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abril-junio 2009 Edita: Fundación Telefónica Patronato de Fundación Telefónica Presidente y Patrono Nato César Alierta Izuel Vicepresidente Ejecutivo y Patrono Nato Javier Nadal Ariño Patronos Electivos Francisco de Bergia González Luis Lada Díaz Francisco Javier de Paz Mancho Iñaki Urdangarín Liebaert Patronos Natos Luis Abril Pérez José María Álvarez-Pallete Guillermo Ansaldo Lutz Santiago Fernández Valbuena Matthew Key Calixto Ríos Pérez Julio Linares López Secretario Ramiro Sánchez de Lerín García-Ovies Vicesecretaria Mª Luz Medrano Aranguren Director General Francisco Serrano Martínez Consejo de Dirección Javier Nadal Ariño (Editor) José Fdez. Beaumont (Editor Adjunto) Enrique Bustamante (Coordinador) José de la Peña Antonio Castillo Holgado Obdulio Martín Bernal Comité Científico y Editorial Eduardo Alonso Alberto Andreu Jean Claude Burgelman Enrique Bustamante Cecilia Castaño Manuel Castells Antonio Castillo José Cea Mariano Cebrián Antonio Cordón Bernardo Díaz Nosty María Pilar Diezhandino José Fernández-Beaumont Anibal Figueiras Ángel Gabilondo Hernan Galperín Joaquín Garralda Salvador Giner José Domingo Gómez Castallo Raúl Katz Luis Lada Josep Maria Lozano Obdulio Martín Bernal Armand Mattelart Miquel de Moragas Javier Nadal Emilio Ontiveros Vicente Ortega José de la Peña Jorge Pérez Miguel Pérez Subías José Manuel Pérez Tornero Antonio Rodríguez de las Heras Felipe Romera Fernando Sáez Vacas Javier Santiso Raúl Trejo Fernando Velasco Fernando Vallespin TELOS no comparte necesariamente las opiniones vertidas en los artículos firmados, que expresan, como es obvio, la posición de sus autores. 2 | TELOS 79 Consejeros asociados Delia Crovi (México) Valerio Fuenzalida (Chile) Tulio Hernández (Caracas) Gabriel Klapún (Montevideo) José Marqués de Melo (Brasil) Guillermo Mastrini (Buenos Aires) José Manuel Nobre Correia (Bruselas) Giuseppe Richeri (Italia) Francisco Rui Cadima (Portugal) Enrique Sánchez Ruiz (México) Philip Schlesinger (Reino Unido) Héctor Schmucler (Argentina) John Sinclair (Australia) Gaetano Stucchi (Ginebra) Gaëtan Tremblay (Montreal) contenido 4 Presentación 6 Tribunas de la Comunicación 11 Autores invitados El futuro de la comunicación: RSC, empresas, valores 6 José Manuel Pérez Tornero. El nuevo horizonte europeo de la alfabetización mediática 8 Rafael López Lita y Cristina González Oñate. Estrategias de comunicación ante la crisis económica 12 Román Gubern El futuro ya ha comenzado. Neofilia y globalización 22 Francisco Jarauta. El avance de la humanidad. Desafíos del mundo contemporáneo 31 Perspectivas 32 Francisco Rui Cádima. Identidad y diversidad cultural. Del Audiovisual Europeo a la Europa de los ciudadanos 39 Juan Pablo Artero Muñoz. Medios de comunicación. Las variaciones en el consumo de medios obligan a las empresas a prever el futuro 49 Dossier La Responsabilidad Social Corporativa, en la encrucijada 50 José Fernández Beaumont. Cómo recuperar la confianza en los medios. Responsabilidad Social Corporativa y Comunicación 66 Ramón Jáuregui. Reputación Corporativa, RSC, Sostenibilidad, acción social….¿De qué hablamos? 75 Justo Villafañe. Reputación corporativa y RSC. Bases empíricas para un análisis 83 Tomás Garicano. ¿Qué ha pesado más en la crisis de la economía financiera? Gobierno corporativo y RSC 94 Bernardo Kliksberg. Responsabilidad Social Corporativa (RSC). Una agenda para América Latina 100 Alberto Andreu. RSC 2.0. Una herramienta de competitividad para el futuro Puntos de vista 112 Juan Manuel Eguiagaray. La confianza social. El caso de las empresas españolas 118 Diego Torres. Acciones empresariales estratégicas. El diálogo con los stakeholders 122 Antonio Argandoña. La ética personal y los valores Un sistema alternativo a la RSC 126 Víctor Viñuales y Teresa Royo. El tiempo es ahora. Inversión Socialmente Responsable (IRS) en España 131 José Luis Lizcano. Hacia una normalización de la información corporativa. El reporte de RSC y los sistemas de verificación 138 Esther Trujillo. Turismo y desarrollo sostenible ¿Cambio de época o época de cambio? 142 Análisis 143 Andreu Casero Ripollés. La implantación de la TDT en España. Transformaciones en la publicidad televisiva 156 Cosette Castro. Estudio sobre la televisión y el cine. Cartografía audiovisual brasileña 2005 167 Experiencias 174 Actualidad 168 Juan Pedro Molina Cañabate. Los editores de libros de texto. Agentes del proceso de la opinión pública (1996 – 2008) Reseñas Escaparate Revistas Investigaciones y Proyectos Regulación Agenda 196 Colaboradores TELOS 79 | 3 presentación El futuro de la comunicación: RSC, empresas, valores Esta edición número 79 de TELOS lleva consigo un notable esfuerzo por adelantar los escenarios de futuro en plena crisis que, como revelan algunos textos, no es sólo económica y financiera, sino también de valores e identidades, de usos comunicativos y de estrategias empresariales y de negocios. El mayor empeño de análisis integral de ese viejo ‘nuevo mundo’ corresponde probablemente a la sección de Autores Invitados, en la que dos analistas de prestigio en sus respectivos campos sintetizan múltiples y trascendentales problemas aparentemente dispersos. De un lado, Román Gubern (Universidad Autónoma de Barcelona), ensayista internacional y Premio Fundesco, despliega una visión panorámica de las transformaciones suscitadas en la comunicación y la cultura por la expansión de las tecnologías y las nuevas redes. Por otra parte, Francisco Jarauta (Universidad de Murcia), reputado filósofo y humanista, plantea la necesidad de una redefinición de valores culturales para hacer frente a las grandes crisis y contradicciones del mundo contemporáneo. Previamente, dos Tribunas de Comunicación han suscitado temas específicos e importantes, que no dejan de afectar a millones de personas. Así, José Manuel Pérez Tornero (Universidad Autónoma de Barcelona) contempla cómo se abre paso en Europa 4 | TELOS 79 un largamente reivindicado nuevo derecho de la comunicación en forma de alfabetización mediática de los ciudadanos. Y Rafael López Lita y Cristina González Oñate (Universidad Jaume I) reflexionan sobre la necesidad y urgencia de reforzar la investigación en comunicación como exigencia a las empresas frente a la crisis económica. El plato central de esta entrega de TELOS es un amplio Dossier dedicado a la problemática de la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) y de sus transformaciones en tiempos actuales ante las nuevas redes y la crisis financiera. Coordinado por José Fernández Beaumont (Universidad Carlos III), Editor Adjunto de TELOS, ha conseguido reunir a una docena de expertos de primera fila procedentes tanto del ámbito universitario (Justo Villafañe) como de las Escuelas de Negocio (Tomás Garicano, Diego Torres, Antonio Argandoña), de la experiencia directa de la gestión en grandes grupos empresariales (Alberto Andreu, José Luis Lizcano, Esther Trujillo), del Parlamento (Ramón Jáuregui), de Fundaciones (como Juan Manuel Eguiagaray, Víctor Visñuales) o incluso de organismos internacionales (Bernardo Kliksberg). Aunque la Introducción de José Fernández Beaumont a este dossier sintetiza bien las aportaciones de nuestra monografía, puede adelantarse que el resultado de conjunto es todo un compendio sobre la RSC, declinado en sus relaciones estrechas con la presentación comunicación, con la acción social, con la reputación corporativa, con el progreso social y el desarrollo. Pero también, en los Puntos de Vista del Dossier, el abanico se abre a relaciones de la RSC con la competitividad empresarial, con la regulación pública, los valores éticos, la inversión, su verificación