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CEDULARIO DE SALA PERMANENTE: EGIPTO
EI1
Diversidad geográfica y cultural
La zona conocida como Oriente Medio abarca el suroeste asiático y el
noreste de África y se caracteriza por su diversidad geográfica y
cultural. Sus múltiples ecosistemas –ríos caudalosos y tierras de
aluvión, montañas y planicies, costas y desiertos- permitieron el
surgimiento de culturas independientes con distintas lenguas,
sistemas de escritura, formas de gobierno y religiones. A pesar de los
obstáculos geográficos –desiertos, mares y montañas- estos pueblos
mantuvieron un contacto constante que permitió el intercambio de
avances tecnológicos y sociales.
Hace 12 000 años, después de milenios de subsistir de la caza y la
recolección, los pueblos de Oriente Medio comenzaron a obtener
alimentos del cultivo de plantas y la domesticación de animales. Esto
significó importantes cambios en la forma de vida de aquellos grupos
nómadas que se asentaron en poblados. Las necesidades de la vida
sedentaria impulsaron el descubrimiento de nuevas tecnologías y
materiales: sistemas de riego, la construcción con ladrillos de arcilla, el
uso de la cerámica, el trabajo de metal y vidrio y la confección de
vestidos con lana. Asimismo, el crecimiento de las poblaciones
fomentó el surgimiento de nuevas formas de organización social y la
aparición de las ciudades, las clases dirigentes y la escritura. Así se
establecieron elementos culturales que, aun hoy, perviven.
MONEDA 13, CENTRO HISTÓRICO,
C.P. 06060, MÉXICO, D.F.
(+52 55) 5542 0422 • 5542 0165 • 5542 0187
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EI2
Las culturas de la Antigüedad entre nosotros
Esta sección del museo ofrece un recorrido por los cuatro mil años que
antecedieron la era cristiana. A lo largo de las salas dedicadas a Egipto,
el Levante, Mesopotamia y Persia es posible descubrir los orígenes más
remotos de nuestros sistemas religiosos, políticos y administrativos.
Áreas del conocimiento humano como matemáticas, astronomía, física,
ciencias de la naturaleza, medicina, historia, literatura y arquitectura
son producto del espíritu deductivo, observador y ordenador de las
culturas que habitaron el suroeste de Asia y Egipto. Ellas fueron
capaces de mirar el universo analíticamente y con la suficiente
capacidad de abstracción para ser consideradas artífices de la ciencia y
el pensamiento filosófico.
Las colecciones del Museo Nacional de las Culturas
Desde su apertura en 1965, el Museo Nacional de las Culturas ha
enriquecido sus colecciones gracias a la donación y al intercambio de
objetos con museos y universidades de otros países. Para
complementar la exhibición se han incluido reproducciones de piezas
emblemáticas de las diversas culturas representadas, brindando la
oportunidad de contemplar objetos cuyos originales se encuentran
dispersos en los principales museos del mundo.
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EI3
La vida en las “dos tierras”
Hacia el tercer milenio a. C., en el noreste de África nació una de las
más grandes culturas de la antigüedad: el Egipto faraónico. Los
egipcios se hacían llamar los habitantes de kemet la “tierra negra”.
Kemet era el nombre que recibía el territorio que flanqueaba el río
Nilo, desde la primera catarata hasta el delta que desembocaba en el
mar Mediterráneo, fertilizado por el limo oscuro que el río depositaba
cada año cuando se desbordaba.
Para esta cultura agrícola y ganadera, las crecidas anuales del Nilo
significaron el éxito de las cosechas. Su estrecha relación con la
naturaleza y la profunda observación de sus ciclos –día y noche,
inundación y sequía, vida y muerte- permitieron la creación de un
calendario de 365 días, una cosmovisión rica en mitos y dioses y la
concepción de la muerte como el final de una vida efímera y el
comienzo de una vida eterna “en otra tierra”.
El Egipto faraónico se desarrolló a lo largo de más tres mil años como
un Estado teocrático. En el 30 a. C., tras la muerte de la reina Cleopatra
VII, se convirtió en una provincia del imperio romano, comenzando un
nuevo periodo de su historia. Estos sucesos, lejos de destruir el gran
legado egipcio, le permitieron rebasar sus fronteras geográficas y
temporales.
