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Transcript
Estudio sobre el Crepúsculo de los
ídolos de F. Nietzsche
Estudio sobre el Crepúsculo de los
ídolos de F. Nietzsche
Javier Gracia
Paolo Stellino
Isabel Tamarit
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
2010
La formación permanente del profesorado constituye una prioridad para la Administración
Educativa Valenciana. Así, el Servicio de Formación del Profesorado tiene entre otros muchos
objetivos y funciones, diseñar y desarrollar acciones formativas que contemplen necesidades
didácticas específicas. Los materiales recopilados en la presente publicación responde al criterio de atención prioritaria a la adecuación de conocimientos y métodos, garantizando con ello
la calidad de sus cursos.
© Del texto; los autores, 2010
© De esta edición: Universitat de València, 2010
Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera
ISBN: 978-84-370-7753-6
Depósito legal: V-XXXX-2010
Impresión: Diazotec, S.A.
Índice de contenidos
Prólogo
1. Objetivos de la lectura
1.1. “Hay que aprender a ver, aprender a pensar y aprender a hablar y a escribir”
1.2. Liberarse de ciertos prejuicios
1.3. El estilo provocativo de Friedrich Nietzsche
2. Datos para una bio-bibliografía
3. Contextualizando la filosofía del autor
3.1. Crisis del siglo XIX: de la razón a la vida
3.2. Influencias y precedentes filosóficos más destacados de la Filosofía de Nietzsche
3.2. Evolución del pensamiento de Nietzsche
4. Gestación de Crepúsculo de los ídolos
4.1. De “Ociosidad de un psicólogo” a “Crepúsculo de los ídolos”
4.2. “Dos hermanos gemelos”: Crepúsculo de los ídolos y El caso Wagner.
4.3. Significado del título Crepúsculo de los ídolos.
4.4. Significado del subtítulo Cómo se filosofa con el martillo
5. Análisis y comentario a los textos seleccionados por la Comisión de las P.A.U.
5.1. Sócrates como origen del problema
5.1.1. Antecedentes: imagen nietzscheana de Sócrates antes del Crepúsculo de los ídolos
5.1.2. Rasgos de la figura de Sócrates que fascinaban a Nietzsche
5.1.3. Rasgos de la figura de Sócrates que provocaban su repulsión
5.1.4. Conclusión: Sócrates como tipo especial de filósofo decadente
5.2. Crítica a la razón occidental.
5.2.1. Dimensiones constitutivas de la crítica nietzscheana
5.2.2. Crítica al racionalismo (Análisis de “La razón en la filosofía”)
5.2.3. La “razón” en el lenguaje. Crítica genealógica del lenguaje (análisis del
párrafo 5 de “La ‘razón’ en la filosofía”).
5.2.4. El prejuicio filosófico de la voluntad.
5.2.5. Origen del error del racionalismo.
5.2.6. En las redes del lenguaje. La aporía de la crítica nietzscheana al lenguaje y
su posible salida
5.3. Historia de un error.
5.3.1. Primer hito: Platón
5.3.2. Segundo hito: Cristianismo
7
5.3.3.
5.3.4.
5.3.5.
5.3.6.
Tercer hito: Kant
Cuarto hito: Positivismo
Quinto hito: autocrítica de Nietzsche
Sexto hito: perspectivismo de Zaratustra
5.4. Crítica a la moral hostil a la vida.
5.4.1. Castración de las pasiones. Crítica a la tradición moral-cristiana
5.4.2. Espiritualización de las pasiones. Alternativa al castradismo
5.4.3. Moral natural versus moral contranatural
5.4.4. La moral como síntoma
5.5. La desmejora de la humanidad.
5.5.1. Nietzsche frente al nacionalsocialismo
5.5.2. La invención del juicio moral
5.5.3. El presunto “mejoramiento” de la doma y la cría
5.5.4. Raza aria y orden de castas
5.5.5. Transvaloración de los valores aristocráticos
6. Actividades para trabajar los textos de Nietzsche seleccionados por la comisión de la P.A.U.
7. Glosario de términos
8. Contando con la tradición. Principales líneas de interpretación de la filosofía de Nietzsche
8
Abreviaturas de las obras de Nietzsche
AC → El Anticristo (trad. A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid, 2002).
AU → Aurora (trad. Genoveva Dieterich en Alba editorial, Barcelona, 1999).
CI → Crepúsculo de los ídolos (trad. A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid, 1973; versión
original consultada en Nietzsche, Kritische Studienausgabe, edición
de G. Colli y M. Montinari, Gruyter, Berlín, 1999, vol. 6).1
CW → El caso Wagner (Nietzsche, Escritos sobre Wagner, trad. J. B. Llinares, Biblioteca Nueva,
Madrid, 2003, pp. 183-242).
EH → Ecce homo (traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid, 1971).
FTTG → Filosofía en el tiempo trágico de los griegos (Nietzsche, Kritische Studienausgabe, edición
de G. Colli y M. Montinari, Gruyter, Berlín, 1999, vol. 1).
FP → Fragmentos póstumos (volumen I [1869-1874] traduc. Luis E. De Santiago Guervós, en
Madrid: Tecnos, 2007; volumen II [1875-1882] traduc. M. Barrios y
J. Aspiunza, en Madrid: Tecnos, 2008; volumen III [1982-1985]
traduc. D. Sánchez Meca y J. Conill, en Madrid: Tecnos, 2010;
volumen IV [1885-1889] traduc. J. B. Llinares y J. L. Vermal, en
Madrid: Tecnos, 2006; versión original Nietzsche, Kritische
Studienausgabe, edición de G. Colli y M. Montinari, Gruyter, Berlín,
1999, vols. 7-13).
FPP → Filósofos preplatónicos (Seminarios de invierno de 1869-70 [?] y 1875-76; Seminarios de
verano de 1872 y 1876. Traduc. F. Ballesteros Balbastre. Barcelona:
Trotta, 2003).
GC → La gaya ciencia (traducción de Charo Grego y Ger Grut en Akal, Madrid, 1988).
GM → La genealogía de la moral (traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid,
1972).
HDH → Humano, demasiado humano (traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid,
1973).
KSA → Kritische Studienausgabe, (edición G. Colli y M. Montinari, Gruyter, Berlin, 1999, 15
volúmenes).
MBM → Más allá del bien y del mal (traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid,
1972)
NT → El nacimiento de la tragedia (Traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid,
1973)
NW → Nietzsche contra Wagner (traducción J. B. Llinares, Biblioteca Nueva, Madrid, 2003, pp. 83182).
1
También pueden consultarse las obras completas de Nietzsche en versión original en la página web: <http://
www.nietzschesource.org/texts/eKGWB/GD>
9
SVM → Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (Nietzsche, Antología, Traducción J. B.
Llinares y G. Meléndez, Península, Barcelona, 2003, pp. 83-170).
Za → Así habló Zaratustra (Traducción A. Sánchez Pascual en Alianza editorial, Madrid, 1972).
Sobre la forma de citar empleada
CI, “La razón en la filosofía”, 4 → De la obra Crepúsculo de los ídolos, el capítulo “La razón en la
filosofía”, el párrafo 4.
FP, mayo-julio 1885, 35 [31] → De los Fragmentos póstumos, entre los meses de mayo y julio de
1885. Los números que siguen se refieren a la catalogación
clásica adoptada por Colli y Montinari, en el cuaderno 35, el
apunte 31.
10
Prólogo
Este libro se presenta como un estudio sobre el Crepúsculo de los ídolos de Friedrich
Nietzsche. Con él ofrecemos un material de apoyo para llevar a cabo la lectura de dicha obra
y profundizar en la propuesta formativa del programa de Filosofía para las P.A.U.
En primer lugar, se presenta como un material para la formación del profesorado. Las
numerosas alusiones y referencias a la contextualización del pensamiento de Nietzsche, así
como a la gestación de la obra en cuestión ayudaran a una más adecuada lectura y a una mejor
comprensión del texto de Nietzsche. En este sentido, al final de cada apartado hemos añadido
una referencia a una “Bibliografía para profundizar” donde, por una parte, indicamos las
fuentes bibliográficas en las cuales nos hemos basado y, por otra parte, invitamos a que el
profesor siga profundizando en el tema a tratar. Al final de cada uno de los apartados del
capítulo principal referido al “Análisis y comentarios a los textos seleccionados por la
Comisión de las P.A.U.” aportamos también un listado de “Textos complementarios” para
que el profesor pueda correlacionar el texto trabajado del Crepúsculo de los ídolos con otros,
la mayoría de ocasiones también de Nietzsche.
