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Filosofía I - ficha 10
IES ISABEL DE CASTILLA
Sebastián Salgado
ética y moral
De qué va la ética ........................................................................2
Un libro de ética ..........................................................................4
Moral como estructura y moral como contenido .....................5
Cómo vivimos y cómo queremos vivir. La función práctica
de la ética .....................................................................................7
Una breve historia del término "persona" ................................8
La formación moral de la persona.............................................9
[Actividades]..........................................................................................12
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Filosofía I - ficha 10
IES ISABEL DE CASTILLA
Sebastián Salgado
De qué va la ética
La ética es una rama de la filosofía. Atañe moralmente a la vida, es
decir, se vuelca en decidir qué trazo moral darle a nuestra existencia y, en
este sentido, ha de comenzar por un auto-reconocimiento: la ética nos pone
en situación de considerarnos dueños de nuestras acciones, por lo que se
puede afirmar que la primera tarea pedagógica de la ética es enseñar la
responsabilidad.
Esto parece fácil, pero no lo es, porque a menudo no somos capaces
de reconocer inmediatamente la responsabilidad. Veamos un divertido
ejemplo que Fernando Savater pone en su libro titulado Las preguntas de la
vida:
“Supongamos una mujer cuyo marido emprende un largo viaje; la mujer aprovecha
esa ausencia para reunirse con un amante; de un día para otro, el marido desconfiado
anuncia su vuelta y exige la presencia de su esposa en el aeropuerto para recibirle. Para
llegar hasta el aeropuerto, la mujer debe atravesar un bosque donde se oculta un temible
asesino. Asustada, pide a su amante que la acompañe pero éste se niega porque no desea
enfrentarse con el marido; solicita entonces su protección al único guardia que hay en el
pueblo, el cual también le dice que no puede ir con ella, ya que debe atender con idéntico
celo al resto de los ciudadanos; acude a diversos vecinos y vecinas no obteniendo más que
rechazos, unos por miedo y otros por comodidad. Finalmente emprende el viaje sola y es
asesinada por el criminal del bosque. Pregunta: ¿quién es el responsable de su muerte?”.
Pero no hay que olvidar que si nos reconocemos como autores
estamos aludiendo a la existencia de la libertad. Así pues, la responsabilidad
nos conduce hasta la libertad y viceversa, porque sería fatuo elegir sin saber
que se elige, es decir, ser libre sin vivir la libertad y la responsabilidad es la
vivencia consciente de la libertad.
A su vez, si nos reconocemos como autores, también estaremos
aludiendo a la creación: la moral es un acto de creación. Decía Sartre que
la moral era comparable a una obra de arte en tanto que el hombre,
contenido mismo de la moral –la moral es sólo cosa de humanos-, está por
hacer y se hace, precisamente, al elegir su moral:
“Hay que comparar la elección moral con la construcción de una obra de arte [...]
Lo que hay de común entre el arte y la moral es que, en los dos casos, tenemos creación e
invención [...] El hombre se hace; no está todo hecho desde el principio, se hace al elegir su
moral”.
En esta elección intervienen tanto la inteligencia como el deseo, tanto
la razón como los sentimientos, de ahí que José Antonio Marina defina al
ser humano como una sentimentalidad inteligente1.
1
José Antonio Marina: Ética para náufragos (ed. Anagrama, 1995, pg. 19)
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Razón, sentimiento, deseos, pasiones, libertad, responsabilidad…
todo ello nos habla del sujeto. La reflexión ética gira en torno a la categoría
de sujeto. La ética rinde tributo al sujeto en tanto que se dispone a
inaugurarlo. Pero, cuidado, no se trata de reconstruirlo psicológicamente
sino de dimensionarlo socialmente, porque la ética se define normativa y
procedimentalmente. En términos restrictivos: el objeto de la ética no es el
yo (síntesis de naturaleza psicológica) sino el sujeto como arquetipo social.
En muchas ocasiones tendemos a confundir ética y moral,
haciéndolas sinónimas e intercambiables. Y el problema es que eso puede
hacerse con facilidad y sin incurrir necesariamente en un error. Sin
embargo, también es posible diferenciarlas: la moral es el ámbito de la
acción donde el hacer viene definido conjuntamente por la voluntad, el
deseo, la obligación o deber y la situación. Así, dice Marina:
“Hay algunos presupuestos comunes a todas las morales, al fin y al cabo todas
están tejidas con los mimbres del comportamiento humano: ser, querer, poder y deber… El
territorio moral, que es el reino del hacer, de la acción, está delimitado por el ser, el poder,
el querer y el deber, conceptos que forman la semántica básica de toda moral, de los cuales
hay que explicar sus contenidos implícitos y su génesis”2.