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ET1
El país del Nilo a través del tiempo
La cultura del Egipto faraónico es el resultado del largo vínculo entre
dos áreas bien definidas: el valle del Nilo, al sur, asociada con las
culturas del África subsahariana, y el delta, en el norte, que compartía
rasgos culturales con poblaciones del Levante y del Oriente Medio. A
finales del período predinástico (ca. 4000-3000 a. C.) se cimentaron los
rasgos característicos de la cultura egipcia que se desarrollarían a lo
largo de casi tres milenios.
Las épocas más representativas de la historia del Egipto faraónico son
tres periodos de esplendor denominados Reino Antiguo, Reino Medio
y Reino Nuevo. Entre ellos hubo periodos intermedios que se
caracterizaron por crisis política, económica y social, en ocasiones
provocadas por invasiones extranjeras. Sin embargo, estos periodos no
significaron una ruptura cultural: el país del Nilo mantuvo sus
tradiciones y concepciones religiosas, especialmente, la de una vida
eterna después de la muerte. Estas ideas fueron adoptadas por algunos
de los invasores, entre los que se encontraban hicsos, nubios, libios,
persas, griegos y, finalmente, romanos
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ET2
La sociedad: una estructura jerárquica
Las grandes obras arquitectónicas emprendidas a orillas del río Nilo a
partir del Reino Antiguo (c. 2686-2160 a. C.) sólo pudieron llevarse a
cabo en una sociedad jerárquica con un aparato administrativo capaz
de controlar los recursos humanos y materiales. El faraón -junto a su
esposa principal y sus descendientes- era tanto la cabeza de la
administración como la cumbre de la escala social. Él era la máxima
autoridad del Alto y el Bajo Egipto, el propietario de todas sus tierras,
el señor de sus pobladores, el juez supremo y el sumo sacerdote ante
los dioses.
Después del rey se encontraban los altos funcionarios, empezando por
el tchaty “visir”, encargado de la administración estatal: le seguía la
nobleza provincial y los sacerdotes que regían los templos y los nomos,
divisiones territoriales y administrativas del país. La clase la militar
logró incorporarse a este grupo privilegiado hasta el Reino Nuevo (ca.
1550-1069 a. C.).
Los funcionarios secundarios formaban otro grupo social junto a los
artesanos especializados y los profesionistas como médicos y
arquitectos. Así se conformó una clase letrada que fue el soporte de la
estructura política y religiosa de Egipto. En la base de la escala social se
encontraban los rekhyt “el pueblo común”, quienes trabajaban en el
campo o en la construcción, artesanos no especializados y criados
domésticos.
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ET3
El faraón: el “dios bello” de Egipto
La palabra faraón proviene del término egipcio per aa, “la gran casa”,
que designaba la residencia real. Durante el Reino Antiguo (ca. 26862160 a. C.) se creó el protocolo faraónico que consistía en cinco títulos
que precedían los cinco nombres oficiales del rey que lo legitimaba
como un dios: El Horus –soberano del cielo y la tierra-, “el de las dos
señoras” –las diosas Nekhbet y Uadjet-, el Horus de oro, el rey del Alto
y el Bajo Egipto y el hijo de Ra, el dios del Sol.
Como encarnación de la fuerza vital del dios Horus e hijo de Ra, sólo el
faraón podía establecer contacto directo con los dioses. Gracias a esta
cualidad, el rey representaba a los humanos ante ellos, lo que lo
convertía en el sacerdote supremo de todos los dioses y, por tanto, el
encargado de sus cultos. Mediante los ritos el faraón instauraba el
ma’at “el orden, la verdad y la justicia” ante la constante amenaza del
isfet, “el caos destructor”.
Con el paso del tiempo, se aceptó la humanidad del faraón pues, al
igual que todos los hombres, su vida eterna dependía de la
conservación de su nombre, su cuerpo y la posesión de un sepulcro. El
faraón asumió el rango de divinidad, representado así en estatuas
colosales y relieves, con un estilo idealizado que transmitía la
solemnidad, sentido de estabilidad y poder que, como gobernante,
debía poseer.
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ET4
Los dioses: creadores de vida.