Una última reflexión: Los autores de este libro nos preguntamos si un joven que se
adentra por primera vez en obras de clásicos de la filosofía no se ve tentado demasiado
fácilmente en el caso de Nietzsche a hacer una caricatura de su pensamiento. Y es que
precisamente en esta obra de su último periodo de lucidez encontramos a un Nietzsche aún
más mordaz, sarcástico, insultante y afilado. ¿No es acaso esto un arma de doble filo –más si
cabe— en manos de un joven de diecisiete o dieciocho años? si aceptamos el desafío de
preparar un material para un texto filosóficamente tan complejo y denso como es el del
Crepúsculo de los ídolos de Nietzsche es porque pensamos que la filosofía que emerge de un
profundo interrogante entrañado en la existencia humana se ha hecho, se hace y se hará
siempre con los clásicos; conversando, dialogando, discutiendo, polemizando y siempre
aprendiendo de esas fuentes inagotables de inspiración del pensamiento que son los clásicos.
Pero sobre todo porque pensamos que leer a Nietzsche merece la pena. Y leerlo en la
adolescencia y juventud desde la interpelación de la propia situación existencial, ¡desde la
vida!, es una experiencia única. Y en este sentido los autores de este libro hemos concentrado
todos nuestros esfuerzos en preparar un estudio que contribuya a superar la caricatura facilona
del autor y ayude al lector a hacerse cargo de la envergadura y relevancia filosófica de sus
escritos. Esperamos que realmente sirva de apoyo al profesor que busca adentrarse y
profundizar en el pensamiento de Nietzsche.
Agradecimientos:
En primer lugar, agradecemos a Jaume Tusset la invitación para impartir un curso de
formación para profesores en el CEFIRE
Agradecemos especialmente a Jesús Conill, Joan Bautista Llinares, Carmen Calandín,
Pedro Santolaria y José Joaquín Villalón por todos sus comentarios, observaciones y
correcciones al manuscrito. Todos ellos han mejorado con creces la edición del presente libro.
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12
1. Objetivos de la lectura
1.1. “Hay que aprender a ver, aprender a pensar y aprender a hablar y a escribir”
Queremos comenzar con una invitación a la lectura de Nietzsche del Crepúsculo de los
ídolos. Más aún, con una incitación del propio Nietzsche a que nos replantearnos por qué es
importante la educación; por qué para ver, para mirar con cuidado, es necesario un proceso de
aprendizaje. A ver, a pensar, a hablar y a escribir (podríamos añadir a escuchar y también a
leer) hay que aprender y para estas tareas hacen falta auténticos educadores. Educadores que
despierten y aviven en los alumnos el deseo de búsqueda, que ayuden a forjar en ellos
“voluntades fuertes”. Una labor que ha de ser crítica pero más aún afirmativa, que dice sí a la
vida.
Para no apartarme de mi manera de ser, que dice sí y que sólo de manera indirecta, sólo contra mi
voluntad tiene que ver con la contradicción y la crítica voy a señalar ahora mismo las tres tareas para las
que se necesita educadores. Hay que aprender a ver, hay que aprender a pensar, hay que aprender a hablar
y a escribir. La meta en estas tres tareas es una cultura noble [vornehme]. Aprender a ver: acostumbrar el
ojo a la calma, a la paciencia, a dejar-que-las-cosas-se-nos-acerquen; aprender a aplazar el juicio, a rodear
y a abarcar el caso particular desde todos los lados. Esta es la primera enseñanza preliminar para la
espiritualidad: no reaccionar en seguida a un estímulo, sino controlar los instintos que ponen obstáculos,
que aíslan. Aprender a ver, tal y como yo lo entiendo, es casi lo que el modo de hablar no filosófico
denomina voluntad fuerte: lo esencial en esto es, precisamente, el poder no «querer», el poder diferir
[aussetzen] la decisión.
Aprender a pensar: en nuestras escuelas no se tiene ya la menor noción de esto […] Ya ni el más remoto
recuerdo de que para pensar se necesita una técnica, un plan docente, una voluntad de maestría, de que
para saber pensar hay que aprender a hacerlo, igual que para saber danzar, en calidad de una especie de
danza… […] Y es que el danzar en todas sus formas no se puede desgajar de la educación noble, saber
bailar, con los pies, con los conceptos, con las palabras; ¿he de decir todavía que también hay que saber
bailar con la pluma, —que hay que aprender a escribir? —Pero en este punto me convertiría en un
completo enigma para los lectores alemanes… (CI, “Lo que les falta a los alemanes”, párrafo 6 y 7).
Hacemos nuestra esta incitación nietzscheana y asumimos la necesidad de un
aprendizaje para llegar a ver, a pensar y a escribir. También hemos de aprender a leer y a leer
bien. En el caso de Nietzsche esto supone un auténtico desafío, académico y personal. Pero
que en cualquier caso merece la pena, merece el esfuerzo que se realice. Precisamente, cuando
algunos pasajes de su obra se nos muestren difíciles o incluso enigmáticos; o peor aún cuando
surja en nosotros el deseo de tirar la toalla, hagamos nuestro este pensamiento nietzscheano,
que ante todo es afirmativo: “acostumbrar el ojo a la calma, a la paciencia, a dejar-que-lascosas-se-nos-acerquen; aprender a aplazar el juicio, a rodear y a abarcar el caso particular
desde todos los lados”.
Entendemos que el aprendizaje de la lectura no puede llevarse a cabo si no es enfrentándose
directamente con los textos del autor. Lo cual no quiere decir que no haya que
contextualizarlos e introducirse con sendos comentarios a la luz del programa elegido. Pero en
ningún caso ello debe relegar la lectura del autor a un segundo plano. Más bien, hay que
situarse ante un autor que pretende dirigirse a nosotros a partir de una experiencia original y
que se aventura a desvelar el origen; origen del lenguaje, de la moral, de la filosofía, de la
creencia, de la cultura.
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Aceptar el desafío nietzscheano de hurgar en la experiencia originaria conlleva salirse de
las convenciones, lo aceptado sin más, de los senderos trillados, para aventurarse por los
laberintos de la genealogía. Sólo así, preguntando por el origen y dejándose interpelar por el
filósofo que se adentra en dicha interrogación, es posible hacer emerger el pensamiento
propio. Sólo de este modo, para aquél que no memoriza sin más una teoría, se hace posible
establecer una comunicación directa y a la vez profunda con el filósofo.
Efectivamente se trata de llevar a cabo una experiencia límite, hacer que el propio
pensamiento vaya cobrando envergadura y voz propia. Pero consiste en una labor
fundamental para ir madurando ¿Cómo sería posible esto si no es a partir de que cada uno sea
fiel por principio a su propia experiencia y a su propia historia? De otro modo, la filosofía
nietzscheana se desvanecerá en ideas y pensamientos vacuos.
Leer y entender a Nietzsche requiere, por lo tanto, que leamos con nuestros ojos y
escuchemos con nuestros oídos. Esta es incluso la condición para que el martillo de la crítica
resuene sobre algo resistente. ¿Hasta dónde seremos capaces de dejar a Nietzsche expresarse?
Fácilmente se cae en una primera fascinación acerca de la obra del Nietzsche como se
cae en un estado de embriaguez. Es éste aún un primer estadio de entusiasmo por todo aquello
que gira en torno al autor, su vida y su obra. La seducción de su estilo y la contundencia de su
pensamiento conducen al lector —y aún más al joven lector— al límite; ¿resistiremos el
envite de sus aforismos?
Te invitamos a hacer la experiencia límite de leer y pensar con Nietzsche; a no detenerte
y a ir superando el estado inicial de obnubilación que provoca el encuentro con un pensador
tan provocativo. No es que la primera lectura, la lectura adolescente, no sea ya válida; más
bien hay que reconocerle a Nietzsche ese extraordinario poder de atracción especialmente con
los que despiertan a la filosofía. Pero Nietzsche da más de sí, el calado de su mensaje sigue
resonando aún cuando hemos cerrado el libro. Así con una lectura tantas veces retomada y en
circunstancias bien dispares, te invitamos a que te adentres en el pensamiento en tensión con
la vida y a que en ese constante forcejeo seas capaz de repensar al autor y de desarrollar tu
pensamiento propio. Leer a Nietzsche es pensar con Nietzsche, no reproducir sin más sus
frases y sentencias; leer a Nietzsche es realizar una gran “carcajada” a la historia de la
filosofía, pues –para decirlo con sus propias palabras— “quien asciende a las montañas más
altas se ríe de todas las tragedias, fingidas o reales. Valerosos, despreocupados, irónicos,
violentos, —así nos quiere la sabiduría: es una mujer y ama únicamente a un guerrero” (Za I,
“Del leer y el escribir”).
