clínicas son elevadas, y los normotensos de bata blanca o hipertensos ocultos cuando sólo las mediciones ambulatorias o domiciliarias son elevadas (73,74). Si se extienden estas 9 discrepancias a los pacientes hipertensos tratados se hablará respectivamente de efecto de bata blanca que puede dar lugar a la llamada hipertensión pseudoresistente, o de pacientes con hipertensión pseudocontrolada. Estas disparidades pueden observarse en un 20-40 % de los pacientes, y las conductas respectivas a tomar –en tanto se pueda otorgar plena confiabilidad a las mediciones obtenidas-, deben apoyarse en los datos que tengan mayor valor pronóstico. Las evidencias preliminares favorecen en forma consistente a las mediciones ambulatorias y domiciliarias (69-71,75,76), por lo cual sería razonable no tratar a los hipertensos de bata blanca (al menos con drogas antihipertensivas), pero sí a los hipertensos ocultos (77). Estos pacientes pueden requerir una consulta con el especialista dado la existencia de controversia en relación al manejo de los mismos. A pesar de las discrepancias, si se hace uso de los datos de presión arterial obtenidos por ambos métodos se pueden extraer conclusiones potencialmente útiles: dado que usualmente las decisiones se toman con base en las mediciones obtenidas en la consulta clínica, en el caso de la elevación de la presión arterial predominante en las mediciones clínicas se sobreestimará el riesgo y es más probable que los pacientes se traten en exceso, mientras que cuando la elevación sea predominante en las mediciones ambulatorias el subtratamiento y la subestimación del riesgo son más probables (78). Esta consideración sugiere una modalidad de adecuarse a estas discordancias dejando sin modificar el tratamiento en la hipertensión de bata blanca, en el efecto de bata blanca, y en la hipertensión pseudorresistente; e intensificando las medidas terapéuticas en la hipertensión oculta o pseudocontrolada; y por último empleando además de la presión arterial otros parámetros para medir el riesgo global del paciente y ajustar el tratamiento (64). Objetivos del estudio clínico del paciente con hipertensión arterial: 1. 2. 3. 4. 5. Caracterizar la hipertensión arterial: confirmar el diagnóstico y nivel de la misma, estimar su antigüedad, conocer tratamientos previos y respuesta obtenida. Determinar la etiología de la hipertensión Investigar la existencia de otros factores de riesgo y daño de órgano blanco Detectar enfermedades cardiovasculares y otras comorbilidades Calificar el riesgo global del paciente (Tabla 6) Datos relevantes de la historia clínica: Anamnesis: 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. 8. Historia de la hipertensión: cuando fue detectada, severidad, respuesta al tratamiento, síntomas. Interrogatorio de datos que sugieran hipertensión arterial secundaria: tríada de cefalea, diaforesis y palpitaciones (feocromocitoma); debilidad muscular (hipokalemia por aldosteronismo primario); uso de fármacos o drogas con acción presora (inhibidores de la monoaminooxidasa asociados a ingesta de alimentos ricos en tiramina, simpáticomiméticos, cocaína); ronquido, apneas durante el sueño detectadas por el cónyugue, y somnolencia diurna (síndrome de apnea obstructiva del sueño). Conocimiento del paciente sobre la enfermedad: ausencia de síntomas, complicaciones posibles, y necesidad de tratamiento indefinido. Antecedentes familiares, en especial en relación con la hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares, precocidad y gravedad de estos problemas en los parientes de primer grado. Antecedentes personales: diabetes mellitus, dislipidemia, gota, nefropatía, enfermedad cardiovascular o cerebrovascular. Hábitos: tabaquismo, sedentarismo y tipo de dieta, en especial ingestión de sal y grasas de origen animal. Aspectos socioculturales: escolaridad, nivel económico-social, trabajo, trastornos psicoafectivos. Síntomas vinculados a complicaciones de la hipertensión arterial: angina de pecho, disnea de esfuerzo, palpitaciones, edemas, nocturia, cefaleas, alteraciones motores o visuales transitorias, claudicación, etc. Examen físico: 1. 2. 3. Medición correcta de la presión arterial: en los cuatro miembros en decúbito supino, en brazo con presión más elevada sentado por triplicado, y de pie. Examen del fondo de ojo, preferentemente con dilatación previa, salvo glaucoma. Medición de peso y estatura. Cálculo del índice de masa corporal (IMC): cociente peso (en Kg) / talla2 (en metros). Se considera sobrepeso un IMC entre 27 y 29,9 Kg./m2.y obesidad un IMC a 30 Kg / m2. Medición de circunferencia abdominal (perímetro mayor entre arco costal inferior y cintura pelviana), los valores máximos normales son 98 cm para el hombre y 85 cm para la mujer. Cuando dichos valores se superan se habla de obesidad central o androide, asociada con mayor riesgo cardiovascular. 