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Transcript
Una comunidad siempre
en Camino
( que recuerda el pasado, vive el presente y se proyecta al futuro)
1962 - 2012
1
Una comunidad siempre
en Camino
( que recuerda el pasado, vive el presente y se proyecta al futuro)
Parroquia “Cristo Crucificado”
“Agradezco a cada uno de nuestros hermanos que formamos esta comunidad
parroquial, por aquellos que a pesar de muchas dificultades siguen con fuerza y
valentía su fe y su compromiso cristiano. También por los rostros de hombres,
mujeres y niños que se unirán a esta hermosa comunidad para seguir construyendo el
Reino de Dios”
Pbro. Fabián Velásquez Oyarzo
2
PRESENTACION
Después de siete meses de trabajo, con buena participación y comunión eclesial,
finalmente ve la luz nuestra “recopilación histórica” que trata de recoger parte del
hermoso camino de fe vivido y celebrado en estos cincuenta años de vida.
Corría el año 1962 cuando Monseñor Rencoret, primer Arzobispo de Puerto Montt,
fundó la parroquia bajo el título de “Cristo Crucificado”. Primera parroquia del sector
alto de la ciudad - llamada tercera terraza- terreno que sólo comienza a ocuparse
después del terremoto del año 60.
Mirar la historia es asumir la historia y descubrir la inmensa riqueza que hay en ella, es
descubrir el paso de Dios en cada uno de los acontecimientos y de las personas. Por
ello hemos querido trazar estas líneas para escribir y reflexionar sobre el camino
recorrido en comunidad, el lugar físico en donde hacemos vida el Evangelio y le
entregamos al Señor todas nuestras alegrías y tristezas.
Queremos recoger en estas páginas las propias experiencias de vida en comunidad, y
recordar a los sacerdotes y fieles laicos que han pasado sembrando esperanza en
nuestras vidas y que nos han formado como cristianos, que pasaron entregando lo
mejor de sí mismos por la causa del Reino de Dios y su justicia.
Gratitud a Dios, en primer lugar, que nos ha ido conduciendo, y gratitud también a
tantos hermanos nuestros que han colaborado en las diversas etapas de la elaboración de
este texto, bajo la guía de la señora Betty y don Manuel.
Con esperanza, entregamos pues, este libro para su publicación. Para que pueda cautivar
con mayor fuerza a todos los agentes pastorales de nuestra Comunidad a seguir
trabajando por el amor a Cristo y a la Iglesia. Todo ello nos ayudará a fortalecer la
comunión parroquial y nos impulsará a la vasta misión evangelizadora de Cristo.
Ponemos este libro en manos de la Santísima Virgen María, bajo la advocación de la
Inmaculada Concepción.
Que por su pasión y cruz lleguemos a la gloria de su resurrección.
Pbro. Fabián Velásquez Oyarzo
Párroco
Puerto Montt, 11 de Octubre de 2012
Inicio del Año de la Fe
(Memoria del Beato Juan XXIII)
3
INDICE
PRIMERA PARTE
Contexto ………….………………………………………………………………..
6
Capítulo 1
Cimientos en tierra fecunda………………………………….…………………….
El pionero: un joven sacerdote………………………………………………….…
Obispo y Arzobispo……………………………………..………………………….
El precursor: un cura obrero ………………………………………………………
Movimiento europeo………………………………………………………………
Bases sólidas ………………………………………………………………………
Otras agrupaciones…………………………………………………………………
En la línea del Concilio Vaticano Segundo………………………………...............
“Nos conocía a todos”. Testimonio………………………………………..............
Legión de María………………………………………………………....................
Luchadora incansable. Testimonio ……………………………………………….
Una vida al servicio de Dios. Testimonio…………… …………………………..
Llega un joven diácono………………………………… ………………………...
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Capítulo 2
Un pueblo dividido en dos………………………………………………………..
Cardenal Raúl Silva Henríquez: un pastor junto a su rebaño
Un “curita especial”………………………………………………………………
Una historia de amor.
Obispo promotor de la paz y la justicia…………….……………………………..
Un pastor por trece años………………………………………………………….
Un religioso múltiple……………………………………………………………...
Regreso del padre Nelson…………………………………………………………
Los pobres fueron sus amigos. Testimonio……………………………………….
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Capítulo 3
Década con una visita santa………………………………………………………...
Un párroco multifacético……………………………………………………..…..
Un apostolado sin claudicar……………………………………………………….
Testimonio de entrega absoluta. …………..………………………………………
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Capítulo 4
Retorno a la democracia…………………………………………………………..
Los doce años del padre Clementino……………………………………………..
De Aysén llega el nuevo Arzobispo……………………………….. ……………
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Capítulo 5
La década tecnológica y un nuevo santo………………………………………….
Primer Cónclave del Siglo XXI …………………………………………………..
Qué haría Cristo en mi lugar……………………………………… ……………..
Siniestrado
inicio
de
década…………………………………………...
……………
Llega el Arzobispo Cristian Caro…………………………………………………
Un cura para la reconstrucción……………………………………………………
Su mirada en los pobres……………………………………………………………
Nuevos diáconos………………………………………………………....................
Un testimonio de vida. …………………………………………………………….
Llega un carismático……………………………………………..............................
A la espera de un nuevo párroco………………………….......................................
Un joven para una parroquia cincuentenaria………………………………………
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72
Capítulo 6
Trabajo diaconal…………………………………………………………………
Vivencias hermosas de diácono. Testimonio Diácono Jorge Barría………………
Confirmado por Monseñor Rencoret. Testimonio Diácono Antonio Alcázar
Querido por todos. Testimonio Diácono Ananías Uribe…………………………
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SEGUNDA PARTE
Renovación Eclesial. La renovación parroquial a la luz de Aparecida….. ……… .
La renovación de la parroquia……………………………………………………
Comunidad viva……………………………………………………… ………….
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CONTEXTO HISTORICO
TERREMOTO 1960
Convulsionada por conflictos y acontecimientos sociales, políticos,
religiosos, económicos y de toda índole, y a su vez marcada por el
terremoto más destructivo del que se tenga memoria en los registros de la
Humanidad, la década del sesenta en Chile, y especialmente en la zona sur
(Concepción a Puerto Montt) ha quedado grabada en la memoria colectiva
como una época dolorosa porque para muchos la vida ya no volvió a ser la
misma. Es que un movimiento del planeta de 9,5 grados Richter era algo
impensado, nunca visto ni imaginado, ni menos para comenzar de esta
forma la década. Una Naturaleza bravía se ensañaba con poblados, caletas,
ciudades dejando una estela de muertos con un maremoto que cruzó los
océanos asolando a Filipinas, Japón y Australia también con muertos,
heridos y destrozos.
En el ámbito local (provincia de Llanquihue) las víctimas fatales
fueron centenares. Desaparecía el molo de la costanera y el ochenta por
ciento de las casas estaba en el suelo. El plano de la ciudad fue el que
recibió el impacto más potente. Muchos de sus habitantes, despavoridos
huyeron hacia la parte alta a buscar refugio. Desde los campos también
huían hacia la urbe. Quienes vivían cerca del mar arrancaron dejando las
ruinas de sus moradas para cobijarse donde ni siquiera había trazado de
calles. Matas de murra, chacayales, pampas, terrenos baldíos y húmedos,
una que otra vivienda en pie, ruinas y árboles en el suelo era el triste
panorama que les daba la bienvenida a los puñados de hombres y mujeres
que buscaban protección para ellos y sus crías. Pero estaban a salvo en lo
alto del cerro en las llamadas “poblaciones callampas” que comenzaban a
surgir por doquier, sin servicios básicos como el agua y la luz.