y la sostenibilidad económica. Las otras secciones habituales de TELOS contemplan una diversidad de temas y tratamientos relacionados también con los cambios que está sufriendo la comunicación en nuestro tiempo y los escenarios de futuro que se dibujan. De esta forma, en Perspectivas, Francisco Rui Cádima (Universidad Nova de Lisboa) examina la problemática de la construcción de la identidad y la diversidad audiovisual a través del camino, nada exento de contradicciones, de la Unión Europea; y Juan Pedro Artero (Universidad de Navarra) parte de las serias transformaciones que se están produciendo en los usos sociales de los medios de comunicación para plantear las nuevas estrategias empresariales requeridas. En la sección de Análisis, los estudios se hacen más reducidos e intensivos, pero no por ello pierden capacidad de universalidad. De esta forma, Andreu Casero (Universidad Jaume I) analiza la implantación de la Televisión Digital Terrestre en España desde la perspectiva de los profundos cambios que empieza a sufrir la publicidad televisiva para adecuarse a ese panorama de multiplicación de la oferta e hipersegmentación de la demanda; y Cosette Castro (Universidad del Estado de São Paulo) toma como referencia el panorama de las programaciones televisivas de entretenimiento en Brasil en los últimos años para trazar toda una ‘cartografía’ audiovisual de las relaciones entre creación local y producción global. Más concreto aún es el trabajo de campo contemplado en Experiencias por Juan Pablo Molina (Universidad Carlos III), quien analiza el campo original y poco examinado de la edición de los libros de texto para verificar cruzadamente sus pugnas de intereses y de expresiones ideológicas. En fin, este número de TELOS incluye en sus habituales secciones de actualidad y servicio al profesional y al investigador (revistas internacionales, reseñas y escaparate de libros editados, agenda de congresos, balance de investigaciones y tesis) una novedad interesante: una sección de Regulación, a cargo de Ángel García Castillejo, jurista de amplia experiencia en la convergencia, que dará cuenta cumplidamente de las novedades legislativas de cada trimestre en los campos de las telecomunicaciones, el audiovisual e Internet, con comentarios e interpretaciones jurídicas alusivas. Terrenos todos ellos en los que las rápidas y constantes transformaciones de la realidad económica y social van acompañadas, a veces condicionadas, por una hiperactividad legislativa y reglamentaria propia de los mercados complejos, que condiciona inevitablemente los desarrollos futuros en todos los terrenos. TELOS 79 | 5 tribunas de la comunicación José Manuel Pérez Tornero El nuevo horizonte europeo de la alfabetización mediática En diciembre de 2009, cuando todos los Estados miembros de la Unión Europea (UE) hayan incorporado obligatoriamente a su legislación la nueva Directiva Europea de Servicios Audiovisuales1, la alfabetización mediática se habrá instaurado como un elemento esencial del sistema comunicativo europeo. Por primera vez en la historia de Europa, se introduce en la regulación del sistema mediático la necesidad de «…promover en todos los sectores de la sociedad (…) las habilidades, los conocimientos y las capacidades de comprensión [que permitirán a los ciudadanos] utilizar con eficacia y seguridad los medios». De este modo –según establece la directiva– «las personas competentes en el uso de los medios podrán elegir con conocimiento de causa, entender la naturaleza de los contenidos y los servicios, aprovechar toda la gama de oportunidades ofrecidas por las nuevas tecnologías de la comunicación y proteger mejor a sus familias y a sí mismas frente a los contenidos dañinos u ofensivos». El camino recorrido hasta alcanzar este hito es 1 Directiva 2007/65/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 11 de diciembre de 2007. 2 Año en que se lanza la Declaración de Grunwald. 3 Seminario UNESCO de Sevilla sobre Educación en Medios, (2000). 4 Los principales hitos de este recorrido son: a) Constitución de un grupo de expertos sobre Media Literacy (2006-2007); b) Consulta pública a finales de 6 | TELOS 79 largo y se remonta a la labor pionera que desempeñó la UNESCO entre 19822 y 2000 –con un punto clave en el Seminario de Sevilla sobre Educación Mediática del año 20003– y tiene su tramo europeo final en la tarea llevada a cabo por la Comisión y el Parlamento entre 2006 y 2007, que culmina, precisamente, con la promulgación de la Directiva Europea de Servicios Audiovisuales4. La instauración de la alfabetización mediática en la legislación de la UE entraña un significado especial y tendrá repercusiones decisivas en la dinámica de funcionamiento del sistema comunicativo europeo. Desde el punto de vista de la teoría y la doctrina, la alfabetización mediática –tal y como la entiende la Unión Europea– presenta rasgos singulares y constituye un punto de inflexión dentro de la tradición internacional sobre la cuestión. Los aspectos más significativos son los siguientes: En primer lugar, el énfasis especial que pone la Unión en las capacidades, tanto creativas como críticas, de los ciudadanos ante los medios. Hasta el 2006; c) Realización de un estudio sobre Tendencias y enfoques de la alfabetización mediática en Europa en 2006 (cf. Pérez Tornero, J. M. (director), 2008: Study on Medial Literacy: current trends on media literacy and approaches on Media Literacy in Europe, Bruselas, European Comission); d) La inclusión de la Media Literacy en los programas Media (2007) y en el programa Saber Internet (2004-2007); e) La Recomendación del Parlamento Europeo y del Consejo sobre la protección de menores y de la dignidad humana de 2006; f) la Comunicación de la Comisión al Parlamento Europeo sobre Un enfoque europeo a la alfabetización mediática en el entorno digital. tribunas de la comunicación momento el tema ni se mencionaba en la legislación y el aspecto creativo era secundario en toda la tradición teórica. En segundo lugar, es nueva la idea de que estas capacidades críticas y creativas constituyen un elemento esencial para la vitalidad y la buena marcha de los servicios mediáticos. Del desarrollo de estas capacidades se derivará, según la Comisión, una sustancial mejora de los medios en cuestiones como la transparencia, el pluralismo y la seguridad en la comunicación. Nos alejamos así de la tradicional idea enquistada en amplios sectores de la industria de los medios de considerar la crítica mediática como una cortapisa a la libertad de comunicación. En tercer lugar, también es nueva la idea de que la alfabetización mediática es una tarea de todos y no sólo un objetivo de la educación formal. Por tanto, corresponde a familias, autoridades reguladoras, industria, profesionales, ONG, etc. Se trasciende así el tradicional confinamiento de la alfabetización mediática en el sistema escolar. Pilar de los derechos de la comunicación Por lo que se refiere al aspecto práctico, la alfabetización mediática afectará a muchos campos, desde la incorporación de la educación en medios a la formación inicial y permanente de profesores –además de su inclusión en el currículo educativo básico–, hasta la realización de «campañas nacionales destinadas a los ciudadanos en los que participen todos los medios para facilitar la información sobre la utilización responsable de Internet». Al mismo tiempo, supondrá la implicación directa de las autoridades reguladoras del audiovisual en la promoción de la educación en medios. Y finalmente, entre otras cosas, supondrá la creación de mecanismos estables de observación a nivel europeo, sobre el desarrollo progresivo de las capacidades críticas y las