En cambio, la ética se dedica a reflexionar sobre los contenidos de la
acción moral así como sobre su origen, evolución histórica, estructura y
fundamentos. Según Adela Cortina, la ética ha de ser “entendida como
aquella parte de la filosofía que se dedica a la reflexión sobre la moral.
Como parte de la Filosofía la ética es un tipo de saber que intenta
construirse racionalmente. La ética pretende dar cuenta racionalmente de
la dimensión moral humana”3.
En definitiva, ética y moral no son la misma cosa: una acción es
moral cuando cursa bajo principios y valores que son operaciones
funcionales de la relación bueno-malo. La ética, en cambio, es el discurso
racional sobre lo moral.
2
José Antonio Marina: Ética para náufragos (pg. 48-9)
3
Cortina, Adela: Ética. ed. Akal. 1996
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Un libro de ética
"
Para entender qué es la ética y cuál es su tarea filosófica resulta muy
ilustrativo leer alguna obra de ética. El filósofo español F. Savater ha escrito
varias y algunas con gran éxito. Podemos acercarnos ahora a una de estas:
Ética para Amador. Leamos, al menos, el primer capítulo.
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Sebastián Salgado
Moral como estructura y moral como contenido
Preguntar éticamente por la moral supone adentrarnos en su análisis
traduciéndola en tanto que estructura y como contenido.
La moral como contenido es aquel conjunto normativo y coercitivo4
de pautas de conducta (valores, normas y principios) que rigen nuestro
comportamiento en sociedad; pero la moral (como contenido) no es sólo ese
conjunto objetivo, aunque relativo y plurívoco, es decir, no inmediatamente
universalizable, de normas y valores que adopta el individuo en su
experiencia socializadora, sino también la repuesta que el propio sujeto
moral da a la necesidad de interiorización de esas normas.
Dice Foucault que “por moral se entiende un conjunto de valores y de reglas de
acción que son propuestas a los individuos y a los grupos por el intermediario de aparatos
prescriptivos diversos, como pueden ser la familia, las instituciones educativas, las iglesias,
etc. Ocurre que estas reglas y valores son muy explícitamente formuladas en una doctrina
coherente y en una enseñanza explícita. Pero ocurre también que son transmitidas de
manera difusa y que, lejos de formar un conjunto sistemático, constituyen un juego
complejo de elementos que se compensan, se corrigen, se anulan en ciertos apuntes,
permitiendo así compromisos o escapatorias. Bajo estas reservas se puede llamar código
moral este conjunto prescriptivo. Pero por moral se entiende también el comportamiento real
de los individuos en su relación con las reglas y valores que les son propuestos: se designa
así la manera según la cual se someten más o menos completamente a un principio de
conducta, según la cual obedecen o se resisten a una prohibición o a una prescripción,
según la cual respetan o desatienden un conjunto de valores; el estudio de este aspecto de la
moral debe determinar cómo, y con qué márgenes de variación o de trasgresión, los
individuos o los grupos se conducen con referencia a un sistema prescriptivo que es
explícita o implícitamente dado en su cultura y del cual tienen una conciencia más o
menos clara. Llamemos a este nivel de fenómenos la moralidad de los comportamientos.
Eso no es todo. Una cosa en efecto es una regla de conducta; otra cosa la conducta
que se puede medir a esta regla. Pero otra cosa aún, la manera según la cual debe uno
conducirse, es decir, la manera según la cual debe uno constituirse a sí mismo como sujeto
moral actuando con referencia a los elementos prescriptivos que constituyen el código”5.
Por tanto, se podría decir que la moral como contenido es el cuadro
axiológico del proceso de socialización; cuadro que contiene tanto los
criterios de acción como las acciones mismas y su nivel de adecuación ética
en el desarrollo de las interacciones sociales humanas.
Pero, más allá de la pregunta por la posibilidad de universalizar el
contenido de la moral, lo importante ahora es clarificar la manera en que la
4
Ya Platón planteaba la tesis de que la justicia sólo se abraza en origen porque nos está vedado obrar
contra la ley. “La República”, libro II.
5
Michel FOUCAULT: “El uso de los placeres”; en Historia de la sexualidad, vol. II (ed. Gallimard,
París, 1984, pág. 32-33)
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dimensión de la moral como contenido se encuentra en relación con la otra
dimensión esencial de la moral, esto es, como estructura. Aranguren tiene
la respuesta: “De las dos dimensiones de la moral, la moral como contenido se monta
necesariamente sobre la moral como estructura y no puede darse sin ella”6. Opinaba
este autor que “la moral es para los humanos como una segunda piel, tan pegada a la
primera que resulta difícilmente discernible, criticable, desechable o renovable. De ahí lo
inapropiado de expresiones tales como la pérdida de la moral. La moral es un elemento tan
constitutivo del ser humano, como su condición de ser mortal, finito y limitado”7.