1.2 Liberarse de ciertos prejuicios
Una dificultad surge al que se enfrenta por primera vez a un texto de Nietzsche: la
simplificación excesiva y enjuiciamiento estereotipado de un autor que requiere tiempo para
digerirse y “ser rumiado”. El uso panfletario de sus frases o fragmentos hacen flaco favor al
pensamiento de un autor de tanto calado en la filosofía y cultura contemporánea. En ocasiones
llevado hasta el ridículo no es Nietzsche, sino una caricatura, lo que ha resultado de las
deformaciones de su pensamiento. Como cualquier otro gran filósofo cuya influencia ha sido
enorme en el curso de la historia, también con Nietzsche se necesita tiempo para llegar a
14
comprenderlo. Y más aún en su caso hay que añadir: no sólo horas de maduración sino
estómago para no indigestarse.
Vamos a aludir a tres prejuicios perjudiciales que ponen de manifiesto la imagen
estereotipada que en ocasiones se tiene de Nietzsche. El objetivo es claro: liberarnos de esos
prejuicios que realmente son perjuicios para llegar a conocer el pensamiento del autor. Para
lo cual es necesario aprender a leer a Nietzsche con sumo cuidado, con extremada paciencia,
sin prejuzgarlo. Algunos de estos prejuicios que (¡aún!) circulan acerca del pensador alemán
son:
En primer lugar, la vinculación que se ha buscado de Nietzsche con el nazismo es un
grave error que aún sigue alimentando el estereotipo del autor alemán como ideólogo nazi. Su
filosofía sería vista como un arma política cargada de un nazismo pernicioso del que
derivarían los campos de exterminio nazis.
Es necesario que liberemos de esta acusación y eliminemos el presunto vínculo entre el
nazismo y el pensamiento de Nietzsche. Sabemos que su obra fue intencionadamente
manipulada por su hermana Elisabeth para vincularla con el nacionalsocialismo. En los años
treinta Baeumler alimentó este vínculo utilizando los textos de Nietzsche como mensaje
político del nacionalsocialismo. Ya entonces surgieron críticas contundentes contra esta
lectura nazi de la filosofía de Nietzsche como la de Lefevre y Bataille. Por otro lado, hay
términos como el de “bestia rubia” o “raza aria” que demasiado fácilmente son
malinterpretados si uno desconoce el contexto de su filosofía y los elocuentes textos en los
que Nietzsche rechaza con contundencia el antisemitismo y la ideología nazi. (Ver en esta
introducción el Análisis a “Los «mejoradores» de la humanidad”).
El segundo prejuicio perjudicial que en ocasiones se ha hecho de la filosofía de
Nietzsche es el considerar su filosofía como consecuencia de la demencia. Su obra no sería
más que el reflejo de una biografía y personalidad anormales y enfermas que desembocaron
en la “locura”. Este estereotipo de la filosofía de Nietzsche como pensamiento perturbado se
basa en la enfermedad que éste padeció.
Es cierto que Nietzsche sufría frecuentemente de migrañas, que se automedicaba
insensatamente y que debido a una enfermedad degenerativa terminó por ingresar en un
centro de salud mental. Pero es importante no confundir la genialidad de su pensamiento con
los desengaños y turbulencias de su biografía. No es cierto que Nietzsche fuera incapaz de
elaborar un discurso sostenido siguiendo un hilo argumentativo. Quizá, más bien, a lo que nos
insta la filosofía (y no sólo la de Nietzsche) es a poner en cuestión la presunta “normalidad”
que asumimos irreflexivamente y que nos lleva a descalificar algún pensamiento como
“irracional” o “anormal” por el hecho de que no encaja con las costumbres y normas
establecidas. Seamos un poco críticos: ¿es un criterio para juzgar una obra de arte, de ciencia,
o de filosofía las anécdotas que podemos encontrar en una biografía creativa e innovadora?
Un tercer prejuicio del que hemos de liberarnos es el de pensar que la crítica de
Nietzsche al cristianismo carece de fundamentos. Más aún, que se trataría de un pensador sin
ninguna sensibilidad para lo religioso.
Sin embargo, y a pesar de la multitud de lecturas desde la teología que se han hecho a lo
largo del siglo XX de la filosofía de Nietzsche (incluso algunas que incorporan la crítica al
cristianismo no para suprimirlo sino para corregirlo), la lectura que ha de hacerse no es
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principalmente teológica sino más bien filosófica. Difícilmente se comprende el calado de su
pensamiento si se reduce a Nietzsche a un blasfemo irreverente y desde la filosofía no se
considera su crítica contra toda forma de negación de la vida. La crítica a la religión en los
términos de Nietzsche hay que verla vinculada a su crítica a la moral.
1.3. El estilo provocativo de Friedrich Nietzsche
Al leer las obras de Nietzsche, dos son los errores que se pueden cometer con más
facilidad: por una parte, el de fijarse únicamente en los aspectos más superficiales o en
aquellos que pueden dar lugar a una interpretación equivocada de la filosofía del pensador
alemán, perdiendo así de vista los aspectos más profundos de su pensamiento; por otra parte,
el de presentar una versión aguada y dulcificada de esta filosofía, por miedo al rechazo que
podrían causar los elementos más provocativos y radicales. Nietzsche afirma de sí mismo: “yo
no soy un hombre, soy dinamita” (EH, “por qué soy un destino”, párrafo 1). Efectivamente, la
filosofía de Nietzsche es “dinamita” del espíritu. En ella, hay afirmaciones muy tajantes que
sus contemporáneos no comprendieron, ni apreciaron, y que todavía pueden chocar con
nuestro gusto filosófico. Para entenderlas, estas no han de ser extrapoladas de su contexto
(filosófico, histórico, cultural, etc.), sino que han de ser insertadas en él. Sólo de esta manera
podremos proteger la filosofía nietzscheana de interpretaciones capciosas, tendenciosas o
falsas.
El estilo de Nietzsche es un estilo deliberadamente provocativo. Su forma de expresarse
busca llegar al lector, hurgar en su conciencia para despertar “lo otro de la razón”, o mejor
dicho, lo que a lo largo de la tradición la razón ha subyugado: las pasiones, los instintos, el
cuerpo…. Y lo hace de manera totalmente premeditada. Busca y rebusca para dar con la
expresión que más impacto genere en el lector, aunque con extremada sutileza. Llegando,
incluso en ocasiones, al insulto. Pero un insulto muy inteligente, que pretende remover desde
la raíz las formas decadentes que amenazan con ahogar a la vida. A este propósito Nietzsche
se nos presenta también como un maestro de la ironía y el sarcasmo. Diciendo lo contrario
de lo que se piensa, con agudeza e ingenio, a veces rozando la burla, incluso cruel e
insultante, su crítica a la tradición filosófica se vuelve mordaz y más afilada.
Por otro lado, su extraordinario manejo del lenguaje le permite situarse en un mundo
que no es el de la lógica, sino el de la metáfora. Un mundo en el que lo prioritario no es estar
libre de contradicción sino la capacidad figurativa de la imaginación. Por un lado, no hay que
olvidar su formación filológica que sitúa su filosofía próxima a la literatura (lo cual es un
anticipo de buena parte de la filosofía del siglo XX). Pero, por otro, es innegable el trasfondo
filosófico de toda su reflexión. Una filosofía, por lo tanto, dispuesta a dejarse llevar por la
creación artística; que se complace con la riqueza de imágenes y descubre el extraordinario
potencial de la imaginación. El quicio de su filosofía es precisamente la tropología, es decir,
el lenguaje figurado, expresado por tropos (figuras o imágenes literarias), pero también en el
segundo sentido que esta palabra tiene de dirigirse a través de ellas al ámbito moral. Es aquí
donde encontramos la extraordinaria riqueza de figuras retóricas plasmadas en los textos
nietzscheanos: ironía llegando al sarcasmo (decir en tono de burla lo contrario de lo que se
piensa), hipérbole (o exageraciones), metonimia y sinécdoque (designar el todo con el nombre de
una parte; designar una parte con el nombre del todo), pleonasmos (redundancia que enfatiza el
16
significado utilizando más palabras de las necesarias), antítesis (contraposición de frases,
palabras o conceptos que signifiquen lo contrario), antífrasis (designar personas o cosas con
voces que signifiquen lo contrario de lo que se debiera decir), oxímoron (combinación de dos
palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido), equívoco y
anfibología (emplear adrede voces o cláusulas de doble sentido), paradoja (emplear
expresiones o frases que envuelven contradicción), interrogación retórica (enunciar una
pregunta, no para recibir respuesta, sino para dar más fuerza al pensamiento que se quiere
expresar) y por supuesto, el símbolo (asociación o asociaciones subliminales de las palabras o
signos para producir emociones conscientes).