habilidades mediáticas de los ciudadanos. No es exagerado decir que –desde el punto de vista de la legislación europea– la alfabetización mediática se convierte –junto al derecho a la libertad de expresión y a la información– en el tercer pilar básico de los derechos de la comunicación de nuestro tiempo. Se abre así un nuevo horizonte europeo para el desarrollo comunicativo en la Unión Europea. Los retos que suscita este nuevo horizonte son múltiples y diversos. Se trata, sobre todo, de que los ciudadanos puedan desenvolverse cómodamente en un entorno mediático cada vez más cambiante y novedoso y que dispongan, por tanto, de las facultades y capacidades que le permitan apropiarse de él en función de sus intereses legítimos, aprovechando de esta manera todo su potencial informativo, cultural y de entretenimiento. Por otro lado, se trata también de que los ciudadanos puedan disponer de un conocimiento suficiente y amplio sobre los factores que condicionan el desarrollo de la industria mediática –economía, propiedad, control, poderes, pluralismo, etc– y potenciar, de este modo, las capacidades de selección, de comprensión crítica y de análisis del discurso mediático y, en esencia, puedan expandir su libertad personal y social. Finalmente, se trata de desarrollar –con y a través del uso mediático responsable– el sentido de la ciudadanía activa y participativa en los asuntos locales, europeos y globales. La Unión Europea establece, con la instauración de la alfabetización mediática, un nuevo horizonte de responsabilidades y objetivos que afectarán y movilizarán en los próximos años a todos los actores mediáticos, culturales y educativos: industria, autoridades reguladoras, profesionales, familias, colectivos ciudadanos, agentes educativos, etc. Un nuevo horizonte centrado en la necesidad de una alfabetización mediática lo más extensa posible que debe conducir a la mejora cualitativa y cuantitativa del nuevo entorno mediático. TELOS 79 | 7 tribunas de la comunicación Rafael López Lita y Cristina González Oñate Estrategias de comunicación ante la crisis económica En un momento en el que la existencia de una crisis financiera y de consumo ya es un hecho, en demasiadas ocasiones la comunicación queda relegada a un segundo plano dentro de las estrategias corporativas de las organizaciones. Los presupuestos destinados a comunicación suelen ser los primeros en reducirse ante una crisis de estas características. Por parte de algunas empresas existe, por tanto, una percepción no demasiado ajustada de la realidad al concebir la comunicación como un gasto y no como una inversión –y, por tanto, una oportunidad–, percepción que se agudiza en momentos como el que vivimos en la actualidad. El objetivo de este artículo consiste en reflexionar sobre el retorno que aporta la comunicación mediante el mantenimiento, el aumento o la menor caída de los ingresos de las empresas y mediante el refuerzo o, incluso, el menor deterioro del valor de los activos intangibles de las mismas. El contexto Desde la óptica profesional, la actual crisis económica constituye una parte del escenario en el cual se va a desarrollar la comunicación. Además de tener en cuenta otros factores, como los públicos, los competidores, las tendencias sociales, etc., la crisis se perfila como un elemento más a tener en cuenta a la hora de crear estrategias de comunicación, porque influye de una manera directa en las decisiones empresariales. 8 | TELOS 79 Este hecho requiere por nuestra parte una reflexión al respecto, con el fin de aportar información útil para la toma de decisiones y que pueda ser relevante para contribuir a que éstas –sobre todo en aspectos de índole comunicativa– resulten lo más eficientes posibles. Para avanzar en el análisis del problema planteado comenzaremos por examinar diversas conductas que en estos momentos algunas empresas tienden a llevar a cabo. Por un lado, se recortan los presupuestos de comunicación, tanto por parte de aquellas empresas que vienen realizando una concienzuda gestión de sus intangibles como por parte de las que basan su estrategia en otros parámetros (precio, calidad, servicio, etc.). Por otro, las estrategias de comunicación en contextos marcados por crisis económicas se suelen centrar en el corto plazo, es decir, en potenciar promociones con el propósito de mejorar únicamente las ventas. El recorte de presupuestos en comunicación En referencia a la primera acción, se debería considerar que un recorte sobre la inversión en comunicación puede ser interpretado como un signo de debilidad y, por tanto, influiría negativamente en la confianza del consumidor. Además, si de verdad se tiene en cuenta el escenario, es probable que la mejor estrategia consista en invertir en un momento en el que la tribunas de la comunicación mayoría ha dejado de hacerlo: si existe un claro descenso de la inversión en comunicación por parte de la mayoría de los anunciantes, se genera un incremento en notoriedad para los que sí la realizan. La eficacia de los mensajes puede ser mayor que en periodos de auge y, como consecuencia, no debería producirse un recorte generalizado de los presupuestos de comunicación. Las empresas no deberían dejar de comunicar –y mucho menos en situaciones de esta naturaleza–, sino todo lo contrario: aumentar su presencia aprovechando la ventana de oportunidad, incrementando sus presupuestos y siendo más creativos. «Un elemento que refuerza extraordinariamente los intereses creados para convertirlos en euforia es la condena que el público respetable y la opinión de los financieros dirige a quienes expresan duda o disentimiento. Se dice de ellos que, por falta de imaginación o en virtud de alguna otra limitación mental, son incapaces de captar las nuevas y lucrativas circunstancias que sustentan y aseguran el incremento de los valores» (Galbraith, J. K., 1991. Breve historia de la euforia financiera. Barcelona: Ariel. pp. 19-20). Estrategias a corto plazo Y en relación con la segunda acción citada, es aquí donde observamos que todos los esfuerzos en comunicación centrados en potenciar las marcas se desvanecen al aplicar estrategias en comunicación ‘a corto plazo’, en las que el producto y su precio tienen un papel protagonista en los mensajes, dejando así a las marcas (y por tanto ‘el largo plazo’) en un segundo lugar. Las crisis económicas generan desconfianza y, desde el punto de vista de la comunicación a largo plazo, las marcas constituyen los puntos fuertes, porque representan referentes positivos y de calidad ante el consumidor. Si disminuimos la inversión en comunicación de nuestra marca, ¿no estaremos dejando escapar la oportunidad de posicionarla como referente de calidad en momentos en los que la incertidumbre y el caos son mayores? «Cuando la regla se entiende plenamente, permite a los afortunados salvarse del desastre. Sin embargo, dada la presión de esta psicología de multitudes, los que se salven constituirán una excepción a una regla muy amplia pero difícilmente eludible» (Galbraith, 1991, Idem, pp. 17-18). Conviene recordar que en muchos casos el valor de los intangibles es muy superior al neto de los valores materiales de las empresas. Si esto es así, ¿resulta oportuno dejar sin gestionar eficientemente la mayor parte del patrimonio empresarial por medio de la comunicación? El hecho de no gestionar de forma eficiente el activo probablemente más valioso de las organizaciones puede acarrear consecuencias poco afortunadas. En momentos de crisis económica, la publicidad cobra mayor relevancia al constituirse como una gran herramienta, idónea para posicionar a las marcas en contextos de esta índole. Especialmente sobre el retorno económico que