Download Dossier sobre Cambio Climático Nº 79

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19 de septiembre de 2016
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Nº 79
Compromisos en cambio climático a distintos niveles: ¿son suficientes?
El mercado de carbono de China y la cooperación en políticas climáticas hacia el futuro
El cambio climático, un siglo más viejo de lo esperado
Nuestras ciudades: Cinco prioridades para asegurar el futuro urbano, por Ellis J. Juan
La Amazonía: color verde esperanza para enfrentar la crisis
Ciudades contra el cambio climático, por Anne Hidalgo
La UE ante el cambio climático: ¿una oportunidad perdida?, por Cristina Narbona
Agua para Oriente Medio, por Moha Ennaji
¿Quién tiene espacio para las renovables?, por Adair Turner
El fenómeno de El Niño: ¿cómo puede África estar mejor preparada?
Alarma y esperanza conviven en cumbre mundial sobre la naturaleza
1. COMPROMISOS EN CAMBIO CLIMÁTICO A DISTINTOS NIVELES: ¿SON SUFICIENTES?
La ratificación del Acuerdo de París por parte de China y Estados Unidos en la antesala de la
Cumbre del G-20 en China, a principios de septiembre, representa un importante impulso a
la gobernanza climática mundial, pues se trata de los dos principales emisores del planeta.
Pocos días después, Brasil, el más importante emisor de América Latina, también anunció lo
propio. Otros más han seguido la tendencia.
La próxima reunión del 21 de septiembre convocada por el Secretario General de Naciones
Unidas busca acelerar la entrada en vigor del Acuerdo que fuera firmado en diciembre
pasado y adoptado en una ceremonia del más alto nivel en Nueva York en abril de este año.
De hecho, la COP22, calendarizada para desarrollarse a mediados de noviembre en
Marrakech, prepararía el proceso para ese fin.
¿Qué expectativas hay para que el Acuerdo de París efectivamente sea un hito en la lucha
contra el cambio climático? ¿Son los esfuerzos suficientes?
El enfoque ascendente de las Contribuciones Determinadas Nacionalmente, que son la base
de los compromisos de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el
Cambio Climático, buscaba esa aproximación auténtica y eficaz, donde los países definieran
el tono y la ambición de sus reducciones de gases de efecto invernadero.
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La presión ahora, más allá de la entrada en vigor del instrumento internacional que podría
ocurrir este mismo año, está en la consistencia y seriedad de la implementación de los
compromisos en tiempo y forma.
El acuerdo de París pretende limitar el incremento de la temperatura global a 2 ºC, pero los
expertos señalan que no es suficiente y que apenas equivale a cerca de la mitad de los
esfuerzos que se requieren para lograr dicho fin, estando más cerca de los 3 ºC con los
compromisos actuales. A partir de 2018, y una vez que el acuerdo entre en vigencia, los
países podrían ajustar e incrementar considerablemente sus planes, abordando la mitigación,
la adaptación, el financiamiento y la cooperación en caso necesario.
En esta edición de Puentes aprovechamos la coyuntura para revisar algunos de los aspectos
que entran en juego en esa agenda de implementación, así como aquellos que continúan
pendientes de decisión, sobre todo con respecto al comercio y al cambio climático –relación
indivisible debido a los efectos e impactos que transfieren y al rol que cada uno puede
desarrollar en un escenario internacional interconectado–, aun cuando se han llevado a cabo
avances en la liberalización de bienes ambientales.
Fuente: Editorial publicado en el portal del Centre Internacional para el Desarrollo
Sostenible (ICTD-Suiza) el 15 de septiembre de 2016 y disponible en el sitio web:
http://www.ictsd.org/
2. EL MERCADO DE CARBONO DE CHINA Y LA COOPERACIÓN EN POLÍTICAS CLIMÁTICAS
HACIA EL FUTURO
China está actuando frente al cambio climático. El gigante asiático ha actuado con rapidez,
seriedad y en grande. Debido a que varias de sus principales ciudades han padecido un
aumento en la contaminación del aire, el país ha desarrollado varias políticas para reducir
sus emisiones.
China está familiarizada con la idea de límites máximos y comercio (cap-and-trade). De
hecho, ayudó a crear el Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kioto y
estableció mercados de carbono pilotos en Shanghái, Tianjin, Shénzhen, Chongqing y Pekín,
así como en las provincias de Cantón y Hubei. Estas ciudades y provincias tienen
experiencia lidiando con el problema del aumento de la contaminación. Han establecido
límites de emisiones y se han involucrado en el comercio de carbono, algo que resultará útil
cuando se unan al mercado nacional de carbono chino en 2017.
Una vez que arranque su sistema de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés),
este se convertirá en el sistema más grande del mundo, con un límite de 4.000 millones de
toneladas, es decir, el doble del tamaño del ETS de la Unión Europea (UE).
Más recientemente, China y Estados Unidos conjuntamente ratificaron el Acuerdo de París
más pronto de lo esperado. La temprana ratificación de China ayudará al Gobierno a
progresar su plan de comercio de emisiones como un elemento clave de política para que el
país asiático limite y reduzca sus emisiones de CO2.
Evolución de los mercados de carbono
El comercio de emisiones ha ido afianzando su lugar como el instrumento preferido de
fijación de precios de carbono de varios Gobiernos. La cantidad de ETS se ha triplicado
desde 2012, pasando de cinco a 17. Sin embargo, los actuales mercados de carbono se
diferencian considerablemente de los de una década atrás. El mundo ha pasado de una
arquitectura de políticas descendentes, iniciada por el Protocolo de Kioto, a unas
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ascendentes bajo el recién adoptado Acuerdo de París, donde los Gobiernos fijan sus propios
objetivos a escala nacional –las llamadas contribuciones determinadas nacionalmente– y
adoptan diversos enfoques políticos, aunque no todos basados en el mercado.
La división de mercados de carbono en nacionales y regionales podría representar un desafío
para crear un mercado de carbono globalmente conectado en el futuro. Ya sea que dicho
mercado mundial surja gracias a las relaciones bilaterales o bien a clubes plurilaterales, la
participación de China será importante, pues es el mayor emisor de gases de efecto
invernadero (GEI) y pronto será la sede del principal mercado de carbono del mundo.
De sistemas piloto a un ETS nacional en China
Así como la política climática ha evolucionado en los últimos diez años, también lo han
hecho las políticas climáticas de China. El país ha experimentado una lenta transición, de
vendedor de unidades de reducción de emisiones en el mercado de carbono de la
Organización de las Naciones Unidas, a establecer siete mercados de carbono piloto en 2013
y a estar a punto de crear un ETS. Su experiencia con el Mecanismo de Desarrollo Limpio y
con mercados de carbono subnacionales piloto le ha dado la confianza para comprometerse a
reducir la intensidad de carbono de 60% a 65% para el año 2030 como parte de su
contribución al nuevo acuerdo climático.
Los siete ETS piloto chinos –que cubren cinco ciudades y dos provincias– representaron el
26,7% del producto interno bruto de China en 2014. Bajo dichos sistemas, al 31 de julio de
2015, se han comercializado más de 57 millones de toneladas de carbono con un valor de
US$ 308 millones. Dentro de estos siete sistemas se permite comerciar derechos de
emisiones y compensaciones solo en mercados locales de emisiones, lo que ha producido
una extensa serie de datos de precios de carbono desde que comenzó el comercio en 2013.
Los precios vigentes en China van desde €1.75 (US$ 2) hasta €7 (US$ 8) por tonelada, pero
han aumentado hasta €15 (US$ 17) en el sistema piloto de Shénzhen. En algunos periodos
entre 2013 y 2014, los precios del carbono en los ETS piloto de China estuvieron por encima
de los ETS de la UE. El principal motivo de la fluctuación de precios en estos siete ETS es
la sobredistribución de compensaciones y la incertidumbre de los participantes sobre el
cobro de las compensaciones de los ETS piloto respecto al ETS nacional. La duda sobre si
los recipientes de las compensaciones en de los ETS piloto pueden o no llevar sus unidades
al ETS nacional ha sido uno de los principales factores que detonaron el aumento del precio
de carbono en China hasta la fecha.