Fue exactamente el 22 de Mayo de 1960 en que el sismo sacudió a
las provincias del sur trayendo desolación, impotencia y pavor ante las
fuerzas naturales que modificaron el paisaje. Ese aciago día, a las 15 horas
se sintió un movimiento telúrico que inquietó a los puertomontinos sin
causar mayor alarma. Pero diez minutos más tarde ocurrió lo que nadie
pudo imaginarse y que quedará grabado a fuego en la memoria colectiva: el
terremoto de mayor intensidad en la historia mundial. Por su parte, el
maremoto que a continuación irrumpió arrasó con las caletas del sur y con
nuestro puerto. La ciudad de Valdivia atravesada por el río Calle Calle era
amenazada con su desaparición total. Una operación de ingeniería nunca
vista en el Lago Riñihue, la salvó de haber sucumbido bajo el agua. El 22
de Mayo puede describirse como una tarde de domingo otoñal. Al
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mediodía el tren había partido desde la estación de Puerto Montt con
destino a Santiago. Llevaba entre sus pasajeros a un matrimonio que debió
caminar desde Puerto Varas horas y días de regreso en medio del desastre
natural para lograr reunirse con sus tres pequeños retoños. Todos cuentan
sus historias y entregan testimonios dolorosos. El panorama de destrucción
casi fue total en población Modelo populoso sector del plano. El barrio
entero se hundió por el derrumbe del Cerro La Virgen arrastran do con su
avalancha las casas con sus moradores en el interior. Bomberos – que
trabajaron arduamente en el desastre – cuentan historias pavorosas de lo
que fue el rescate de las víctimas. También en el centro se incendió el
edificio de la Caja Nacional de Ahorros frente a la plaza de armas, y el
hospital quedó a punto de derrumbarse. Con parte de su estructura
clausurada, se debió habilitar un hospital de emergencia donado por
Estados Unidos. Desembarcó en El Tepual una semana más tarde los
Globemaster norteamericanos. Estos gigantescos aviones de transporte
militar sobrevolaban la ciudad provocando asombro. Fue la expresión de
una ayuda internacional nunca antes vista. Una hilera de camiones militares
de USA trasladaban las piezas del hospital de campaña con capacidad de
400 camas y una planta eléctrica propia hasta el regimiento. Poco después
se instaló definitivamente en terrenos colindantes a población Lago Chapo
y Manuel Montt, muy cerca de nuestra parroquia y otra parte se habilitó en
la cancha de Deportivo Lintz en el sector del mismo nombre. Se estima que
en Puerto Montt fallecieron unas 500 personas, y los desaparecidos fueron
más de tres mil. En la provincia esa cifra subió a 15 mil. En Carelmapu el
mar se llevó a tantos, en Maullín ocurrió algo similar. Quienes
sobrevivieron a la devastación no serían nunca más los mismos.
Conocieron en carne viva la fragilidad del ser humano frente a la
implacable naturaleza. Los relatos de los abuelos han pasado de boca en
boca, de generación en generación, y el ulular de las sirenas de los
bomberos del salvataje cada año trae a la mente aquel penoso recuerdo.
Con este mega sismo comienza a tejerse la historia de las nuevas
poblaciones, parroquias y capillas en los cerros, Pichi Pelluco, Mirasol,
Antonio Varas, Manuel Montt, Chiloé. En esta última, con sangre se
escribió otro trozo de la historia puertomontina de la década de los sesenta
que trascendió fronteras y que hizo volver al tapete noticioso nacional e
internacional a este aporreado Puerto Montt. La masacre de Pampa Irigoin.
Era el año 1969 y la ciudad tenía unos 80 mil habitantes. Muchos no
contaban con un techo donde vivir porque el Estado no era capaz de
satisfacer tanta demanda, ni la ayuda internacional daba abasto para las
sentidas necesidades post terremoto. Había ocupaciones de terrenos fiscales
y particulares. Situado a un costado de la carretera panamericana, existía un
predio baldío no apto para labores agrícolas, de propiedad de Rociel Irigoin
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Oyarzún, comerciante y agricultor. Era un sitio eriazo hasta donde
acudieron a levantar sus mediaguas obreros y campesinos que habían
emigrado a la ciudad. Un centenar protagonizó la toma pacífica. No había
orden de desalojo. Su dueño sólo había dado cuenta del hecho a la policía
sin pedir intervención ni desalojo. Era un conocido vecino que esperaba
vender el sitio en algún momento. Sin embargo, sin previo aviso, cayó la
represión en forma brutal y sorpresiva el domingo 9 de marzo de 1969 a las
7 horas. Diez muertos, entre ellos un recién nacido. Nadie sabe por qué se
actuó con tan inusitada violencia Sólo se sabe quién dio la orden. El
ministro del Interior de la época que años más tarde caería acribillado.
Pero no todo es desgracia. También la década del sesenta trae
recuerdos gratos como el Mundial del 62. Pocos imaginaron después del
terremoto pensar que Chile seguiría siendo sede de este magno encuentro.
Y lo fue, gracias a un arduo trabajo de reconstrucción y de levantar estadios
y de reacondicionarlos para cumplir con las duras exigencias de los
organizadores. Y se cumplió. Chile se coronaba tercero. Y con el Mundial
también debutaba la televisión. En algunas tiendas mostraban imágenes de
estos primeros aparatos. Algo nunca visto. Un acontecimiento que
sobrecogía. Se pudo ver la llegada del hombre a la Luna. Un 20 de julio de
1969, los astronautas Amstrong y Oldrin a bordo del Apolo 11 alunizaban
en el Mar de la Tranquilidad. Un hito sin precedentes retransmitido a todo
el orbe. La modernidad daba sus primeros pasos para seguir más tarde con
la más alta y sofisticada tecnología de la década actual. No en vano han
pasado cincuenta años, y pareciera que ya nada puede asombrarnos.
Justicia social, clamaban los obreros en los sesenta. Se observaba las
primeras ollas comunes y se vivía un ambiente agitado en los campos con
la incipiente Reforma Agraria, mientras los campamentos urbanos recibían
a cientos de obreros agrícolas en busca de oportunidades para enfrentar la
vida con dignidad. Seguían creciendo en la periferia los cordones de
pobreza. En el país, corrientes políticas antagónicas mostraban una
beligerancia nunca vista, y la división se agudizaba. Era una espiral de
violencia acentuada al extremo. Nadie se imaginó ni remotamente en lo que
desembocaría, una dictadura que se prolongó durante dos décadas (70 y
80). La Iglesia Católica cumpliendo con su misión estuvo junto a los más
débiles. Más tarde llegaría la democracia para quedarse hasta hoy. En
1987, cuando aún se vivían momentos duros, la presencia del Papa Juan
Pablo II en Chile, y en concreto en Puerto Montt en un caluroso día de
abril, fue una bendición, un bálsamo, un remanso en estos convulsionados
50 años.
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Esto no es más que una rápida pincelada de la historia de estas cinco
décadas para contextualizar los inicios de un cura soñador y de unos
cuantos fieles que en el sector alto de Puerto Montt se abocaron a la tarea
de despeje de ramas y arbustos para construir un modesto galpón a un
costado del lugar que hoy ocupa la familia Quintana. Fue escenario de las
primeras misas de lo que más tarde sería la Parroquia “Cristo Crucificado”
de población Antonio Varas que hoy festeja sus cincuenta años. En forma
paralela y aprovechando el material de construcción se levantaba la
parroquia hermana, de Fátima, en población Libertad.
IGLESIA COMPROMETIDA
En la década del sesenta se inicia un nuevo proceso en el seno de la
Iglesia Católica. Sin duda un gran acontecimiento que llegó de la mano del
Papa Juan XXIII y que traería profundos cambios y provocaría grandes
reformas. Para muchos, fueron dos las figuras cruciales de la evolución del
pensamiento social católico. El Papa Juan XXIII (1958 - 1962) y el Papa
Juan Pablo Segundo (1978-2005) personajes determinantes en la imagen
del catolicismo moderno. Juan XXIII sentó las bases de una nueva
orientación eclesial, una comprensión en que la Iglesia tiene de si misma y
de su forma de relacionarse con el mundo. Se abre en forma decidida en la
preocupación por los pobres y por los no católicos. Esto queda de
manifiesto en las encíclicas de carácter social publicadas por Juan XXIII
“Mater et Magistra” (1961) y Pacem in Terris (1963). Es una invitación a
los cristianos a construir un mundo más humano. Surge luego el Concilio
Vaticano Segundo a partir de los conceptos “dignidad” y “derechos
humanos” que pasan a ser la piedra angular del catolicismo al mundo. De
a poco los cristianos comienzan a entender cuál será su tarea en esta nueva
visión de la Iglesia. Para unos fue difícil aceptar el cambio. Otros lo
acogieron en su integridad. En su esencia, el hombre es el centro de la
Evangelización “íntegramente” con sus angustias, alegrías, frustraciones y
aspiraciones.