genera la inversión en comunicación generadora de valores intangibles, como consecuencia del correcto planteamiento de estrategias de comunicación a medio y largo plazo. ¿Cómo afecta la crisis a la hora de comunicar nuestra marca? No podemos obviar que este contexto exige nuevos enfoques y mayores esfuerzos por parte de los profesionales del sector de la comunicación. En primer lugar, y desde nuestro prisma, en estos momentos se hace necesario segmentar aún más para ir en busca de los verdaderos insights de nuestros públicos objetivos y así acertar al máximo con nuestra comunicación. En segundo lugar, se reclama la necesidad de aplicar estrategias de comunicación basadas en la emoción como argumento clave, ya que en momentos de crisis el ‘cómo’ se cuentan los mensajes constituye uno de los aspectos más relevantes, porque diferencia y construye marca. Desde el punto de vista estratégico, es necesario generar simbiosis entre los aspectos puramente tácticos y aquellos de nivel más estratégico o global, pero manteniendo en ambos el tono de nuestra comunicación. Y, por último, es necesario analizar y planificar muy bien adónde van nuestros mensajes –es decir, los medios y los soportes– para que la comunicación sea lo más rentable posible. Se debe exprimir al máximo la calidad del medio y del soporte a nivel de notoriedad, dejando a un lado la cantidad (nivel de frecuencia) en dichos elementos. TELOS 79 | 9 tribunas de la comunicación Las agencias de publicidad han de generar discursos y aportar soluciones en comunicación en un momento coyuntural de crisis. Para ello han de ser más analíticas, con el fin de acertar y enfocar la comunicación hacia el objetivo previamente definido. Para que el nivel de acierto sea el más alto posible, debe existir una implicación entre anunciantes y agencias de publicidad, pero ya no sólo a nivel de comunicación, sino también de negocio, para comprender la situación particular de cada empresa dentro de un contexto tan marcado como el actual. Para tales efectos, la investigación se convierte en una gran aliada de la comunicación en momentos de crisis económica, ya no como justificación en la toma de decisiones, sino como apoyo y orientación para poder enfocar bien la comunicación. A la hora de establecer estrategias, lo más importante será determinar bien quién hace comunicación y para qué la hace. El motivo de ello es que en momentos de crisis se hace necesario volver a los orígenes para recordar al consumidor quién es la marca, la identidad corporativa, la esencia de la empresa, que ha de cobrar un mayor protagonismo para comunicar y mostrar a los consumidores la empresa tal y como es. La comunicación en momentos de crisis no ha de ser vista como un gasto sino como una oportunidad de poder contar mejor quiénes somos. Lo que no ofrece ninguna duda es la necesidad de repensar nuestras políticas de comunicación, adecuándolas a las circunstancias, y para ello es imprescindible mejorar el nivel de profesionalización de la comunicación. Conclusiones El uso sensato de la comunicación puede constituir una herramienta de gran valor para la puesta en valor de las oportunidades y, más concretamente, de nuestros activos de carácter intangible, tan necesarios para mantener un contacto positivo con nuestros públicos. No podemos negar que el panorama en el que nos encontramos inmersos ofrece un mayor número de amenazas que de oportunidades, pero éstas siguen existiendo y hemos de detectarlas y aprovecharlas como recurso para que nuestras 10 | TELOS 79 empresas salgan fortalecidas. No deberíamos olvidar que el uso coherente y profesional de la comunicación puede ser una valiosa herramienta para la puesta en valor de dichas oportunidades. Las políticas en comunicación deben fundamentarse en una mayor reflexión antes de tomar decisiones que puedan poner en riesgo gran parte de los esfuerzos anteriormente realizados. La fórmula reside en mejorar el nivel de profesionalización implementando estrategias de calidad con base cero, es decir, replanteando por completo la inversión en comunicación y tratando de asegurar el máximo retorno. El binomio costeeficacia debe impregnar, ahora más que nunca, nuestra inversión en comunicación. Se requiere, por tanto, la necesidad de repensar nuestras acciones y, sobre todo, nuestras estrategias, sin dejarnos llevar por las necesidades inminentes, sino enfocar más allá y dar un paso más que nuestros competidores; apostando por valores intangibles que se ‘tangibilizan’, no tanto en el producto o servicio como en nuestra propia marca como valor único y diferenciador. Autores invitados Román Gubern Francisco Jarauta autores invitados Román Gubern El futuro ya ha comenzado Neofilia y globalización The Future has Already Arrived Neophilia and Globalization 12 | TELOS 79 RESUMEN SE REVISA LA EVOLUCIÓN CONCEPTUAL DE ALGUNOS ELEMENTOS QUE CONFORMAN EL NUEVO ECOSISTEMA DE COMUNICACIÓN DE MASAS, TALES COMO GLOBALIZACIÓN, BRECHA DIGITAL O CULTURA DE MASAS. SE SEÑALAN ALGUNOS DE LOS EFECTOS DE LA SOBREOFERTA INFORMATIVA EN INTERNET Y SE INCIDE ESPECIALMENTE EN EL USO DE IMÁGENES DIGITALES EN EL SISTEMA AUDIOVISUAL, SOBRE TODO EN LAS APLICACIONES EN EL ÁMBITO CINEMATOGRÁFICO DEL FENÓMENO DE LA REALIDAD VIRTUAL. ABSTRACT THIS ARTICLE REVIEWS THE CONCEPTUAL EVOLUTION OF NEW ELEMENTS IN OUR MASS COMMUNICATION ECOSYSTEM, SUCH AS GLOBALIZATION, THE DIGITAL GAP, AND MASS CULTURE. THE AUTHOR POINTS OUT CERTAIN EFFECTS OF THE OVERSUPPLY OF INFORMATION FROM THE INTERNET. SPECIAL FOCUS IS PLACED ON THE USE OF DIGITAL IMAGES IN AUDIOVISUAL SYSTEMS, FOR EXAMPLE, THE VIRTUAL REALITY PHENOMENON IN THE WORLD OF FILM. Palabras clave: Keywords: Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC), Realidad virtual, Industrias culturales, Brecha Digital, Imágenes digitales, Internet. New Information and Communication Technologies (NICT), Virtual Reality, Cultural Industries, Digital Gap, Digital Images, Internet. autores invitados Narra un cuento de la cultura zen que un respetado maestro se encontró con su joven discípulo y éste le preguntó con ansiedad de neófito: «Maestro, ¿adónde vamos?». Y el maestro zen le respondió con calma: «Ya estamos». Este instructivo relato puede ser fácilmente aplicable a la pregunta acerca de cuándo entraremos en el futuro, pues hay que responder inmediatamente que ya hemos entrado en él, por muy cierta que sea la aseveración de que las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) se hallan todavía en su etapa de Paleolítico Superior, aseveración que suscribo sin sombra de duda. Superación de la inercia neofóbica Aunque nuestro hardware actual podrá parecer en la era de las computadoras cuánticas tan primitivo como a nosotros nos resultan hoy las redes de comunicación de la época de Graham Bell, lo cierto es que, en ese campo, el impulso neofílico ha ganado definitivamente la partida a la inercia neofóbica, lo que no era evidente en la época de Bell. Basta recordar que el primer uso del teléfono en Francia fue el Teatrófono, con su flujo monodireccional de música a los hogares y que, poco después, la mayor parte de las familias burguesas que disponían de un teléfono veían con pánico cómo la voz impúdica de algún jovenzuelo desvergonzado se colaba en sus casas sin su permiso para susurrar al oído de sus hijas quién sabe qué procacidades. En aquella época estaba naciendo también la industria eléctrica, en gran parte gracias a la bombilla incandescente inventada por Edison y que estamos ya a punto de desahuciar por cara y contaminante. En la actualidad, aproximadamente el sesenta por ciento del mercado mundial de la electrónica de consumo corresponde al sector audiovisual, con los videojuegos