El ETS nacional de China ampliará el alcance de la cobertura de emisiones de GEI a escala
global de 9% a 16%. El ETS incluirá a ocho sectores y 18 subsectores, como se muestra en
la figura 1, en los que se consumen más de 10 mil toneladas de carbono equivalente al año.
Fuente: Nota informativa publicada en el portal del Centre Internacional para el Desarrollo
Sostenible (ICTD-Suiza) el 15 de septiembre de 2016 y disponible en el sitio web:
http://www.ictsd.org/
3. EL CAMBIO CLIMÁTICO, UN SIGLO MÁS VIEJO DE LO ESPERADO
Primero fueron las zonas tropicales de los océanos, que experimentaron un inusual aumento
de temperaturas por encima de la época previa a la Revolución Industrial. Justo después, los
polos y las ciudades del hemisferio norte. Por último, la Antártida y el resto del Hemisferio
sur. Este el camino que inició el calentamiento global hasta instalarse en todo el planeta.
Aunque no una salvedad: lo hizo casi dos siglos antes de lo que se pensaba.
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Un estudio internacional publicado por la revista Nature, en el que participa el español
Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y en el que han colaborado 25
científicos de Australia, Europa, Estados Unidos y Asia en el marco del consorcio
internacional Past Global Changes 2000 years, ha adelantado un siglo el inicio del cambio
climático, en contra de la teoría que se había dado por buena hasta ahora.
Conclusión: este fenómeno que ahora preocupa a los habitantes de la Tierra es más viejo de
lo que se pensaba. Comenzó hace 180 años aunque, por aquel entonces, ni se contaban con
los medios para medirlo ni con una sociedad preparada para indignarse.
De esta manera, después de reconstruir el clima de los últimos 500 años a partir de registros
naturales y modelos climáticos, el estudio constata que los primeros signos del cambio
climático provocado por humanos se remontan al siglo XIX.
Con ello, las emisiones de gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial hasta
la actualidad han provocado un calentamiento mantenido y significativo durante casi dos
siglos, lo que demuestra que el cambio climático inducido por el hombre no es solamente un
fenómeno del siglo XX, como destacan los investigadores del CSIC participantes en el
estudio.
“Es un hallazgo extraordinario”, añade Nerilie Abram, investigadora de la Australian
National University. “Los resultados fueron uno de esos momentos en los que la ciencia nos
sorprendió. El calentamiento climático que estamos presenciando hoy comenzó hace unos
180 años”, destaca.
Los datos extraídos del estudio de Nature revelan que las zonas tropicales de los océanos
fueron de las primeras en notar el calentamiento y registrar temperaturas por encima de la
media de los siglos anteriores a la Revolución Industrial. Después llegó el calentamiento de
los trópicos, que se inició prácticamente al mismo tiempo que en el Ártico y el resto de
zonas continentales del hemisferio norte, explica Belén Martrat, científica del CSIC en el
Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua.
Parece que el calentamiento climático llegó más tarde al hemisferio sur y en particular a la
Antártida, “posiblemente debido a la circulación oceánica que empuja las aguas calientes
hacia el norte y fuera del continente helado”, apunta Helen McGregor, de la Universidad de
Wollongong (Australia).
Para llegar a estas conclusiones se han analizado reconstrucciones detalladas del clima de
los últimos 500 años para identificar cuándo comenzó de forma sostenida la tendencia al
calentamiento.
Para ello se emplearon cientos de registros naturales de las variaciones climáticas en los
océanos y los continentes -preservados durante los años en corales, capas de sedimentos,
decoraciones de cavernas, anillos de árboles y núcleos de hielo-. Además, se han utilizado
simulaciones de modelos climáticos incluidos en el último informe del Panel
Intergubernamental de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (IPCC) para
determinar qué provocó el calentamiento, explica el CSIC.
Los modelos coinciden con las observaciones en señalar el inicio del calentamiento de las
zonas tropicales y el Ártico a partir de la década de 1830. “La tendencia al calentamiento
comenzaba tras años de erupciones volcánicas, como la del Tambora (Indonesia) en 1815,
que condujo al ‘sin verano’ de 1816 que documentaron los relatos históricos europeos”,
apunta Martrat.
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Como señala la investigación, la recuperación del clima de este evento de enfriamiento
volcánico parece ser solo un factor secundario en la definición del inicio del calentamiento,
se apunta como explicación el aumento acelerado de los niveles de gases de efecto
invernadero. Estos hallazgos complementarían el trabajo que parte de este equipo ya publicó
en 2015 y que revelaba cómo un aumento en la frecuencia y magnitud de las erupciones
volcánicas ocasionó un enfriamiento de la temperatura superficial del mar durante 1.800
años, tendencia que se detuvo con la llegada de la Revolución Industrial.
“Si el trabajo anterior sentó las bases para entender los trazos generales, en este estudio
hemos profundizado en los detalles y evaluado la interrelación entre el cambio climático y
las sociedades. Pero conocemos relativamente muy poco el clima del pasado en detalle para
algunas zonas, entre ellas la región mediterránea. Todavía queda mucho por hacer”,
concluye Martrat.
Fuente: Nota informativa publicada en el periódico español La Razón 31 de agosto de 2016
y disponible en el sitio web: http://www.larazon.org/
4. NUESTRAS CIUDADES: CINCO PRIORIDADES PARA ASEGURAR EL FUTURO URBANO, POR
ELLIS J. JUAN
La Ciudad Eterna puede dejar importantes lecciones para el futuro de las urbes de América
Latina y el Caribe, que han venido creciendo fuertemente en las últimas décadas. ¿Seguirán
nuestros centros urbanos expandiéndose como hasta ahora, sin un modelo de planificación
urbana, desorganizadamente, generando todo tipo de problemas para sus habitantes? ¿O, con
un ojo puesto en el pasado de Roma, intentarán migrar a un modelo de gestión más
inteligente de una ciudad, en beneficio de sus moradores?
¿Y qué es una ciudad inteligente? Para el Banco Interamericano de Desarrollo, es aquella
que pone al ser humano al centro de la planificación, con una visión de largo plazo. Es
aquella que incorpora las tecnologías de información y comunicaciones en la gestión urbana,
y utiliza estos elementos como herramientas para promover la formación de un gobierno
eficiente con participación ciudadana. Sobre esta base de uso “inteligente” de tecnologías
disponibles, se deben proyectar todos sus componentes: desde espacios públicos a seguridad,
educación, salud, vivienda, energía, empleo, transporte, esparcimiento, política fiscal,
infraestructura, comunicaciones, servicios, tecnología y, por último pero no menos
importante, la adaptación al cambio climático.
Nuestra región ya es una de las más urbanizadas del planeta: ocho de cada 10 personas viven
en una zona urbana. Para el año 2050 serán nueve de cada 10 personas. ¿Qué debemos hacer
para llegar en mejores condiciones a esa fecha? Estos son, a juicio del BID, algunos de los
tantos sectores, que deberían priorizarse:
Seguridad
El crimen y la violencia son uno de los problemas que más preocupan a los latinoamericanos
y caribeños. No es para menos: 42 de las 50 ciudades más violentas del mundo están en
nuestra región. Sin embargo, algunas de ellas han logrado revertir la tendencia, trayendo
mayor tranquilidad a sus barrios mediante el uso de técnicas policiales comunitarias, el
análisis de estadísticas sobre delitos para detectar zonas de alto riesgo y personas más
propensas a delinquir, y, en base a esa información, desarrollar programas de iluminación de
zonas peligrosas, de incorporación de los jóvenes a través deporte, de formación de microempresarios, entre otros.
