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Mi alma poética, y mi mentalidad filosófica; lamentablemente, hoy no os va a obsequiar, con un artículo de opinión, ni con una poesía, que retrate como miles de millones de niños en este momento no estén memorizándose el abecedario; sin embargo, mi aportación en prosa, respecto a este tema, me conmueve; no me interpreten mal, quiero decir, que me parece infrahumano, que en estos momentos, no todos los niños del mundo puedan apreciar la hermosura de un libro, o la cálida sensación que te produce resolver un problema matemático; sí, en efecto, voy a hablar sobre la escolarización; pero con ayuda de un “mini relato” : Clara y Marcos, han nacido en el seno de una familia, con una economía tercermundista (perdonen si no doy el nombre del país, llegar a conmover a una persona, es posible sin dar datos concretos), su madre, Adela, quedó maltrecha de salud, tras dar a luz a Daniel (un pobre niño de apenas 2 años, que no se puede dar cuenta de la situación; por eso su única misión en estos momentos es balbucear), su padre, Antonio, un afilador, de ideas conservadoras desea lo mejor para su familia (pero la verdad es que su punto de vista está equivocado). Marcos asiste unos dos días a la semana, pues lamentablemente su padre, no desea que se forme (educativamente hablando), él prefiere que su hijo, aprenda el oficio familiar, por eso, el pobre Marcos lleva, casi todas las horas, de un interminable día rodeado de cuchillos desafilados, con un semblante decaído; “Al menos tú vas a la escuela, yo me tengo que quedar, viendo como a cada hora, a nuestra madre su enfermedad le roba un minuto de una sonrisa de las suyas”_ Dice Clara; suspirando cada rato, pues ella, por la condición femenina que ostenta, tiene que encargarse de otros menesteres. Quiero hacer un paréntesis, y explicar que este relato, acaba con una sonrisa, por parte de los infantes, Clara y Marcos; pues su padre se da cuenta que la escolarización es necesaria, y el simple aprendizaje de lo que llamamos “culturilla general” hace más fuerte a las personas. Pero, ¿Y si no fuese así? ¿Cómo acabarían estos niños? En tus manos esta escribir el final de esta historia, pues un pequeño empujoncito ayuda a todo el mundo; ayúdanos a hacer comprender a los gobiernos la importancia de aprender; yo lo haré, ¿Te apuntas a terminar esta historia con un final feliz? Por Amparo Alemany Martínez.