A continuación sacamos un extracto con los fundamentos de la
Pastoral Social de la Iglesia donde destacan la dignidad de la persona
humana, el bien común, la subsidiariedad y la solidaridad.
“El primer principio específico es el de la dignidad de la persona
humana que proporciona el fundamento para los derechos humanos. Para
pensar correctamente sobre la sociedad, la política, la economía y la cultura
uno debe primero entender qué es el ser humano y cuál es su verdadero
bien. Cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios, tiene una
dignidad inalienable y, por tanto, debe ser tratada siempre como un fin y no
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sólo como un medio. Cuando Jesús, usando la imagen del buen pastor,
hablaba de la oveja perdida, nos enseñaba lo que Dios piensa del valor de la
persona humana individual. El pastor deja a las 99 en el aprisco para buscar
a la perdida. Dios no piensa en los seres humanos en masa, o en
porcentajes, sino como individuos. Cada uno es precioso para él,
irreemplazable.
En su carta encíclica Centessimus Annus, el Papa Juan Pablo II
subrayaba la centralidad de este principio: "... toda la doctrina social de la
Iglesia, es la correcta concepción de la persona humana y de su valor
único, porque el hombre… en la tierra es la sola criatura que Dios ha
querido por sí misma. En él ha impreso su imagen y semejanza,
confiriéndole una dignidad incomparable" ( Centessimus Annus, No. 11 ).
De ahí que la Iglesia no piense primero en términos de naciones,
partidos políticos, tribus o grupos étnicos, sino más bien en la persona
individual. La Iglesia, como Cristo, defiende la dignidad de cada individuo.
Comprende la importancia del estado y de la sociedad en términos de
servicio a las personas y a las familias, en vez de en sentido contrario. El
estado, en particular, tiene el deber de proteger los derechos de las
personas, derechos que no son concedidos por el estado mismo sino por el
Creador”.
Una invitación
Esta es la historia de una comunidad viva. No aspira a ser más que el
testimonio de la cotidianeidad de una parroquia de barrio con relatos
anónimos y otros con nombres y apellidos. Hubiera sido hermoso recoger
todas las historias personales porque sabemos que hay muchas, pero el
tiempo y el espacio conspiran. Son cincuenta años transcurridos en un
templo que guarda y desborda tristezas y alegrías por doquier. Muchos en
este recinto tuvieron su primer encuentro con Cristo. “Allí me casé, bautice
a mis hijos, hicieron la primera comunión, los confirmé, celebré mis bodas
de plata, despedí a mi mamá, conocí a mi esposo” son frases dichas con
emoción por los entrevistados. Y ellos hacen la historia de los cincuenta
años que estamos cumpliendo. Aquí hay extractos que los compartimos con
ustedes.
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Capítulo 1
(1960 -1970)
Cimientos en tierra fecunda (1962)
No fue necesario recurrir a los archivos para conocer la partida de
nacimiento de la parroquia “Cristo Crucificado” fundada hace cincuenta
años - el 7 de enero de 1962 - y que creció y se formó junto a las
poblaciones que la rodean, post terremoto: Antonio Varas, Manuel Montt,
Chiloé, Anef, y otras. Contamos con valiosos testimonios de católicos que,
junto a los curitas de la época, tomaron la pala y la picota para empezar su
construcción con esperanza, fe y la imperiosa necesidad espiritual de
reunirse bajo un techo para encontrarse con Dios. Se vivían tiempos muy
difíciles. La vida no era la misma tras el terremoto del sesenta. Hambre,
miseria, devastación, desesperanza, sueños trizados y constante peregrinaje
del campo a la ciudad o lo que quedaba de ella. (El ochenta por ciento de
las casas de Puerto Montt sucumbieron tras la catástrofe natural de una
magnitud nunca registrada en la historia del mundo). En lo que corresponde
a nuestro entorno, aquí estamos hablando de la periferia, de una tierra de
nadie donde había mucho por hacer para después construir. Primero,
barracones colectivos de emergencia, chacayales, riachuelos y acequias,
pozos negros. Desmalezar era la consigna.
Los testimonios que
entregamos los ofrecemos de herencia a las nuevas generaciones. Es
historia viva, narrada en forma sencilla, y es ejemplo de tenacidad, sudor y
lágrimas frente a la adversidad. Eran aquellos tiempos en que todo se
estrellaba contra los molinos de viento, hasta los anhelos e ilusiones más
simples, como el disponer de un techo donde capear el frío y sentirse
seguros, luego de tanta desgracia dejada por el sismo. * Las calles apenas
estaban trazadas; era un campo de nadie, como el terreno dinamitado
después de una batalla. Las * vertientes*, los desniveles, arbustos y
montículos hacían más difícil la tarea. En la noche, oscuridad total, agua de
pozo. No había plata, sólo entusiasmo, y los fondos estatales permitían
construir cobertizos y tinglados para grupos de familias. Se vivía una
emergencia. La gente sentía una imperiosa necesidad espiritual, lo que
significaba levantar con mucho esfuerzo un pequeño recinto para
encontrarse con Dios. Por ello no fue una novedad construir lo que se
llamaría la casa parroquial: dos piezas de madera de 4 por 4 metros, dotada
de agua y pozo negro. * Un gran adelanto para aquel tiempo en que las
demás construcciones eran barracones con pozo negro común. A la
entrada* un galponcito multiuso, justo a un costado del lugar donde hoy se
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emplaza la casa * de la familia Quintana Olavarría. Fue algo así como la
primera piedra hace cincuenta años de lo que hoy es nuestra Parroquia
“Cristo Crucificado”, la madre de todas las iglesias de la tercera terraza. De
aquí nacerían * Fátima en * Libertad; el Buen Pastor, en La Colina; Santa
Teresa de Los Andes, en Antihual, Nuestra Señora de Guadalupe,* en La
Paloma y Nuestra Señora de la Candelaria, en Alerce. De una tercera se
pasó a una cuarta terraza, y la ciudad * sigue creciendo * con el correr de
las décadas.
El pionero: un joven sacerdote (1962- 1965)
En el reducido lugar ya descrito fueron las primeras misas del padre
Bernardino Ojeda Barría, sacerdote recién salido del seminario y nombrado
administrador parroquial. Su entusiasmo juvenil contagió a otros feligreses
que lo ayudaron a levantar este pequeño refugio de Dios, sitio de encuentro
y de unión de las familias los domingos, de tertulias, de charlas y de
pequeñas alegrías. Era como la casa de todos. Si hasta el Mundial de
Fútbol del 62 fue celebrado allí. Se instaló una radio a todo volumen y se
aplaudían los goles. Eran las pequeñas alegrías de la gente entre tanta pena
y destrucción.
Frente a la adversidad, la vida seguía y había que fundar piedra
sobre piedra, despejar, desmalezar, afirmar ese modesto galponcito que era
el templo, la casa del Señor. En los registros figura la primera partida de
bautismo. Correspondió a Segundo Mardones Anguita, el 13 de enero de
1962. La primera bautizada fue Juana Eliana Casas, y el primer
matrimonio compuesto por Juan Gutiérrez y María Ernestina Barría
Chávez también se celebró el 13 de enero del mismo año.