como producto estrella; una actividad que por aquel entonces estaba representada únicamente por el gramófono, otro invento del astuto empresario –más que bricoleur– Thomas Alvah Edison. Los orígenes de la aldea global Como toda historia tiene su prehistoria, lo mismo ocurre con la globalización. Hasta los colegiales saben que el proceso de globalización se inició cuando Cristóbal Colón se topó con alguna isla del mar Caribe en 1492, instaurando el primer eje de poder del Atlántico Norte. Este eje no fue oficializado hasta que en 1949 se creó, en plena Guerra Fría, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, o NATO en inglés), que consolidó aquel eje como una estructura militarizada. Cancelada la Guerra Fría, desde hace varias décadas el eje de poder de la globalización se ha desplazado del Atlántico al Pacífico, con las potencias tecnológicas de California, Japón, Corea del Sur, China (que acaba de cambiar su paradigma exportador basado en la cantidad, ya obsoleto, por otro presidido por la calidad), India, Singapur y Australia. En este contexto, nuestra vieja Europa tiende a ser cada vez más lo que Jorge Semprún denomina con agudeza y pertinencia ‘un balneario’. Antes de que tal eje se consolidara, durante el barullo de los happy sixties, el ingenioso Marshall McLuhan acuñó la aplaudida expresión ‘aldea global’, que le vino inspirada por los satélites geoestacionarios de su época, pues por aquel entonces Internet todavía no había nacido. Esta expresión conoció una gran fortuna periodística y cuando falleció lady Diana Spencer en un accidente de automóvil en París, un periódico serio y respetado pudo publicar un artículo titulado impúdicamente Tragedia en la aldea global. Ya se ha explicado muchas veces que en las aldeas todo el mundo habla con todo el mundo, según un modelo de comunicación desjerarquizado y horizontal. Pero esto no ocurre en la famosa ‘aldea global’, donde los flujos de información del Norte inundan al Sur, mientras que el Sur a duras penas consigue hacer llegar sus flujos al Norte, debiendo añadirse que existe un Norte global, nacional, regional y local. Aproximadamente el sesenta por ciento del mercado mundial de la electrónica de consumo corresponde al sector audiovisual Ruptura con los esquemas tradicionales Cuando se afirma que en Manhattan hay más teléfonos que en todo el continente africano se está hablando de un Norte y un Sur global, pero cuando se habla del centro urbano y de sus periferias degradadas estamos hablando de una asimetría local. Una de las consecuencias más perversas de tal asimetría es que el Sur se ve a sí mismo a través de los ojos del Norte, como ocurre cuando las televisiones globales informan a todo el mundo (entre ellos, a los africanos) de las guerras tribales en el África subsahariana. Por no hablar de la famosa brecha digital, a la que luego dedicaremos alguna atención. TELOS 79 | 13 autores invitados El proceso de globalización se inició cuando Cristóbal Colón se topó con alguna isla del mar Caribe en 1492 Para ser justos, hay que añadir inmediatamente que este sólido esquema tradicional ha empezado a cuartearse. Tras el explosivo desencuentro entre el Islam radical y Occidente en septiembre de 2001, irrumpieron en la escena mediática dos televisiones globales árabes que no existían durante la Primera Guerra del Golfo: Al-Jezira y Al-Arabia. La primera, especialmente aguerrida, ha resultado incluso incómoda para los estados musulmanes más conservadores, como Arabia Saudí, y varios de sus corresponsales tanto en países occidentales como musulmanes han sido expulsados. Esta estridente disidencia de la monocultura occidental intentó ser contrarrestada por los aparatos norteamericanos oficiales de comunicación (léase la CIA) con la creación de la televisión global en lengua árabe AlUrra (que significa La Libertad), con base en Virginia; pero no ha conseguido siquiera arañar las audiencias de aquellas emisoras genuinas. Entretanto, Al-Jezira ha dado el salto cualitativo que supone emitir también sus programas en lengua inglesa –es decir, la lengua de sus adversarios– e incluso ha fichado a estrellas mediáticas anglosajonas tan prestigiosas como David Frost. Estos episodios de disidencia ideológica no desmienten la existencia de un Norte desarrollado y dominante y de un Sur precarizado y muchas veces sometido a un régimen neocolonial. En este Tercer Mundo, muchos habitantes analfabetos han saltado de una generación del tam-tam a la cultura de masas tecnificada occidental, específicamente a la radiofónica, a la televisiva y a la industria musical. Pero ése es otro problema, que afecta sobre todo a la configuración de sus imaginarios. La construcción de los imaginarios Aunque Theodor Adorno y Max Horkheimer acuñaron, durante el fragor de la Segunda Guerra Mundial, la expresión ‘industrias culturales’ con connotaciones negativas, para expresar la sumisión de la cultura a los bajos intereses mercantiles de los tenderos, la historia ha retorcido su matriz semántica y, con el paso del tiempo, han llegado a ser bendecidas años después como benéficas ‘industrias sin chimeneas’ (es decir, no contaminantes). Cuando Javier Solana fue ministro de Cultura del primer gobierno socialista, me tocó acompañarle 14 | TELOS 79 como experto a Berlín, para participar en una reunión del Consejo de Europa sobre industrias culturales. En aquella Alemania –de la que habían huido Adorno y Horkheimer– las industrias culturales se habían convertido por entonces en una bendición de la humanidad, fuente de cultura, progreso y riqueza económica. Un equívoco parecido ha ocurrido con la expresión ‘cultura de masas’ (masscult, en inglés) como expresión peyorativa o degradante. Se olvida que muchas novelas de Ernest Hemingway fueron bestsellers en su época, que Charles Chaplin gozó de una inmensa popularidad en la pantalla y que se han vendido en el mundo más grabaciones de Richard Wagner que de Madonna y más textos de Shakespeare que de Emilio Salgari. Estos casos evidencian la fragilidad de los criterios cuantitativos a la hora de medir los niveles cualitativos. Pero también es verdad que las telenovelas mexicanas suelen tener más audiencia que los libros de poesía. Es preciso, por lo tanto, manejar este asunto con gran prudencia. Ciertamente, el vector cuantitativo desempeñó un papel importante en la reflexión pesimista de Adorno y Horkheimer acerca de la reducción de la cultura a la condición de mercancía. Pero, a la vez, la difusión de la cultura para las mayorías sociales ha sido un ideal persistente desde la Ilustración. En este punto, cuando Abraham Moles acuñó en la década de 1960 su célebre expresión ‘opulencia comunicacional’, oteando un futuro de plenitud informativa para la ciudadanía, no hacía más que inscribirse en esa tradición ilustrada. Pero dicho esto, el horizonte –exaltado por algunos expertos– de la meta/mito de la llamada ‘sociedad de los quinientos canales’, a la que ya hemos llegado gracias a la televisión por cable, por satélite y por transmisión digital, suele desembocar en lo que Herbert Schiller definió ácidamente como «una gran variedad de lo mismo». La respuesta de la programación de pago, selectiva o elitista, no es una novedad. Cuando se habla de la autoprogramación del usuario suele olvidarse que esa opción ya existía desde hacía muchos años en las librerías, en las tiendas de discos y en los teatros. De hecho, la autoprogramación soberana del usuario contribuye a consolidar y perpetuar la estratificación de la pirámide cultural y del gusto, reforzando la sociedad dual en este campo. autores invitados El proceso cíclico de las modas De un modo esquemático, podemos clasificar las industrias