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Rafael Parra Machío
GRECIA: La Civilización olvidada
Quéreas y Calírroe, obra de Caritón de Afrodisias, es tal vez la primera novela europea, probablemente de principios del s. I d.C. Sus jóvenes
protagonistas se enamoran nada más verse, aunque la enemistad entre sus
padres demora la boda. Supuestas infidelidades, malentendidos, difamaciones, y al final la Fortuna, que accederá a que todo concluya felizmente. De
Jenofonte de Efeso son las Efesíacas de Antia y Habrócomes, hacia el 100
d.C; de Aquiles Tacio las aventuras de Leucipa y Clitofonte (s. II). Quizá la
más famosa sea Dafnis y Cloe de Longo, prototipo de novela de pastores.
Finalmente, la más extensa de todas ellas, las Etiópicas de Heliodoro.
Mitología grecorromana
Se llama mitología grecorromana al conjunto de mitos y leyendas que
los antiguos habitantes de Grecia y el Imperio Romano tenían para explicar
el universo y el origen de los seres que lo habitaban. Se tiende a unificar la
mitología romana y griega porque las diferencias que se pueden establecer
entre una y otra se reducen, básicamente, al distinto nombre que recibe
cada uno de los dioses. A pesar de que Grecia acabó siendo conquistada por
Roma, se suele hablar de una colonización griega sobre la cultura latina, lo
que incluía también el ámbito de lo religioso; además, hay que tener en
cuenta que ambas partían de un tronco común cultural y lingüístico como
era el indoeuropeo, por lo que el pilar fundamental, el panteón olímpico, era
el mismo. De este modo, se puede hablar de la mitología romana como continuadora de la griega.
Origen de la mitología grecorromana
La mitología griega, tal y como hoy se conoce, es una fusión de la indoeuropea, traída por los invasores griegos, y la religión mediterránea de
los antiguos pobladores de la península y de las islas del Egeo. Además,
desde el principio, el sistema politeísta estuvo abierto a influencias como la
de la cultura oriental y la egipcia, lo que provocó que hubiera mitos discordantes atribuidos a una misma divinidad. Las tablillas micénicas, escritas
con el sistema del silabario lineal B, muestran los nombres de los dioses que
recibían culto en los palacios de Cnosos (Creta) y en Pilo (Peloponeso).
Éstos coinciden, en gran medida, con los de los olímpicos Zeus, Poseidón,
Hera, Atenea, Artemis, Hefesto, Ares y Dionisio; sin embargo, aparte de
nombrarlos y dar unos escasos rasgos sobre los cultos locales, no proporcionan más datos, lo que no permite asociarlos a los mitos que actualmente
se conservan. La falta de textos anteriores a los de Homero y Hesíodo
hacen que no se pueda ir más allá de este origen, aunque los estudios comparatistas permitan identificar en ciertos casos si se trata de mitos indoeuropeos o de otras culturas.
Se han elaborado distintas hipótesis que pretenden esclarecer la procedencia de las divinidades y cómo se ligaron unas con otras; entre ellas
destacó, debido a su éxito inicial, la teoría de Robert Graves y sus seguidores. Este autor creía que existían unas grandes diosas originarias mediterráneas, que fueron desplazadas por los dioses masculinos indoeuropeos;
no obstante, hoy en día, se han desestimado estas especulaciones por considerarse improbables y, lo que es más importante, indemostrables.
Los orígenes indoeuropeos de gran parte de los dioses es, por el contrario, algo innegable. No sólo hay determinados rasgos de la cultura indo-
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