Una peculiaridad de la forma de escribir nietzscheana es el aforismo. A lo largo de la
historia de la filosofía encontramos diferentes estilos vinculados a filosofías bien distintas.
Algunos de éstos son: el diálogo en Platón, el tratado en Tomás de Aquino, la meditación en
Descartes, el ensayo en Montaigne. Más en la línea de Los pensamientos de Pascal que en la
de Los aforismos para una sabiduría de la vida de Schopenhauer, Nietzsche encuentra en el
aforismo la nueva forma de dar cauce a su pensamiento: “Los libros más profundos e
inagotables tendrán siempre algo del carácter aforístico e imprevisto de los Pensées de
Pascal” (F. Nietzsche, FP, mayo-julio 1885, 35 [31]). Un pensamiento en movimiento. Frente
al pensamiento “sentado”, Nietzsche practica el pensamiento “caminado”, plasmación de sus
largas caminatas solitarias. Y efectivamente un “aforismo” constituye un “mojón” (del griego,
hóros→aphorismós) situado en despoblado que ha de servirnos de guía. Frente a una
arquitectura conceptual rígida y fija regida por el principio de no contradicción, el género
aforístico nietzscheano nos sitúa en el terreno de la paradoja. Pero además este género permite
expresar las aporías en las que Nietzsche plantea sus interrogantes al lector. Es un estilo que
ante todo busca interpelar al lector, incitarlo a que desarrolle su capacidad interpretativa
necesaria para desvelar la opacidad inherente al pensamiento del autor.
Con el aforismo encontramos desde Humano demasiado humano (1878) a un Nietzsche
maduro cuya prosa adquiere una vibrante tensión. No obstante, dentro de un estilo aforístico
habría que diferenciar entre párrafos o fragmentos con cierta continuidad y aforismos en un
sentido más estricto –que en el caso de Nietzsche pueden ser de 2 líneas a 4 páginas. (En los
capítulos de Crepúsculo de los ídolos seleccionados por la comisión de la PAU preferimos
hablar de párrafos puesto que es posible encontrar una continuidad entre ellos dentro del
capítulo como no así en otras obras como Humano demasiado humano, Aurora, La Gaya
ciencia o “Aforismos y flechas” en El crepúsculo de los ídolos).
1.3.1. Algunos ejemplos de la tropología nietzscheana en el Crepúsculo de los ídolos
Antífrasis: designar personas o cosas con voces que signifiquen lo contrario de lo que se
debiera decir.
-
“Sócrates fue el payaso que se hizo tomar en serio” (“El problema de Sócrates”, 5).
- “¿Llegó a comprender esto él, el más inteligente de los que se han engañado a sí
mismo?” (El problema de Sócrates”, 12).
- “La palabra ‘verdad’ designa simplemente cosas que hoy nosotros llamamos
‘imaginaciones’” (“Los ‘mejoradores’ de la humanidad”, 1)
17
Antítesis: contraposición de frases, palabras o conceptos que signifiquen lo contrario.
-
“El moralismo de los filósofos griegos a partir de Platón […] contra los apetitos
oscuros, una luz diurna –la luz diurna de la razón” (“El problema de Sócrates”, 10).
-
“Tanto en India como en Grecia se cometió el mismo error: ‘nosotros tenemos que
haber habitado ya alguna vez en un mundo más alto (--en lugar—en lugar de en un
mundo mucho más bajo: ¡lo cual habría sido verdad!)’”
-
“Una condena de la vida por parte del viviente no deja de ser, en última instancia, má
que el síntoma de una especie determinada de vida” (“La moral como
contranaturalaza”).
Equívoco: emplear adrede voces o cláusulas de doble sentido.
-
“En muchos casos, desde luego, la ‘paz del alma’ no es más que un malentendido, —
otra cosa, que únicamente no sabe darse un nombre mas honorable” (“La moral como
contranaturalaza”, 3).
Hipérbole: aumentar o disminuir excesivamente aquello de lo que se habla
-
“En él todo es exagerado, buffo [bufo], caricatura, todo es a la vez oculto, lleno de
segundas intenciones, subterráneo” (“El problema de Sócrates”, 4).
-
“La dialéctica sólo puede ser un recurso obligado, en manos de quienes no tienen ya
otras armas” (“El problema de Sócrates”, 6)
-
“Todo el mundo tenía necesidad de él” (“El problema de Sócrates”, 9).
Interrogación retórica: enunciar una pregunta, no para recibir respuesta, sino para dar más
fuerza al pensamiento.
-
¿Es la ironía de Sócrates una expresión de rebeldía?, ¿de resentimiento plebeyo?,
¿disfruta él, como oprimido, su propia ferocidad en las cuchilladas del silogismo?,
¿toma venganza de los aristócratas a los que fascina? […] ¿Cómo?, ¿es la dialéctica en
Sócrates tan sólo una forma de venganza? (“El problema de Sócrates”, 7).
Ironía: decir en tono de burla lo contrario de lo que se piensa.
18
-
“Crepúsculo de los ídolos” (título). Entendida como ironía antiwagneriana
(Crepúsculo de los dioses)
-
“En muchos casos, desde luego, la ‘paz del alma’ no es más que un malentendido, -otra cosa, que únicamente no sabe darse un nombre más honorable […] expresión de
la madurez y la maestría en medio del hacer, crear, obrar, querer, la respiración
tranquila, alcanzada ‘libertad de la voluntad’…” (“La moral como contranaturalaza”,
3).
-
“Los ‘mejoradores’ de la humanidad”; “cómo el ‘mundo verdadero’ acabo
convirtiéndose en una fábula”. El uso de las comillas son ejemplos de ironía.
Metonimia: designar algo con el nombre de otra cosa tomando el efecto por la causa o viceversa, el
autor por sus obras, el signo por las cosa significada.
-
“La otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo
último y lo primero. Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final —¡por
desgracia!” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 4). Más allá de una mera figura retórica, el
lenguaje y todos los “conceptos supremos” tiene para Nietzsche una estructura
metonímica.
Oxímoron: combinación de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan
un nuevo sentido.
-
“hacer de la razón un tirano” (“El problema de Sócrates”, 10). Entendiendo por razón
el uso que la tradición occidental desde Sócrates le ha dado como liberación de las
pasiones y recto obrar, esto es, con justicia y equidad.
-
“Pues ‘la apariencia’ significa aquí la realidad una vez más, sólo que seleccionada,
reforzada y corregida” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 6, tesis 4).
Paradoja: emplear expresiones o frases que envuelven contradicción.
-
“Se me estará agradecido si condeno un conocimiento tan esencial, tan nuevo, en
cuatro tesis: así facilito la comprensión, así provoco la contradicción” (“La ‘razón’ en
la filosofía”, 6)
-
“las razones por las que ‘este’ mundo ha sido calificado de aparente fundamentan,
antes bien, su realidad” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 6, tesis 1)
-
“[…] a base de ponerlo en contradicción con el mundo real es como se ha construido
el ‘mundo verdadero’: un mundo aparente de hecho” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 6,
tesis 2)
-
“Tomamos venganza de la vida con la fantasmagoría de ‘otra’ vida distinta de ésta,
‘mejor’ que ésta” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 6, tesis 3).
-
“El hecho de que el artista estime más la apariencia que la realidad no constituye una
objeción contra esta tesis” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 6, tesis 4).
-
“Al decir ‘Dios ve en el corazón’, la moral dice no a los apetitos más bajos y más altos
de la vida y considera a Dios enemigo de la vida…”
Pleonasmo: redundancia que enfatiza el significado utilizando más palabras de las necesarias.
-
“Sócrates pertenecía, por su ascendencia, a lo más bajo del pueblo: era plebe. Se sabe,
incluso se ve todavía, qué feo era. Más la fealdad, en sí una objeción, es entre los
griegos casi una refutación” (“El problema de Sócrates”, 3). Con la reiteración
Nietzsche añade insulto en la herida.
19
Símbolo: asociación o asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir
emociones conscientes.
-
“Esa nariz, por ejemplo, de la que ningún filósofo ha hablado todavía con veneración
y gratitud, es hasta este momento incluso el más delicado de los instrumentos que
están a nuestra disposición” (“La ‘razón’ en la filosofía”, 3).
-
“¡Que la humanidad haya tenido que toma en serio las dolencias cerebrales de unos
enfermos tejedores de telarañas!” (La ‘razón’ en la filosofía”, 4). Nietzsche se refiere
al constructo conceptual de la razón por parte de los filósofos.
-
“nada nos causa menos envidia que la vaca-moral y la grasosa felicidad de la buena
conciencia” (“La moral como contranaturalaza”, 3).