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Agua y saneamiento
América Latina y el Caribe han avanzado mucho en materia de acceso a agua y saneamiento,
especialmente en zonas urbanas. Aún quedan significativas brechas entre barrios más
céntricos y periféricos, pero el gran desafío para las ciudades de la región, de cara a los retos
del cambio climático, es el tratamiento de las aguas residuales. A nivel regional se estima
que solo se trata el 18% de las aguas negras generadas. Ante la necesidad de conservar más
agua, muchas ciudades en zonas áridas y semiáridas del mundo están optando por reciclar el
agua que utilizan sus ciudadanos para lavar y bañarse. En Israel, los campeones mundiales
del reciclaje de agua, se reusa 80% del agua.
Movilidad
Es preciso migrar del modelo de ciudades para vehículos a un modelo de ciudades para
ciudadanos, donde el ser humano sea el centro de la planificación de la movilidad urbana.
Nuestro transporte público necesita ser más eficiente, tanto del punto de vista de calidad del
servicio, como del punto de vista de su huella climática. Una ciudad con un tiempo de
traslado entre hogar-trabajo-hogar de cerca de cuatro horas diarias, no puede ser una Ciudad
muy productiva, ni ese ciudadano, muy feliz. Esto actúa como un incentivo para aumentar la
flota vehicular privada (principalmente con autos usados), lo cual a su vez, impacta la
congestión y la generación de gases contaminantes. Si continúa creciendo la tasa de
motorización, tendremos que construir más autopistas y avenidas en detrimento del espacio
público, y del cambio climático. Es preciso integrar más los espacios públicos, promover la
peatonabilidad, e incorporar más bicicletas en el modelo de movilidad, para rescatar el rol
del ciudadano en la ciudad.
Cambio climático
Para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU y las metas del Acuerdo
Climático de París, las ciudades latinoamericanas y caribeñas deberían comenzar hoy mismo
a tomar en cuenta el impacto climático de sus obras de infraestructura urbana. Tanto del
punto de vista de mitigación, ya que serán las grandes generadoras de gases de efecto
invernadero de las próximas cinco décadas; así como del punto de vista de adaptación, para
poder tener resiliencia frente a los impactos del cambio climático (desastres naturales y
otros). Para nuestros planificadores, el reto está en asegurar que las obras que se están
preparando en la actualidad pueden contribuir a –o, al contrario, pueden socavar– la lucha
contra el cambio climático.
Financiamiento y reforma fiscal
Todos estos planes necesitan financiamiento, algo que nunca sobra en nuestras ciudades.
Esto es en parte porque los ingresos locales cubren apenas 30% del gasto municipal América
Latina, contra un promedio de 60% en ciudades de países de la OCDE. Para el BID, hace
falta una gran reforma que no sólo mejore la recaudación tributaria sino que descentralice la
gestión de los impuestos, para que las ciudades (y los ciudadanos) tengan más control sobre
sus propios recursos, además de maximizar la tecnología para efectuar una gestión
“inteligente” y eficiente.
América Latina y el Caribe necesitan que sus ciudades se transformen en urbes inteligentes,
con una visión de futuro, aprovechando su creatividad, su espíritu emprendedor y
combinando los esfuerzos del sector público y del sector privado para darle una mejor
calidad de vida a su gente, reducir la exclusión, y por sobre todo mejorar las capacidades de
estas ciudades en proveer empleos dignos a sus ciudadanos.
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Fuente: Ellis J. Juan es el Jefe de la División de Vivienda y Desarrollo Urbano del Banco
Interamericano de Desarrollo (BID). Artículo de opinión publicado en el portal electrónico
del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el 16 de agosto de 2016 y disponible en el
sitio web: http://blogs.iadb.org/
5. LA AMAZONÍA: COLOR VERDE ESPERANZA PARA ENFRENTAR LA CRISIS
Según el Banco Mundial, el país es capaz de convertirse en un modelo global si logra
proteger sus recursos naturales mientras aumenta la eficiencia en la agricultura
En los últimos 10 años, Brasil bajó a la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero
(fue la única gran economía mundial a hacerlo); redujo la deforestación en la Amazonía en
un 82%; inició varios programas para restaurar los bosques; creó regulaciones importantes
para el uso de la tierra, como el Código Forestal; y lideró debates mundiales sobre el clima y
el medio ambiente.
¿Cómo lo logró?
"Los avances son el resultado de un trabajo concertado desde Río-92 por todos los niveles
del gobierno brasileño", dijo Gregor Wolf, jefe del programa de desarrollo sostenible del
Banco Mundial en Brasil.
El esfuerzo incluye, por ejemplo, las políticas para aumentar el número de áreas protegidas,
mejorar la supervisión de estas zonas (con el uso de satélites, por ejemplo) y crear incentivos
económicos para que las comunidades exploten los bosques de forma sostenible. Una de
estas políticas fue el Plan de Acción para la Prevención y el Control de la Deforestación en
la Amazonía Legal (PPCDAM), puesto en marcha en 2004.
También forman parte de este trabajo la creación y el fortalecimiento de las instituciones
como el Servicio Forestal Brasileño (creado en 2006) y el Instituto Chico Mendes de
Conservación de la Biodiversidad (ICMBio), fundado el año siguiente. El primero de ellos
tiene la responsabilidad de gestionar los bosques de Brasil; el segundo gestiona las unidades
de conservación establecidas por el gobierno federal.
Estos y otros logros son reconocidos y discutidos en un estudio de diagnóstico realizado por
el Banco Mundial, que identifica varias de las políticas del país como fundamentales para la
construcción de un modelo de desarrollo verde para el planeta.
Comunidades locales
Otra iniciativa importante para los buenos resultados del país fue el Programa de Áreas
Protegidas de la Amazonía (ARPA), que amplió en gran medida las áreas protegidas de los
bosques del país. Actualmente, el programa financia 114 áreas federales y estatales
(incluidas las zonas de uso restringido y sostenible), que cubren 58,3 millones de hectáreas,
incluyendo siempre a las comunidades locales en los procesos de gestión y conservación de
estas áreas.
El programa también implementó un sistema de monitoreo de la biodiversidad en áreas
seleccionadas, que involucra la población local en la recolección de datos y utiliza
metodologías innovadoras de registro remoto.
El éxito de las políticas destinadas a la Amazonía impulsó nuevas iniciativas de
conservación y restauración en otros biomas brasileños. Para protegerlos, no solo es
necesario la aplicación de las normas sino también mejorar la capacidad de supervisión y las
tecnologías de monitoreo.
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Amenaza económica
Otra advertencia hecha por el Banco Mundial es que el bajo precio de las materias primas
(que está afectando a las principales economías de América Latina) y la reciente devaluación
del real amenazan con incrementar aún más la deforestación y la expansión incontrolada de
las tierras agrícolas y pastoriles.
"El alto valor del dólar aumenta la rentabilidad de la agroindustria para la exportación, por
lo que los agricultores se sienten animados a abrir nuevas áreas de bosque para cultivar
más", dijo Gregor Wolf.
Según el análisis, la desaceleración económica en Brasil "trae el riesgo de reducir los
incentivos para supervisar, controlar y aplicar correctamente las políticas de conservación
bajo el pretexto de la creación de puestos de trabajo".
Agricultura inteligente
El estudio también destaca el papel de la agricultura climáticamente inteligente, que busca
reducir las emisiones de gases que causan el efecto invernadero, hacer los cultivos más
resistentes al cambio climático y, al mismo tiempo, aumentar la productividad de forma
sostenible.
Brasil ha avanzado en esta área porque invirtió en la investigación y la tecnología en las
últimas décadas, pero todavía puede hacer más, según el estudio: "Las diferencias de
productividad entre las granjas, así como entre las diferentes regiones del país, siguen siendo
altas, lo que lleva a una situación en que se convierte más tierra a la agricultura para
compensar la baja rentabilidad".
Según el documento, el país puede ser un ejemplo para el mundo si cumple con el reto de
aumentar la eficiencia en la producción y proteger la naturaleza. Así incorporará la
protección de los recursos naturales a su estrategia de crecimiento económico.