10 4. Exploración física en busca de: soplos vasculares en el cuello, abdomen, vasos ilíacos y femorales, crecimiento de la tiroides, estertores en la base del tórax, desplazamiento del choque de la punta, tercer o cuarto ruido, soplos cardíacos, arritmias, riñones palpables, dilatación de la aorta abdominal, pulsos periféricos, edemas y signos neurológicos anormales. Estudios complementarios iniciales: Estos estudios se realizan en el primer nivel de atención a la salud en todos los pacientes, en aquellos que se concluya que tienen bajo riesgo no se requieren más estudios y su manejo corresponde al médico general o de atención primaria. 1. Laboratorio: Hemoglobina y hematocrito. Examen de orina completo con sedimento. Potasio plasmático, glucemia, creatininemia y uricemia. Colesterol, triglicéridos, colesterol ligado a lipoproteínas de alta densidad (HDL-Colesterol) 2. Electrocardiograma de reposo Estudio ampliado Estos estudios se efectúan en el segundo nivel de atención a la salud, en aquellos pacientes donde el estudio inicial determinó un riesgo moderado o alto. Su indicación persigue una mejor estratificación de riesgo identificando marcadores de daño de órgano blanco subclínicos de gran valor pronóstico (79,80), y permite evaluar la progresión o regresión de los mismos a lo largo del tiempo, y el efecto del tratamiento. 1. Ecocardiograma, limitado a medición de los diámetros ventriculares (DDVI: diámetro diastólico del ventrículo izquierdo) y espesor de la pared (PPVI: pared posterior del ventrículo izquierdo), para detectar hipertrofia ventricular izquierda. Fórmula de masa del ventrículo izquierdo (VI): 1.04[(DDVI+PPVI)3DDVI3]-13.6. Indice de masa VI: masa VI/sup. corporal m2. Valor normal < 110 g/m2 mujeres, < 134 g/m2 hombres, (81,82). 2. Determinación de microalbuminuria (valor normal menor a 30 ug/min). 3. Estudio doppler de vasos de cuello (detección de placa aterosclerótica, sólo en mayores de 40 años). Estratificación del riesgo Se utilizan como parámetros el nivel de la presión arterial, la existencia de factores de riesgo cardiovascular asociados, criterios de daño de órgano blanco, y de enfermedad cardiovascular asociada. Factores de riesgo mayores 1. Hombre > de 55 años 2. Mujer > de 65 años 3. Tabaquismo actual 4. Colesterol plasmático > 200 mg% 5. Diabetes (glucemia en ayunas > 126 mg% en dos ocasiones) 6. Historia familiar de enfermedad cardiovascular prematura Daño de órgano blanco: 1. Hipertrofia ventricular izquierda 2. Proteinuria (>0.3 g/24 hs.), y/ o creatinina plasmática > 1,3 mg% 3. Evidencia de placa ateroesclerótica (en arterias carótidas, ilíacas, femorales o aorta) 4. Retinopatía hipertensiva (Grado II de la clasificación de Keith y Wagener) Enfermedad cardiovascular clínica asociada 1. Enf cerebrovascular: accidente isquémico, hemorragia cerebral, ataque isquémico transitorio. 2. Enf. Cardíaca: infarto de miocardio, angina de pecho, revascularización miocárdica, insuficiencia cardíaca. 3. Enf. Renal: nefropatía diabética, insuficiencia renal. 4. Enf. Vascular: aneurisma de aorta, disección aórtica, arteriopatía periférica sintomática 5. Retinopatía hipertensiva avanzada (III-IV), o diabética. Sobre la base de estas características y el nivel de presión arterial se puede estratificar el riesgo, como se observa en la Tabla 6, y a partir del mismo se puede cuantificar el pronóstico y decidir la mejor conducta terapéutica. Los pacientes con riesgo leve, tienen una probabilidad de desarrollar un evento vascular en los próximos 10 años del 10%, los pacientes con riesgo moderado del 10 al 20%, los de riesgo severo del 20 al 30% y por último aquellos pacientes con riesgo muy severo mayor al 30%. (2) 11 Categoría según nivel de presión arterial Sólo PA elevada (sin FR) Sólo con FR (no DBT, DOB, ni ECVC) Diabetes, y/o DOB, y/o ECVC Presión arterial limítrofe ¿? bajo pero > normal alto Hipertensión Nivel 1 bajo pero > normal intermedio alto Hipertensión Nivel 2 intermedio intermedio Muy alto Hipertensión Nivel 3 alto alto Muy alto Tabla 6: Estratificación de riesgo PA: presión arterial, FR: factores de riesgo, DOB: daño de órgano blanco, ECVC: enfermedad cardiovascular clínica. Riesgo de enf. coronaria a 10 años: bajo <10%, intermedio 10-19%, alto 20-29%, muy alto > 30%. Estudios especiales (sospecha de hipertensión secundaria) Junto con los datos del interrogatorio ya mencionados, algunas características del paciente pueden hacer sospechar hipertensión secundaria. Esta debe ser investigada en los pacientes que presenten una o más de las siguientes características: hipertensión en nivel 3; comienzo de la hipertensión en la adolescencia o después de los 55 años en forma documentada (normotensión previa confirmada); progreso brusco en la severidad de la hipertensión; daño de órgano blanco severo o enfermedades cardiovasculares clínicas establecidas; antecedente de