Sinécdoque: designar una parte con el nombre del todo
-
20
“No Atenas, él fue quien se dio la copa de veneno, él forzó a Atenas a dársela” (“El
problema de Sócrates”, 12).
2. Datos para una bio-bibliografía
Friedrich Wilhelm Nietzsche nace el 15 de octubre de 1844 en Röcken, cerca de
Leipzig, que en aquel entonces pertenecía al reino de Sajonia. Su padre, Karl Ludwig
Nietzsche, y su abuelo paterno fueron pastores luteranos. Su madre, Franziska, fue hija
también de pastor luterano. Por lo tanto, el joven Nietzsche recibe una educación
caracterizada por un fuerte componente religioso.
En 1846 nace Elisabeth, la hermana pequeña del filósofo. Ésta jugará un papel de
extrema relevancia en la administración de la herencia intelectual nietzscheana. Dos años más
tarde, nace el tercero de los hijos, Joseph, el cual desafortunadamente muere en 1850.
1849 es una fecha crucial en la vida de Nietzsche. El padre Karl Ludwig muere a causa
de una enfermedad del sistema nervioso. La madre decide trasladarse con sus dos hijos a
Naumburg, una ciudad más grande que el pequeño pueblo de Röcken. Aquí, Nietzsche
empieza a estudiar griego y latín, y recibe clases de música.
En 1858, con catorce años, Nietzsche ingresa en la conocida escuela de Pforta, donde,
entre otros, habían estudiado anteriormente el filósofo Fichte y el historiador Leopold von
Ranke. Durante estos años, Friedrich lee a los clásicos de la literatura grecorromana y
moderna, compone poemas y desarrolla su gran afición por la música. A los quince años
funda con dos amigos de la infancia la asociación “Germania”, a la que cada integrante se
comprometía a hacer una entrega mensual: una poesía, composición musical, ensayo
ilustrado, etc. (a los dos años Nietzsche había cumplido sus 25 entregas).
Tras acabar sus estudios de bachillerato (Gymnasium), Nietzsche se matricula en la
facultad de teología de la Universidad de Bonn. De momento, no quiere decepcionar las
expectativas de la madre, la cual quiere que el hijo siga el camino paterno. El sueño de la
madre se rompe tras sólo un año. En 1865, Nietzsche se traslada a Leipzig, donde empieza a
estudiar filología clásica. De este año data el descubrimiento nietzscheano de la obra El
mundo como voluntad y representación del filósofo Arthur Schopenhauer, destinada a jugar
un papel fundamental en la futura orientación de Nietzsche hacia la filosofía.
Durante los años de la carrera, el filósofo compone varios trabajos de filología, estudia a
Homero y Demócrito y profundiza en el pensamiento de Kant. Por lo que parece, del filósofo
de Königsberg Nietzsche leyó únicamente la Crítica de la facultad de juzagar, pero tuvo la
posibilidad de profundizar en el pensamiento kantiano a través de obras como la Historia de
la filosofía moderna de Kuno Fischer y la Historia del materialismo y crítica de su
significado en la actualidad de F. A. Lange (esta última obra, en particular, ejercerá un gran
influjo en Nietzsche como transformación del criticismo kantiano al incorporar la crítica
fisiológica).
En 1867, Nietzsche empieza el servicio militar, pero en marzo del año siguiente se hiere
al caer de un caballo y en octubre dejará definitivamente el servicio.
El 8 de noviembre de 1868 es una fecha importante en la biografía nietzscheana: el
filósofo conoce al músico Richard Wagner. A partir de ese momento, entre los dos se
establece una relación muy fuerte de amistad.
21
En 1869, gracias a las referencias de su profesor Ritschl, Nietzsche ocupa la cátedra de
lengua y literatura griega que, en la Universidad de Basilea, había quedado vacante. Con sólo
veinticuatro años y sin tener todavía el doctorado, Nietzsche da en mayo su primera
conferencia inaugural. En base a sus publicaciones de filología clásica, la Universidad de
Basilea, le concede el título de doctor.
En 1872, Nietzsche publica su primera obra, El nacimiento de la tragedia. En ella, el
filósofo propone una interpretación novedosa del origen de la tragedia griega: ésta derivaría
de la unión de dos principios, el apolíneo y el dionisíaco. La obra suscita el entusiasmo de
Wagner, pero es duramente criticada por Wilamowitz-Moellendorf, que posteriormente
llegará a ser uno de los filólogos más importantes de su tiempo.
Un año después, en 1873, Nietzsche compone el breve escrito Sobre verdad y mentira
en sentido extramoral, en el que son anticipados muchos de los motivos de su filosofía
posterior. Este ensayo será publicado póstumo.
Entre 1873 y 1876, Nietzsche publica las cuatro Consideraciones intempestivas (I.
David Strauss, el confesor y el escritor, II. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para
la vida, III. Schopenhauer como educador, IV. Richard Wagner en Bayreuth). Mientras tanto,
empeoran sus condiciones de salud. Sufre de migrañas y tiene problemas de vista.
La publicación en 1878 de la primera parte de Humano, demasiado humano (la segunda
parte será publicada en 1880 bajo el título El viajero y su sombra) marca la transición a una
nueva fase en la vida intelectual nietzscheana. El filósofo ya no cree en la posibilidad de una
renovación cultural a través de la música wagneriana y empieza a manifestar una actitud
crítica hacia el arte. Aunque con precaución, se puede hablar de una nueva orientación
ilustrada (Nietzsche dedica la primera edición de Humano, demasiado humano a Voltaire). La
señal más clara de este cambio es la ruptura de su relación con Wagner.
Las condiciones de salud de Nietzsche siguen empeorando. En 1879, el filósofo tiene
que abandonar la enseñanza. La Universidad de Basilea le asegura una modesta pensión
vitalicia. A partir de este momento, la vida de Nietzsche se vuelve en una continua búsqueda
de las condiciones climáticas óptimas para su salud. Entre otros lugares, vivirá en Sils-Maria
(Suiza), Génova, Niza, Venecia y Turín.
En 1881, Nietzsche publica Aurora, obra dedicada, en buena parte, a los prejuicios
morales y, en 1882, La gaya ciencia, en la que expone, por primera vez, dos de las ideas
centrales de su pensamiento: la muerte de Dios y el eterno retorno (respectivamente,
aforismos 125 y 341).
En 1882, Nietzsche conoce a la joven rusa Lou von Salomé, la mujer destinada a jugar
el papel más importante en su vida sentimental. El filósofo desearía casarse con ella, pero su
oferta es rechazada. Junto con el amigo Paul Rée, los tres deciden constituir un grupo de
estudio, pero este intento está destinado a naufragar. En octubre del mismo año, Nietzsche se
encuentra con Lou por última vez en su vida.
Entre 1883 y 1885, el filósofo publica las cuatro partes de la obra que, posteriormente,
le dará notoriedad universal: Así habló Zaratustra. En ella Nietzsche desarrolla la figura del
superhombre.
22
Los últimos años de actividad intelectual antes de la enfermedad definitiva son
particularmente fructíferos. En este período, Nietzsche reedita varias obras con nuevos
prólogos y publica Más allá del bien y del mal (1886), el quinto libro de La gaya ciencia y La
genealogía de la moral (1887). En octubre de 1887, recibe una carta del profesor danés Georg
Brandes. En ella, Brandes le comunica que a partir del año siguiente dará unas clases sobre su
pensamiento filosófico.
En 1888, tras haber renunciado definitivamente a la publicación de una obra capital bajo
el título de La voluntad de poder, Nietzsche reelabora todo el material de apuntes y
anotaciones que había acumulado en ese período y da a la luz nada menos que cinco obras: El
caso Wagner, El Anticristo, El crepúsculo de los ídolos, Ecce homo (su biografía intelectual),
Ditirambos de Dionisos y, por último, Nietzsche contra Wagner.
A principios de enero de 1889, Nietzsche manifiesta claras señales de desorden mental.
A lo largo de estos días, el filósofo envía varias cartas a amigos y a personalidades públicas,
cartas conocidas como Wahnzettel o también Wahnbriefe (notas o cartas de la locura). Franz
Overbeck, fiel amigo de Nietzsche, lleva a éste a Basilea, donde el filósofo ingresa en un
hospital psiquiátrico. Después de pocos días, Franziska, la madre del filósofo, llega a Basilea
y lleva a su vez al hijo a la clínica psiquiátrica de la Universidad de Jena.
En 1890, Franziska y Friedrich regresan a Naumburg. A partir de este momento, la
madre cuidará del hijo enfermo. Las condiciones psíquicas y físicas del filósofo van
agravándose seriamente con el paso del tiempo.
En 1894, la hermana Elizabeth funda el Archivo Nietzsche.