La importancia de aumentar la producción sin devastar vale tanto para la agricultura de gran
escala y para la familiar, que ocupa el 25% de la tierra agrícola en el país, pero representa
más del 80% de las propiedades rurales y el 75% de la mano de obra del campo.
Para ayudar a los pequeños agricultores a lograr este objetivo, es esencial ofrecerles más
acceso a la tecnología, lo que puede comenzar una nueva etapa de progreso tan importante
como la registrada en Brasil en los últimos 10 años.
Fuente: Nota informativa publicada en el portal electrónico del Banco Mundial el 16 de
septiembre de 2016 y disponible en el sitio web: http://www.bancomundial.org
6. CIUDADES CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO, POR ANNE HIDALGO
Con motivo de la Cumbre del G20 que se reúne en Hangzhou (China) esta semana, nosotros,
los alcaldes de las principales ciudades del G20, exhortamos a nuestros líderes nacionales a
que trabajen con nosotros para construir un mundo bajo en CO2 y con futuro climático
seguro.
En diciembre de 2015, ustedes demostraron un valioso liderazgo, adoptando el histórico
Acuerdo de París. Fue una muestra sin precedentes de solidaridad global y compromiso para
actuar; elogiamos sus esfuerzos para ratificarlo cuanto antes, permitiendo su entrada en
vigor en los próximos meses.
Sin embargo, esto es solo el primer paso en el largo camino hacia un futuro bajo en carbono
y resiliente. Para limitar el aumento global de temperaturas a 1,5 grados Celsius por encima
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de los niveles preindustriales, las emisiones de gases de efecto invernadero tienen que
alcanzar su punto máximo hacia 2020. Llegar a un cambio tan rápido es probablemente uno
de los mayores desafíos políticos y económicos afrontados por cada líder nacional, pero
ustedes tienen grandes aliados en esta tarea: nosotros, los alcaldes de las megaciudades del
mundo.
Como alcaldes, nos enfrentamos ya a las consecuencias del cambio climático en nuestras
ciudades, entre inundaciones y olas de calor, escasez de agua y contaminación del aire.
Ahora bien, sabemos que las ciudades son actores claves de la solución climática. Desde el
lanzamiento de flotas de autobuses eléctricos en ciudades chinas; la decisión en ciudades
europeas, suramericanas e indias de prohibir los vehículos más contaminantes en sus
centros; la modernización de decenas de miles de edificios en las ciudades norteamericanas
para mejorar su eficiencia energética, y la creación de barrios bajos en carbono en todo el
mundo, actuamos con audacia para cortar emisiones y prepararnos para los peores efectos
del calentamiento global. En París, nos comprometimos colectivamente a reducir nuestras
emisiones de gases de efecto invernadero de 3,7 gigatons cada año hacia 2030.
Nos enfrentamos ya a las consecuencias del cambio climático en nuestras ciudades, entre
inundaciones y olas de calor, escasez de agua y contaminación del aire
También hemos constatado de primera mano que nuestra acción sobre el clima trae
beneficios compartidos y significativos para nuestras comunidades: una mejor salud pública,
un aire más limpio, un crecimiento económico más rápido y más equidad. No hay ninguna
contradicción entre la acción sobre el clima y el desarrollo: el cumplimento del Acuerdo de
París nos ayudará todos a implementar la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030, y
viceversa.
Muchos de nosotros estamos embarcados en el Compromiso de Alcaldes, y el recién
formado Pacto Mundial de Alcaldes por el Clima y la Energía, que agrupa a 7.100 ciudades
en 119 países, representando a más de 600 millones de habitantes. Uniendo nuestros
esfuerzos, el Pacto Mundial nos permite colaborar a mayor nivel, construyendo puentes y
conexiones. Medir el alcance y el potencial de las ciudades para cortar emisiones y
promover sociedades con bajas emisiones de carbono permite aumentar nuestro impacto
colectivo en la lucha contra el cambio climático.
Para las ciudades más grandes del mundo ya está claro que si nos movemos rápido hacia una
economía baja en carbono, mayor será la mejora de los niveles de vida de los ciudadanos
urbanos, y más fuerte y más sostenido será el desarrollo económico que hace esto posible.
Es por eso por lo que todos nos comprometemos, como miembros del C40, el Grupo de
Ciudades Líderes por el Clima, a diseñar planes concretos para cumplir con los objetivos del
Acuerdo de París a nivel local. Queremos que nuestros ciudadanos, nuestros mercados y
nuestros líderes políticos sepan que estamos comprometidos en hacer del Acuerdo de París
una realidad. Y llamamos a nuestros jefes de Estado a hacer lo mismo a nivel nacional.
Como miembros del C40 entendemos el valor de la cooperación para guiar la ambición. Tal
como el G20 es el primer foro mundial para la cooperación internacional económica, el C40
ha demostrado el poder de las grandes ciudades mundiales, tanto del Norte como del Sur,
trabajando juntas para enfrentar la amenaza global de cambio climático.
Asimismo, debemos mejorar la colaboración entre Gobiernos locales, regionales y
nacionales, con el fin de luchar por los objetivos compartidos, de legar a las siguientes
generaciones un mundo sostenible con bajo nivel de emisión de CO2. La ambición del
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Acuerdo de París, requerirá una colaboración e innovación sin precedentes. Estamos listos
para este desafío futuro.
Fuente: Anne Hidalgo es alcaldesa de París. Este artículo de opinión fue publicado en el
periódico español El País el 02 de septiembre de 2016 y se encuentra disponible en el sitio
web: http://elpais.com/
7. LA UE ANTE EL CAMBIO CLIMÁTICO: ¿UNA OPORTUNIDAD PERDIDA?, POR CRISTINA
NARBONA
Este verano he participado en un curso de la UIMP dedicado al futuro de la Unión Europea
(UE). El hilo conductor era el interrogante sobre el significado actual del proyecto europeo,
así como sobre la posibilidad de construir una nueva narrativa del mismo, capaz de volver a
ilusionar a los europeos, y en particular a las generaciones más jóvenes.
Es evidente que hay una creciente identificación de la UE con lo peor del actual modelo de
globalización: esa de los mercados, que ha acentuado las desigualdades y la precariedad, y
que ha ignorado la urgencia de un nuevo paradigma económico, compatible con la necesaria
equidad y con los imprescindibles equilibrios ecológicos que garantizan la vida, la salud y el
progreso humano.
Mi opinión al respecto es rotunda: la UE solo avanzara hacia una mayor integración si los
ciudadanos europeos perciben las políticas y las instituciones comunitarias lo
suficientemente ambiciosas y eficientes como para contribuir a una profunda transformación
de la gobernanza internacional; solo si la UE recupera sus ideales iniciales —la paz, la
democracia, la prosperidad y los derechos humanos—, como vectores de esa transformación
hacia una verdadera globalización de la Política (con mayúscula: aquella capaz de gobernar
a los mercados, en beneficio del interés general)...
Y en ese contexto, hay que lamentar el liderazgo menguante de la UE ante el desafío del
cambio climático.
El calentamiento global es una de las consecuencias más nefastas del paradigma económico
dominante, que comporta una evidente injusticia para los países más desfavorecidos,
víctimas de los peores efectos del cambio climático, a pesar de no haber prácticamente
contribuido al mismo.
España es uno de los lastres para la reducción de emisiones contaminantes en Europa
La UE ha jugado en el pasado un papel determinante en el impulso a los compromisos
internacionales en esta materia: la UE, en su conjunto, redujo en un 17% sus emisiones de
CO2 entre 1990 y 2012, muy por encima de la reducción de un 8% establecida en el
protocolo de Kioto. Y pudo hacerlo porque también ha sido, hasta fecha reciente, el espacio
de mayor desarrollo de las energías renovables. Hoy, por el contrario, son los países
emergentes —y en particular China— quienes encabezan la inversión en estas tecnologías.