Los habitantes del antiguo Egipto creían que el universo estaba regido
por múltiples entidades sobrenaturales llamadas netcheru “dioses”,
que influían en todos los aspectos de su vida. La Eneada, una de las
genealogías divinas, atribuye el origen del cosmos a Ra, el dios Sol,
creador de la primera pareja divina: Shu, el aire seco y Tefnut, la
humedad. Éstos fueron los padres de Geb, la tierra y Nut, la bóveda
celeste, a su vez, padres de Osiris, señor del Más allá; Isis, señora de la
magia; Seth, señor del caos, y Neftis, señora de la noche.
Las deidades se representaban como figuras humanas, animales o con
sus símbolos sagrados. Con el paso del tiempo, algunos dioses
adquirieron diferentes advocaciones o manifestaciones según la región
y época en que se les rendía culto. Por ejemplo, Ra, el dios Sol, se
manifestaba como Khepri-Ra al amanecer, Ra-Horakhty al mediodía y
Ra-Atum en el ocaso. Asimismo, Ra se unió con otros dioses formando
deidades compuestas como Amon-Ra.
La estrecha relación entre el gobierno y la religión y la magia y la vida
diaria permitió que las deidades encargadas de mantener el equilibrio
del universo también se asociaran con actividades cotidianas. Así,
Thot, dios lunar y de la sabiduría, era patrono de los escribas; Bastet
era diosa de la maternidad y Ptah era patrono de los arquitectos y
orfebres.
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ET5
La eternidad: el reino de Osiris
Para los antiguos egipcios la vida humana era un ciclo más de la
naturaleza. La muerte era, entonces, un estado de transición hacia la
vida eterna en el que las esencias espirituales del hombre recorrían el
inframundo enfrentando diversas pruebas.
Las concepciones del Más Allá cambiaron a través del tiempo. Sin
embargo, siempre se mantuvo la creencia en la vida eterna. A partir
del Reino Medio (ca. 2055-1630 a. C.) se creyó que el difunto se
transfiguraba en el dios Osiris, el señor del Más Allá. La religión, el
arte y la cosmovisión egipcias no podrían entenderse sin el mito de
este dios.
El dios usri “Osiris” fue un gobernante mítico muy querido entre los
hombres. Lleno de envidia, su hermano Seth lo arrojó al río Nilo
encerrado en un sarcófago; al saber que había sobrevivido, mandó
descuartizarlo. Su esposa Isis recuperó cada parte de su cuerpo y, para
unirlo, lo embalsamó con ayuda del dios Anubis. Convertida en un ave
milano, Isis aleteó hasta devolverle la vida a su esposo para concebir a
Horus. Éste ocupó el trono del mundo de los vivos, mientras que
Osiris se convirtió en el señor del Más Allá. Basándose en este mito el
pueblo egipcio buscó la vida eterna siendo su mayor deseo convertirse
en usir ma’at kheru, un “Osiris justificado” que viviría por toda la
eternidad.
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ET6
Hetep: ofrendas para la vida eterna.
Los antiguos egipcios creían que la muerte ocurría cuando las esencias
espirituales de una persona abandonaban su cuerpo. El ka, “la fuerza
vital”, era aquella parte intangible e inmortal que trascendía en el Más
Allá, mientras el ba era “la esencia de la personalidad”.
Ya que la muerte significaba la posibilidad de una vida eterna, el
funeral era una compleja ceremonia que los egipcios preparaban desde
temprana edad. Al morir, el cuerpo era embalsamado para preservarlo.
Después de setenta días, era llevado a la tumba en una procesión
integrada por sacerdotes, parientes, amigos y, a veces, plañideras
contratadas para llorar al difunto.
Las tumbas solían tener una parte subterránea donde se colocaba el
cuerpo con sus ofrendas o hetep, indispensables para la vida en el Más
Allá”. El ajuar funerario consistía en amuletos, vestuario, ornamentos,
mobiliario, alimentos e incluso conjuros escritos en rollos de papiro,
conocidos como el Libro de los muertos. Sobre la tumba estaba la
capilla decorada con imágenes del difunto, su familia y las ofrendas.
Su parte más importante era la “falsa puerta”, construida de piedra o
madera en el muro oeste para simbolizar el contacto entre las “dos
tierras”.
Antes de depositar el cuerpo en la tumba, se llevaba al cabo el ritual de
“la apertura de la boca” para que el muerto pudiera recitar los conjuros
necesarios y recobrar todos sus sentidos. Posteriormente, se sacrificaba
un toro; su carne se colocaba en la tumba, junto a otros alimentos y
bebidas, como sustento para el viaje al “más allá”.
