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ISSN 1997-4183 CENTRO INVESTIGACIONES DE LA ECONOMÍA MUNDIAL Nueva Época II Edición Especial CRISIS GLOBAL Enero 2009 La Habana, Cuba Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 Temas de Economía Mundial Consejo de Redacción Osvaldo Martínez, Director Ramón Pichs, Subdirector - Coordinador Edición Gladys Hernández Pedraza Pavel Mesa Neimane Miembros Elena Álvarez, Ministerio de Economía y Planificación (MEP), Cuba Juan Luis Martín, Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), Cuba Rolando Ruiz, Facultad de Economía, Universidad de La Habana, Cuba Orlando Caputo, Centro de Estudios sobre Trasnacionalización, Economía y Sociedad (CETES), Chile Jaime Estay, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), México Diseño y distribución Samira Suárez Centro de Investigaciones de la Economía Mundial (CIEM) Calle 22 No. 309 entre 3ra y 5ta Avenida, Miramar, Habana 13, C.P. 11 300, Cuba Teléfonos: (537) 209-2969 y 209-4443 Fax: (537) 204-2507 Dirección Electrónica: [email protected] Esta revista ha sido inscrita en el Registro Nacional de Publicaciones Seriadas con el No. 2173, Folio 125, Tomo III; y en el Sistema de Certificación de Publicaciones Seriadas Científico – Tecnológicas del CITMA, con el código 0725308. Para consulta de números anteriores de esta revista, buscar en el sitio web del CIEM: http://www.ciem.cu 2 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial Contenido Página 1. La larga marcha de la crisis económica capitalista. ……………………….. 4 Osvaldo Martínez Martínez 2. Estados Unidos en el epicentro de la crisis financiera. ………………….. 13 Faustino Cobarrubias Gómez 3. La crisis en Europa: una visión bancario – financiera. …………………... 39 Jourdy Victoria James Heredia 4. Tendencia del dólar como divisa internacional. …………………………… 49 Reynaldo Senra Hodelín 5. La crisis financiera y la inseguridad alimentaria mundial. ………………. 62 Blanca Munster Infante 6. Impactos de la crisis financiera en África. ………………………………….. 71 Roberto Smith Hernández 7. La crisis global y las respuestas desde el Sur. ……………………………. 78 Gladys Hernández Pedraza 3 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 1 La larga marcha de la crisis económica capitalista. Osvaldo Martínez Martínez Director del CIEM Antes de reseñar lo ocurrido hasta aquí es conveniente recordar dos aspectos muy relacionados con la actual crisis. El primero es el esencial planteo de Carlos Marx acerca del carácter cíclico del sistema capitalista, lo que significa su movimiento periódico a través de fases, de las cuales una es la crisis económica. Según Marx la crisis económica es tan “normal” en la evolución capitalista como el auge o la recuperación, y ella juega el papel de restaurar los equilibrios perdidos a costa de una destrucción de fuerzas productivas. La crisis no es una anormalidad, sino una regularidad que en la peculiar naturaleza de ese sistema, equivale a un desagradable, destructor y necesario purgante que después de destruir empresas, causar ruina, provocar desempleo, facilita una nueva etapa de crecimiento económico basado en la reconstrucción de lo destruido. En su historia el sistema ha sufrido cientos de crisis económicas a partir de 1825 cuando Marx registra la primera de ellas, pero no todas han tenido iguales características. Unas fueron ligeras desaceleraciones del crecimiento, otras fueron más profundas en cuanto a ruina y desempleo y en otras, a medida que las finanzas fueron desempeñando un papel mayor en la mecánica capitalista, los factores financieros adquirieron mayor importancia. Si para Marx las crisis eran de superproducción o sobreproducción debido a una acumulación de mercancías producidas que no encontraban comprador porque los ingresos de la mayoría de los compradores (obreros asalariados) se retrasaban respecto a la dinámica productiva empujada por el afán de ganancia, ya con el surgimiento del imperialismo y el crecimiento del papel de las finanzas, las crisis capitalistas incorporan un nuevo factor que apenas existía en época de Marx y sólo en pequeño grado en época de Lenin: el peligro de las burbujas financieras capaces de destruir la estructura de las finanzas, lesionar gravemente el crédito y por esa vía llegar a provocar un desplome de la demanda real y desembocar en una crisis de efectos como los anunciados en el análisis pionero de Carlos Marx. La crisis económica que acompañó a la Primera Guerra Mundial (1914-1918) fue parcialmente el estallido de una burbuja financiera y la crisis de 1929-33 (la más profunda y abarcadora hasta el presente) fue un estallido de ese tipo, que