Con el Acuerdo de París, alcanzado el pasado diciembre, se ha abierto una nueva etapa en la
gobernanza internacional del cambio climático: por primera vez todos los países se han
comprometido a contribuir a frenar el calentamiento global, de forma que durante este siglo
la temperatura media del planeta no aumente por encima de los 2 grados —y a ser posible,
ese aumento no supere 1,5 grados—. Pero la suma de todas las contribuciones anunciadas
hasta la fecha supondría un aumento de casi cuatro grados; y por ello, el Acuerdo de París
exige que todos los países se planteen, desde ahora, objetivos más ambiciosos, y que se
revisen los correspondientes resultados cada cinco años.
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La UE —que en el protocolo de Kioto aceptó comprometerse con mayores reducciones de
emisiones que el resto de los países desarrollados—, en esta ocasión ha decidido mantener el
objetivo que ya tenía establecido para 2020 —una reducción del 20% respecto de 1990—, a
pesar de que ya ha alcanzado prácticamente ese nivel, con cuatro años de adelanto, y hubiera
podido, por lo tanto, asumir, con toda viabilidad, una mayor reducción. Igualmente, la UE ha
mantenido el objetivo para 2030 —una reducción del 40%—, objetivo ya adoptado en 2014,
en un contexto muy diferente del actual: tanto por la evidencia científica de la aceleración de
los efectos del cambio climático, como por la asunción de compromisos por parte de los
grandes emisores no europeos, inconcebible hasta fecha muy reciente.
Ese liderazgo menguante de la UE se ha puesto de manifiesto el pasado fin de semana, al
anunciar China y Estados Unidos sus respectivas ratificaciones del Acuerdo de París, en la
vigilia de la cumbre del G20. El retraso en la ratificación del Acuerdo por parte de la UE se
debe, formalmente, a cuestiones de procedimiento —los 28 Estados miembros tienen que
ratificar dicho Acuerdo en sus parlamentos—; pero la causa real es una insuficiente voluntad
política, teniendo en cuenta el tiempo ya transcurrido desde la celebración de la COP 21. De
hecho, Francia lo ratificó el pasado mes de junio, sin esperar al resto de los países de la UE,
una vez que todos ellos, y la propia UE, habían firmado ya su adhesión al mismo.
El retraso en la ratificación del Acuerdo por parte de la UE se debe realmente a una
insuficiente voluntad política
Por supuesto, la ratificación de un Tratado internacional como el Acuerdo de París —que no
comporta sanciones en caso de incumplimiento— puede convertirse en papel mojado si los
gobiernos no tienen voluntad real de aplicarlos. Pero en este caso, al conjunto de los países
de la UE les interesaría, y mucho, no quedarse atrás en su cumplimiento, una vez que China
y Estados Unidos lo han ratificado: entre los dos países suman ya más del 40% de las
emisiones globales, lo que acelera el proceso de su entrada en vigor, para lo que se requiere
la ratificación de un número de países que supongan el 55% de las emisiones. Si la UE se
quedase fuera del núcleo inicial de la gobernanza del Acuerdo de París, no podría participar
en las primeras decisiones (fiscales, financieras, sobre I+D+i...), determinantes para su
desarrollo, que en estos momentos suscitan el máximo interés por parte de los inversores de
todo el mundo.
Y sin embargo, para la UE la transición energética hacia una economía baja en carbono
constituye uno de sus mayores potenciales. En primer lugar, en términos de autonomía y de
seguridad de abastecimiento: la UE importa el 80% del petróleo, el 100% del uranio y el
60% del gas que consume, y seis de sus Estados miembros dependen de un único país
suministrador de gas. Y todo avance de la UE en materia de ahorro y eficiencia energética,
así como en energías renovables —es decir, en políticas para la reducción de la emisión de
CO2—, tanto dentro de sus fronteras como cooperando con terceros países, supondría un
poderoso impulso a esa deseable integración, hoy en peligro.
Las herramientas tampoco le faltan a la UE: la creación de una Unión Europea de la Energía,
asociando las políticas de la energía y del clima, es una de las prioridades de la Comisión
Juncker. Entre sus objetivos destaca un incremento significativo de las interconexiones
intraeuropeas de la electricidad, para optimizar el uso de la energía eólica y solar; y para ello
se han establecido ya mecanismos específicos de financiación. Por cierto, una de las
consecuencias del Brexit podría ser la pérdida de estos fondos para conectar la capacidad de
generación eólica del Reino Unido con el continente, lo que explica la paralización en ese
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país de los nuevos planes de Siemens: un efecto negativo a ambos lados del Canal de la
Mancha.
A la UE no le faltan, por tanto, ni experiencia, ni recursos, ni capacidad, para convertirse —
como auspicia la propia Unión Europea de la Energía— en el " líder de la nueva generación
de las energías renovables", y en un actor global determinante en la lucha contra el cambio
climático. Lo que falta es ambición política, visión de futuro.
España es, por desgracia, uno de los países que más lastran, en este momento, la
construcción de ese relato alternativo, invocado al principio de este artículo: en 2014 y 2015
han vuelto a crecer sus emisiones de CO2, que comenzaron a reducirse en 2005, mucho
antes del estallido de la crisis económica, —como resultado de la creciente utilización de las
energías renovables—. Esta lamentable evolución, opuesta a la de la mayoría de los países
de la UE, se debe a la drástica paralización desde 2011 en el desarrollo de las energías
renovables —más de 80.000 puestos de trabajo destruidos en ese sector—, así como al
apoyo gubernamental al uso del carbón —España ha sido el país del mundo donde más
aumentó, en términos relativos, su consumo en 2015—, resultado de una política que
pretende justificarse con razones sociales perfectamente atendibles de forma diferente.
Fuente: Cristina Narbona es exministra de Medio Ambiente y miembro de la Red Española
de Desarrollo Sostenible. Este artículo de opinión fue publicado en el periódico español El
País el 08 de septiembre de 2016 y se encuentra disponible en el sitio web: http://elpais.com/
8. AGUA PARA ORIENTE MEDIO, POR MOHA ENNAJI
El Programa Mundial de Evaluación de los Recursos Hídricos de las Naciones Unidas
confirma lo que muchos ya sabían: cientos de miles de personas en la región de Medio
Oriente y África del Norte (MENA, por su sigla en inglés) —especialmente en Argelia,
Jordania, Libia, Marruecos, Palestina, Sudán, Siria y Yemen— han enfrentado en 2016 las
peores sequías desde hace décadas. Esto es lo último que la región necesita mientras se
esfuerza en pos del crecimiento y la diversificación económicos.
Diversos factores han contribuido a la situación actual, entre ellos, el cambio climático, la
desertificación, la contaminación del agua y el uso inapropiado de los recursos naturales. La
información, la educación y la comunicación inadecuadas exacerban muchos de estos
desafíos, ya que refuerzan la falta de conciencia sobre —ni qué decir de la falta de
compromiso con— las prácticas favorables al medio ambiente. Sumemos a eso una
inadecuada reducción y gestión de los riesgos de desastres por parte de los gobiernos —
muchos de los cuales deben ocuparse de otros conflictos y crisis— y la situación se torna
verdaderamente desesperada.
Argelia, por ejemplo, ha estado experimentando su peor sequía en cinco décadas. Como gran
parte de la agricultura del país depende fuertemente de las lluvias, debido a la falta de
infraestructura el rendimiento de las cosechas cayó un 40 % este año. A pesar de su vasta
riqueza en petróleo y gas, Argelia no ha logrado contar con suficientes recursos hídricos
asequibles para su población, ni qué decir de oportunidades de empleo adecuadas. En
consecuencia, el país se está viendo sacudido por protestas populares.
Libia ha enfrentado una inestabilidad aún mayor, derivada de años de conflicto interno. Los
cortes de energía y la escasez de combustible resultantes afectaron la distribución del agua
en el país. El verano pasado, la ONU debió proveer a Libia unos cinco millones de litros de
agua desde los países vecinos para cubrir sus necesidades.