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ET7
Dioses guías y jueces para ir al Más Allá”
La posibilidad de gozar una vida eterna surgió primero como un
privilegio de faraones, sacerdotes y altos funcionarios. A partir del
Reino Medio (2040-1640 a. C.) se dio esta oportunidad a todos los
egipcios que prepararan su cuerpo y mente para superar el juicio en el
inframundo. Sin embargo, muchas prácticas eran costosas y sólo unos
cuantos podían tener funerales con grandes ofrendas y procesiones.
Se creía que una vez que el cuerpo era embalsamado para su
preservación, el difunto sería conducido por los dioses guías –Upuaut,
“el abridor de caminos”; Khentimentiu, “el primero de los
occidentales” y Anubis, “el señor de las necrópolis”- a la “sala de las
dos verdades”. Ahí, frente a un tribunal presidido por Osiris y
cuarenta y dos divinidades, la persona se declaraba inocente de actos
reprobables. Simultáneamente, su corazón o ib, sede de la conciencia,
la razón, las emociones y la verdad, era puesto en una balanza y su
peso se comparaba con ma’ at, la pluma del orden, la verdad y la
justicia.
Thot, el dios escriba con cabeza de ibis, registraba el resultado sobre
una tablilla y anunciaba el resultado. Si el ib y ma’ at se mantenían en
equilibrio, el difunto se transformaba en ursri m’akheru u “Osiris
justificado” para vivir por siempre en el iaru, “campo de juncos”. Si el
corazón pesaba más, Ammit, “la devoradora”, deidad funeraria mezcla
de cocodrilo, león e hipopótamo, lo devoraría, dejando al difunto sin
posibilidad de vivir eternamente.
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EO1
Triada del faraón Menkaura
ca. 2490-2472 a. C. Dinastía IV, Reino Antiguo
Réplica en resina del original en grauvaca tallada y pulida
Original en el Museo Egipcio de El Cairo, Egipto
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Al centro se encuentra Menkaura ataviado con la corona hedjet del Alto
Egipto y el faldellín shendyt, indumentaria representativa de los
faraones. A su derecha se encuentra Hathor, diosa de la fertilidad y de
la belleza, mientras a su izquierda está la personificación de uaset,
ciudad que fuera la capital de Egipto durante los Reinos Medio y
Nuevo, llamada por los helenos Tebas “la de las cien puertas”.
Menkaura mandó construir la menor de las tres grandes pirámides de
Guiza.
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EO2
El faraón Khafra
ca. 2520-2494 a. C. Dinastía IV, Reino Antiguo
Réplica en yeso del original en diorita tallada y pulida.
Original en el Museo Egipcio de El Cairo, Egipto.
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Detrás de la cabeza de Khafra, se encuentra el dios Horus en forma de
halcón; con sus alas cubre la nuca del faraón y le transfiere su
divinidad y dominio sobre la tierra del Nilo. El faraón se encuentra
ataviado con el tocado nemes, la barba real y el faldellín shendyt. A cada
lado del trono se encuentra el motivo sema tawy que simboliza la
unificación del Alto y Bajo Egipto y consiste en sus plantas heráldicas –
loto y papiro- entrelazadas.
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EO3
Nefertiti, la gran esposa real, y sus hijas
ca. 1380-1340 a. C. Dinastía XVIII, Reino Nuevo
Réplicas en resina de las originales en caliza tallada, pulida y
policromada y en cuarcita tallada y pulida con restos de pigmento
Originales en el Museo Egipcio de Berlín, Alemania; Museo del
Louvre, París, Francia; y Museo Egipcio de El Cairo, Egipto
Museo Nacional de las Culturas, INAH
El busto de esta reina, cuyo nombre significa “la bella ha llegado”, fue
descubierto en el taller del escultor Thotmes en la actual ciudad de
Amarna. Probablemente, sirvió como modelo maestro para las
múltiples representaciones de la esposa del faraón Akhenaton. Los dos
bustos pequeños representan a dos de sus seis hijas, probablemente
Meritaton y Meketaton.