desplomó el crédito, derrumbó la demanda real y abrió camino a lo que se conoce desde entonces como la Gran Depresión de los años 30, la cual sólo 4 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial encontró “solución” completa con el estallido de la Segunda Guerra Mundial en 1939, la destrucción de Europa y Japón, y la posterior reconstrucción de posguerra. Un segundo aspecto a recordar es el significado de una burbuja financiera. Para hacerlo es necesario tener en cuenta la diferencia entre la economía real y la economía especulativa. La economía real es aquella en la que se crean bienes y servicios que satisfacen necesidades humanas, en la que se invierte trabajo creador de valores de uso y valores de cambio, que aplica tecnologías y las desarrolla, que alimenta el crecimiento económico real, en tanto que la economía especulativa es la compra venta de títulos de valor en sucesivas compras y ventas de papeles, que van creando cadenas de ganancias especulativas en cada operación y también cadenas de deudas, sin que agreguen valor o valor de uso en términos reales, y tendiendo a alejarse de la economía real y crear una dinámica propia, a medida que la especulación crece. No pocos economistas (en especial John Maynard Keynes) han llamado la atención sobre la peligrosidad de las burbujas financieras, las cuales tienden a estallar si la especulación no es controlada dentro de límites. Ese control debe hacerlo el Estado mediante la regulación del sector financiero y con la política tendiente a favorecer la inversión productiva en economía real por encima de la inversión financiera especulativa, y ésta fue la esencia de la política keynesiana aplicada en Estados Unidos a partir del gobierno de Roosevelt y que se hizo predominante en el mundo aproximadamente hasta 1980. Con la opción del neoliberalismo como política económica predominante, el sector financiero y la especulación encuentran la fórmula ideal para sus intereses. La desregulación financiera se impuso y consistió esencialmente en eliminar toda regulación o restricción al libre movimiento del capital (en especial en forma financiera), incluyendo las regulaciones sobre seguridad y transparencia en las operaciones bancarias. Se inició una etapa en la que las regulaciones de la era keynesiana fueron barridas y se permitió la disminución de las reservas bancarias de garantía, la retirada de ciertos tipos de pasivos de los balances de las entidades financieras ocultando el verdadero estado de ellas, el funcionamiento de los paraísos fiscales, las abusivas acciones de las agencias calificadoras de riesgo y en consecuencia, la especulación desenfrenada con todo lo susceptible de rendir una ganancia apostando a un precio futuro en la economía de casino que domina el llamado mercado financiero globalizado y cuyo centro es la economía de Estados Unidos. La especulación con petróleo, alimentos, materias primas, tasa de cambio de monedas y muchas otras cosas se convirtió en la tendencia dominante porque en ella se obtenían ganancias muy elevadas, rápidas y fáciles. La crítica marxista y no marxista a las burbujas financieras señala dos graves daños que ellos provocan. Uno de ellos es que tienden a estallar, porque su 5 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 lógica consiste en que las operaciones especulativas son más rentables cuanto más arriesgadas e inseguras y además crean adicción pues obligan a aumentar la masa de dinero y la cadena de deudas involucradas, hasta que dicha cadena se quiebra en algún punto por deudas no pagadas y la armazón especulativa se desploma con un efecto muy peligroso de arrastre sobre las instituciones financieras y probable contracción del crédito. El otro efecto dañino de las burbujas especulativas no es tan espectacular como el estallido, pero no es menos perjudicial para el capitalismo, porque consiste en que masas crecientes del capital dejan de invertirse en la economía real donde se crea empleo, tecnologías y valores, para desviarse hacia la colocación especulativa en forma líquida, en una actividad parasitaria y así minando el potencial de crecimiento de la inversión de capital. Ignorando los peligros de la especulación desenfrenada, el neoliberalismo continuó avanzando en la desregulación financiera. En 1999 fue aprobada por el Congreso de Estados Unidos y firmada por Clinton el Acta para la Modernización de los Servicios Financieros, que fue la derogación de los controles sobre las finanzas y las operaciones bancarias que quedaban todavía vigentes de la época keynesiana y que fueron establecidos al calor de las experiencias de la gran crisis de 1929. En