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En Jordania, la escasez de agua se da con devastadora frecuencia, especialmente en las
ciudades más grandes, como Amán. Se estima que Jordania tiene reservas de agua
suficientes para dos millones de personas, sin embargo su población supera los seis
millones, sin incluir al millón y medio de refugiados sirios que residen actualmente en ese
país.
En épocas de escasez, son los refugiados quienes tienen más probabilidades de verse
expuestos a sus efectos. La provisión de agua en muchos campos de refugiados, tanto en
Jordania como en Líbano, se han reducido a un mínimo, una decisión que afecta a millones
de personas que ya sufren temperaturas infernales. En Rukban, un campo de refugiados en la
frontera conjunta jordana con Siria e Irak, más de 85 500 residentes reciben apenas 5 litros
al día por persona para cocinar, beber e higienizarse.
La situación en Yemen es igual de deprimente. Atormentado por la violencia sectaria y la
guerra civil, el país no cuenta con un gobierno operativo para gestionar los recursos hídricos.
Su capital, Saná, podría secarse en diez años y, con la mitad de la población yemení sin
acceso al agua limpia, las cosechas mueren y las enfermedades se difunden. La ONU estima
que 14 000 niños de menos de 5 años mueren al año por desnutrición y diarrea. Mientras
tanto, los granjeros perforan a mayor profundidad que nunca en busca de agua —algunos
pozos tienen más de 500 metros de profundidad— sin regulación alguna.
Puede que falte mucho para una intervención eficaz del gobierno en Yemen, pero resulta
posible —y, de hecho, imprescindible— en otros países de MENA. En primer lugar, los
gobiernos nacionales deben trabajar para modernizar las prácticas agrícolas. Entre las tareas
necesarias se encuentra la capacitación de los granjeros y la introducción de herramientas de
irrigación más eficientes. Reducir la dependencia de los granjeros de las precipitaciones es
fundamental.
Algunos países —a saber, Marruecos y Jordania— ya han dado algunos pasos importantes
en esta dirección. El gobierno marroquí, en especial, ha implementado esfuerzos sustanciales
para desarrollar sus recursos hídricos, incluso mediante la construcción de represas.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer. La eficiencia de la distribución del agua en
Marruecos continúa siendo baja: es solo del 60 % para la irrigación. En un país que ha
experimentado más de 20 sequías en 35 años, este constituye un grave problema. La buena
noticia es que el Banco Asiático de Desarrollo aprobó recientemente un crédito de más de 88
millones de EUR (98,7 millones de USD) para financiar un proyecto orientado a la mejora
de la calidad de la distribución del agua.
Esto apunta a un dato fundamental: ningún país puede lograrlo por sí solo, la cooperación
regional internacional es tremendamente necesaria. Los países de MENA deben apoyarse
entre sí para implementar programas basados en lo que ya ha funcionado en otros lugares.
Además, se debe asignar una inversión adicional —con financiamiento interno e
internacional— a la reparación de la envejecida infraestructura hídrica, así como a nuevos
proyectos, como represas y embalses de agua bien diseñados. Y se deben hacer esfuerzos
mayores para salvaguardar los recursos hídricos existentes.
En esto el público tiene un importante papel que desempeñar, pero los ciudadanos deben
primero adquirir conciencia no sólo sobre cómo usar el agua de manera más sensata, sino
también sobre la manera de protegerse contra el riesgo de desastres relacionados con el
clima.
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Para el sector privado y las ONG, la mejora de la gestión del agua en MENA presenta una
importante oportunidad para invertir en la provisión de servicios de agua y la tecnología
relacionada. Se estima que el mercado regional de servicios locales de servicios sanitarios e
hídricos ampliados es de más de 200 000 millones de USD. Los proyectos orientados a
cubrir la demanda son una inversión inteligente.
Pero los primeros pasos dependen de los gobiernos, si no actúan para conservar las reservas
hídricas y estandarizar la oferta, las poblaciones más indefensas continuarán sufriendo, una
situación que fácilmente puede llevar a disturbios o algo peor. De hecho, si no se hace nada
para atender a los desafíos hídricos que enfrenta la MENA, es posible que estos deriven en
futuras guerras.
En el próximo encuentro de la Conferencia de las Partes para la Convención Marco de la
ONU sobre el Cambio Climático, que tendrá lugar en Marruecos en noviembre, el agua
debiera ocupar uno de los primeros lugares en la agenda. Dado que más del 80% de las
contribuciones nacionales a la lucha contra el cambio climático de los países del hemisferio
sur se centra en los desafíos hídricos, ya no es posible posponer la acción coordinada de los
gobiernos y actores internacionales.
Fuente: Moha Ennaji es Presidente del Centro Norte-Sur para el Diálogo Intercultural y
Estudios de migración en Marruecos y profesor de Estudios Culturales de la Universidad de
Fez. Este artículo de opinión fue publicado en el portal Project Syndicate el 15 de
septiembre de 2016 y se encuentra disponible en el sitio web: https://www.projectsyndicate.org/
9. ¿QUIÉN TIENE ESPACIO PARA LAS RENOVABLES?, POR ADAIR TURNER
Este verano, una subasta de energía eléctrica en Chile atrajo propuestas exitosas de
generadores eólicos dispuestos a proporcionar electricidad a $ 0,04 por kilovatio hora y
generadoras solares a $ 0,03 por kwh, superando fácilmente a sus competidores del ámbito
de los combustibles fósiles. Su éxito refleja las grandes reducciones de costes que han
ocurrido a lo largo de los últimos seis años, en que han bajado en cerca de un 70% y un
30%, para la energía solar y eólica, respectivamente. Es inevitable que lo sigan haciendo.
Por supuesto, no siempre el sol brilla ni el viento sopla, pero es cada vez más factible
solucionar los problemas de intermitencia, a medida que bajan los costes de las baterías y
otros sistemas de almacenamiento de energía, y los medidores y otros sistemas de control
inteligente permiten cambiar la regulación de parte de la demanda. Hoy tenemos la certeza
de que en unos 20 años, muchos países podrán obtener la mayor parte de su electricidad de
fuentes renovables a un precio asequible.
No hay duda de que para los parques solares y eólicos se requieren grandes terrenos, pero a
nivel global hay espacio de sobra.
La energía solar que llega a la Tierra equivale a más de 5000 veces el consumo humano
actual. Es probable que la demanda se duplique si la población mundial crece (como
sugieren las proyecciones de la ONU) de los 7,2 mil millones actuales a los 11 mil millones
de habitantes para el año 2100, y todas estas personas logran estándares de vida que hoy sólo
se disfrutan en las economías desarrolladas. Y los paneles solares actuales pueden convertir
en electricidad sólo cerca de un 20% de la energía solar (aunque es una proporción que
aumentará con el tiempo). Pero incluso si se toman en cuenta estos factores, las estimaciones
de espacio necesario para que la energía solar alimente al mundo entero son razonablemente
bajas, entre un 0,5 y un 1% del área terrestre mundial.
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Sin embargo, los retos varían mucho según el país, reflejando las enormes diferencias de
densidad poblacional. Chile tiene 24 habitantes por kilómetro cuadrado, Estados Unidos 35
e India 441 (cifra que probablemente llegue a los 570 para 2050), mientras que Bangladesh
ya ha superado los 1200. En la actualidad, la población de Uganda es de 195 habitantes por
kilómetro cuadrado, pero podría llegar a cerca de 1000 en 2100. El nivel de China se
mantendrá estable, un moderado 145 por kilómetro cuadrado, en que las regiones costeras
densamente pobladas se compensarán con las grandes extensiones de desierto y montañas al
oeste.
Los terrenos que se destinen a la generación eólica afectan la agricultura, porque entre las
turbinas es posible sembrar cultivos y pueden pastar los animales. Pero la mayor densidad
poblacional hace más difícil y costoso depender de las renovables únicamente. Si Corea del
Sur, con una densidad de población de 517, intentara satisfacer todas sus necesidades
energéticas con energía eólica, tendría que cubrir la totalidad de su territorio con parques
eólicos.