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EO4
Nombres de Horus de los faraones Mentuhotep II, Psametico I y la
diosa Nekhbet
ca. 2010-1998 a. C. Dinastía XI, Reino Medio
ca. 664-610 a. C. Dinastía XXVI, Periodo Tardío
ca. 1307-1070 a. C. Dinastías XIX-XX, Reino Nuevo.
Caliza tallada con restos de policromía y arenisca tallada
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
El dios Horus se representaba sobre el serekh “la fachada del palacio”,
recuadro que contenía el nombre del monarca. En el fragmento de
Mentuhotep II, el halcón se encuentra junto a Uadjet, diosa cobra
patrona del Bajo Egipto, y al anillo shen. En el fragmento de columna
de Psametico I, Horus porta la sekhmety “las dos poderosas”, es decir,
las coronas del Alto y Bajo Egipto unidas; Uadjet emerge del disco
solar con el ankh, símbolo en forma de cruz que representa la vida. En
el tercer relieve figura la diosa Nekhbet, diosa patrona del Alto Egipto,
como un buitre con alas extendidas.
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EO5
“Cartuchos” con los nombres de los faraones Senusert I,
Tutankhamon, Ramses II y Ramses III
ca. 1971-1926 a. C. Dinastía XII, Reino Medio
ca. 1333-1163 a. C. Dinastía XVIII-XX, Reino Nuevo
Caliza tallada, fayenza y terracota moldeada
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
En los “cartuchos” se escribían los últimos dos nombres del monarca rey del Alto y Bajo Egipto e hijo de Ra- que proclamaban su divinidad.
En el relieve se encuentra el cuarto nombre de Senusert I: kheper ka ra
“el ka de Ra se manifiesta”. Dos de las pequeñas placas de fayenza
contienen el cuarto nombre de Ramses II: user ma´at ra setep en ra
“poderosa es la justicia de Ra, el elegido de Ra”. Las otras presentan el
quinto nombre de Ramses III: ra mess heqa iunu “el nacido de Ra, señor
de Heliópolis” y el sello de terracota, el quinto nombre Tutankhamon:
tut ankh amon heqa uaset “la viva imagen de Amon, señor de Tebas”.
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EO6
El escriba Nebwa y su esposa Tenethet
ca. 1307-1070 a. C. Dinastías XIX-XX, Reino Nuevo
Arenisca tallada con restos de policromía
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
El arte faraónico representó a las personas de manera idealizada; el
status social se reflejaba en el tamaño del personaje: a mayor jerarquía,
mayores dimensiones. Asimismo, la sociedad egipcia consideraba que
los hombres y las mujeres, al ser complementarios, gozaban de
derechos y obligaciones similares. Esta concepción manifiesta en esta
obra: los cónyuges se muestran del mismo tamaño, compartiendo
abrazo en señal de apoyo por toda la eternidad. En los costados de la
escultura se enlistan los cargos de ambos esposos.
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EO7
Implementos de la vida cotidiana
ca.1550-1069 a. C. Dinastías XVIII-XX, Reino Nuevo
Madera tallada, hierro moldeado, bronce moldeado, fibras vegetales,
fayenza modelada, cerámica modelada y pintada
Museo Nacional de Antropología, INAH
La sociedad del Egipto faraónico usó diversos utensilios y
herramientas en sus actividades diarias. Los alfareros fabricaron
vasijas de todos tamaños con la arcilla de las riberas del río Nilo. Con
madera procedente de otras regiones se elaboraron herramientas y
muebles. Las sogas, hechas con fibras vegetales, permitieron la
construcción de los grandes monumentos. El hierro y el bronce se
utilizaron en la fabricación de herramientas y como unidades de
cambio (deben) que tenían forma de aro.
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Herramientas de la vida cotidiana
ca. 2686-2160 a. C. Dinastías III-VIII, Reino Antiguo.
Cerámica modelada, calcita, pedernal, granito, serpentinita y
esteatita talladas.
Museo Nacional de Antropología, INAH
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Egipto cuenta con canteras de diversos minerales que se explotaron a
gran escala desde la antigüedad. Las piedras duras -granito,
serpentinita y esteatita- se utilizaron para elaborar morteros, hachas y
cabezas de maza. Las mazas eran armas usadas en el combate cuerpo a
cuerpo y se convirtieron en símbolos de la autoridad militar del faraón.