emergencia hipertensiva; hipokalemia no explicada; hematuria, proteinuria o elevación de la creatinina; enfermedad vascular ateroesclerótica generalizada. Los estudios a realizar según la etiología sospechada se detallan en la Tabla 7. Etiología Estudios Coartación de Aorta Radiografía de Tórax, Tomografía computada Cushing Cortisol libre, prueba de dexametasona Aldosteronismo Hipokalemia, cociente aldosterona/renina (ambos en ng/ml, >50) Hipertensión renovascular Renograma postcaptopril, doppler-dúplex de arterias renales, arteriografía renal Poliquistosis renal Ecografía Nefropatías Ecografía, uroanálisis, aclaramiento de creatinina, proteinuria Feocromocitoma Metanefrinas, ac. vainillínmandélico y catecolaminas urinarias Apnea obstructiva del sueño Polisomnografía Enfermedades tiroideas Tirotrofina (TSH), Tiroxina (T4) Tabla 7: Estudios especiales para detectar hipertensión secundaria 12 Algoritmo diagnóstico del paciente hipertenso Resumiendo los conceptos de diagnóstico se expone un algoritmo en la Figura 1, en donde se establece el curso de acciones a seguir en los pacientes en los que se detecta hipertensión arterial. Hipertensión 1: FR 2: DOB 3: ECVC 1-3 + nivel PA: RIESGO (tabla 5) bajo, pero > normal Anamnesis Examen físico Estudio inicial 4: Enf. concomitantes 5: Sospecha HT 2aria . Alto y muy Alto Intermedio Estudios Especiales (tabla 6) (evaluar progresión y regresión) (mejor estratificación) Fin del Estudio Estudio Ampliado Figura 1: algoritmo diagnóstico del paciente hipertenso FR: factores de riesgo, DOB: daño de órgano blanco, ECVC: enfermedad cardiovascular clínica, HT: hipertensión, PA: presión arterial. Derivación a atención especializada En las siguientes situaciones clínicas es conveniente derivar al paciente hacia una atención especializada: 1. Emergencia hipertensiva 2. Sospecha de hipertensión secundaria 3. Hipertensión refractaria 4. Pacientes con hipertensión arterial de difícil manejo (por comorbilidades, daño de órgano blanco, complicaciones, efectos adversos serios, alta variabilidad de la presión arterial, disautonomía ) 5. Hipertensión arterial y embarazo 6. Hipertensión arterial por bata blanca o hipertensión oculta Seguimiento clínico según nivel de presión arterial El nivel de presión arterial que presenta el paciente en la visita médica debe ser uno de los determinantes de la periodicidad del control por razones de seguridad, tanto en la fase diagnóstica como luego de iniciar el tratamiento. También por razones de adherencia es importante determinar la frecuencia de visitas, ajustándola a los resultados del tratamiento, considerando que la hipertensión es una enfermedad crónica en la que un porcentaje elevado de pacientes abandona el tratamiento o no lo cumple adecuadamente (Tabla 8) 13 Categoría Sin tratamiento Con tratamiento (diagnóstico) Presión arterial óptima y normal C/ 2 años C/ 4 a 6 meses Presión arterial limítrofe C/ año C/ 3 a 6 meses Hipertensión arterial Nivel 1 1 mes C/ 2 a 3 meses Hipertensión arterial Nivel 2 7-15 días C/ 1 a 2 meses Hipertensión arterial Nivel 3 0-72 horas C/ 7 a 15 días Tabla 8: recomendaciones para el seguimiento clínico Medidas de prevención y tratamiento no farmacológico de la hipertensión arterial Las medidas adoptadas para el tratamiento no farmacológico de la hipertensión arterial son idénticas a las indicadas para la prevención primaria y secundaria de la hipertensión arterial. Lo que varía es el rigor en su aplicación de acuerdo al caso individual. Las medidas de reconocida eficacia son: Disminución del peso corporal si está aumentado Reducción del consumo de sodio Aumento del consumo de potasio Actividad física aeróbica periódica Disminución del consumo de alcohol Supresión del tabaquismo De cumplirse idealmente todas estas medidas, podría alcanzarse una disminución de presión arterial de 5 a 10 mm de Hg de la presión sistólica, equivalente al descenso promedio que se obtiene con la monoterapia farmacológica (Tabla 9) Consumo actual * Consumo ideal Reducción prevista de PA sistólica (mm Hg) Consumo de sodio 170 mmol 70 mmol -2.17 Consumo de potasio 55 mmol 70 mmol -0.67 Relación Na/K 3.09 1.00 -3.36 IMC (kg/m2) 25.00 23.00 -1.55 > 300 ml/semana < 300 ml/semana -2.81 Variable Consumo de alcohol Mejoría relación Na/K e IMC Reducción de alcohol en bebedores fuertes -4.91 -5.33 Tabla 9: Predicción del descenso de la presión arterial (PA) sistólica con el cambio de estilo de vida IMC: índice de masa corporal. * Datos del estudio INTERSALT (83) Reducción del peso corporal Existe una franca asociación entre el peso corporal y las cifras de presión arterial sistólica y diastólica. Una reducción de 4,5 kg. disminuye la presión arterial en promedio 3,7/2,7 mm Hg (sistólica / diastólica respectivamente), independientemente de la disminución del consumo de sodio (84,85). La disminución de peso intensifica el efecto antihipertensivo de las drogas en los pacientes hipertensos (86,89). El adelgazamiento se asoció con una incidencia de hipertensión un 21% menor en pacientes con presión arterial limítrofe luego de un seguimiento a 36 meses en los estudios TOHP I (87) y TOHP II (88). Para reducir el peso no se recomiendan los agentes anorexígenos, especialmente los que incluyen agentes hormonales o derivados de las anfetaminas, dado que pueden incrementar el riesgo de valvulopatías e hipertensión pulmonar (90,91). 