En 1897, muere Franziska, la madre. Elizabeth se lleva a su hermano a su casa de
Weimar.
El 25 de agosto de 1900, alrededor del mediodía, Friedrich Nietzsche muere. El filósofo
es sepultado en Röcken, al lado de las tumbas de sus padres.
Bibliografía para profundizar
-
COLLI, G., MONTINARI, M., Chronik zu Nietzsches Leben en F. Nietzsche, Kritische
Studienausgabe. Berlín-Nueva York, 1967-77, vol. 15, pp. 10-210.
JANZ, C. P., Friedrich Nietzsche, Madrid: Alianza. vol. 1, Infancia y juventud, [1981];
vol. 2, Los diez años de Basilea (1869-1879), [1982]; vol. 3, Los diez años del filósofo
errante (1879-1888), [1985]; vol. 4, Los años de hundimiento (1899-1900), [1986].
ROSS, W., Friedrich Nietzsche: el águila angustiada. Barcelona: Paidós, 1994.
VATTIMO, G., Introducción a Nietzsche. Barcelona: Península, 1987.
23
24
3. Contextualizando la filosofía de Friedrich Nietzsche
3.1. Crisis del siglo XIX: de la razón a la vida.
El pensamiento europeo de la segunda mitad del siglo XIX asistió a un auge de las
ciencias naturales pero a su vez a una profunda crisis de una racionalidad exclusivamente
científica
En primer lugar, los ideales ilustrados habían degenerado tras la revolución francesa
desembocando en la masa obrera y empobrecida del proletariado en torno a las crecientes
urbes. En este sentido la crítica de K. Marx (Manifiesto comunista, 1848) al sistema
capitalista es el referente principal.
En segundo lugar, la biología y con ella el organicismo surge como modelo de ciencia.
El desarrollo de esta disciplina conduce a pensadores como Darwin (El origen de las especies,
1859) a poner en cuestión las verdades teológicas en torno a la creación y a sostener una
teoría de la evolución humana, que dejaba en evidencia la herencia animal en el ser humano
En tercer lugar, surge con mucha fuerza una nueva disciplina: la psicología. Frente al
paradigma del cogito cartesiano, la actividad mental del ser humano se investiga en mayor
profundidad y se indaga en el mundo del inconsciente. Muy influenciado por Nietzsche,
Freud descubre el “subconsciente” y la importancia de los instintos como motores de la
acción del hombre (La interpretación de los sueños, 1900).
Por otro lado, el positivismo, abanderado de la razón científica, había eliminado
aspectos consustanciales a la vida en su ideal de construir una sociedad regida por el saber
positivo. Sin embargo, eso no hacía sino agravar el error que se había repetido a lo largo de la
tradición filosófica: olvidar la vida. Como rebelión contra la suplantación de la experiencia de
la vida y de la historia por una racionalidad reduccionista, hay que situar el giro innovador en
la filosofía: de la razón a la vida. Situados en un contexto de crisis como fue el de finales del
XIX se entiende que la antigua fe de los hombres en su razón se viera sustituida por una
entusiasta afirmación de la vida portadora de esa razón, una vida que en modo alguno podría
ser reducida a razones. Porque estos pensadores innovadores reconocieron que la vida es
superior e irreductible a la razón y el sentimiento superior a la lógica. La actividad inefable de
la vida (pasión, voluntad, sentimiento, sensibilidad, emoción, instinto) pasan a ocupar el
primer plano.
3.2. Influencias y precedentes filosóficos más destacados
Heráclito: Heráclito es sin duda el filósofo presocrático más influyente en la filosofía de
Nietzsche. A él acude para afirmar en su filosofía el placer que se encuentra en los sentidos y
la apariencia, en la construcción y destrucción del mundo individual. Es famosa su imagen del
“gran niño” de Heráclito que juega poniendo piedras aquí y allá y coloca montones de arena y
luego los derriba (fragmentos Heráclito DK 22 B 52, 124, 70) y que Nietzsche emplea para
referirse a la “fuerza formadora del mundo” (NT, 24 y GM, II, 16). En la filosofía
nietzscheana tiene un calado extraordinario la tesis principal de Heráclito de que en la lucha
entre contrarios se originan todas las cosas. En la “lucha” (en griego pólemos) vería Nietzsche
25
la expresión del instinto agonal griego. Nietzsche valora en Heráclito la “fuerza intuitiva de la
imaginación” y le defiende decididamente contra la acusación aristotélica “ante el tribunal de
la razón” por haber transgredido el principio de no contradicción (FTTG, 5, KSA, 1, 823).
También la enseñanza del eterno retorno en Nietzsche, que consiste en concebir el tiempo de
modo cíclico se remonta a Heráclito (EH, “Así habló Zaratrusta”; NT, 3). Por otro lado,
Nietzsche reconoce en la filosofía de Heráclito el precursor de la tesis de las ciencias naturales
de que nada permanece y todo cambia (FPP, “Heráclito”). En Crepúsculo de los ídolos
encontramos también otra muestra del gran aprecio de Nietzsche por la filosofía de Heráclito
al separarlo de la tradición gobernada por la sedicente “razón” (ese tipo de razón parmenídea,
retomada por Sócrates y Platón) y haber sostenido que el único mundo es el “mundo de los
sentidos” y que el “mundo verdadero” nos engaña. (CI, “La razón en la filosofía”, 2).
Cristianismo: Es muy compleja la relación de Nietzsche con el cristianismo y sobre ella se
han escrito muchos estudios (ver apartado “Contando con la tradición”). Por una parte hay
que destacar la tradición familiar protestante, sus dos abuelos y el padre de Nietzsche fueron
pastores protestantes y todo hacía pensar que Nietzsche también llegaría a serlo, aunque
paradójicamente fue un gran ateo. Nietzsche conocía muy bien la Biblia de Lutero, que llegó a
considerar “el mejor libro alemán” (MBM, 247). Se introdujo en la teología en la escuela de
Pforta y posteriormente durante su año de estudiante en la Universidad de Bonn adquirió
buenos conocimientos de teología protestante leyendo La vida de Jesús de Strauss y La
esencia del cristianismo de Feuerbach, en el marco de la izquierda hegeliana. Pero será en
Basilea donde trabará amistad con Overbeck y profundizará en sus conocimientos teológicos
a la vez que rechazará la teología como una falsificación ideológica del Cristianismo (Primera
Consideración intempestiva, 1873). Nietzsche conocía buena parte de los más destacados
estudios de su tiempo: la teología de San Pablo (Lüdemann), la historia del protestantismo y
la figura de Lutero (Janssen), la tesis de Renan de que Jesús había evolucionado de predicador
manso a héroe religioso, la cual Nietzsche critica en el Anticristo siguiendo el modelo del
príncipe Mishkin de la novela El idiota de Dostoievski. Pero no hemos de olvidar la
influencia que ejercieron sobre su valoración positiva de la figura de Cristo en su “psicología
del salvador” las lecturas de Dostoievski, Tolstoi, Pascal y Wellhausen. Con todo, el que más
fuertemente influenció a Nietzsche, también respecto a la religión, fue Arthur Schopenhauer.
Nietzsche critica lo que Schopenhauer había llamado la “necesidad metafísica” que habita en
la vida y el pensamiento de las personas y que al igual que las necesidades físicas habría de
ser satisfecha. A juicio de Nietzsche, sin embargo, no es que las religiones se deduzcan de
ésta sino que, inversamente, ésta no es más que la consecuencia histórica del efecto
provocado por las religiones en la sociedad y el individuo (GC, 151). Por otra parte, Nietzsche
se opone diametralmente al pesimismo schopenhaueriano sobre la vida y al efecto positivo
que la religión tiene sobre aquella en términos de compasión y ascesis. Para Nietzsche, por el
contrario, compasión y ascesis tienen efectos nocivos sobre la vida, tanto para la de aquellos
que se compadecen, como para los que son objetos de compasión. Ya por último, Nietzsche
critica la tesis de Schopenhauer a favor de la mística y de la verdad inefable porque a su juicio
alimenta la concepción mítica de la religión como un estadio precientífico donde de ningún
modo es posible obtener conocimiento.
