Download Un año de voluntariado… un año como misionero en Santa Cruz

Document related concepts
no text concepts found
Transcript
Un año de voluntariado… un año como misionero en Santa Cruz (Bolivia)
“Aquí estoy mi Señor, para hacer tu voluntad.” Con esas palabras
empecé el tiempo de preparación en Alemania (de 6 meses) para el
año de voluntariado en Bolivia, y creo que ese lema me ha dado cada
vez de nuevo el ánimo y la fuerza para seguir trabajando en la
parroquia “San Juan Diego” y acompañando la gente en su vivencia y
creencia, en su alegría y tristeza. Aquí estoy en Santa Cruz mi Señor, en
la parroquia San Juan Diego y quiero cumplir tu voluntad, quiero ir el
camino que tu lo has pensado, quiero aprender el idioma de tu pueblo,
vivir su cultura y caminar a su lado un rato el camino de la fe.
Ser misionero = ¿ser algo especial?
En una charla con jóvenes/catequistas sobre ser voluntario o misionero, sentí que mis
compañeros tenían la impresión que ser misionero significaría, tener una vocación aparte,
ser algo distinto de los demás, ser algo especial y hacer parte de un grupo de privilegiados.
La verdad es que no se trata de algo especial, en el sentido de distinto o diferente de los
demás. Cada uno de nosotros, unavez bautizado esta llamado y tiene esa necesidad en su
corazón de ser testigo del amor trinitario de nuestro Dios. Aceptando de hacer parte del
pueblo de Dios, peregrino en este mundo pasajero, el cristiano no puede quedarse en su
cuartito, encerrado en su proprio “YO” y vivir su fe, como una participación individualista y
privada en y para si misma. No puede tapar y esconder delante de su prójimo la flama del
amor de Dios que arde en su corazón. Tiene que salir y pasar de sus límites personales y
fronteras sociales y políticas, tiene que gritar y dar testimonio de ese amor, que está
quemando su corazón. Ser cristiano significa en este sentido ser misionero, ser un testigo del
amor de Dios a todo el mundo. No es una vocación aparte, no es algo diferente de los
demás. Lo que lo hace especial es aceptarlo, aceptar la vocación de cada bautizado de ser
misionero. Dejar a un lado nuestro ego, dejar a un lado nuestros planes y deseos egoístas y
seguir con todo nuestro corazón a Jesús ahí donde el nos quiere y nos llama, entregándonos
en la gracia guiadora de Dios.
Mi vivencia misionera como voluntario en Bolivia…
Lo que me ha movido de tomar la decisión de dejar mi familia, mis amigos y conocidos y salir
en el mundo para ser testigo de nuestro Señor, es por un lado su amor para la gente y para
mí especialmente y al otro lado el deseo de conocer otras culturas y aprender otro idioma –
hacerme así una imagen más amplia sobre lo que es el ser humano.
El destino de mi viaje misionero se cristalizó en Santa Cruz de la Sierra, en la parroquia “San
Juan Diego”, donde tuve la oportunidad de trabajar en la pastoral, acompañando a los
Misioneros del Verbo Divino, compartiendo así con ellos vida y fe en las comunidades de la
dicha parroquia.
Mi primera impresión sobre el lugar y la gente fue lastimosamente negativa, talvez por falta
de conocimiento del idioma de mi parte, talvez por falta de conocimiento sobre que es un
voluntario y sobre mi cultura de parte de la gente. Me ha costado mucho de aculturarme, de
entender al inicio que la gente no valora tan la puntualidad, que hay que tener mucha
paciencia y siempre tomar en cuenta que la gente decide de un rato al otro si participa o no.
Lo más difícil en este proceso fue la falta de una persona, quien podría guiarme, ensayarme
y corregirme para evitar algunos malentendidos. Los primeros 3 meses fueron bien difíciles
para mi, pasando por depresiones (creo que mis primeras de mi vida) y momentos de
soledad, pero al mismo tiempo, momentos de fortaleza y aclaración. Las cosas no son como
parecen. Un tiempo, cual creo que no se puede evitar en la vida de un misionero/voluntario,
donde viene en contacto con otra cultura, otra mentalidad. De todo modo, un tiempo de
agradecimiento, porque así podría ver la vida como es y no quedarme en una ilusión colorida
en rosa. El Espíritu de Dios me ha dado la fuerza para pasar estos momentos y seguir
apoyando la obra de los agentes pastorales en esta parroquia.
Mi tarea principal consistió en formar grupos de
monaguillos y acompañar el grupo juvenil del centro
parroquial (facebook: Grupo Juvenil San Juan Diego), lo
que me ha dado mucho gusto de hacerlo, pero aveces
también dolores de cabeza. Aprendí que trabajar con la
gente necesita mucha paciencia y perseverancia, así
demostrando la necesidad e importancia de lo que se
estaba haciendo.
La verdad es que nunca no trabajé con niños o jóvenes,
no tuve la base práctica para este tipo de trabajo, y
aveces creo que me falto también la formación teorética.
Pero no puedo decir que esto fue un impedimento,
porque siempre busque una manera de llenar este vacío,
mirando el trabajo de catequesis de los demás y
leyendo/aprendiendo lo que es pastoral juvenil e infantil.
Y puedo decir, que Dios siempre me ha dado las
oportunidades de seguir mejorando mi trabajo, aun que
no fue fácil. También puedo agradecer a los jóvenes y
niños por su paciencia y disposición de aprender.
Al fin puedo decir que de una manera u otra, hemos
logrado (los jóvenes, los niños y yo) un buen equipo de
enseñanza y aprendizaje. Cada uno ha dado y cada uno
ha recibido; ahora tenemos que seguir adelante con este
intercambio, con este enriquecimiento. Al fin de mi
misión dejo dos grupos de monaguillos (ca. 24 niños), en
el centro parroquial y en la capilla “Los Ángeles
Custodios”, y un grupo juvenil (con sus bajadas y subidas) de quien la comunidad parroquial
puede ser orgullosa; un grupo juvenil presente en la vida de la comunidad y de la
arquidiócesis, ya hasta en el “Consejo Departamental de la Juventud”. Este resultado no iba
ser posible, sin la participación activa de los niños y jóvenes, sin la participación en
convivencias y encuentros, sin la preparación de convivencias, encuentros y proyectos
sociales – y todo eso bajo de la bendición de Dios!
Ya, al fin se cambio la cara triste del momento inicial en una cara feliz y contenta, gracias a la
gente y a lo vivido; así se queda la comunidad “San Juan Diego” como algo bonito en mi
corazón, un tiempito lindo de mi vida.