14 El objetivo será mantener un índice de masa corporal entre 18 y 25 Kg/m 2, para lo cual se recomienda una reducción moderada del aporte calórico, a fin de que produzca una disminución no mayor de 0.5 Kg/semana, lo que se consigue mediante una dieta balanceada, moderadamente hipocalórica, con alta ingesta de frutas y vegetales. El porcentaje calórico aportado por las grasas no debe superar el 30% de las calorías totales, prefiriéndose las grasas poli y monoinsaturadas (omega 3, 6, y 9), reduciendo al mínimo las grasas saturadas (menos del 5% del total de grasas). Además, resulta deseable reducir las carnes rojas, aumentando el consumo de carnes blancas (pechuga de aves y pescado de mar). La dieta DASH (Dietary Approach to Stop Hypertension), de eficacia demostrada para reducir la presión arterial (92), combina un bajo contenido de grasas y un generoso aporte de frutas y vegetales, granos enteros, nueces, pescado y aves. Es reducida en grasas complejas, dulces y bebidas que contengan azúcar. (Anexo 1) Reducción del consumo de sodio La respuesta a la ingestión de sodio varía ampliamente en la población de hipertensos. En general, los ancianos, los negros, los diabéticos y los denominados “no moduladores” son más sensibles al incremento de la presión arterial ante el consumo de sal que el resto de los pacientes (93). Algunos estudios epidemiológicos y varios metaanálisis demostraron que un consumo limitado a 75-100 mEq. diarios de sodio (17,1 mEq Na = 1 gr ClNa), desciende la presión arterial por semanas o meses (94,97). Dada la dificultad de mantener dietas muy bajas en sal, y el potencial aumento del riesgo inducido por ellas (98)(por activación del sistema renina-angiotensina-aldosterona, y aumento de actividad simpática), se utilizan regímenes que incluyan 2.4 g de sodio diarios (equivalentes a 6 g de sal), lo cual se consigue en la práctica evitando el agregado de sal en la mesa, no consumiendo alimentos preelaborados (cubos de caldo, pre-pizzas, salsas, postres, etc.), fiambres o embutidos de ningún tipo, quesos comunes (excepto los de bajo contenido en sodio), cremas, leche entera, etc. Más del 80% del origen del sodio en los alimentos proviene de su procesamiento industrial, consumo que se ha incrementado significativamente en los países latinoamericanos. Con la preparación hogareña de los alimentos y a través de la adición extra de sal en la mesa, se añade solo un 9% de sodio en cada caso. La reducción de la ingesta de sodio a las cantidades recomendadas disminuye la presión arterial 2,9/1,6 mm Hg, y la asociación de dietas hipocalóricas e hiposódicas la disminuyen 4 y 2,8 mm Hg (sistólica / diastólica respectivamente). La incidencia de hipertensión arterial en un seguimiento a 6 meses fue 4,2% en un grupo que sólo disminuyó de peso y 4,5% en otro que sólo disminuyó la ingesta de sodio, mientras que fue 7,3 % en el grupo control, pero cuando se combinaron ambas medidas la incidencia alcanzó sólo un 2,7 % (89). Incremento del consumo de potasio La dieta debe incluir un aporte normal de potasio (aproximadamente 90 mEq diarios), lo que se consigue fácilmente con la ingestión de verduras, hortalizas y frutas frescas (92,95).En general, no es necesario el agregado de suplementos o ahorradores de potasio excepto que el paciente esté expuesto a una pérdida exagerada de este ion (uso de diuréticos, diarreas o vómitos profusos, hiperaldosteronismo) (99-103). Otra fuente de potasio es a través del uso de sal modificada, con bajo contenido de sodio, que es reemplazado por mayor aporte de potasio (aproximadamente 33 y 66%, respectivamente). Actividad física periódica La actividad física de tipo aeróbico practicada regularmente provoca una reducción de la presión arterial y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y la mortalidad global (104,105). Los individuos sedentarios presentan un riesgo mayor (20 a 50 %) de desarrollar hipertensión arterial (106). Se considera suficiente una actividad que genere un consumo de oxígeno entre un 40 y 60% del máximo para cada individuo, lo que puede conseguirse con caminatas sostenidas durante 30 a 45 minutos, un mínimo de 3 veces por semana (88,106). (Anexo 2) Con una actividad física adecuada puede obtenerse una disminución de 6 a 7 mm Hg tanto en la presión sistólica como en la diastólica. Su efecto sobre la presión arterial es independiente de la