culturales por su contenido, en industrias del conocimiento e industrias emocionales (vulgo entertainment); y desde el punto de vista del poder mediático, en industrias centrípetas (cuya capital es Hollywood) e industrias centrífugas (televisiones locales, videoarte, Internet, etc.). Pero tanto unas como otras suelen producir flujos heteróclitos de cataratas textuales, cuyo modelo más ejemplar lo suministra la programación televisiva. En estos sistemas de comunicación monodireccional, un genotexto (o matriz arquetípica) origina numerosas variantes circunstanciales (o fenotextos). Un factor fundamental que explica la adicción –término preferible al barbarismo ‘fidelización’– del público a un programa, se basa en la ‘pedagogía de la rutina’ (fundamento de la ‘cultura ketchup’), a saber: el público suele pedir aquello que previamente se le ha acostumbrado a consumir. Pero esta ley tampoco supone un fatalismo determinista. En la historia de las modas culturales (y señaladamente en la moda vestimentaria) las rupturas practicadas por las élites para diferenciarse de lo común generan tendencias, de modo que el llamado efecto bandwagon hace que las mayorías se acaben sumando a la novedad liderada por las minorías para no verse a sí mismas excluidas o anticuadas. Pero cuando la nueva moda se ha generalizado, otro impulso elitista rompe con la norma dominante e inicia una nueva tendencia. En los medios de comunicación de masas, como la televisión, este fenómeno cíclico también se produce, pero más matizado, de modo que la hibridación suele primar sobre la innovación. Véase la génesis de “Operación Triunfo” y otros programas similares como síntesis híbrida de fórmulas tan consolidadas en las parrillas como el concurso, el espectáculo musical y el reality show. Esta somera reflexión sería incompleta si no recordáramos también que la televisión constituye un 1 El 67 por ciento de los jóvenes españoles usa Internet y en los universitarios se llega al 97 por ciento, La Vanguardia, (Barcelona), 20 de febrero de 2007. 2 púlpito que se disfraza de ventana (o una ventana que oculta un púlpito) y que esconde también una tienda que se dedica a vender audiencias, a las agencias de publicidad o a sus accionistas. Y está por ver hasta qué punto el tamaño del pastel publicitario o el apetito de los accionistas podrán soportar el crecimiento descontrolado de la oferta televisiva dentro de unas fronteras nacionales. Atrapados en la Red Es conocida la defección de la juventud occidental hacia la prensa en soporte papel, las salas cinematográficas e incluso hacia la televisión, hasta el punto que desde hace algún tiempo se habla ya de una ‘generación postelevisiva’. Y esta evolución ha provocado a su vez una transformación en la escala de prioridades de la industria publicitaria. La irrupción de Internet ha comportado, en efecto, unas mutaciones profundas en el paisaje mediático. Una estadística publicada a principios de 2007 ya acreditaba que el 67 por ciento de los jóvenes españoles era usuario de Internet y que entre los universitarios el porcentaje ascendía al 97 por ciento1. Esta tasa elevada contrasta con el conjunto de la población española, cuyo volumen de usuarios de Internet no llegaba el año pasado al 50 por ciento2, situándose detrás de los países europeos más desarrollados e incluso de Portugal, Eslovaquia y Estonia. Concordante con este bajo índice de usuarios, también la implantación de la Banda Ancha es todavía muy deficitaria en nuestro país. En las aldeas todo el mundo habla con todo el mundo, pero esto no ocurre en la famosa ‘aldea global’ Brecha digital y globalización Este panorama remite a la cuestión de la brecha digital, que suele estar determinada por tres factores: el nivel económico, el nivel educacional y la edad. Que la tasa de conexiones a Internet en África ascienda a poco más del 2 por ciento de la población es cosa que no debe sorprendernos. Y el panorama no es mucho más halagüeño en Haití o en Bolivia, revelando de paso que también es una falacia afirmar que Internet es un Cuando la tecnología es una carrera de obstáculos El País (11 de agosto de 2008). TELOS 79 | 15 autores invitados Muchos habitantes analfabetos han saltado de una generación del tam-tam a la cultura de masas tecnificada occidental 3 sistema global. Cuanto dijimos antes acerca de la brecha entre el Norte y el Sur es enteramente aplicable en este terreno, incluyendo el Norte y el Sur dentro de un territorio nacional. Esto ha dividido a la sociedad en insiders y outsiders, los segundos con menos formación, menos oportunidades laborales y menos ingresos económicos. Esta dicotomía se ha bautizado también como ‘inforricos’ e ‘infopobres’ y perpetúa el antiguo dictum norteamericano que asevera gráficamente que «si no estás dentro, estás fuera». Pero la brecha digital se ha visto afectada también por un nuevo factor, a saber, por la rapidez del cambio tecnológico, que genera ansiedad y frustración entre los sectores menos jóvenes3. Como es sabido, Internet es un gran vertedero global de información, de buena y de mala calidad, con una ratio ruido/conocimiento muy alta. Hace años, Umberto Eco pudo calificar a la Red como una gran librería desordenada. Es cierto que desde entonces los sistemas buscadores se han perfeccionado notablemente, pero no hace mucho Jorge Wagensberg, hablando de este asunto, me decía todavía que «Internet es bueno para planear, pero es mucho menos bueno para aterrizar». Opinión perspicaz que comparto enteramente. Y puesto que la sobreoferta de información equivale en muchos aspectos a desinformación y entropía, el nuevo sistema revela que la vieja institución de los opinion leaders sigue vigente en la cultura del ciberespacio. Los líderes de opinión como reguladores del caos Me referiré a la institución de los blogs, que en cierto modo son herederos tecnológicamente muy perfeccionados de los viejos periódicos murales (tazebaos) que florecieron durante la Revolución Cultural en China (1966-1969). Su enorme proliferación en el ciberespacio por obra de políticos, literatos, filósofos e incluso ciudadanos rasos requiere que alguien bien informado señale –en un medio menos denso o con información más escasa y selectiva– cuáles son los relevantes y que merecen Agobiados por la tecnología. Tres de cada cuatro europeos ignoran las innovaciones porque van demasiado rápido (El País, 28 de febrero de 2007). 16 | TELOS 79 especial atención por su contenido. Si un senador insulta al jefe de Estado en su blog, lo más probable es que la ciudadanía se entere de ello porque algún periódico o algún programa radiofónico informativo revele tal episodio. De modo que la institución de los ‘líderes de opinión’ no sólo no ha desaparecido en la era de Internet, sino que se ha hecho más necesaria que nunca, debido al extraordinario y frondoso volumen de información que se vierte en la Red, desconocido en épocas pasadas. Las virtudes y los problemas inherentes al uso de Internet derivan, precisamente, de que se trata de un ágora planetaria desjerarquizada. Esa facilidad de acceso a su vertedero ciberespacial hace que en su seno se codeen, a un mismo nivel, las informaciones valiosas y los detritus semánticos. Episodios desapercibidos pueden ser revelados clamorosamente a través de Internet –como ocurrió con la relación sexual entre el presidente Bill Clinton y la becaria Monica Lewinsky– y entonces pueden agrandarse, ya fuera del ciberespacio, como una arrolladora bola de nieve que se desliza por una ladera. En algunos de estos casos es pertinente referirse al famoso ‘efecto mariposa’ de la teoría del caos. O, empleando un símil acústico, a un efecto de multieco, que puede llegar a