Y en países lo suficientemente ricos como para preocuparse de la belleza paisajística, una
mayor densidad poblacional encarecería las energías limpias. En el Reino Unido, donde la
densidad poblacional general es de 267 por kilómetro cuadrado (pero 413 en Inglaterra), el
actual gobierno se opone a instalar nuevos parques eólicos costeros debido a su impacto
estético adverso. Como resultado, el país tendrá que depender enteramente de la electricidad
nuclear y eólica terrestre para desarrollar una economía con bajo consumo de carbono, lo
que añadiría entre 2 y 3 céntimos por kilovatio hora al coste de la electricidad.
Sin embargo, los mayores desafíos serán algunos que ya enfrentan ciertas economías
emergentes y que varios países africanos deberán afrontar en el futuro. India y Bangladesh,
con densidades poblacionales de 8 y 22 veces el promedio global, tendrían que destinar
respectivamente un 4% y más de un 10% de su territorio a parques solares para satisfacer la
totalidad de sus necesidades energéticas.
Más aún, en la India (a diferencia de Chile o Estados Unidos) la competencia entre usos
alternativos de la tierra ya es intensa en ciertas áreas. Por ejemplo, su ambición de
desarrollar un gran sector manufacturero a veces se ha visto obstaculizada por disputas
contenciosas y hasta violentas sobre la asignación de las tierras. En algunas partes del país,
como el desierto de Rajastán, será posible el desarrollo de instalaciones solares de gran
tamaño; en otras áreas la disponibilidad de terrenos podría limitar su factibilidad. Y si bien
en las áreas urbanas se pueden y deben instalar paneles solares, por ejemplo en los techos,
los costes serán más altos que en los países donde haya terrenos de más fácil disposición.
Eso significa que, mientras las energías renovables deben jugar un papel de importancia en
la descarbonización mundial, en algunos países otras tecnologías pueden hacer mejor ese
trabajo, como la energía nuclear o la captura y almacenamiento de carbono. Y las mejoras a
la productividad energética (por ejemplo, a través de un mejor diseño urbano) que permitan
elevar el ingreso al tiempo que limitan la energía necesaria para ello adquirirán más
importancia en los países con mayor densidad poblacional donde sea más difícil la
descarbonización.
De hecho, algunos de los países con mayor densidad poblacional se enfrentan a una doble
desventaja: a menudo son los más expuestos a los efectos adversos del cambio climático, y
puede resultarles más difícil desarrollar economías con bajo consumo de carbono. A la
inversa, algunos países que ya son ricos y tienen densidades poblacionales menores (Estados
Unidos, Australia, Chile) cuentan con suficiente espacio para construir sistemas energéticos
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de bajo carbono a muy bajo coste y con consecuencias insignificantes para la disponibilidad
de tierras agrícolas o la estética del paisaje.
Todo esto puede tener implicaciones importantes para el comercio global. La revolución del
gas de esquisto ya ha aumentado la perspectiva de que la manufactura con alto uso de
energía pueda volver a Estados Unidos y, a medida que la automatización vaya quitando
importancia a las diferencias en los costes laborales, las energías renovables de bajo coste
puedan impulsar aún más la “repatriación de las actividades”. Pero eso complicaría más aún
la capacidad de las economías emergentes de generar empleo suficiente para sus poblaciones
en rápido crecimiento.
Los grandes avances en electricidad renovable son enormemente positivos, pero sus
beneficios se pueden aprovechar en los países desarrollados y relativamente menos
poblados. Para hacer posible que los países menos dotados desarrollen con éxito economías
con bajo consumo de carbono serán necesarias muchas otras tecnologías y políticas bien
diseñadas, tanto internas como exteriores.
Fuente: Adair Turner, ex presidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino
Unido, es Presidente del Instituto del Nuevo Pensamiento Económico. Este artículo de
opinión fue publicado en el portal Project Syndicate el 14 de septiembre de 2016 y se
encuentra disponible en el sitio web: https://www.project-syndicate.org
10. EL FENÓMENO DE EL NIÑO: ¿CÓMO PUEDE ÁFRICA ESTAR MEJOR PREPARADA?
Unos 60 millones de personas se han visto afectados por el fenómeno de El Niño de 20152016, el más fuerte desde 1950.
Botswana, Lesotho, Malawi, Namibia, Swazilandia y Zimbabwe han declarado situación de
emergencia por las sequías.
Un total de 40 millones de personas o el 22 por ciento de la población rural de África
Meridional padece inseguridad alimentaria, de las cuales 23 millones necesitan asistencia
humanitaria inmediata a un costo de US$2.700 millones.
En el Cuerno de África, en junio de 2016, cerca de 24 millones de personas corrían riesgo de
llegar al nivel de inseguridad alimentaria. Etiopía ha sido el país más afectado: alrededor de
10.200 millones de personas necesitan asistencia alimentaria y financiación para
emergencias por un valor de US$1.400 millones.
En la mayoría de los países hubo pronósticos y datos de alerta temprana anunciando la
llegada de El Niño de 2015-2016, sin embargo se tomaron muy pocas precauciones. Solo la
mitad de los países afectados han actualizado sus planes de contingencia para la reducción
del riesgo de desastres, mientras que el resto tienen planes obsoletos o ningún plan.
El Niño es un fenómeno climático natural recurrente cada cinco a siete años. Aunque no
podemos controlarlo, es posible prevenir el daño que puede causar si tomamos en cuenta el
siguiente plan de para lograr capacidad de resiliencia a largo plazo y asegurar el desarrollo
sostenible:
 Abordar la inseguridad alimentaria crónica. Se necesitan inversiones en cuatro agentes
de cambio: mayor productividad de los pequeños agricultores; políticas de nutrición
más eficaces, especialmente para la infancia; mayor resiliencia de las comunidades y
los hogares para hacer frente al impacto; y participación popular y empoderamiento
más extendidos, sobre todo entre las mujeres y la población rural pobre.
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 Sistemas de alerta temprana, en especial información local fácil de comprender sobre
las alertas/acciones tempranas y preparación, que pueden proteger las vidas y los
medios de subsistencia, y así minimizar los posibles efectos de los desastres.
 Crear resiliencia centralizada. Fortalecer los gobiernos locales e institucionalizar la
resiliencia, en particular el trazado de mapas de peligros y riesgos, vulnerabilidad,
preparación y respuestas. Concentrarse en reconstruir mejor, por ejemplo, mediante la
búsqueda de medios de subsistencia alternativos y más resilientes.
 Financiación flexible y multianual para programas que combinen desarrollo y
asistencia de emergencia, así como iniciativas de preparación, y que aborden las
causas detrás de la vulnerabilidad antes de la llegada de El Niño/La Niña y otros
impactos. La financiación debe basarse en la gestión del riesgo en lugar de la aversión
al riesgo, y en el uso de modificadores del riesgo, como fondos para la creación de
resiliencia.
 Alianzas con el sector privado comprometido con la reducción del riesgo de desastres.
Las soluciones innovadoras, tales como transferencia del riesgo y microseguros, han
resultado eficaces para ayudar a los hogares a recuperarse rápidamente de los
desastres. Se necesita más inversión en investigación e innovación agrícola, servicios
de extensión y servicios de información climática. Todo esto debe estar apoyado por
cadenas de valor sólidas, infraestructura de mercado y nexos para el acceso al
mercado.
 Alinear los servicios de protección social. Los programas para el mercado laboral y los
planes de transferencia de efectivo pueden ser eficaces para ayudar a los hogares
vulnerables a adaptarse al cambio climático, prepararse para los desastres, y
restablecer rápidamente los medios de subsistencia.
Las soluciones simples y asequibles, como la construcción de un pozo profundo y la
captación de aguas pluviales para el riego a pequeña escala y consumo animal, y el uso de
tecnologías inteligentes como variedades de cultivos tolerantes a las sequías, también
pueden servir para amortiguar el impacto.