reducción del peso (105,107). Además, el ejercicio provee beneficios adicionales sobre el metabolismo de los lípidos (incremento en los niveles plasmáticos de HDL colesterol y descenso de triglicéridos), incrementa la sensibilidad a la insulina, y puede coadyuvar en la supresión del tabaquismo. Disminución en la ingesta de alcohol Si bien se acepta que cantidades reducidas de alcohol (30 ml de etanol diarios, lo que está contenido en 720 ml de cerveza, 300 ml de vino o 60 ml de whisky) no aumentan la presión arterial y parecen disminuir el riesgo cardiovascular, los excesos guardan relación lineal con el incremento de presión arterial y pueden provocar resistencia al tratamiento antihipertensivo (108). En mujeres (109) y en personas delgadas (108) esta cantidad debe reducirse en un 50%. No se recomienda incentivar el consumo del mismo en aquellas personas 15 que no ingieren alcohol en forma habitual, ya que sus efectos protectores no han sido definitivamente probados. Los bebedores tienen mayor riesgo de accidente cerebrovascular. El alcoholismo, muchas veces negado por los pacientes, es una de las formas más frecuentes de hipertensión arterial secundaria “hábito dependiente” que puede ser suprimida cuando se consigue la desensibilización del paciente. Los picos hipertensivos que pueden ocurrir con la supresión brusca del alcohol en un bebedor severo ceden espontáneamente en pocos días. Supresión del tabaco El tabaco es un tóxico y un potente factor de riesgo cardiovascular. El riesgo de muerte se duplica en hombres fumadores menores de 65 años. Si se deja de fumar antes de los 35 años el riesgo se iguala con el de los no fumadores (110). El estudio FRICAS (111) realizado en pacientes que presentaron un infarto agudo de miocardio, demostró que las mujeres tuvieron un riesgo relativo mayor que los hombres (aumentó 9 veces en las mujeres fumadoras con respecto a las no fumadoras, en cambio en los hombres fue sólo 5 veces mayor). Cada cigarrillo que se fuma produce un incremento agudo de la presión arterial y de la frecuencia cardíaca que dura aproximadamente 15 minutos, aunque no está demostrado que el uso crónico incremente el valor de presión arterial.(112). El efecto nocivo del tabaco es semejante con cualquier forma de uso (cigarrillo, puro), y todos los fumadores deben ser urgidos a suprimir el hábito. Los efectos benéficos son ya francos luego de un año de abstinencia (110). Los suplementos de nicotina utilizados como estrategia para dejar de fumar generalmente no aumentan la presión arterial (113). Frecuentemente es necesario efectuar ajustes en la dieta para evitar el aumento de peso vinculado a la abstinencia de tabaco, generado por la recuperación de la función gustativa que incrementa el apetito (114). Los fumadores pasivos sufren un aumento del riesgo cardiovascular (110) y se recomienda evitar en lo posible la permanencia en ambientes donde hay fumadores o, al menos, conseguir que dichos ambientes sean convenientemente ventilados. Se ha demostrado que el humo de tabaco ambiente contiene más dióxido de carbono, alquitranes, metano y nicotina que el inhalado por el fumador activo (115,116). Medidas no suficientemente probadas Existen otras medidas cuya eficacia es limitada o aún no están reconocidas ampliamente: a) b) c) d) e) Suplementos de calcio Disminución del consumo de cafeína Micronutrientes (minerales, vitamina B, carotenos, folatos, cisteína, etc.) Manejo del estrés, relajación muscular, retroalimentación biológica Otros Suplementos de calcio La carencia de calcio en la dieta se asoció con mayor prevalencia de hipertensión arterial en algunos estudios epidemiológicos (117). La ingesta de calcio puede reducir la presión arterial, aunque los efectos son exiguos. Se aconseja mantener una ingesta de calcio normal (118), los alimentos ricos en calcio son los lácteos, aunque deberían consumirse descremados. Disminución del consumo de cafeína La cafeína puede aumentar la presión arterial como efecto agudo pero el consumo habitual de infusiones cafeinadas o descafeinadas no ha demostrado influir en los valores de presión arterial en varios estudios epidemiológicos (119) Micronutrientes Se han ensayado numerosos agentes con efecto antioxidante (betacarotenos, vit. C, vit. E, etc.) con resultados todavía inciertos. El uso de folatos (119) es sugerido para la prevención de la hiperhomocisteinemia, que actuaría también como factor de daño endotelial, pero al no existir hasta el presente evidencias suficientes de beneficios por su consumo no se recomienda su utilización rutinaria. Manejo del estrés, técnicas de relajación muscular, retroalimentación biológica Todos estos métodos tienden a la sedación del paciente a través de la relajación muscular o el autocontrol de ciertos reflejos viscerales o circulatorios. Sus resultados son inciertos. Los tratamientos psicoterapéuticos pueden tener indicación como terapéuticas suplementarias en hipertensos con trastornos afectivos o de la personalidad (ansiedad, neurosis, crisis de pánico, etc.). 