Por otra parte, en las faenas agrícolas se emplearon lascas de pedernal
afiladas, sujetas a empuñaduras de madera.
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EO9
Ibis dedicado al dios Thot
ca. 332-30 a. C. Dinastía ptoloméica, Periodo Ptoloméico
Ave embalsamada, lino estucado con incrustación de hoja de oro y
bronce moldeado.
Museo Nacional de Antropología, INAH
El dios djehuty, patrono de la escritura y la sabiduría, era considerado
el creador de los jeroglíficos, el tiempo y el calendario. Una de sus
manifestaciones era el ave ibis: su pico curvo fue relacionado con la
luna y con la forma del cálamo, caña cortada diagonalmente en su
extremo que se utilizaba para escribir. Este tipo de esculturas, cuya
base es el ave embalsamada, se ofrendaban en los templos para obtener
el favor de este dios, conocido como Thot por los griegos.
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EO1
0
Dioses en su advocación animal
ca. 1550-30 a. C. Dinastías XVIII-ptoloméica, Reino Nuevo-Período
Ptoloméico.
Bronce moldeado a la cera perdida, mármol, pórfido, esteatita y
caliza talladas, madera tallada con incrustación de calcita y restos de
pigmento y fayenza moldeada y modelada.
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Los dioses de la tierra del Nilo podían manifestarse de diferentes
formas según fuesen invocados. Thot, dios patrono de los escribas, se
representó como un babuino, pues los chillidos de estos monos al
amanecer eran considerados plegarias a Ra, el dios Sol. Los halcones
representaban a varios dioses como Horus, Montu y Sokar y los leones,
a Shu, Min y Aker. Se creía que este tipo de esculturas eran receptoras
de las fuerzas divinas.
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EO1
1
Esculturas y relieves reales
ca. 1550-30 a. C. Dinastías XVIII-ptoloméica, Reino Nuevo-Periodo
Ptoloméico
Caliza y arenisca talladas. Réplicas en resina de los originales en
cuarzoarenita tallada y pulida y en bronce moldeado a la cera
perdida
Originales en el Museo del Louvre, París, Francia
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
La autoridad de los reyes se representó con símbolos vinculados a los
ámbitos religioso y gubernamental. A pesar de los cambios de la
sociedad egipcia a lo largo de su historia, la estructura del gobierno
faraónico y sus emblemas se mantuvieron por más de 3000 años.
Akhenaton, tras protagonizar un cambio radical en la religión popular,
conservó las insignias tradicionales de poder: el tocado nemes y los
cetros heqa y nenej. Por otro lado, las nobles de la dinastía ptoloméica
adoptaron elementos típicos de la realeza egipcia, como el tocado en
forma de buitre de la diosa Mut y el collar usekh, apreciables en el
relieve proveniente de Dendera.
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2
Herma bifronte dedicada al dios Dionisio, Imhotep divinizado,
Patecos y las diosas Bastet y Sekhmet
ca. 332-30 a.C. Período Ptolemaico, ca. 664-332 a.C. Período tardío y
ca. 1550-1069 a.C. Reino Nuevo. Originales arqueológicos en mármol
tallado, fayenza moldeada y réplicas en yeso y resina de los
originales en bronce moldeado y granito tallado. Originales
arqueológicos en préstamo en comodato de Museo Metropolitano de
Arte de Nueva York, Estados Unidos de América y Acervo INAH.
Las deidades griegas también fueron reverenciadas en Egipto. Se creía
que Dionisio, dios del vino y del éxtasis, envejecía y rejuvenecía
anualmente al igual que la vegetación. Por otra parte, los griegos
también divinizaron a los sabios egipcios, como al arquitecto Imhotep,
quien fue asimilado a Asciepio, dios heleno de la medicina. Para
invocar la protección divina se utilizaron amuletos en forma de
patecos, enanos asociados a Ptah, dios creador patrono de los
artesanos, que era consorte de Sekhmet, diosa leona que porta el disco
solar y el ureus sobre su cabeza. Sekhmet simbolizaba el poder, la
fuerza y la cólera, mientras que Bastet, en forma de gata, representaba
los conceptos de ternura y maternidad.
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3
Ushebtis de faraones nubios y de nobles
ca. 1550-332 a. C. Dinastías XVIII-XXX, Reino Nuevo-Periodo Tardío.