Fuente: Nota de prensa publicada en el portal electrónico del Programa de Naciones Unidas
para el Desarrollo (PNUD) el 31 de agosto de 2016 y disponible en el sitio web:
http://www.undp.org/
11. ALARMA Y ESPERANZA CONVIVEN EN CUMBRE MUNDIAL SOBRE LA NATURALEZA
El mayor congreso mundial dedicado a la conservación de la naturaleza comenzó con voces
de alarma y remarcó que el planeta se encuentra en un “punto de inflexión”, aunque tampoco
faltaron en su inauguración expresiones de esperanza ante la posibilidad de que
representantes de gobiernos, sociedad civil y grandes empresarios aprendan a trabajar juntos.
El Congreso Mundial de la Naturaleza de 10 días, organizado por la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza (UICN) en este estado estadounidense de Hawái,
reúne a unos 9.500 participantes de 192 países y comunidades, indicó la directora general de
UICN, Inger Andersen.
“El mundo debe pasar de medidas generosas al azar a una conservación estratégica”: Sally
Jewell.
“Las ambiciones para esta conferencia son muy altas. Es la mayor reunión ambiental”,
remarcó tras la ceremonia de apertura el jueves 1 de este mes.
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La UICN, con sede en Suiza y fundada en 1948 por el biólogo británico Julian Huxley,
reúne a sus miembros, entre los que hay gobiernos, organizaciones no gubernamentales,
científicos y empresas, en un congreso que realiza cada cuatro años y donde las mociones y
las resoluciones se someten al voto de todos. Este año, el encuentro comenzó el 1 de este
mes y se extenderá hasta el sábado 10.
Las conclusiones de la UICN no tienen el peso de una ley internacional, pero han terminado
siendo la base de varias normas en diferentes países y organismos internacionales.
Bajo el lema “Planeta en la encrucijada”, los oradores de la apertura del congreso, que tuvo
lugar en un escenario deportivo de Honolulú, recordaron a los participantes que el principal
objetivo era definir propuestas y medidas concretas para implementar dos históricos
acuerdos internacionales suscritos en 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el
Acuerdo de París sobre cambio climático.
El presidente de la UICN, Zhang Xinsheng, fijó el tono de la colaboración al elogiar al
presidente de Estados Unidos, Barack Obama, por ampliar el mayor santuario natural, que
ahora tiene más de medio millón de millas cuadradas, en las aguas e islas del norte de este
archipiélago de Hawái.
“El presidente Obama puso la barra alta”, señaló Zhang, dirigente chino y exfuncionario de
la Organización de las Naciones Unidas.
Su declaración siguió al discurso dado por Obama en la reunión de la Conferencia de
Líderes de las Islas del Pacífico, en Honolulú el miércoles 31 de agosto, lo que generó
expectativas de que pronto China y Estados Unidos anunciaran que se integran formalmente
al Acuerdo de París.
China inauguró este viernes una reunión en el marco de la cumbre del Grupo de los 20 (G20) países industrializados y emergentes, que comenzará en ese país el día 4.
Aprovechando que la sede el congreso es Hawái, conocido por su gran biodiversidad, pero
también como la “capital de la extinción”, por el gran número de especies desaparecidas o
en vías de desaparición, también se hizo énfasis, mediante canciones y danzas tradicionales,
en la importancia de viejas prácticas y del conocimiento indígena.
El presidente de Palau, Tommy Remengesau, recibió una gran ovación por sus políticas
ambientales pioneras, mediante las cuales demostró que las pequeñas naciones insulares son
capaces de marcar una diferencia.
El mandatario también elogió a Obama, quien el jueves 1 de este mes se reunió con
científicos en las islas Midway, con motivo de la ampliación del Monumento Nacional
Marino de Papahanaumokuakea, el mayor santuario con más de 582.000 millas cuadradas de
tierra y mar en el entorno de las islas de Sotavento.
El expresidente de Estados Unidos, George W. Bush (2001-2009) creó la reserva hace 10
años y Obama cuadriplicó su extensión en la última semana de agosto, a pesar de que la
Armada de Estados Unidos seguirá realizando ejercicios en sus aguas.
“Eso asienta su legado como líder del océano”, destacó Remengesau, antes de invitar a
Estados Unidos a seguir el ejemplo de Palau, en el Pacífico occidental, y convertir 80 por
ciento de su zona económica exclusiva marítima en aguas protegidas.
Tras observar que a pesar de la vasta extensión de Papahanaumokuakea, solo dos por ciento
de las aguas del mundo han sido declarados santuarios marinos, Remengesau dijo que Palau
impulsa una moción en el congreso de la UICN para elevar la proporción a 30 por ciento.
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Por su parte, Erik Solheim, director ejecutivo del Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente (Pnuma), señaló que la humanidad destruye su único hogar, aunque
destacó los avances logrados. Brasil redujo de forma drástica el grado de deforestación,
mientras Costa Rica duplicó su cobertura vegetal.
El funcionario también elogió a la compañía francesa Total por abandonar sus intenciones
de buscar petróleo en el océano Ártico, así como a las trasnacionales Kelloggs, Unilever y
Nestlé por “guiar a los dirigentes políticos” en políticas ambientales.
China, añadió Solheim, avanza rápidamente hacia inversiones “verdes”, mientras en
Alemania, algunos días, toda la energía producida procede de fuentes renovables.
En cuanto a la ampliación de la reserva decretada por Obama, Solheim solo dijo: “Cuánto
extrañaremos al presidente cuando abandone el cargo”.
La secretaria del Interior de Estados Unidos, Sally Jewell, señaló que el ejemplo de
Papahanaumokuakea puede replicarse mediante iniciativas similares en territorios indígenas
de la parte continental de este país
“El mundo debe pasar de medidas generosas al azar a una conservación estratégica”,
añadió, antes de mencionar que hay investigaciones que muestran que cada dos minutos
desaparece “un terreno de fútbol” de áreas naturales en Estados Unidos.
Además, ella y otros oradores subrayaron la necesidad de que este congreso proponga
medidas adicionales para atender lo que Jewell llamó “flagelo” del tráfico de fauna silvestre.
“Estados Unidos forma parte del problema y debe ser parte de la solución”, subrayó.
El senador hawaiano Brian Schatz llamó a los científicos que trabajan en las comisiones
especiales de la UICN a ayudar a frenar la devastación causada por un hongo misterioso en
el dosel arbóreo de la variedad Metrosideros polymorpha, ‘ohi’a.
Poco más de 12.700 hectáreas se vieron afectadas, lo que le valió el nombre a la enfermedad
de “rápida muerte de ‘ohi’a”.
Especialistas de Hawái están haciendo frente “a la lucha de sus vidas profesionales”,
observó. “Cada comunidad libra sus propias batallas”, añadió Schatz.
“Se espera que el único parlamento ambiental global de gobiernos y ONG adopten unas 100
mociones, que luego se volverán recomendaciones y resoluciones de la UICN e invitarán a
las terceras a tomar medidas”, indicó la UICN.
Las mociones en la agenda incluyen promover la conservación de la diversidad biológica en
áreas fuera de toda jurisdicción nacional, mitigar los impactos de la expansión de la palma
aceitera en la biodiversidad, terminar con el uso del plomo en las municiones, proteger los
bosques primarios y antiguos, así como las áreas de gran biodiversidad, de las dañinas
actividades industriales y del desarrollo de infraestructura a gran escala.
En el marco del congreso también se divulgará el domingo 4 una actualización de la Lista
Roja de Especies Amenazadas de la UICN, considerada la mayor fuente de información
sobre el estatus de la conservación de la flora y la fauna mundial. Además, se publicará al
día siguiente el informe Alerta de Océanos.
Fuente: Nota informativa publicado en el portal IPS Noticias el 02 de septiembre de 2016 y
disponible en el sitio web: http://www.ipsnoticias.net
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Edición a cargo de Rodrigo Fernández Ortiz