16 Otras medidas Grasas de la dieta: En las dietas habituales el contenido total de grasas y la proporción de grasas saturadas / insaturadas tiene poca o ninguna influencia sobre la presión arterial. Sólo altas concentraciones de ácidos grasos omega 3 pueden reducir la presión arterial, aunque aumenta la posibilidad de provocar efectos indeseables (malestar abdominal) (120). No obstante, la ingestión de grasas y colesterol debe disminuirse en pacientes con dislipidemia ya que es un factor de riesgo independiente para enfermedad coronaria. El consumo diario de colesterol no debe superar los 300 mg y sólo 200 mg en sujetos dislipidémicos (121). Consumo de fibras: Se recomienda un consumo diario de 20 a 35 g de fibras solubles e insolubles (122). Es preferible una mayor ingestión de las primeras (pectina, hemicelulosa, etc.) porque inhiben la absorción de grasas y enlentecen la de glucosa. Las insolubles (celulosa, etc.) previenen la constipación intestinal y el cáncer de colon. Reducción del fibrinógeno plasmático: Se ha demostrado que las concentraciones plasmáticas en el tercilo superior aumentan el riesgo coronario 2 veces (123,124). El ejercicio físico y la supresión del tabaquismo lo reducen (123). Tratamiento de reemplazo hormonal: Si bien algunos estudios han demostrado que en mujeres posmenopáusicas el uso de estrógenos reduce un 30 a 50 % el riesgo de enfermedad coronaria (125) no existe acuerdo sobre la utilidad de su uso sistemático (126). Debe tenerse precaución en las mujeres con antecedentes familiares de cáncer uterino (si se utilizan estrógenos deben combinarse con progesterona) y en las que padecen displasia mamaria o tienen antecedentes personales o familiares de cáncer de mama. Tratamiento farmacológico de la hipertensión arterial en Latinoamérica Objetivos del tratamiento farmacológico El objetivo primario del tratamiento antihipertensivo es reducir la morbimortalidad cardiovascular asociada a la hipertensión arterial, incluyendo eventos cardíacos, cerebrales, renales y vasculares periféricos, para lo cual es necesario, además, tratar los factores de riesgo modificables (tabaquismo, dislipidemia, diabetes, obesidad, sedentarismo), y el manejo adecuado de las condiciones clínicas asociadas. Su intensidad deberá adecuarse en forma proporcional al riesgo global del paciente (Tabla 6). Si bien algunos autores lo cuestionan (127), la relación entre riesgo cardiovascular y presión arterial parece ser continua, y una mayor reducción de la presión arterial resulta en una disminución proporcional del riesgo cardiovascular, tal como ha sido demostrado en diferentes estudios clínicos (7,13,128). Por ello, parece deseable lograr una presión normal u óptima en todo paciente hipertenso mayor de 18 años, particularmente en aquellos de mayor riesgo. Sin embargo, considerando que con elevada frecuencia resulta difícil alcanzar la normotensión, resultará satisfactorio el alcanzar un nivel de presión arterial menor a 140/90 mm Hg, en forma estable. La prevención secundaria también es un objetivo del tratamiento antihipertensivo. La regresión parcial o total de las alteraciones estructurales secundarias a la hipertensión inducida por el tratamiento es posible, y ello se acompaña de una mejoría en el pronóstico (129). La hipertrofia del ventrículo izquierdo y la microalbuminuria, marcadores pronósticos independientes (79,80), pueden regresar con el tratamiento como lo muestran los estudios TOMHS (103), LIVE (130), SAMPLE (131) y otros (132,133). En pacientes con alto riesgo y enfermedades asociadas, diabetes, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardíaca, accidente cerebrovascular, algunos estudios realizados (HOPE, SAVE, ValHeFT 134-136), y otros en evolución (PROGRESS, VALUE 137,138), están destinados a probar su utilidad en la prevención secundaria. Tratamiento con drogas antihipertensivas Puesto que el área geográfica de Latinoamérica abarca regiones con muy diversas características demográficas y epidemiológicas, así como en cuanto a recursos sanitarios, las recomendaciones de este Comité para el tratamiento inicial del paciente hipertenso deben tener flexibilidad. Por tanto, se valoriza la idoneidad y responsabilidad del médico actuante para la toma de decisiones en cuanto a él, o a los fármacos a emplear en el tratamiento inicial de la hipertensión arterial (139). Se acepta como válido el inicio de la terapéutica con cualquiera de las siguientes opciones: diuréticos tiazídicos, -bloqueantes, calcioantagonistas, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, antagonistas de los receptores AT-1 de la angiotensina II, bloqueantes -adrenérgicos, drogas de acción central, o combinaciones fijas de fármacos a baja dosis. 