alcanzar una dimensión ensordecedora. Pero un efecto benéfico de este fenómeno puede favorecer a la cultura intersticial y minoritaria, a aquellos segmentos de la producción cultural desdeñados, por poco rentables, por las grandes instituciones dominantes. La afección a esta cultura intersticial por parte de comunidades virtuales o redes sociales puede permitir la consolidación de unas inmensas minorías transnacionales, interesadas por la obra de un poeta o de un videoartista que de otro modo habría pasado desapercibida. El fenómeno Second Life Es cierto que, como ya hemos apuntado, los contenidos indiscriminados del ciberespacio pueden crear fenómenos paradójicos muy sorprendentes. autores invitados Uno de los más llamativos, por su tan rápida expansión como declive, fue el fenómeno bautizado como Second Life, que nació en 2007 y prácticamente se disolvió a lo largo de 2009, con una cadencia propia de una moda vestimentaria frívola y pop4. Me imagino que cualquier psiquiatra diagnosticaría a los clónicos virtuales que viven una existencia alternativa a la del sujeto que los ha creado o impulsado como un mecanismo imaginario de consolación, para poder ejecutar en la esfera virtual aquello que no les resulta posible en la real y vivir con ello una vida alternativa y feliz, desembarazada de las frustraciones de la vida real. Muchas personas fabricaron sus ‘dobles felices’ para que evolucionaran en el subterráneo virtual del ciberespacio; y este fenómeno generó bastante literatura sorprendente, como la noticia de que la Royal Liverpool Philarmonic Orchestra daría un concierto en Second Life5, o que en ese mundo virtual se prohibió en un cierto momento jugar a ser banqueros6. Pero la noticia más polémica y desconcertante llegó cuando el doble virtual de Gaspar Llamazares, candidato de Izquierda Unida (IU) a la presidencia del Gobierno español, sacó en Second Life su mechero y prendió fuego a una foto de la familia real7. El episodio levantó una polémica considerable y se especuló acerca de la relevancia jurídica y penal de aquel atentado virtual, hasta el punto de que la dirección de IU tuvo que difundir un comunicado en el que aseguró que la escena no pretendía «ser ofensiva contra nadie ni contra nada, sea una persona pública o una institución». Lo que habría que interpretar como si la transgresión –o descortesía– de Llamazares hacia la familia real la hubiera cometido únicamente su subconsciente. Como antes dijimos, el espejismo de Second Life fue languideciendo a lo largo de 2009, mostrando su naturaleza de moda efímera, aunque no sin antes generar una réplica en el hermético universo de la República Popular China8. 4 El fenómeno Second Life suscitó la publicación de algunos interesantes artículos en una revista tan rigurosa como Science. Véase Bainbridge (2007) y Millar (2007). Véase Bainbridge, W. S. (27 de julio de 2007). The Scientific Research Potential of Virtual Worlds. Science, 317 y Miller, G. (7 de septiembre de 2007). The Promises of Parallel Universes. Science, 317. 5 Aplicaciones virtuales a las industrias musical y cinematográfica Mucho más importante que este juguete virtual resultó la función de Internet como instrumento para descargar música o películas cinematográficas. En Estados Unidos, la venta de música on line superó en 2008 los mil millones de descargas legales, mientras se hundió simultáneamente el mercado de los CD9. Y en España, la venta de música digital pasó de 17 millones de archivos en 2007 a 32 en 200810. Un efecto paradójico de este auge ha sido la reactivación y revalorización de los conciertos en vivo (como si pudieran existir conciertos ‘en muerto’). En la industria cinematográfica, en abril de 2008 las majors de Hollywood acordaron vender sus productos on line en la tienda iTunes de Apple el mismo día que salieran a la venta en soporte DVD, oferta que antes tardaba un mes en producirse. Esta iniciativa sugería que las majors asestaban un golpe bajo a las salas de exhibición, ya muy dañadas por la competencia del llamado ‘cine en el sofá’ (que sustituye a la butaca pública), precisamente en el momento en que Hollywood acababa de bendecir como propio el sistema Blu-Ray de alta definición de Sony, descartando la opción alternativa de Toshiba. La estrategia apostaba por la preferencia de los jóvenes por el canal on line, con una interfaz ubicua, lo que para las empresas productoras suponía, además, el ahorro de no tener que confeccionar un soporte físico para sus obras. Con esta apuesta por la movilidad on line en detrimento de los soportes duros y del sedentarismo de los terminales, Time Warner estimó que podría triplicar sus ganancias en el sector. Y la alta definición del Blu-Ray quedaría circunscrita para las élites de alto poder adquisitivo. Está por ver si la catastrófica crisis económica que hoy vive el mundo afecta a alguna de las propuestas de esta profecía comercial. La Liverpool Philarmonic tocará en `Second Life´ en busca de nuevo público La Vanguardia, (15 de agosto de 2007). 6 El mundo de Second Life prohíbe jugar a banqueros. Sus responsables anulan las inversiones retribuidas, El Mundo, (11 de enero de 2008). 7 El Llamazares virtual quema en Internet una foto de la familia real, El País, (20 de febrero de 2008). La difusión de la cultura para las mayorías sociales ha sido un ideal persistente desde la Ilustración 8 ‘Nace HiPiHi, la versión china de Second Life’, El País, Madrid, (28 de noviembre de 2007). 9 Mil millones de descargas musicales. En EEUU la venta de canciones on line bate récords mientras cae el mercado del CD, El País, (19 de diciembre de 2008). 10 Las descargas legales se duplican en España a lo largo de un año, El País, (28 de diciembre de 2008). TELOS 79 | 17 autores invitados En los medios de comunicación de masas, como la televisión, la hibridación suele primar sobre la innovación 11 La imaginería digital Este panorama de la tecnocultura contemporánea no sería razonablemente satisfactorio si no mencionáramos las imágenes digitales, mosaicos figurativos de naturaleza constructivista que hoy reinan de modo totalitario en nuestro ecosistema audiovisual, desde la publicidad a los videojuegos. Las imágenes digitales –que, a diferencia de las imágenes analógicas, pueden mentir sin dejar cicatrices en sus soportes, invulnerabilidad que las hace congruentes con la ‘era de la sospecha’ de la posmodernidad– pueden ser de tres tipos: de función óptico-referencial (como los retratos y las imágenes documentales), de creación (mediante algoritmos de la maquina) y mixtas. Y las dos últimas pueden comparecer como simulaciones –del mundo real visible– o como quimeras –o fantasías ajenas al mundo real visible–. Pero hay que tener en cuenta que la perfección de la tecnología permite crear quimeras que comparecen ante el espectador con el aspecto veridiccional de las simulaciones. Como señaló Jean Baudrillard (1995)11, las técnicas de producción virtual pueden cometer el crimen perfecto, pues su eficaz performatividad técnica puede asesinar la realidad y suplantarla, borrando a la vez las huellas de su crimen y de su suplantación. De la combinación de estos diferentes tipos de imágenes surgen las llamadas hiperimágenes, que son collages o injertos icónicos de diferente naturaleza y que producen imágenes semióticamente promiscuas, muy utilizadas en las industrias del entretenimiento y la publicidad. Siguiendo la terminología de Peirce, pueden combinarse diferentes imágenes indiciales (como en la práctica tradicional del fotomontaje), pero pueden yuxtaponerse imágenes indiciales con imágenes digitales de producción informática, como ocurría en Parque jurásico de Steven Spielberg (1993), película autorreflexiva que exponía las Baudrillard, J. (1995). Le crime parfait. París: Galilée. 