Granito y esquisto tallados y pulidos, madera tallada con restos de
pigmento, fayenza y cerámica moldeada y modelada.
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Los ushebtis, del término useb “responder”, proporcionaban asistencia
al difunto en el Más Allá. Se creía que al recitar la fórmula mágica
inscrita en su cuerpo, fragmento del Libro de los Muertos, se animaban
para realizar diversas tareas, principalmente agrícolas. Por ello, las
figuras sujetan en sus manos azadas y herramientas de labranza.
Inicialmente, el ajuar funerario incluía unos cuantos ushebtis; con el
tiempo, el número creció hasta 365, uno para cada día del año,
acompañados de 36 supervisores.
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4
Vasijas funerarias, escarabeo, amuletos funerarios y fragmento de
mortaja con las diosas Isis y Neftis
ca. 2686-30 a. C. Dinastías III-ptoloméica, Reino Antiguo-Periodo
Ptoloméico
Calcita y diorita talladas y pulidas, madera tallada, fayenza
moldeada y modelada y fibra textil con restos de pigmento
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Con el alabastro, mineral translúcido asociado a la pureza y sacralidad,
se elaboraron vasijas y platos para contener óleos y ungüentos
sagrados. Las vasijas con dos pequeñas asas semejan al ib “corazón”
que era protegido por un escarabeo –amuleto con forma de escarabajo
pelotero- que representaba al dios Khepri-Ra. La función de los
amuletos (udjau “bienestar”) era proteger y dotar de cualidades
benéficas al difunto en su viaje al Más Allá; ahí recibía la ayuda de
deidades, como Isis y Neftis, quienes aparecen fusionadas en el
fragmento de mortaja.
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5
Vasijas funerarias y paletas “cosméticas”
ca. 4000-3100 a. C. Periodo Predinástico
Cerámica modelada bruñida y pintada y pizarra tallada y pulida
Museo Nacional de Antropología, INAH
Desde tiempos tempranos, los egipcios dotaron de un ajuar a sus
muertos, enterrados en el borde del desierto y momificados
naturalmente. Las vasijas contenían las ofrendas que les servirían de
sustento en el Más Allá; sus motivos en zig-zag probablemente evocan
las aguas del Nilo. Por su parte, las paletas se usaron para moler y
preparar maquillajes que, además de embellecer, servían para prevenir
enfermedades. Las formas de animales de las vasijas les conferían
propiedades mágicas a las sustancias que el difunto usaría en la vida
eterna.
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6
Los dioses Osiris e Isis
ca. 664-332 a. C. Dinastías XXVI-XXX, Periodo Tardío
Bronce moldeado a la cera perdida y réplica en resina del original en
esteatita tallada y pulida.
Original en el Museo Egipcio de El Cairo, Egipto
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
La momificación fue una práctica que buscó preservar al difunto y
semejar el cuerpo de Osiris quien, según el mito, fue embalsamado por
su esposa Isis. Representado como rey, Osiris, señor del Más Allá,
utiliza la corona atef, flanqueada por dos plumas, y porta los cetros
heqa y nenej. Este dios se asociaba a la fertilidad agrícola, mientras Isis
personificaba la maternidad. La diosa es representada amamantando al
infante Horus, hijo de su unión con Osiris, quien encarnaba en el
faraón para gobernar el mundo de los vivos.
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7
Ataúd de una dama noble
ca. 1069-664 a. C. Dinastías XXI-XXV, Tercer Período Intermedio
Madera tallada, estucada y policromada.
Museo Nacional de Antropología, INAH
Los sarcófagos y ataúdes se utilizaron para preservar el cuerpo
embalsamado con el fin de que las esencias espirituales –ka y ba- lo
reconocieran desde el Más Allá. Este ataúd muestra, en su tapa, a un
escarabajo alado que representa al dios Khepri-Ra, a la diosa Nut con
los brazos alados extendidos y a la difunta presentándose ante los
dioses Osiris y Sokar. En los costados se representan, de izquierda a
derecha, Thot, Osiris acompañado de Isis y Neftis, y la mujer noble
presentando ofrendas a los dioses Imsety, Hapy, Duamutef y
Quebehsenuf, los cuatro hijos de Horus. Éstos se relacionaban con los
vasos canopos, donde se preservaban las vísceras del difunto. Los
textos jeroglíficos son fórmulas mágicas y recitaciones a los dioses para
ayudar a la propietaria de este ataúd a alcanzar la vida eterna.