Kant: De enorme significación para perfilar su propia posición fue la recepción nietzscheana
de Kant. A menudo se realiza una lectura superficial de la enorme influencia que el
planteamiento kantiano tuvo en Nietzsche, destacando lo que éste rechazaba. Sin embargo,
26
aunque es cierto que Nietzsche rechazaba el idealismo alemán como una teología pestilente
(KSA 11, 262), no hay que dejar de reconocer que el criticismo kantiano supuso un paso
decisivo hacia el perspectivismo nietzscheano. En primer lugar, el perspectivismo
nietzscheano puede verse como una radicalización de la crítica de la razón kantiana donde
sólo podemos llegar a conocer lo que se nos aparece. Nietzsche lleva esta crítica hasta sus
últimas consecuencias afirmando que sólo existen apariencias porque habiendo eliminado la
“cosa en sí” como origen del fenómeno, este mismo fenómeno ha quedado reducido a mera
apariencia. En segundo lugar, es cierto que al igual que hiciera con el socratismo, Nietzsche
denuncia la moralidad kantiana como decadente y desde su perspectivismo más que hablar de
moral emplea la acepción de “morales”. Pero no hay que minimizar su recuperación de la
autonomía de la moral kantiana. En tercer lugar, Nietzsche critica el dualismo platónico y el
mundo “verdadero” de las ideas que es hostil al mundo sensible. También en esto la crítica
iniciada por Kant se radicaliza y se vuelve desde el cuerpo: de la razón pura a una “razón
grande del cuerpo”; del entendimiento y la razón a los afectos y los instintos; de una
constitución apriorística del conocimiento a otra de tendencia biológica; conocimiento y
voluntad de poder interconectados en una crítica genealógica y fisiológica.
Schopenhauer: El filósofo que más influencia ha tenido en los escritos juveniles de
Nietzsche y que en buena parte ha conducido su paso de la filología a la filosofía es Arthur
Schopernhauer. En 1865, Nietzsche lee El mundo como voluntad y representación, obra que
Schopenhauer acabó de escribir en 1818 y que él mismo consideraba como su obra capital.
Este evento y el conocimiento de Wagner en noviembre de 1868 pueden ser considerados
como los dos acontecimientos más importantes en la vida del joven Nietzsche. El
pensamiento schopenhaueriano tiene en estos años un influjo enorme sobre la reflexión
filosófica nietzscheana, como se puede notar en El nacimiento de la tragedia, su primera
obra, publicada en 1872 (véase al respecto “La evolución del pensamiento de Nietzsche”). Si
es cierto que Nietzsche —sobre todo tras la lectura de la Historia del materialismo de F. A.
Lange— llegó a poner en cuestión la filosofía de Schopenhauer, también hay que reconocer
que en la formulación del concepto nietzscheano de la voluntad de poder (concepto que
aparece por primera vez en la obra Así habló Zaratustra, 1883-1885, y que es característico
sobre todo de los últimos años) influyó la concepción schopenhaueriana de la voluntad. Para
Schopenhauer la voluntad es vida, voluntad de vivir. Frente al hombre hay una doble opción:
afirmar la vida en toda su potencia o negar la voluntad de vida, como hace el asceta que siente
horror frente a la miseria y al dolor causados por la voluntad. Aquí llegarán a dividirse la
filosofía de Nietzsche y la de Schopenhauer: si según la visión pesimista del primero la
liberación de la voluntad de vida estriba en una noluntas, un no querer, una renuncia de la
voluntad, para Nietzsche, la afirmación de la voluntad de poder constituye la mismísima
esencia de la vida.
Positivismo: La actitud nietzscheana hacia el positivismo es básicamente crítica. Según el
filósofo alemán, detrás de la tentativa positivista de “eludir las estimaciones de valor, y
descubrir y presentar sólo los facta [hechos]” (cf. FP, verano – otoño 1884, 26 [348]), se
esconde fundamentalmente un anhelo de certidumbre (cf. GC, 347). Los positivistas,
“hombres vencidos y sometidos de nuevo al dominio de la ciencia” (MBM, 204), sufren del
vacío dejado por el fin de la metafísica, cuyos principios ellos mismos han criticado, y
27
necesitan poseer certezas y verdades. En este sentido, según Nietzsche, el positivismo recaería
en el viejo error de atribuir los mismos caracteres del mundo metafísico al mundo real. Contra
esta tendencia equivocada el filósofo alemán propone una visión del mundo perspectivista: no
existe una única verdad, sino infinitas interpretaciones. Es en este sentido que, en el tan
conocido fragmento póstumo 7 [60] de final de 1886 – primavera de 1887, el filósofo escribe
las siguientes líneas: “Contra el positivismo, que se queda en el fenómeno «sólo hay hechos»,
yo diría, no, precisamente no hay hechos, sólo interpretaciones. No podemos constatar ningún
factum «en sí»: quizás sea un absurdo querer algo así”. Ahora bien, la crítica que Nietzsche
mueve al positivismo no tiene que hacer pensar que el filósofo rechazara la cultura científica
de su tiempo. Al contrario, Nietzsche era un atento lector de las obras de autores como
Friedrich Albert Lange, Gustav Gerber, Afrikan Spir, Gustav Teichmüller y Robert Mayer,
entre otros, y de ellas obtuvo numerosas y útiles sugerencias (al respecto véase P. Gori, Il
meccanicismo metafisico. Scienza, filosofia e storia in Nietzsche e Mach, Il Mulino, Nápoles,
2009).
Los psicólogos franceses y Dostoievski: Para entender bien el Crepúsculo de los ídolos, cuyo
título inicial iba a ser Ociosidad de un psicólogo (véase el apartado “Gestación del
Crepúsculo de los ídolos”) y cuyo autor se define en el Prólogo del mismo como un “viejo
psicólogo y cazador de ratas”, la influencia que tuvieron sobre Nietzsche en este período los
escritores parisinos y Dostoievski no puede ser ignorada. Particularmente en los últimos años
de actividad intelectual de Nietzsche, la cultura francesa en sus múltiples manifestaciones
artísticas jugó para el filósofo alemán un papel de primera importancia. La ópera Carmen de
Bizet, las obras de Stendhal y de Prosper Mérimée, el agudo espíritu de los moralistas
franceses como La Rochefoucauld y Chamfort, las piezas de Molière, Corneille y Racine: es
en este contexto, sobre el que Nietzsche se detiene en Ecce homo (1888), su biografía
intelectual, en el que hay que encuadrar los novelistas parisinos de esa época (Paul
Bourget,Pierre Loti, Anatole France, Guy de Maupassant, etc.). Estos novelistas se
caracterizaban, según el filósofo alemán, por su profundidad de análisis del alma humana,
profundidad por la que se merecían la estima de Nietzsche y el apelativo de “psicólogos”. Las
obras de madurez de Nietzsche llevan la huella de la lectura de estos psicólogos, con el que el
filósofo estableció indirectamente un verdadero diálogo intelectual. Pero el “psicólogo” que
más influjo tuvo en este período fue sin duda Dostoievski. El novelista ruso fue para
Nietzsche “uno de los más bellos golpes de suerte” de su vida (CI, “Incursiones de un
intempestivo”, 45) y su descubrimiento comparable únicamente al de Schopenhauer y al de
Stendhal (ver carta a Overbeck de 23 de febrero de 1887). De Dostoievski, Nietzsche supo
apreciar sus observaciones psicológicas, su capacidad de analizar en profundidad los aspectos
más oscuros del alma humana, su consideración humana de los criminales siberianos, su
intuición de la figura del Cristo y, no por último, su análisis del fenómeno del nihilismo. Por
lo que respecta al período de composición de Crepúsculo de los ídolos, el novelista ruso
puede ser considerado sin duda como una de las fuentes más importantes de la reflexión
filosófica de Nietzsche.
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3.3. La evolución del pensamiento de Nietzsche
Esquema introductorio sinóptico:
I. Obras de juventud (hasta 1873). Escritos filológicos.
El nacimiento de la tragedia (1872) → Metafísica de artista. Apolíneo y dionisíaco.
Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873) → Cuestiones de genealogía del
lenguaje.
II. Crítica de la cultura (1873-1876) Consideraciones intempestivas
I. David Strauss, el confesor y el escritor (1873)
II. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (1874)
III. Schopenhauer como educador (1874)
IV. Richard Wagner en Bayreuth (1876)
III. Período de la “Ilustración” (1877-1882). Deconstrucción de la tradición filosófica
occidental.
Humano, demasiado humano I (1878)
Humano, demasiado humano II (1879)
Aurora (1881)
La gaya ciencia (1882) → La muerte de Dios. El eterno retorno.
IV. Zaratustra (1883-1885).
Así habló Zaratustra (1883-1885) → El superhombre. El eterno retorno. La voluntad de
poder.
V. Obrad de madurez (1886-1888) Prosigue la obra de deconstrucción de la tradición
filosófica occidental. Tentativa de una transvaloración de los viejos valores.
Más allá del bien y del mal. (1886)
V libro de La gaya ciencia (1887)
La genealogía de la moral (1887) → Método genealógico.
El caso Wagner (1888)
El Anticristo (1888) → Sobre el cristianismo.
El crepúsculo de los ídolos (1888)
Ecce homo (1888) → Biografía intelectual.