El Padre Bernardino comenzó a relacionarse con sus primeros
colaboradores, (algunos ya fallecidos) Odilio Saldívar que más tarde sería
diácono al igual que Miguel Ramírez Gatica; Juan Bautista Chávez, Juan
Osvaldo Rain Gallardo. Este último había llegado de Temuco en 1963. Con
anterior formación cristiana en su juventud (Los Siervos de María en
Aysén) así relata aquel inicio. Actualmente vive en población Chiloé. “Nos
tomó a su cargo el P. Bernardino Ojeda. Trabajamos muy duro. Fuimos
los primeros marianos. El nos formó, y después continuamos con Cursillos
de Cristiandad. Formamos a los primeros catequistas hombres, y luego a
las mujeres. Partió la Escuela de Diáconos, y se ordenaron dos de la
población: Ananías Uribe y Guillermo López. Integramos un coro que
cantaba en las catedrales de Valdivia y Osorno. Yo tocaba guitarra y
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cantaba. Evangelizábamos con la música. Provenía de la Acción
Católica y formamos la Legión de María de hombres, con otras personas
de la Población Libertad y éramos como ocho con la dirección espiritual
del P. Ojeda. Después las mujeres formaron la Legión de María”.
Se creó entonces una cooperativa en el seno de la parroquia, surgida
tanto por necesidades económicas como para afianzar los lazos de unión de
los nuevos pobladores. En las dificultades siempre se intenta vivir en
comunidad, es como si * estar reunidos se soportaran mejor las vicisitudes,
en este caso las réplicas del sismo que por años persistieron en distintas
magnitudes en todo el sur. La cooperativa partió con la entrega de
modestos cinco paquetes de vela, (no existía luz eléctrica); cinco kilos de
azúcar y paquetes de fideos. Cuando creció - según relatan nuestros
testigos - la formación cristiana deficiente de quienes componían este
grupo, echó abajo el proyecto. “Si teníamos de ahorro mil pesos, la gente
llevaba dos mil pesos en mercadería, y luego simplemente no pagaba. Por
eso tuvimos muchos problemas. Pero sí puedo decir que en ese galpón
donde se celebraban las misas había mucha unidad, sobre todo los
domingos. Recuerdo a la gente reunida, conversando, echando la talla”,
relata Raín.
En terrenos de los alrededores continuaba la construcción de fosas. A
la población Antonio Varas le seguían otras como Manuel Montt, Anef y
Chiloé y un sector que se levantaba mediante la autoconstrucción. Las
necesidades de techo eran enormes. Visionario fue en ese entonces,
monseñor Alberto Rencoret Donoso (el segundo obispo de la Diócesis) en
su afán por crear este templo en medio de construcciones que surgían para
atender las necesidades espirituales de la nueva feligresía. No había
ninguna edificación. Ni consultorio, sede social, nada. Muchos años más
tarde llegarían * desde otros sectores de la ciudad, la Escuela 3 Melipulli
que es centenaria. Se ubicaba en calle Lota, entre JJ Mira y Urmeneta, en
tanto la Tercera Compañía de Bomberos tenía su cuartel en calle OHiggins,
casi al lado del cerro, a media cuadra de calle Benavente.
Fue así como “Cristo Crucificado” pasó a ser la parroquia madre de
la tercera terraza, creándose luego la capilla de Fátima, la de Alerce y más
tarde la parroquia El Buen Pastor en Antuhue. En nuestro humilde templo,
se aglutinaban los primeros grupos parroquiales, se organizaban, y ocurrió
algo que no estaba previsto ni programado, y que fue un bálsamo para la
comunidad. La visita del Cardenal Raúl Silva Henríquez. Este hecho
marcó un hito en los inicios del templo. Es lo primero que relatan nuestros
entrevistados. El Cardenal celebró misa en este humilde recinto engalanado
en su pobreza para la ocasión. Según relató, “lo importante no es la
13
construcción hermosa de un templo, sino la hermosura del alma de las
personas”. Cuentan que quienes allí estaban querían comulgar con él, y se
apresuraron a ubicarse en un primer lugar, pero ninguno pudo porque el
sacerdote entregó la comunión. Revisando la historia, la visita al sur del
país de altos dignatarios de la Iglesia Católica como el Cardenal Silva
Henríquez y otros obispos en ese tiempo, tuvo como objetivo constatar el
desastre de daños que dejó el mega terremoto en las parroquias, capillas,
santuarios y colegios católicos de la zona sur y que ascendieron a los 20
millones de dólares. Sin embargo, en la retina de quienes vivieron esos
momentos está nítida la imagen del Cardenal y del recogimiento que
produjo debido a su alta investidura. El máximo dignatario de la Iglesia
Católica oficiando misa en uno de los puntos más pobres de Puerto Montt.
Más tarde, en la década del 80 se le vio de pasada en una visita no oficial
viajando desde Chiloé a Santiago. Sólo estuvo pocas horas en espera de
cambio de vuelo, ocasión en que entregó su bendición a los católicos
puertomontinos a través de un medio local.
Siguiendo con el memorial de nuestra parroquia, en el año 1966 el
padre Bernardino renuncia al ministerio sacerdotal. Irenia Ortega, feligresa
desde aquella época y hoy activa integrante de Acción Social, así recuerda
su adiós. “Me acuerdo que era un curita joven. En ese tiempo los
sacerdotes eran de una transparencia tal que compartían con nosotros
hasta sus decisiones más personales. En una ocasión, al término de la
misa, sin rodeos anunció su partida. Habló de los seres humanos, de sus
imperfecciones, y de sus debilidades. Fue así como contó que dejaba a una
gran familia que era nuestra comunidad para formar su propia familia, y
todo se tomó con la mayor naturalidad, sin mayores comentarios. Se fue a
vivir al sur”.
OBISPO Y ARZOBISPO
( 1958- 1963 ) ( 1963-1969 )
A principio de los sesenta cuando comenzaba la construcción de
nuestra parroquia, el obispo de la Diócesis era Monseñor Alberto Rencoret
Donoso, nombrado por el Papa Pío XII el 21 de marzo de 1958.
Posteriormente, el 10 de mayo de 1963 el Papa Juan XXIII eleva a Puerto
Montt a la dignidad de Arzobispado, quedando Monseñor Rencoret como
primer Arzobispo. Oriundo de Talca, ordenó en este periodo a diez
sacerdotes para la Diócesis, y debido al crecimiento de la población post
terremoto, estableció nuevas parroquias en los barrios de la ciudad como en
el nuestro, San Alberto de Crucero, Bellavista, Alerce y Puerto Chico.
Durante su periodo fundó el Hogar Nuestra Casa para niños en situación
irregular, y el Hogar “Dr. Adolfo Rencoret” para niñas, además, una casa
de acogida para asesoras del hogar. Más tarde presenta su renuncia por
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enfermedad, la que es aceptada por el Papa en mayo de 1970. Falleció en
1978. Hay que consignar que previo a él, el primer Obispo de la Diócesis
de Puerto Montt fue Monseñor Ramón Munita Eyzaguirre, nombrado el 1
de abril de 1940. Llegó procedente de Ancud donde ostentaba igual cargo.
Hoy, la principal avenida de la cuarta terraza lleva su nombre.
El precursor, un cura obrero (1965- 1967)
Según los testimonios, el artífice central del actual templo “Cristo
Crucificado” fue el padre belga formado en Francia, Valerio de Zutter,
nombrado vicario cooperador. Llegó a acompañar al Padre Bernardino en
su ministerio y permaneció hasta 1967. Este cura galo que fue más tarde
administrador parroquial trabajó también en la construcción de la Capilla
de Fátima en población Libertad. En 1991 se inauguró allí la nueva
parroquia. Junto con otros sacerdotes franceses como el padre Eugenio
Bodet y Andrés Mutlet, además de religiosos de España y Alemania
llegaron invitados por monseñor Rencoret a trabajar en esta jurisdicción.
Todos recuerdan de él su capacidad de organización para la ejecución de la
obra y su participación directa, ya que era un obrero más en este empeño.
El arribo del Padre Valerio constituyó un cambio radical en la vida
de la parroquia. “Llegó y nos preguntó qué sabíamos hacer. Le contestamos
lo que sabíamos de construcción. Se interesó mucho y nos dijo, yo los voy a
contratar. Preguntó cuánto ganábamos, y él nos contrató por el mismo
sueldo. Así se armó el equipo y yo tuve la suerte de estar a cargo de los
obreros, como jefe de obras. El otro, el maestro Millachine, se encargó de
las maderas. El Padre Valerio trabajaba con nosotros codo a codo y no
aceptaba donaciones. Pagaba todo, y al enfrentar el problema de los
cimientos de la construcción y las bases, los cálculos no dieron para
levantar la capilla de Fátima, por lo que sacó un poco de aquí y un poco
de allá para que alcanzara para los dos templos, lo que hallé hermoso”,
cuenta Raín, el flamante jefe de obras.