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8
Tapa y vasos canopos
ca. 2160-2055 a. C. Dinastías IX-XI, Primer Período Intermedio
Madera tallada con policromía y caliza tallada.
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
Durante el proceso de momificación los órganos internos del difunto
eran retirados, embalsamados y colocados en estos recipientes. Cuatro
dioses, los hijos de Horus, brindaban protección mágica a los vasos y
permitían que, al momento de renacer en el Más Allá, la persona se
restituyera completamente. Cada deidad tenía una función específica:
Hapy protegía los pulmones, Duamutef, el estómago, Quebehsenuf,
los intestinos e Imsety, el hígado. Las inscripciones en los vasos
mencionan a estos dioses y el nombre del propietario.
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9
Mesa de ofrendas
ca. 332-30 a. C. Dinastía Ptoloméica, Periodo Ptoloméico
Caliza tallada
Museo Nacional de Antropología, INAH
Para que el ka, la fuerza vital, pudiera recibir el sustento en el Más Allá
era necesario realizar ofrendas. Éstas se depositaban en mesas que
tenían la forma del jeroglífico hetep “ofrenda, estar satisfecho, estar en
paz”. En caso de no presentar alimentos y bebidas, bastaba con verter
un poco de agua y recitar las formulas mágicas adecuadas para que el
ka de la persona se nutriera de los motivos tallados en la propia mesa.
En esta mesa se representan dos panes redondos, dos racimos de flores
y una sítula o jarra de la que mana agua, ubicada en medio de las dos
cavidades.
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0
Fragmento de texto funerario
ca. 1550- 1069 a. C. Dinastías XVIII-XX, Reino Nuevo
Caliza tallada
Museo Nacional de Antropología, INAH
Para los antiguos egipcios la vida en el Más Allá era dinámica.
Continuamente se necesitaban renovar las ofrendas para asegurar el
sustento de las esencias espirituales que se alimentaban de la “esencia”
de las cosas. Se creía que al escribir o leer el nombre de un objeto o
concepto, su esencia se “materializaba” en el plano espiritual; de ahí
que la escritura jeroglífica se denominara medu netcher “las palabras
divinas”. Así, las tumbas se dotaban con numerosas inscripciones; ésta
menciona los conceptos ankh “vida” y seneb “salud”.
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1
Ataúd doble con restos de infante, ba y estela funeraria
ca. 1550-1069 a. C. Dinastías XVIII-XX, Reino Nuevo
ca. 664-332 a. C. Dinastías XXVI-XXX, Periodo Tardío
ca. 30 a. C.-395 d. C. Periodo Romano
Madera tallada con restos de policromía, osamenta humana y caliza
tallada.
Museo Nacional de Antropología, INAH
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Museo Metropolitano de Arte, Nueva York
La función de los ataúdes era la protección física y mágica de los restos
mortales. Se creía que el ba, la esencia de la personalidad, tenía forma
de ave con cabeza humana y que podía volar fuera de la tumba hacia el
Más Allá. La cosmovisión funeraria permaneció firmemente arraigada
aún cuando Egipto se convirtió en provincia del Imperio Romano. En
la estela funeraria se encuentra, en forma de chacal, el dios Anubis que
fue relacionado con las divinidades griegas Hécate y Hermes
Psicopompo, encargado de guiar a los difuntos desde su tumba hasta
la orilla del río Styx, que separaba el mundo de los vivos del
inframundo.
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2
El dios Osiris, el señor del bello occidente
ca. 770-664 a. C. Dinastía XXV, Tercer Período Intermedio
Réplica en yeso del original en diorita tallada y pulida
Original en el Museo del Louvre, Paris, Francia
Museo Nacional de las Culturas, INAH
Para los antiguos egipcios la vida después de la muerte fue una
realidad cotidiana. Así como el Sol “muere” por el poniente y “renace”
por el oriente cada día, se creía que las personas podían renacer en el
Más Allá. Osiris era el dios con el que toda persona se encontraría al
ser juzgado por sus actos en vida en la “sala de las dos verdades”.
También fue considerado como un rey mítico que otorgó los dones de
la agricultura y de las artes a la humanidad.
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