Así pues, la moral es presentada como una dimensión constitutiva de
lo humano, es decir, como algo absolutamente indispensable y
singularizador, ya que ningún otro animal se plantea o tiene problemas
morales; en cambio, el ser humano no puede dejar de ser moral, del mismo
modo que no puede no elegir la libertad, pues ésta se le presenta como
condena. Pero esto no impide que existan comportamientos humanos no
morales, aquellos instalados al margen de la moral, amorales, e inmorales,
que son los que se hacen contra una determinada moral; lo inmoral atenta
contra una moral, pero no contra la moral en sí (Moralidad).
Tiene razón Ortega cuando se queja de la incorrecta traducción del
término moral, significándolo como añadido u ornamento, en vez de ser
considerado como el ser mismo del hombre:
“Me irrita este vocablo moral. Me irrita porque en su uso y abuso tradicionales se
entiende por moral no sé bien qué añadido de ornamento puesto a la vida y ser de un
hombre o de un pueblo. Por eso yo prefiero que el lector lo entienda por lo que significa, no
en la contraposición moral-inmoral, sino en el sentido que adquiere cuando de alguien se
dice que está desmoralizado. Entonces se advierte que la moral no es una performance
suplementaria y lujosa que el hombre añade a su ser para obtener un premio, sino que es el
ser mismo del hombre cuando está en su propio quicio y vital eficiencia […] un hombre
desmoralizado es simplemente un hombre que no está en posesión de sí mismo, que está
fuera de su radical autenticidad y por ello no vive su vida y por ello no crea ni fecunda ni
hincha su destino”8.
6
J. L. L. ARANGUREN: Ética (rev. Occ. Madrid, 1958)
7
J. L. L. ARANGUREN: Ética (pág. 47)
8
ORTEGA Y GASSET, José: Por qué he escrito “el hombre a la defensiva” (en Obras Completas, vol.
IV; ed. Alianza, Madrid)
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Cómo vivimos y cómo queremos vivir. La función práctica
de la ética
Vivimos rodeados de normas. Paradójicamente, sin ellas la libertad
resultaría imposible. Con la sagacidad que caracterizaba a su pensamiento,
Montesquieu aclaraba la relación entre libertad y ley del siguiente modo:
“Es cierto que en las democracias parece que el pueblo hace lo que quiere, pero la
libertad política no consiste en hacer lo que uno quiera. En un Estado, es decir, en una
sociedad en la que hay leyes, la libertad sólo puede consistir en poder hacer lo que se debe
querer y en no estar obligado a hacer lo que no se debe querer. Hay que tomar conciencia
de lo que es la independencia y de lo que es la libertad. La libertad es el deseo de hacer
todo lo que las leyes permiten, de modo que si un ciudadano pudiera hacer lo que las leyes
prohíben, ya no habría libertad, pues los demás tendrían igualmente esta facultad”9.
Es cierto que hay leyes o normas que constriñen nuestra libertad,
pero en sentido general la ley hace posible la expresión de la libertad,
porque la ley es reflejo de una libertad situada: vivimos en situación,
nuestra libertad es en situación, no es ilimitada, aunque sí infinita.
Expliquémoslo: la libertad es infinita pues es constitutiva de la naturaleza
del hombre; pero la libertad es limitada porque cuando se elige se deja
siempre algo de lado. Cuando elegimos algo, dejamos otras muchas cosas
por elegir. Además, elegir supone contar con las circunstancias.
Precisamente las normas sirven para presentar al sujeto moral esas
circunstancias.
Las normas no son sólo márgenes, esto es, límites entre los cuales se
hace viable nuestras elecciones. Las normas son, también, posibilidades. Y
es aquí donde tienen sentido un tipo concreto de normas a las que
llamamos valores. En cierto modo los valores son normas porque guían
nuestro comportamiento moral, porque son el horizonte de nuestras
acciones morales, el criterio de justificación de las mismas. Los valores
actúan de principios de ordenamiento de las normas morales, las cuales, a
su vez, funcionan como resortes de posibilidad de las acciones morales.
¿Cómo queremos vivir? La respuesta es siempre la misma: queremos
vivir bien. Para lograrlo nos puede ayudar mucho la ética, porque la
función vital de esta es saber cómo vivir bien. La ética sirve para averiguar
cómo vivir bien.