Movimiento europeo
Al mencionar al padre Valerio de Zutter (llegado a Chile a fines de
1964) muchos se preguntarán por qué un cura belga llega a una comunidad
tan remota en el sur del mundo, y de tanta pobreza, donde no había nada
hecho, ni siquiera los cimientos, y todo estaba en ruinas. Porque es él
quien figura en los registros como el iniciador de esta obra. Revisando un
15
poco la historia del catolicismo en Europa, se puede consignar que fue en
Francia en la década de los 40 en que nació un movimiento eclesial de “los
curas obreros”, extendiéndose esta corriente a España en los 50. Si bien
fue rechazado en un comienzo por sectores muy conservadores, después
esta corriente alcanzó pleno auge rehabilitándose en los años 60 tras el
Concilio Vaticano Segundo promovido por el Papa Juan XIII. (Entre los
curas obreros franceses destacó Abate Pierre, fundador de los Traperos de
Emaús). De esta forma muchos sacerdotes y monjas provenientes de
congregaciones como la de los jesuitas, los salesianos y otras llegaron a
Chile de Italia, Francia, España y Alemania. En los sesenta había una
fuerte corriente de la Iglesia en Francia interesada en cooperar material y
espiritualmente con los países tercermundistas, acorde con el Concilio
Vaticano Segundo. Se crean las ONG
(organizaciones no
gubernamentales) de ayuda a los países del Tercer Mundo. * (1)
Bases sólidas
Volviendo a nuestra parroquia, su estructura quedó con bases sólidas
y muros de madera, así como el techo. El encamisado no permite que se
deteriore, pero en cambio en la parte inferior todo el contorno, a juicio de
Raín, ha bajado varios centímetros porque se hunde por el cemento y la
madera juntos, lo que produce un desgaste. “La iglesia se ladeó al
principio, a un costado de la parte más débil. La enderezó el diácono
Guillermo López que también fue jefe de obras. Con los arreglos
practicados se logró que el templo no siguiera inclinándose”. Sin
embargo los años han seguido desgastando la construcción.
Cuentan que el actual templo, cuando corría el año 1966, se hizo en
cuatro meses de arduo trabajo. En ese entonces mucho se hablaba de dónde
saldrían los fondos porque todo se hacía de la nada. “Según supimos por el
padre Bernardino, el financiamiento al menos para los materiales que se
requerían, provenía de organismos internacionales contactados por el
padre Valerio. En forma paralela al templo, se levantaba al fondo la casa
de dos pisos, también con dineros que proveía el sacerdote”,
probablemente de alguna ONG francesa que lo respaldaba. Otra
institución extranjera que llegó a ser muy potente en la década de los
sesenta fue Cáritas, también de la Iglesia Católica.
(1)
Expresión para designar al conjunto de países subdesarrollados, dependientes de las grandes potencias.
16
Alivió el hambre de miles de familias del sur de Chile. Llegaban
toneladas de alimentos, aceite, polenta, harina, leche en polvo y otros no
perecibles, además de fardos de ropa. Todo se repartía en las poblaciones
y campamentos donde vivían las familias más vulnerables. Se recuerda al
padre Valerio y a Sor Estanislá distribuyendo la ayuda internacional.
(Hasta hoy esta institución apoya a los países menos desarrollados)”, nos
señalan.
Otras agrupaciones
Siguiendo con el quehacer del templo, han tenido presencia en los
inicios de la parroquia, la Asociación Nacional de Empleadas de Casa
Particular, Anecap que tuvo su sede en una casita de construcción liviana
de cinco piezas situada donde hoy está la casa parroquial. Más adelante, los
scouts hicieron su arribo de la mano del Padre Nelson Aguilar. “Estos
jovencitos llegaron a revolucionar todo. En el lugar donde hoy se emplaza
la cruz hicieron una ruca y luego tres pequeñas piezas donde guardaban
sus símbolos. Se les antojó hacer cemento y me pidieron ayuda. Yo les
cobré tres quintales de harina y les hice el trabajo”, recuerda Raín.
También en los inicios (estamos hablando en la década del 60) hay
que mencionar el funcionamiento los sábados y domingos de la Escuela de
Diáconos donde acudían unos cuarenta laicos. Sólo quince aprobaron. De
la población del sector rindieron satisfactoriamente Ananías Uribe,
Guillermo López, y Washington Chávez. El diácono Miguel Ramírez fue
anterior puesto que su nombramiento lo hizo el obispo.
En línea con el Concilio Vaticano Segundo
Como ya hemos señalado, la llegada del Padre Valerio a mediados de
los 60 fue determinante para la construcción de la obra. El trabajo
agobiaba. El sabía muy bien cuál era su misión como cristiano. Estaba en la
línea del Concilio Vaticano Segundo y conocía la tarea de la Iglesia en el
mundo. Inserto en la comunidad, se interioriza de la vida cotidiana de cada
familia. En forma periódica llega a sus precarias viviendas, conversa,
comparte y dialoga, conoce sus inquietudes y solidariza con sus muchas
penurias y esperanzas. Pronto organiza los Trabajos Comunitarios. En
concreto, consistía en urbanizar terrenos para construir otras poblaciones y
barrios. Se abre caminos, huellas, se construye pozos negros, comienza a
delinearse calles y aceras. Hay ayuda de Cáritas y se afianza el espíritu
cristiano llevando a cabo la tarea con empeño, alegría y fe. La juventud se
hace presente, y con ellos el Padre Valerio organiza “La Juventud Obrero
Católica” (J.O.C) movimiento juvenil de trabajadores, educativo y
17
evangelizador que, con un método de “revisión de vida” forma militantes
para vivir radicalmente una experiencia obrera y cristiana. También este
sacerdote promueve la Pastoral Familiar, y es el primero en trabajar con la
Catequesis Familiar cimentando las Comunidades Eclesiales de Base
(CEB) para construir una nueva sociedad. Con él como director espiritual y
Sor Estanilá Candia, de a poco las mujeres se van integrando a la Legión de
María, profundizando una gran labor en la Iglesia.
Padre Valerio de Zutter
El siguiente texto fue extraído de
una carta enviada por el sacerdote
Valerio de Zutter (en la imagen) a
un obispo en Francia, avisándole de
su enfermedad y de su regreso a
Francia. “Si el Señor me llama,
estoy listo casi dichosamente
entregado. La voluntad de Dios se
haga. Ofrezco todo en adelante para
el bien de la Iglesia, para que el
Padre sea más conocido y servido
en el mundo.
“Nos conocía a todos”
“Como el pastor conoce a sus ovejas, así él nos conocía. Tenía un
mapa y sabía dónde vivía cada vecino de población Antonio Varas, con
nombre y apellido. Después se crearon otros sectores de Antonio Varas.
Esto era sólo un proyecto. Visitaba las calles que se iban abriendo. De
repente decía, hoy visitaré a todos los del pasaje Mechuque, y a la gente le
ayudaba en sus trámites, y las orientaba. No solamente nos preparó en la
parroquia como catequistas, se ocupaba de todo”. Son recuerdos que han
quedado guardados en su memoria. Ella es María Elena Sánchez, una
activa colaboradora de la parroquia desde su génesis hasta hoy, madre de
tres hijos, y viuda hace ocho años. Llegó a vivir al sector luego del
terremoto. Cuenta que en ese entonces había tres sectores definidos de la
población. “Nosotros vivíamos en la parte tradicional. Disponíamos de luz
eléctrica hasta las 12 de la noche porque nos abastecía un generador”. En
18
ella ha quedado grabado un día especial de 1964. Entraba vestida de novia
a la Parroquia junto a su flamante esposo hace exactamente 48 años para
prometerse una existencia juntos en la felicidad y en la adversidad para
toda la vida. Y así fue, hasta que la muerte los separó. El celebrante fue el
padre Valerio, y ella guarda esos momentos como un tesoro y ahora los
comparte con la comunidad.