Ditirambos de Dioniso (1888)
Nietzsche contra Wagner (1888)
Fragmentos póstumos → Nihilismo. Perspectivismo. Voluntad de poder.
Como ya hemos visto en el recorrido biblio-biográfico, El crepúsculo de los ídolos es
una de las obras de madurez de Nietzsche, a la cual llega a través de un largo proceso de
evolución filosófica. Las ideas que Nietzsche expresa en El crepúsculo de los ídolos son en
buena medida diferentes de aquellas manifestadas en las obras de juventud. Por esta razón, es
de fundamental importancia comprender cuál es el camino que recorre el pensamiento
nietzscheano en sus diferentes etapas. Con ello no sólo se evitará poner en un mismo saco
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conceptos pertenecientes a fases distintas, sino que también se tendrá el contexto dentro del
que colocar El crepúsculo de los ídolos.
I. Obras de Juventud (hasta 1873)
La primera obra publicada por el filósofo alemán es El nacimiento de la tragedia
(1872). En aquel entonces Nietzsche es conocido como filólogo. De hecho, la composición de
esta obra está precedida por varios artículos, ensayos y conferencias de filología. Sin
embargo, en El nacimiento de la tragedia ya se hace patente todo el influjo de la lectura de El
mundo como voluntad y representación de Schopenhauer y se nota como Nietzsche ya
empieza a elaborar reflexiones de carácter filosófico.
En El nacimiento de la tragedia, Nietzsche quiere criticar la tradicional visión del
helenismo como armonía y equilibrio. Según el filósofo, para dar una imagen fiel del antiguo
mundo griego hace falta recurrir a dos principios básicos que de forma radical contrastan
entre sí: lo apolíneo (el principio del arte plástico, cuyo representante es Apolo) y lo
dionisíaco (el principio del arte no figurativo, la música, cuyo representante es Dionisos).
Estos dos principios se encuentran en mutua contraposición y lucha, hasta que su unión final
da origen a una obra de arte que puede ser considerada tanto apolínea como dionisíaca: la
antigua tragedia ática.
Según Nietzsche, si en Esquilo y en Sófocles la tragedia ática aún mantiene el
equilibrio entre los dos principios de lo apolíneo y lo dionisíaco, con Eurípides se hace
patente aquella degeneración que ya había empezado a manifestarse anteriormente. Siguiendo
la interpretación nietzscheana, Eurípides habría eliminado de la tragedia el elemento
dionisíaco en favor de una moral y de una concepción del mundo completamente diferente: el
socratismo o la enseñanza de Sócrates. En la tragedia de Eurípides se hacen así patentes
elementos líricos y retóricos que son únicamente el espejo del instinto lógico y teórico de este
socratismo. Para Nietzsche, la enseñanza de Sócrates es el símbolo de aquella concepción
teórica del mundo que ha acabado por determinar la muerte del espíritu dionisíaco originario
de la tragedia griega y suplantando a la concepción trágica del mundo. El filósofo alemán
concluye así su obra expresando de forma abierta la esperanza de un renacimiento
(Wiedergeburt) de la tragedia y presagiando la llegada de una nueva forma de existencia,
guíada por la sapiencia dionisíaca. En estas expectativas, hay que ver una clara alusión a la
obra del músico Richard Wagner que Nietzsche había conocido en 1868 y en el que colocaba
sus esperanzas de un renacimiento de la cultura alemana.
El nacimiento de la tragedia fue duramente criticada por las tesis filológicas en ella
contenidas. Particularmente conocida es la polémica con el joven filólogo Ulrich von
Wilamowitz-Moellendorf. En realidad, más allá de la plausibilidad de las tesis acerca del
nacimiento de la tragedia, es importante hacer hincapié en los varios elementos extrafilológicos que se delinean en esta obra. Con su interpretación del origen de la tragedia y de
los dos principios de lo dionisíaco y lo apolíneo, Nietzsche no se limita al terreno de la
filología, sino que llega a proponer una interpretación metafísica del mundo que se
contrapone, por una parte, a la visión racional socrática y, por otra parte, a la del cristianismo.
A la visión del mundo tranquilizadora del socratismo teórico y del cristianismo, Nietzsche
contrapone la imagen de un Dios artista instintivo y amoral que en la creación y en la
destrucción, así como en el bien y en el mal, quiere únicamente liberarse de la exuberancia y
sobreabundancia de contradiciones presentes en su seno. En esta metafísica de artista
(Artisten-Metaphysik), contrapuesta a la interpretación moral del mundo, el joven Nietzsche
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desvela toda la absurdidad y la falta de sentido de la existencia que los griegos habían
aprendido a tolerar mediante la función salvadora y redentora del arte. Somos parte del juego
y de la creación de un Dios artista y amoral: en este sentido, hay que interpretar la afirmación
nietzscheana según la que “solo como fenómenos estéticos están justificadas la existencia y el
mundo”. Como veremos, en las obras posteriores, Nietzsche renunciará a las esperanzas de
una posible regeneración de la cultura a través del arte, dirigiendo su interés inicialmente
hacia la ciencia. De El nacimiento de la tragedia, el filósofo alemán mantendrá a lo largo de
toda su producción filosófica la actitud crítica hacia la interpretación moral del mundo
típicamente cristiana, a la que contrapondrá una filosofía de carácter dionisíaco que aceptará
todas las facetas de la existencia humana, incluso las más trágicas y terribles.
En nuestro recorrido, entre todos los textos póstumos que Nietzsche escribe entre 1870
y 1873, el ensayo breve Sobre verdad y mentira en sentido extramoral (1873) merece una
mención particular. Este texto es de particular interés por dos motivos: en primer lugar,
porque en él Nietzsche anticipa motivos que serán desarrollados en textos posteriores con más
detenimiento y más profundidad y, en segundo lugar, porque este ensayo demuestra cómo en
el período directamente posterior a la redacción de El nacimiento de la tragedia, Nietzsche ya
se interesaba por cuestiones puramente filosóficas. En Sobre verdad y mentira en sentido
extramoral, el filósofo alemán trata principalmente temáticas de genealogía del lenguaje.
Nietzsche muestra el carácter ilusorio de lo que llamamos “verdad”: sólo a partir del
momento en que se crea por convención una definición válida y vinculante de las cosas,
existen la verdad y la mentira, así como sólo a través del olvido el ser humano puede creer
poseer verdades en vez de ilusiones, olvidándose del carácter puramente convencional de las
definiciones. Las palabras no han de ser consideradas como una expresión adecuada de la
realidad, ni tampoco se ha de creer que el ser humano pueda llegar a la “cosa en sí” kantiana.
Cada lenguaje no puede sino ser una metáfora de las cosas: no hay ninguna relación directa y
necesaria entre los sonidos mediantes los que expresamos los conceptos y las cosas mismas.
El joven Nietzsche se pregunta:
“¿Qué es la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos,
en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y
adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera
firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son;
metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su
troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal”.
La verdad es entonces antropomórfica, obra de la fantasía humana. Sólo olvidándose
de sí mismo como sujeto artísticamente creador puede el ser humano llegar a pensar poseer la
verdad en sí. Por el mismo motivo, carece de sentido hablar de la percepción correcta, puesto
que entre sujeto y objeto no se da ninguna relación causal, sino a lo sumo una conducta
estética (ein ästetisches Verhalten).
II. Crítica a la cultura occidental (1873-1876)
Entre 1873 y 1876, Nietzsche publica cuatro Consideraciones intempestivas (I. David
Strauss, el confesor y el escritor, II. Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida,
III. Schopenhauer como educador, IV. Richard Wagner en Bayreuth). Estos textos marcan el
paso de los escritos de juventud (de carácter más filológico) a las obras filosóficas de la etapa
“media” nietzscheana (los textos anteriores a Así habló Zaratustra). Con las Consideraciones
intempestivas, el filósofo alemán abandona la metafísica de artista para dedicarse a una crítica
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de la cultura, en la que Nietzsche ahora coloca todas sus esperanzas de una regeneración
cultural. La cultura, pensada como Kultur germánica, es decir, como alternativa a la
Zivilisation francesa decadente, tiene que florecer a partir y desde la vida, evitando así la
parálisis de una cultura saturada por el sentido histórico (Cf. Sobre la utilidad y el perjuicio
de la historia para la vida).
III. Periodo de la Ilustración (1877-1882)
Las obras de la etapa media que van de Humano, demasiado humano (1878) a La gaya
ciencia (1882), marcan la definitiva separación de Nietzsche respecto de la filosofía
schopenhaueriana y de la ideología wagneriana. Si en El nacimiento de la tragedia Nietzsche
consideraba críticamente la ciencia y el espíritu cientifico, a