17 Nota: algunos estudios o metaanálisis han cuestionado la seguridad de los alfa-bloqueantes (140), calcioantagonistas (141) y beta-bloqueantes (142) como fármacos adecuados para el tratamiento de la hipertensión arterial, sin embargo, no existe confirmación definitiva de este aspecto por lo cual no pueden ser excluidos del uso cotidiano. Es responsabilidad del médico decidir cual es la mejor terapéutica posible para cada paciente teniendo en cuenta las características de su hipertensión arterial, la presencia de otros factores de riesgo cardiovascular o daño de órgano blanco, la accesibilidad del paciente a la medicación, el grado de información o de prejuicios de cada sujeto respecto al tratamiento, otras enfermedades coexistentes que pueden favorecer o limitar el uso de alguna clase de droga antihipertensiva, la posibilidad de interacciones con otras drogas usadas para otras condiciones comórbidas existentes, la variabilidad en la respuesta individual a los fármacos, el monto de evidencia disponible acerca del beneficio de cada grupo de fármacos en la reducción del riesgo cardiovascular, y todo otro factor que pueda influir a corto o largo plazo en su adherencia al uso crónico de la medicación (Tabla 10). Factores relacionados con el paciente Edad Raza Sexo Fertilidad / gravidez Presencia de factores de riesgo Antecedente de enfermedad cardiovascular y /o renal Coexistencia de otras enfermedades Tolerancia previa a otros tratamientos Nivel cultural y socio económico Actividad laboral Factores relacionados con la droga antihipertensiva Interacciones medicamentosas Posibles efectos adversos Vida media de los fármacos Grado de respuesta terapéutica previa Factores relacionados con el sistema de salud Existencia de vademécum Disponibilidad de acceso a la consulta médica, estudios complementarios y fármacos Existencia de equipos multidisciplinarios o personal paramédico de apoyo al paciente Tabla 10: Factores a tener en cuenta para seleccionar la droga y su dosis para el tratamiento inicial de la hipertensión arterial esencial. No existe una clara evidencia que indique una diferencia sustancial en el efecto antihipertensivo entre las diferentes clases de drogas. Sin embargo, hay una importante disparidad en los efectos colaterales, así como significativas diferencias en cuanto al monto de evidencia disponible de estudios aleatorizados y controlados sobre los efectos del tratamiento en la disminución de la morbilidad y mortalidad en pacientes tratados con diferentes grupos de drogas, así como una información progresivamente mayor acerca de diversos efectos benéficos mas allá del descenso de la presión arterial (134). Considerando el elevado porcentaje de pacientes que abandonan el tratamiento por distintas causas (efectos adversos, costo, etc.), se subraya el concepto de “tratamiento efectivo” como aquél que el paciente puede cumplir a lo largo de los años. La Tabla 11 muestra el listado de las drogas antihipertensivas actualmente disponibles en Latinoamérica. 18 DIURÉTICOS Tipo de diurético (sitio principal de acción renal) Sustancia Dosis diaria* para el tratamiento de la hipertensión esencial no complicada * para monofarmacoterapia. En terapia de combinación con una droga de otra clase pueden usarse dosis menores (Por ej. hidroclorotiazida 6.25 mg) Diuréticos de tubo distal (tiazidas y drogas relacionadas) Bendroflumetiazida 1,25 - 2,5 mg Ciclopentiazida 0,125 - 0,25 mg Clortalidona 12,5 – 50 mg Hidroclorotiazida 12,5 – 50 mg Indapamida 2,5 mg Indapamida SR 1.5 mg Metolazona 0,5 – 1 mg Xipamida 5 – 7,5 mg Diuréticos de asa (requieren 1-3 dosis diarias) Bumetanida 0.5 - 4 mg Furosemida 40 – 240 mg Piretanida 6 - 24 mg Torasemida 2.5 – 80 mg Diuréticos ahorradores de potasio Bloqueadores de los canales de Amilorida 2.5-10 mg sodio Triamtereno 25-100 mg Antagonista de la aldosterona Espironolactona 12.5-100 mg BETA-BLOQUEANTES Actividad Selectividad por los Sustancia simpáticoreceptores Dosis diaria mimética adrenérgicos beta-1 total intrínseca (cardioselectividad) Acebutolol* Sí Sí 200-800 mg Atenolol Sí 25-200 mg Betaxolol Sí 5-20 mg Bisoprolol Sí 2.5-10 mg Carteolol Sí 2.5-10 mg Metoprolol Sí 50-200 mg Nadolol 40-280 mg Oxprenolol Sí 80-320 mg Oxprenolol – formulación de Sí 80-160 mg acción prolongada Penbutolol Sí 10-20 mg Pindolol Sí 10-40 mg Propranolol 40-320 mg Propranolol – formulación de 60-320 mg acción prolongada Tertatolol 5-10 mg Timolol 20-40 mg BETA+ALFA BLOQUEANTES Carvedilol Labetalol 12,5 - 50 mg 200 - 800 mg Número de tomas por día 1 1-2 1 1 1 2 1 2 1 1 2 2-3 1 1 2 2 2 19 INHIBIDORES DE LA ENZIMA CONVERTIDORA Nro. de tomas/día Benazepril 5 - 40 mg 1-2 Captopril 12,5 - 100 mg 2-3 Cilazapril 2,5 - 5 mg 1-2 Delapril 30 – 90 2 Enalapril 5 - 40 mg 1-2 Fosinopril 10 - 40 mg 1-2 Lisinopril 5 - 40 mg 1 Moexipril 5 - 15 mg 1-2 Perindopril 4 – 8 mg 1 Quinapril 5 - 60 mg 1-2 