Se aprecian las construcciones antiguas del recinto parroquial, y el mal
estado en que se encuentra el terreno donde hoy se ubica el estacionamiento.
En primer plano, un joven scout de los primeros grupos.
La Legión de María
El año 1951 la Legión de María llegó a Chile con la autorización del
Cardenal José María Caro a petición del Obispo Manuel Larraín. En la
actualidad está presente en todo el mundo, y sus oraciones se rezan en 125
lenguas. En Puerto Montt la fundó el Padre Alvaro Oyarzún en 1960.
Nuestro primer párroco Bernardino reclutó a los primeros legionarios entre
los ocho laicos que se presentaron a trabajar en el naciente templo. Luego,
con la llegada del Padre Valerio de Zutter y de Sor Estanislá Candia se
inició el trabajo legionario con las damas. Asesorada por Sor Estanislá, una
de las precursoras fue nuestra querida hermana Gricelda Castro, fallecida el
19
2007. Ambas dejaron una huella fecunda hasta hoy. Con el nombre de
“Nuestra Señora de los Dolores” y siendo su lema “A Jesús por María”, las
legionarias están presentes en todas las actividades parroquiales,
atendiendo con espíritu cristiano a quienes necesitan ayuda y consuelo
sobre todo en la enfermedad, y en el momento de partir hacia la Casa de
Dios. Cada 25 de marzo es la renovación de la promesa legionaria y al
mismo tiempo se celebra el aniversario del grupo parroquial y mundial de
la organización. Hoy son diecisiete las damas que componen la Legión de
María en nuestra parroquia, siendo su presidenta Luzmila Avila.
Luchadora incansable
Entrevistarla, es regresar a los años 60 porque recuerda con detalle
los inicios de esta gran obra. Dejamos establecido que esta conversación
con la hermana Gricelda Castro Provoste quedó registrada poco antes de
que ella partiera a la Casa del Señor el 8 de septiembre de 2007, día de la
Natividad. Nos cuenta que llegó al sector arrancando del terremoto.
Jovencita, con tres hijos (luego se sumarían otros siete) un marido casi
siempre ausente por su oficio de carpintero, Gricelda nos entregó su
testimonio antes de partir. “Se vivía la pobreza dura. Fui golpeada por la
vida porque a veces no tenía cómo dar el sustento a mis hijos, pero logré
salir adelante y ahora la tarea está cumplida, gracias a Dios. Para el
terremoto sentía cómo tremendos aviones extranjeros volaban y rugían
sobre mi casa. Era algo nunca visto. Traían ayuda. Todos la esperábamos.
Yo siempre fui muy allegada a la Iglesia por mis padres. Mi marido se
ausentaba por meses, llegaba de repente con algunas chauchas y luego
partía, pero saqué adelante a mis hijos. Primero está El y después lo
material, fue lo que a ellos les enseñé”. Gricelda trabajó de la mano del
padre Bernardino. “Con Miguel Ramírez que era el catequista mayor,
salíamos a visitar a la gente, teníamos que guiarnos unos a otros, colocar
vigas para pasar por las acequias, hacer huellas para llegar a las
barracas, abarcamos nuestras visitas hasta lo que hoy es la población
Libertad”. Aún no existían esos barrios, tampoco Antihual, La Paloma o
Antuhue. Hasta allá llegaba Gricelda a catequizar. Trabajó con casi todos
los sacerdotes en estas décadas. “Nunca hice distinción por ninguno. Sí es
cierto que tuve más cercanía con el padre Mauricio. Lo quería como a un
hijo, como a un hermano, tenía un carácter como mi papá, era algo
especial, pero a todos los he querido por igual”. Le costó iniciarse en la
Catequesis por su modestia y temor a no saber cómo hacerse entender. Se
aprendía los rezos de memoria para luego enseñarlos. Su guía y escuela fue
Sor Estanislá y con ella salía a evangelizar por las casas y pabellones de
emergencia. Después se integró de lleno a la Legión de María siendo su
líder por muchos años. “Siempre traté a mis viejitas como a niñas chicas,
20
no podía haber un mal comportamiento. Con nuestras actitudes debíamos
ser ejemplo de María. Las retaba cuando había razones, me inquietaba
cuando alguna se ausentaba y empezaba a buscarla. Allí hice mi
apostolado”. Para Gricelda, todos los problemas que se presentan en la
vida se superan, se puede salir adelante con la ayuda de Dios. Rescata la
oración como lo más importante, y pedir mucha fuerza al Espíritu Santo.
Nos confiesa que tuvo una revelación. “En un momento de mucho dolor y
sufrimiento que viví en una etapa de mi vida, puedo afirmar que una noche
la Virgen se me presentó y también sentí la presencia de Cristo, y me dije,
¡Dios mío¡ Jesús está en mi casa”. Aconseja no soltarse nunca de la mano
de Dios, y permanecer siempre aferrada a El. Gricelda, mujer de fe,
sencilla y humilde, hizo votos de pobreza. Ayudó como un obrero más a
construir las bancas del templo, barrió los pasillos por años y adornó el
altar para que siempre luciera hermoso. Después de una vida fecunda nos
dejó, y hoy su descendencia continúa la obra, entre ellos sus hijos Luis
Garrido, ministro de comunión, y Marlene, del coro Quilapulli. Esta última
nos cuenta que su madre, poco antes de partir, le confidenció que ella
tocaba la puerta de Jesús pero no le abría. Marlene le respondió que
todavía no era su hora. El día de su muerte le dijo: Me espera la Santísima
Trinidad, y se fue feliz y en paz.
Otra foto histórica que hemos recopilado. Agentes pastorales posan junto al
Padre Héctor Pericó y al Obispo Jorge Hourton (al centro). Entre ellas
vemos a la señora Gricelda (de abrigo blanco).
21
Una vida al servicio de Dios
“Mi vida ha sido siempre muy plena porque en todos mis actos he
sentido la presencia de Dios”, así nos relata nuestra querida hermana en la
fe, Nora Elena Carmona Paredes, quien junto a su esposo ya fallecido hace
16 años (Miguel Ramírez Gatica, diacono) forma parte de la historia del
templo. Sus recuerdos la llevan a la época del terremoto del 60. Con la
sencillez y humildad que la caracterizan cuenta que con su grupo familiar
vivían la emergencia en población Modelo debajo de un árbol y un techo
cubierto de latas, en condiciones muy precarias. Se vivían duros momentos
y ellos esperaban la entrega de su nueva casa Corvi en población Antonio
Varas que aún no se urbanizaba. Su profunda religiosidad la heredó de la
formación que recibió de sus padres. Su esposo Miguel Ramírez Gatica,
marino de profesión, y con quien estuvo casada durante 47 años, fue
legionario de los Jesuitas y uno de los primeros diáconos de Chile. Ejerció
su servicio por 27 años, siempre respaldado por su familia. De ese hogar
nacieron cinco hijos, todos de Iglesia hasta hoy y el gran orgullo de la
madre. Uno fue fundador del movimiento Palestra, y la menor perteneció
al movimiento Levítico de nuestra parroquia. Muchos años junto a su
esposo trabajaron en La Paloma colaborando en la construcción de una
capilla cercana a la vía férrea. Con orgullo dice que fueron 15 años que se
dedicó a sembrar allí la palabra de Dios. Luego su servicio lo prolongó en
nuestra parroquia que ya estaba tomando cuerpo. Ha pertenecido a la
comunidad eclesial de base, es cursillista y ha estado en diferentes
comunidades, Encuentro Matrimonial, Catequesis, Ministro de Comunión,
siempre lista y dispuesta a colaborar en todo lo que se le pida. Hoy integra
el grupo parroquial “Amistad” de adultos mayores. En ella no hay excusas
ni sabe de sacrificios. “En todos estos años nuestra parroquia ha sido muy
bendecida, el Señor ha sido muy misericordioso en darnos tantos regalos”.
