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¿SE PUEDE MANTENER EL ALTO CRECIMIENTO? Luego de un muy buen año 2006, con una tasa de crecimiento del PIB cercana al 8 por ciento, surgen preguntas como: ¿Se podrá sostener? Pareciera que cada vez que la economía costarricense acelera su tasa de crecimiento, al año siguiente se desploma, y vuelve a crecer a un bajo ritmo. Como si las fuerzas de la gravedad no la dejaran despegar. Esto es una situación preocupante, ya que a todos nos gustaría que nuestra economía crezca a tasas elevadas todos los años, como lo vienen haciendo China e India, por ejemplo, o como lo hicieron en su momento Irlanda y los “Tigres Asiáticos”. La capacidad de crecimiento de una economía está determinada por dos aspectos principales en el largo plazo. Por un lado, la cantidad de factores de producción (trabajo, capital, tierra), y por otro lado los aumentos en productividad (como se le saca el máximo provecho a lo disponible). El crecimiento de la producción del 2006 fue ayudado, en buena medida, por la entrada de capitales extranjeros de inversión privada, estimado en unos $1,400 millones. La capacidad de ahorro nacional es limitada, de manera que necesitamos del capital extranjero para cubrir parte de nuestras necesidades de inversión. La Inversión Extranjera Directa “tradicional”, del tipo que traen empresas transnacionales para instalar nuevas operaciones en el país, o para incrementar sus actividades ya existentes, se estima que es de unos $500 millones anuales, y se ha mantenido relativamente constante en los últimos años. El año pasado ingresó, además, mucha inversión para el sector inmobiliario, para compra de, construcción de casas y condominios. Debido a que Costa Rica se ha vuelto un lugar atractivo para los extranjeros venir a vivir acá, especialmente norteamericanos, se habla de un “Boom” inmobiliario. Que este tipo de capitales siga llegando al país de manera constante por muchos años más, dependerá, sobre todo, de que mantengamos nuestra ventaja comparativa con respecto a los países que compiten con nosotros por atraer capitales. Una buena parte de esa ventaja pasa por mantener la estabilidad económica, social y política que nos ha caracterizado. Otra parte dependerá de las señales que les enviemos a los inversionistas. Por ejemplo, el rechazo del TLC con Estados Unidos, o la no definición en cuanto a los incentivos de Zona Franca, podrían ahuyentar a los inversionistas. Para mantener buenos indicadores económicos, se requiere que le saquemos el máximo provecho a lo que tenemos. En ese sentido, hay tres grandes “cuellos de botella” que no le permiten a la economía mejorar más rápidamente su productividad: Infraestructura, Educación y Tecnología. La cantidad y calidad de las carreteras, puertos y aeropuertos incide directamente sobre los costos y la producción. Aquí se requiere que el gobierno invierta más en infraestructura, y además que ponga a trabajar adecuadamente el sistema de concesiones, para permitir que el sector privado colabore con esa tarea. La educación es clave, tanto para el crecimiento de la producción, como para el avance social de los más pobres. Aquí, el gobierno debe enfocarse en mejorar la calidad y el alcance del gasto en esta materia (no se trata simplemente de gastar por gastar). Finalmente, los cambios tecnológicos de los últimos años han sido claves para aumentar la productividad. En este campo, el gobierno debe promover más la investigación y desarrollo de nuevas tecnología, pero también es fundamental que se abra el sector telecomunicaciones a la competencia, eje fundamental de la mayoría de los avances tecnológicos de los tiempos modernos.