9
MONTESQUIEU (barón de, Charles-Louis de Secondat): Del espíritu de las leyes; libro 1º, capítulos 1
y 2; (traducción castellana en editorial tecnos, Madrid, 1985)
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Una breve historia del término "persona"
Los romanos habían tomado el término “persona” del griego
πρóσωπον (prósopon), cuyo significado se refería al rostro o máscara que el
actor de teatro se colocaba para interpretar su papel. Pero la civilización
romana extendería el uso y significado de "persona" más allá de la esfera
cultural y artística, relacionándolo con el Derecho: "persona" era el sujeto
de derechos, es decir, algo que no era simplemente una cosa ni un esclavo.
Se trataba del ciudadano romano. El derecho romano atribuía a la persona
las características de libertad y dignidad. Por eso las personas eran más
importantes, más dignas de consideración, que las cosas y que los esclavos.
Un romano llamado Boecio (480-524), considerado el último filósofo
romano y el primero de la Edad Media, que estando prisionero en la cárcel
de Pavia escribió un libro titulado: De la consolación de la Filosofía. En el
mismo entablaba un diálogo con la filosofía, a la que puso voz y figura de
mujer, preguntándose por el sentido y destino de la vida, la naturaleza del
bien y del mal, y otros temas morales. Boecio, acusado de conspirar contra
el Emperador, acabaría siendo ejecutado. Como pensador, una de sus
aportaciones fundamentales es la del concepto de “persona”. Para Boecio,
persona es el individuo de naturaleza racional. Él es quien nos recuerda que
el término “persona” procede del mundo del teatro y que alude tanto a la
máscara del actor como a su personaje, es decir, el papel que había de
interpretar en escena.
La dignidad atribuida a las personas sería extendida universalmente
por el cristianismo: la persona ya no era, únicamente, el individuo racional
y libre, sino todo ser humano, porque así lo había dispuesto Dios. Para el
cristianismo, ser persona es un don de Dios entregado a todos los hombres.
En el siglo XVIII, el filósofo Kant aplicaba a la persona estos
atributos: racionalidad, libertad, dignidad, insistiendo en que la persona
pertenece al llamado "reino de los fines", que es el reino de la moral, aquel
donde cada ser racional es siempre un fin en sí mismo. Según Kant, la
dignidad de la persona como ser moral no es un regalo, ni un añadido
procedente del exterior, sino que es un principio intrínseco al ser humano.
Pero Kant incluía algo más: persona es aquel dotado de conciencia y
capacidad de obrar responsablemente. Así, la persona ya no ostenta sólo
derechos, sino que al mismo tiempo carga con deberes y responsabilidades.
En la actualidad, la "Declaración Universal de los Derechos
Humanos" insiste en la moralidad, inviolabilidad, libertad y dignidad de las
personas por encima de cualquier pertenencia a grupos sociales, raciales y
nacionales, con independencia del sexo, edad y capacidades de cada uno.
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La formación moral de la persona
Léase atentamente este poema de Fernando Pessoa para identificar,
según este autor, qué nos hace personas y si eso nos enfrenta a los animales
o si nos diferencia singular y tajantemente de ellos.
“Me dices: tú eres algo más
que una piedra o una planta.
Me dices: sientes, piensas y sabes
que piensas y sientes.
Entonces, ¿las piedras escriben versos?
Entonces, ¿las plantas tienen ideas sobre el mundo?
Sí: hay diferencia.
Pero no es la diferencia que encuentras;
porque el tener conciencia no me obliga a tener teorías sobre las cosas:
sólo me obliga a ser consciente.
Si soy más que una piedra o una planta. No lo sé.
Soy diferente. No sé lo que es más o menos.
¿Tener conciencia es más que tener color?
Puede ser y puede no ser.
Sé que es diferente tan sólo.
Nadie puede probar que es más que sólo diferente.
Sé que la piedra es real, y que la planta existe.
Sé esto porque ellas existen.
Lo sé porque mis sentidos me lo muestran.
Sé que soy real también.
Lo sé porque mis sentidos me lo muestran,
aunque con menos claridad con que me muestran la piedra y la planta.
No sé nada más.
Sí, escribo versos y la piedra no escribe versos.
Sí, hago ideas sobre el mundo y la planta no.
Pero es que las piedras no son poetas, son piedras;
y las plantas son sólo plantas, y no pensadores.
Tanto puedo decir que soy por esto superior a ellas
como que soy inferior.
Pero no digo eso: digo de una piedra: “es una piedra”;
digo de la planta: “es una planta”;
digo de mí: “soy yo”.
Y no digo nada más. ¿Qué más hay que decir?”10.