La señora Norita habla del triste panorama que se vivía en los 60. “Se
catequizaba en las casas porque no había espacio físico en el pequeño
recinto parroquial. Así me inicié yo, porque debí prepararme para dar
catequesis a mi hija que hoy tiene 51 años”. Alrededor, sólo barracas y
pobreza. Sus primeras palabras son para el padre Valerio, el artífice del
actual templo. “Era francés, hablaba como extranjero pero se le entendía
bien, tenía unos grandes ojos azules y era dueño de una bondad infinita.
Siempre se le vio muy allegado a la gente humilde. Se amarraba la sotana
en la cintura y se arremangaba para remover la tierra y ser un obrero más,
codo a codo con el resto. Trataba de llevar alivio a la gente más pobre y
desesperanzada. Pagaba el trabajo de quienes construían el templo. Con
22
una pesa iba cancelando el salario con harina, manteca, leche. Había
mucha ayuda de Cáritas. Junto a sor Estanislá visitaba los barrios y
repartía alimentos. El padre Valerio no hacía vida social, los pobres eran
sus preferidos y con ellos compartía. Recuerdo que había un armonio que
nadie sabía tocar, estaba como adorno, pero se veía bonito en ese humilde
templo”.
Comenta que en los primeros años siempre el trato de los párrocos
fue de mucha cercanía con la comunidad. Era habitual verlos en sus casas,
comiendo sopaipillas, saboreando un tecito con pan amasado o un simple
mate. No causaba extrañeza, y era parte de la cotidianeidad de ese
entonces. “En mi hogar siempre hubo visita de curas. El padre Nelson
Aguilar que llegó en 1967, era un hombre sencillo. Mi casa era su casa. Se
vestía informalmente, y siempre se le veía trabajar. Confiaba mucho en mi
esposo que lo secundaba en las labores pastorales. Me mandó por años a
la capilla de Alerce”. También tiene recuerdos hermosos del padre Héctor
Pericó. “Fue un sacerdote de alma muy grande. Ibamos a las mingas
(donde se levantaban casas) a cantar con mi marido, y él tocaba la
guitarra. Siempre nos visitaba y se caracterizaba por su sencillez.
Recuerdo un gran acontecimiento. La visita del Cardenal Silva Henríquez.
No lo voy a olvidar. En esos tiempos estaba monseñor Jorge Hourton. Era
el obispo.
Llegaba a mi casa preguntándome, ¿me hiciste sopaipillas?. Así era
de sencillo y cercano. Fue un hombre muy misericordioso y le tocaron
años duros, pero su férrea defensa fue para los más débiles. Nadie hablaba
de los derechos humanos, pero él fue un defensor de esa causa”. Por
último su memoria la lleva al período de otros dos sacerdotes que dejaron
su huella en nuestra parroquia. El padre Marcos Parra. “Era joven, tocaba
la guitarra, se movilizaba en bicicleta y era muy directo para decir las
cosas. El padre Guillermo en tanto, fue también muy apreciado, y me hizo
una propuesta, ser ministro de comunión. Me dijo, piénsalo y después me
respondes. Yo le dije, no hay nada que pensar”.
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Esta fotografía del recuerdo muestra al centro al obispo Jorge Hourton
(1970-1974) en una de sus tantas visitas a nuestra parroquia. Era habitual
verlo visitando las casas de los miembros de la comunidad, con quienes
compartía y mantenía mucha cercanía. También al lado izquierdo se halla el
padre Héctor Pericó.
Llega un joven diácono (1967 1970)
Desde el Seminario San José de la Mariquina llega el joven diácono
Nelson Aguilar España a colaborar con el padre Valerio. Este último no
daba abasto para cumplir con el quehacer parroquial y comunitario. Aquí se
conjugaron la voluntad de Dios y el conocimiento de los hombres porque
se juntaron dos personalidades con espíritu luchador, sensibilidad y justicia
social, vocación de servicio. Ambos emprendedores, con ganas de servir al
prójimo. Por ello, siguieron en la tarea de trabajar para dignificar a los
hombres y mujeres del sector alto de Puerto Montt que estaban creando sus
poblaciones. El año 1967 es ordenado el padre Aguilar, y comienza su
apostolado en nuestra parroquia como vicario cooperador. El padre Valerio
en tanto permaneció aquí hasta 1969, momento en que viaja enfermo a
Francia. Por la gravedad de su salud (padecía de cáncer) el 3 de agosto de
1969 fallece, rodeado del cariño de los suyos. Así desaparece el gran
constructor de nuestra parroquia. Con el padre Nelson continúa muy activo
el movimiento de la Juventud Obrero Católica. Surgen los scouts, la
Juventud Parroquial Católica JUPAC, la JEC. Catequesis Familiar,
Legionarias de María, Movimiento Cursillos de Cristiandad, se forma la
Anecap. Entre fines del 69 y comienzos del 70 se inicia la formación de
diáconos permanentes, dirigidos por monseñor Jorge Hourton nombrado
Administrador Apostólico de la Diócesis el 18 de mayo de 1970. Han
acompañado a la comunidad, las religiosas sor Matilde, con catequesis; sor
Añese, sor Aloisa y sor Estanislá que hacen su apostolado desde la génesis
24
de la comunidad. El padre Nelson Aguilar se mantuvo de párroco hasta
1970 para regresar años después. Destaca su sencillez, su trato y cercanía
con la gente. Fue muy querido, y muchos hasta hoy lo recuerdan con
emoción. Los testimonios recogidos de su paso por la parroquia nos hablan
de un hombre santo. Provenía de una familia campesina de la provincia, y
siendo apenas un adolescente de 14 años sintió el llamado de Dios. Ingresó
a esa edad al seminario donde se formó por siete años. Lo ordenó sacerdote
el 22 de julio de 1967, monseñor Alberto Rencoret Donoso. Después se le
destinó a la parroquia “San Pedro” de Los Muermos para retornar a “Cristo
Crucificado” entre 1977 y 1982. Fue por muchos años asesor espiritual de
los seminaristas en San José de la Mariquina y párroco de Angelmó. En la
actualidad una calle de población Padre Hurtado lo recuerda. Su última
destinación fue la parroquia de Los Muermos. Falleció tras una breve y
dolorosa enfermedad en el Hospital de Puerto Varas el 29 de marzo de
1993, cuando se empinaba en los 58 años de edad. La Escuela de Laicos
del Arzobispado lleva su nombre.
Hay numerosos testimonios de su caridad cristiana. Muchos
recuerdan episodios vividos con él. Eliana Oyarzún, de larga trayectoria, y
con innumerables historias por contar. Ella, hoy de nuevo es una activa
catequista y está vinculada por más de una década al trabajo social. De esta
forma comparte una anécdota vivida con el padre Nelson que muestra su
carácter y espíritu caritativo. “Junto con Gricelda Castro - que era la
encargada de Catequesis - preparamos una convivencia con motivo del
cierre de las actividades de fin de año. Era una sorpresa para el padre. La
mesa lucía rebosante de kuchenes, berlines, tortas, canapés y otras
exquisiteces. Nosotras como organizadoras estábamos felices y orgullosas.
De pronto aparece el padre Nelson y enmudece. Y nos dice ¿qué han
hecho? Le explicamos de qué se trataba. Y muy molesto nos responde:
¿acaso no saben que afuera la gente se muere de hambre? Yo debería
tomar el mantel y tirarlo para que caiga todo y después obligarlas a
recoger los alimentos y entregárselos a los pobres. Nosotras quedamos
para adentro”. Eliana también recuerda que siempre para su cumpleaños o
aniversario sacerdotal le regalaban zapatos. Al día siguiente ya tenían
distinto dueño. Su generosidad no tenía límites. Todo lo regalaba y
compartía con los más humildes. Primero eran los otros, después era él.
Otro testimonio lo recogimos de Manuel Arancibia, hoy jubilado. En ese
tiempo era funcionario * meteorólogo de la Dirección de Aeronáutica.