Ramipril 2,5 - 10 mg 1 Trandolapril 1 – 4 mg 1 ANTAGONISTAS DEL RECEPTOR AT-1 DE LA ANGIOTENSINA II Sustancia Candesartán Eprosartán Irbesartán Losartán Telmisartán Valsartán Dosis diaria total 8 - 24 mg 200 - 400 mg 75 - 300 mg 25 – 100 mg 40 – 120 mg 80 – 320 mg ANTAGONISTAS DEL CALCIO 1 1 1 1-2 1 1 80 – 480 mg 120 – 480 mg 120 - 360 mg 120 – 360 mg 2,5 - 20 mg 2,5 - 20 mg 2,5 - 20 mg 2 – 8 mg 5 - 20 mg 10 - 20 mg 10 - 40 mg 30 - 60 mg 5 - 20 mg 10 - 40 mg BLOQUEANTES ALFA-1 2-3 1-2 2 1 1 1 2 1-2 1 1 2 1 1 2-3 Doxazosin Prazosin Terazosin 1 - 16 mg 1 – 16 mg 1 – 10 mg VASODILATADORES DIRECTOS 1 2-3 1 Hidralacina Minoxidil 50 - 200 mg 2,5 - 50 mg DROGAS DE ACCIÓN CENTRAL 2 2-4 250 - 3000 mg 0,1 – 1,2 mg 8 - 32 mg 1 – 3 mg 0,2 – 0,4 mg 0,05 – 0,25 mg 1 – 2 mg Combinaciones de drogas (ver pág.23) 2 2 2 1 1 1 1 Verapamil Verapamil de acción prolongada Diltiazem Diltiazem de acción prolongada Amlodipina Felodipina Isradipina Lacidipina Lercanidipina Manidipina Nifedipina de acción prolongada Nifedipina Oros Nisoldipina Nitrendipina Alfametildopa Clonidina Guanabenz Guanfacina Moxonidina Reserpina Rilmenidina Tabla 11. Drogas para el tratamiento oral de la hipertensión arterial 20 Principios generales del tratamiento con drogas antihipertensivas Puesto que la meta terapéutica es el adecuado control de la presión arterial (al menos a cifras menores a 140/90 mm Hg), todos los fármacos antihipertensivos pueden ser instrumentos adecuados para alcanzar el objetivo propuesto, si bien cada uno de ellos presenta ventajas y desventajas en grupos particulares de pacientes. A igual efecto antihipertensivo los beneficios obtenidos con diferentes grupos de fármacos han mostrado ser similares desde el punto de vista de su capacidad para reducir la morbimortalidad cardiovascular luego de períodos de evaluación de 3 a 5 años (143,144), aunque faltan resultados de observaciones a más largo plazo. Un decálogo de instrucciones se sugiere para el uso racional de los fármacos antihipertensivos: 1. Iniciar la terapéutica con monoterapia o bien una combinación fija en dosis bajas a fin de reducir la posible aparición de efectos adversos. Si hay una buena respuesta, pero la presión arterial aún no se controla adecuadamente, se puede optar en segunda instancia por aumentar las dosis iniciales o asociar otro fármaco, preferentemente de acción complementaria. 2. En el caso de iniciar tratamiento con monoterapia es preferible agregar una pequeña dosis de otra droga antes que aumentar la dosis de la primera, a fin de mantener dosis bajas con menor incidencia de efectos colaterales (1). El uso apropiado de combinaciones de fármacos (ya sean en asociación fija o electiva), permite aumentar la eficacia antihipertensiva mientras se minimizan los efectos adversos. 3. Cuando la respuesta terapéutica es pobre, es preferible cambiar de droga antes que aumentar dosis o agregar otros fármacos, a excepción de los diuréticos que no debieran ser suspendidos. 4. Cuando un fármaco elegido en primera o sucesivas instancias resulte mal tolerado por el paciente, independientemente de su efecto antihipertensivo, se debe considerar seriamente su reemplazo por otro fármaco de mejor tolerancia. 5. El uso de drogas de acción prolongada provee eficacia las 24 horas con una sola toma diaria, mejorando la adherencia a la terapia y disminuyendo las oscilaciones de la presión arterial como consecuencia de un descenso más estable a lo largo del día. Esto puede proporcionar mayor protección contra el riesgo de eventos cardiovasculares mayores y el desarrollo de daño de órgano blanco (145,146). 6. Un tratamiento farmacológico intensivo no debe implicar un descenso rápido o excesivo de la presión arterial que genere un riesgo innecesario para el paciente. Por ello se desaconseja el uso de drogas orales de acción corta (147-152) 7. El objetivo terapéutico fijado en cada paciente debe ser alcanzado en forma lenta y progresiva. Una vez logrado el nivel deseado, el mismo debe ser sostenido en el tiempo bajo control médico periódico. 8. El costo económico debe ser tenido en cuenta, pero en su valoración debe considerarse el precio directo de la droga, los costos indirectos (Ej.: estudios de laboratorio necesarios como control de seguridad), y el gasto final a largo plazo. 9. El tratamiento farmacológico no sustituye la indicación de cambios en el estilo de vida, que son importantes en la reducción global del riesgo cardiovascular, al tiempo que permiten el uso de dosis menores de fármacos antihipertensivos. 10. Un tratamiento antihipertensivo puede ser sostenido con continuidad a lo largo de décadas, si se involucra al resto de la familia en el cuidado de la salud adoptando hábitos de vida saludables y acompañando el tratamiento del integrante hipertenso. Esta estrategia familiar puede, además, prevenir o demorar el desarrollo de hipertensión arterial en