18 | TELOS 79 dificultades de un científico para crear dinosaurios a partir de su ADN fosilizado; una operación que aludía simbólicamente a la dificultad que tuvieron los ingenieros de Spielberg para hacer nacer en la pantalla unos dinosaurios que sólo existieron en la memoria de un ordenador y hacerles interactuar con actores vivos registrados con técnicas indiciales (un tercio del presupuesto de la película se gastó en la creación y animación de sus dinosaurios virtuales). Y, finalmente, se pueden combinar imágenes digitales no indiciales entre sí, como ocurre en el género que todavía se denomina –de modo anacrónico– ‘dibujos animados’. Construcciones híbridas Existen otros ejemplos llamativos de hibridación icónica. Valga el caso del cineasta argentino Leonardo Favio, quien realizó un extenso documental histórico-político titulado Perón, sinfonía de un sentimiento (2000), utilizando imágenes de noticiarios, documentales y fotos fijas; pero cuando se propuso mostrar episodios históricos de los que no existían imágenes, los reconstruyó digitalmente. ¿Puede seguir llamándose documental a esta construcción híbrida? En el campo de la creatividad estética, el cineasta francés Eric Rohmer realizó un experimento innovador y notable, alejado de la rutina, al producir su película La inglesa y el duque (2001). Como la acción transcurría en la época de la Revolución Francesa, escaneó grabados y pinturas de aquella época que representaban paisajes, monumentos o palacios y los colocó como fondo ante el que actuaban los actores. De este modo efectuó una experiencia transgenérica que combinaba la pintura, el teatro y el cine, sin que ninguna de tales aportaciones perdiera su identidad al fundirse en la obra. Una de las aplicaciones derivadas de la imaginería digital es la llamada Realidad Virtual (RV), expresión que constituye un oxímoron, pues lo autores invitados real se opone a lo virtual. Desde el punto de vista de un sujeto observador, la RV puede comparecer como un paisaje exterior al sujeto, que lo contempla, por así decir, en tercera persona. El espectáculo cinematográfico constituye un buen caso de este tipo de fruición. Pero la RV puede comparecer también para el sujeto como un entorno envolvente, como un entorno sintético de producción informática en tiempo real, como los de las cabinas virtuales para entrenar a pilotos de aviación sin riesgo, que constituyeron una de las primeras aplicaciones de esta técnica. En tal caso nos hallamos ante la llamada Realidad Virtual Inmersiva (RVI). Realidad Virtual Inmersiva (RVI) Debemos añadir inmediatamente que en estos casos lo real no sólo parece real, sino que es real en su condición de virtual. Y en las modalidades de RVI más avanzadas, las simulaciones son polimodales, pues afectan a la percepción visual, a la cenestésica, a la cinestésica, a la acústica y a la táctil (mediante guantes especiales o datagloves), produciendo una ilusión integral de suplantación de la realidad desde el punto de vista sensorial. Como aquí estamos privilegiando la dimensión icónica, vale la pena detenerse brevemente en la función de las pantallas de los dos monitores visuales que se integran en el casco que porta el sujeto de la RVI y que están colocadas ante ambos ojos. Estos dos monitores respetan dos principios fundamentales de la percepción humana, a saber, la visión binocular y la disparidad retiniana; es decir, cada ojo ve un panorama ligeramente distinto debido a su separación y al fundirse ambas imágenes distintas en el córtex visual producen la impresión de profundidad y de relieve. Pero no cumple otro factor que es inherente a la visión humana: la acomodación del cristalino del ojo a las diferentes distancias para enfocar las distintas profundidades (puesto que la imagen del monitor 12 es plana), acomodación que sí tiene lugar, en cambio, cuando contemplamos un holograma. Lo que percibe y lo que envuelve virtualmente al sujeto experimental de la RVI es un ciberespacio –término acuñado en 1984 por el novelista fatacientífico William Gibson, quien lo definió pertinentemente como «una alucinación consensuada»–. El ciberespacio, a pesar de su apariencia hiperrealista, es en realidad un espacio inmaterial, no euclidiano, sin extensión y abiótico. Por eso quienes se adentran en él son, en realidad, space-makers, gracias a su ortopedia tecnológica. Son portadores de una ilusión que viaja virtualmente con ellos. Es cierto que el fenómeno de la RVI tiene muchos antecedentes míticos y literarios que abundaron en la confusión entre apariencia y existencia. Por ejemplo, la leyenda acerca del pintor chino recluido a la fuerza en el palacio del emperador para que sólo produjera obras para él, quien –para escapar de su prolongado encierro– pintó un día un paisaje, se introdujo en el cuadro y se alejó hacia su horizonte. Ortega y Gasset12 se refirió también al inquietante y equívoco hiperrealismo de las figuras de los museos de cera: «Cuando las sentimos como seres vivos, nos burlan descubriendo su cadavérico secreto de muñecos, y si las vemos como ficciones parecen palpitar irritadas. No hay manera de reducirlas a meros objetos. Al mirarlas nos azora sospechar que son ellas quienes nos están mirando a nosotros». Son famosos, por otra parte, los viajes de la emperatriz Catalina de Rusia, en compañía del príncipe Potemkin, quien le mostraba las nuevas obras públicas en construcción en los paisajes que recorrían, cuando en realidad eran sólo decorados que se desmontaban tan pronto como la emperatriz se había alejado del lugar. Y el genio de Borges ideó un cartógrafo chino que, incitado por el emperador a confeccionar un mapa cada vez más completo y preciso de su país, acabó por dibujar La brecha digital suele estar determinada por tres factores: el nivel económico, el nivel educacional y la edad Ortega y Gasset, J. (1960). La deshumanización del arte y otros ensayos estéticos. Revista de Occidente, p. 28. TELOS 79 | 19 autores invitados uno tan grande como su imperio. Ahora sabemos que la fantasía de Borges estuvo a punto de cumplirse por Hitler en su búnker de Berlín, pues cuanto más se acercaban las tropas soviéticas a la ciudad, exigía del servicio cartográfico mapas cada vez más precisos y de mayor escala, poniendo en serios apuros a sus dibujantes. Esta exigencia tenía su lógica militar en un mejor conocimiento de los accidentes del terreno, pero también es cierto que cuanto mayor fuera la escala, más lejano parecería el enemigo que se acercaba peligrosamente. La brecha digital se ha visto afectada también por un nuevo factor, a saber, por la rapidez del cambio tecnológico 20 | TELOS 79 La RVI como entretenimiento de masas La RVI maximiza el efecto de ilusión referencial y culmina el proyecto de ilusión perspectivista forjado en el Renacimiento. A la ilusión de tridimensionalidad se añade el efecto decisivo de la eliminación del encuadre o marco de la imagen, la disolución del significante de demarcación que convierte en invisible a la interfaz y genera así un efecto de inmersión en la imagen. Las industrias del espectáculo llevan tiempo especulando acerca de la explotación comercial de la RVI como entretenimiento de masas, en una era de declive social del espectáculo cinematográfico. En la sala de cine, una masa de espectadores aparece reunida físicamente y cohesionada emocionalmente, al compartir simultáneamente los mismos estímulos audiovisuales y el mismo imaginario. Pero en la experiencia de la RVI, el espectador, al penetrar con su casco visualizador en el ciberespacio, pasa a convertirse en espectadoroperador-actor. Gracias a la estructura