Ahora es un activo miembro de la comunidad parroquial desde el 2006 *, y
encargado de Comunicaciones. “Conocí mucho al padre Nelson Aguilar,
muy trabajador, lo aprendió del padre Valerio. Era un hombre que se
caracterizaba por su extremada sencillez. Tanto en invierno como en
verano, con frío o con calor, siempre andaba con sus sandalias haciendo
25
realidad sus votos de pobreza. Era acogedor, pero muy estricto con su
filosofía de vida. Si algo no le parecía bien, lo decía en plena misa, sin
rodeos y en forma directa. En una oportunidad debía hacer su primera
comunión la hija de un alto militar y su familia quiso pasar por alto las
charlas de formación. Muy molesto, el padre Nelson en la prédica del
domingo dijo, “aquí todos por igual hacen el curso, y la hija del coronel
también”.
A la derecha nuestra hermana Norita, junto a un grupo de señoras que
asistían a la Catequesis en la década del 70.
26
Capítulo 2
(1970 – 1980)
Un pueblo dividido en dos
La década del setenta está marcada en Chile por la interrupción
abrupta del sistema democrático, y la irrupción de la dictadura militar el
año 1973. Al inicio de la década el país estaba polarizado. Se vivía un
clima de inseguridad, con paros, protestas, desabastecimiento, movimientos
sindicales politizados. El caos se presentía dando paso al miedo, al temor.
Es en ese panorama donde se produce el golpe militar y el Presidente
democráticamente elegido es derrocado. Los medios de comunicación son
silenciados, sólo una radio oficial transmite bandos y marchas militares. Se
vive en Estado de Sitio. *Todo el pueblo está bajo control, censurado. A
mediados de la década la economía cae al suelo y la cesantía crece.
Aparecen los * poco dignos planes de absorción de mano de obra del Pem
y POJH para la clase obrera. La justicia *se subordina al poder político. No
hay Parlamento. * El gobierno militar afirma que está en guerra, pero el
enemigo es indeterminado. No hay duda. Chile está convulsionado y la
década que en su nacimiento tenía dividido al país en dos, con el correr de
los años exhibe ante el mundo una imagen de atropello sistemático a los
derechos esenciales del hombre. Se vive como en un largo silencio*. El
tiempo * juzgarán esta parte de la historia. Ante este desolador cuadro, la
Iglesia actúa. Sale en defensa de los más débiles y habla por un pueblo
callado, arriesgando muchos sacerdotes su propia integridad física. El
martirio lo vivió un sacerdote francés de 33 años en población La Victoria
en Santiago. Un obispo de Puerto Montt también sufrió la persecución por
defender a los más débiles.
Cardenal Silva Henríquez: un pastor junto a su rebaño
Pero qué sucedía en ese entonces con la conducción de la Iglesia
Católica en Chile? Retrocediendo una década en la línea del tiempo, ante
el asombro de muchos - que no lo consideraban como el elegido para
reemplazar a José María Caro - en mayo de 1961 el Papa Juan XXIII
nombra arzobispo de Santiago al obispo de Valparaíso, Raúl Silva
Henríquez (sacerdote salesiano y abogado). En febrero de 1962 es
nombrado Cardenal. Durante 20 años se vio enfrentado a una de las épocas
27
más radicales de nuestra historia, marcada por numerosas demandas
sociales y por la aguda polarización política que terminó con el quiebre
democrático y la instauración de la dictadura. En este contexto, el Cardenal
Silva, cuyo pensamiento se fundamentó en su gran fe y amor a la patria, y
siendo fiel a su labor de pastor, pasó a ser la voz de los sin voz, de los
desamparados. En su fecunda obra social promovió la creación de
instituciones en favor de la extrema pobreza y de defensa de los derechos
humanos. Esto se refleja en su obra “Mi sueño de Chile” “Quiero que en
mi país todos vivan con dignidad. La lucha contra la miseria es una tarea
de la cual nadie puede sentirse excluido. Quiero que en Chile no haya más
miseria para los pobres. Que cada niño tenga una escuela donde estudiar.
Que los enfermos puedan acceder fácilmente a la salud. Que cada jefe de
hogar tenga un trabajo estable y que le permita alimentar a su familia”. Se
hace alusión a este extracto del texto porque - transcurridas las décadas sus anhelos siguen vigentes.
El 10 de junio de 1983, al cumplir 75 años de edad, dejó la
Arquidiócesis de Santiago sucediéndole Monseñor Juan Francisco Fresno
Larraín. En su despedida final, en abril de 1999 recibió por su obra social,
un espontáneo testimonio de cariño de miles de chilenos. “Raúl, amigo, el
pueblo está contigo”. Su sello y huella indelebles están en el Comité Pro
Paz y la Vicaría de la Solidaridad.
Un “curita especial” (1970- 1973)
Volvamos a la historia de nuestra parroquia y a los convulsionados
años de la década. Con la ida del padre Nelson Aguilar a Los Muermos,
llega a la Parroquia el padre Héctor Pericó González, ordenado presbítero
por el Obispo Alberto Rencoret Donoso el año 1966. Había nacido en
Santiago el 4 de septiembre de 1924. Desde el primer momento se observa
que seguirá la misma línea de sus antecesores. Gran importancia brinda a la
Catequesis y a la Legión de María. Los grupos juveniles siguen su tarea
con renovado entusiasmo. A los existentes se agregan el MOANI
(Movimiento Apostólico de Adolescentes y Niños), corriente nacida en
Francia el año 1929, presente en Chile desde 1955 y traído a “Cristo
Crucificado” por el Padre Pericó. Da protagonismo a los niños y
adolescentes para prevenir el abuso infantil y seguir a Jesús y transformar
su vida y su ambiente. Surge el Movimiento Juvenil PALESTRA que
promueve la formación de líderes y dirigentes para buscar la liberación de
la humanidad basado en la Biblia, la Mística de San Pablo y el espíritu
28
creador de la juventud. Asimismo el Padre Pericó funda el grupo Levíticos,
hoy Acólitos. Eran agrupaciones mixtas con gran mística litúrgica.
Participaban en retiros, jornadas formativas y tenían una revista que
circulaba en la diócesis. Los scouts recibieron una fuerte formación
cristiana y se les alentó a construir un refugio, en ese tiempo, un lugar
inhóspito en población Libertad. El Espíritu del Señor se hacía presente en
él y cultivaba la amistad con jóvenes y niños, a los que les enseñaba a
practicar la fraternidad, la humildad y el amor. Su estilo de vida era
sencillo y su espiritualidad acusaba un llamado a la pobreza y a la
invitación que hace Jesús de Nazareth.
Era un “curita especial”, No le
importaba las clases sociales y
atendía a todos por igual, de día, de
noche, de madrugada, sin descanso.
En su período el presidente del
comité de trabajo fue Armando
Andrade. El año 1971 bajo la guía
de Monseñor Jorge Hourton se
ordenan algunos diáconos, entre
ellos Miguel Ramírez, primer laico
que se integra al ministerio del
diaconado en “Cristo Crucificado”,
y también uno de los primeros de
Chile. Fue un valioso *estímulo
para uno de los hombres que luchó
desde el principio por su
comunidad. Antes de abandonar la
Parroquia en 1973, el Padre Pericó
crea el Comité de Trabajo. Ocupó
otros cargos en el Arzobispado. Esta foto corresponde a la
Falleció en Santiago el año 2000. ordenación sacerdotal del padre
Lo sucedió el padre Marcos Parra.
Héctor Pericó
por parte del
obispo Alberto Rencoret.
29
La imagen es de la década del 70. Se trata de una jornada de formación en la
Casa Nazareth. Allí aparece nuestro hermano Manuel Quintana (fallecido el
2006) quien fue vecino de toda una vida de nuestra parroquia.
Una historia de amor
Por dos años, estando el padre Valerio aún en la parroquia, Rosa
Ester Olavarría Oyarzún era una jovencita que junto a otra secretaria
atendían la sede de Anecap, situada donde hoy está la casa parroquial. Eran
cuatro pequeñas piezas. Hasta ese lugar llegaban las trabajadoras de casa
particular. Estaban muy bien organizadas al alero de la Iglesia. Se les
tramitaban sus imposiciones para las jubilaciones y estas humildes piezas
eran su casa