10
Pessoa, Fernando: Un corazón de nadie. Antología poética (1913-1935). Círculo de Lectores,
Barcelona, 2001, p. 171-173
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¿Señalando las características propias de la persona referidas en este
poema de Pessoa, cabría considerar que somos mejores, peores o
simplemente diferentes a otros animales, plantas, cosas…?
Fernando Pessoa pretendió, artísticamente, ser varias personas a la
vez, empleando “heterónimos”. ¿Podemos ser más de una persona o bien la
persona es la identidad de cada uno y, en ese caso, no es posible cambiarla
ni multiplicarla?
Si somos personas no es únicamente por haber nacido humanos, ni
por participar de una cultura que dignifica a los hombres sobre el resto de
cosas, sino porque construimos nuestro proyecto de vida haciéndonos
responsables de nuestros actos libres. La conciencia, que implica ser libre,
tiene un envés, otra cara aparejada: la responsabilidad. Por eso decía Kant
que persona es el sujeto cuyas acciones le son imputables.
Aunque resulta evidente que una persona lo es por nacimiento (se
nace humano, en vez de ser una piedra, una planta o un oso), es cierto
también que las personas se hacen, esto es, construyen su identidad
personal a lo largo de su vida y en esta labor no están solos: se hallan en
relación estrecha y fundamental con el resto de personas, con la sociedad.
En este nuevo escenario de formación de la persona intervienen normas,
creencias y valores que se concretan en derechos y deberes: el derecho de
ser libre, pero al mismo tiempo el deber de responsabilizarse de esa
libertad; el derecho de tener dignidad, de ser tratado dignamente, pero a la
vez el deber de respetar la dignidad de los demás; el derecho de ser igual
ante la ley, pero simultáneamente el deber de obedecer esa ley.
Todos esos derechos y deberes son presentados a la persona como
modelos; sin ellos estaría perdida. Ahora bien, modelos no sólo son los otros
o lo que representan, sino que modelo es cada uno de nosotros. Por eso
difícilmente puede existir persona si no es ejemplar. Ejemplaridad quiere
decir aquí adoptar una actitud virtuosa: no se trata de ser mejor que todos;
más bien consiste en luchar por estar a la altura, es decir, hacerse digno de
ser tratado como persona.
Un mundo de personas es un mundo compartido, un mundo de
libres e iguales (ante la ley), pero también es un mundo de virtudes, es decir,
de equilibrios logrados con buenos hábitos: un mundo de buenas
costumbres donde reina el cultivo de la virtud y la amistad. No en vano
Aristóteles comparaba la virtud con el cálculo del “justo medio”, que tenía
que ver con el esfuerzo inteligente y prudente de evitar posturas extremistas
y, así, lograr un equilibrio tanto en la vida individual como social. Sólo
mediante ese cálculo, que opera sobre valores morales protectores de la
dignidad y libertad, es posible avanzar en la construcción moral de la
persona. Para Aristóteles la virtud era un “hábito selectivo de acuerdo a la razón
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por la que hallamos el justo medio relativo a nosotros tal y como haría un hombre
prudente”.
El proceso de construcción de la persona está repleto de normas,
valores, virtudes y modelos que permiten el entendimiento mutuo y la
convivencia, y eso cae del lado de la sociedad; pero, al mismo tiempo, está
presente la propia conciencia del individuo y ésa corresponde a un plano
moral individual.
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[Actividades]
1. ¿Qué significa la frase de Kant: ”Persona es el sujeto cuyas
acciones son imputables"?
2. Defina el término virtud.
3. ¿Qué significa ser “ejemplar”?
4. Según Fernando Pessoa, ¿somos mejores, peores, iguales o
diferentes al resto de cosas y animales? ¿Qué nos hace personas?
5. ¿Podemos ser más de una persona a la vez?
6. Distinga entre ética y moral. Defina ambos términos, identifique la
función de la ética, exprese la relación entre ética y moral.
7. La moral tiene, al menos, dos dimensiones: moral como contenido
y moral como estructura. Explique el significado de cada una de ellas y
qué relación guardan entre sí.
8. Construya una tabla de dos columnas: en una coloque las distintas
etapas histórico-culturales importantes en la configuración del concepto
de “persona”; en la otra columna anote las características o significados
que cada una de esas etapas otorgó al término “persona”.
9. ¿Considera que el significado de “persona” ha ido evolucionando
a medida que cambiaba el modelo de sociedad? Argumente la respuesta.
10.¿Qué relación encontraba Montesquieu entre libertad y ley?
11.¿Puede un hombre prescindir de la moral? ¿Qué significa, para
Ortega, un hombre desmoralizado?
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