el año 2001 ocurrió un episodio de estallido de una burbuja financiera en el sector de la informática en Estados Unidos, que puede considerarse el antecedente inmediato de la crisis actual. En esa ocasión quebraron grandes empresas como Enron, World Com y otras, explotaron escándalos de contabilidad fraudulenta en el caso de Enron, algunos miles de pensionados vieron esfumarse sus pensiones al caer desplomados los fondos de pensiones vinculados en Bolsa a la cotización de las empresas en bancarrota. Fue un claro alerta de peligro, pero el gobierno Bush no adoptó decisión alguna y la burbuja financiera no se controló, sino que simplemente se trasladó hacia el sector inmobiliario, adquirió un tamaño mucho mayor y finalmente comenzó a estallar en agosto de 2007, dando lugar al inicio de la crisis financiera actual. Lo ocurrido hasta ahora es el estallido de la burbuja financiera en el sector inmobiliario de Estados Unidos, su impacto de derrumbe sobre el mercado financiero de ese país es una línea ascendente de crisis, hasta obligar al gobierno Bush a renegar en los hechos de su dogma neoliberal, nacionalizar entidades financieras y presentar el más costoso plan de salvamento de las entidades en bancarrota que jamás un gobierno haya presentado. Han caído en quiebra los 5 grandes bancos de inversión (en realidad de inversión especulativa) que fueron el brillante símbolo de la floreciente industria de la especulación desbordada: Lehman Brothers, Merril Lynch, Goldman Sachs, 6 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial Morgan Stanley y Bearns y Stern. Algunos de ellos como Lehman Brothers tenían 158 años de existencia y habían logrado sobrevivir a la crisis de los años 30. De ellos quedan apenas con vida recortada Morgan Stanley y Goldman Sachs, actuando ahora como simples bancos comerciales, y sin hacer operaciones de titularización de valores que fueron su gran centro de operaciones especulativas. Entraron en quiebra las dos enormes agencias inmobiliarias conocidas como Fannie Mae y Freddy Mac que financiaban la mitad de las viviendas norteamericanas y fue necesario que el gobierno las interviniera y refinanciara con 200 mil millones de dólares para evitar su colapso total. Entró en quiebra la gran entidad aseguradora de hipotecas American International Group (AIG) y fue necesario que el gobierno la interviniera y refinanciara con 85 mil millones de dólares. Entró en quiebra el gran banco comercial Washington Mutual, uno de los mayores de Estados Unidos. En Estados Unidos están en quiebra otra veintena de bancos comerciales y un centenar están bajo examen de supervivencia por la Corporación Federal de Seguros de Depósitos. En Europa el gobierno inglés se ha visto forzado a nacionalizar dos importantes bancos y en ese país han quebrado cuatro bancos, dos en Dinamarca, dos en el Benelux y cinco en Alemania. La gravedad de la situación ha hecho que los Bancos Centrales de los principales países desarrollados inyecten dinero en grandes cantidades a la circulación para impedir la parálisis en vista de la tendencia a la contracción del crédito. La Reserva Federal (Banco Central) de Estados Unidos ha inyectado varios cientos de miles de millones de dólares desde que comenzó la crisis y otros bancos hacen algo similar. Solamente el día 1 de octubre el Banco Central Europeo inyectó 50 mil millones de dólares, el Banco de Inglaterra 30 mil millones, el Banco Suizo 10 mil millones y el Banco de Japón 5 mil 300 millones. Por la dimensión de lo ocurrido, es la crisis financiera actual la más severa crisis capitalista desde 1929 y abre una interrogante hacia adelante en cuanto a su duración e intensidad. Estas pueden ser aun mayores que entonces si se tiene en cuenta que la burbuja es mucho mayor que aquella y es superior el grado de globalización que hoy existe, lo que significa mayor capacidad de difusión de la crisis entre economías mucho más interconectadas por los hilos del mercado financiero globalizado. 7 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 En forma muy abreviada, se trata de la típica razón que hace estallar las burbujas financieras: ellas crecen impulsadas por la elevada ganancia en operaciones cada vez más arriesgadas, y por la ausencia de controles, hasta que algún agente no puede pagar y comienza el derrumbe en cascada. En el sector inmobiliario de Estados Unidos el proceso es muy claro. Allí creció la compra venta de casas y de hipotecas sobre ellas, al calor de las apuestas especulativas sobre el precio futuro de las viviendas y creó una realidad magnífica a corto plazo para los involucrados, aunque temporal y peligrosa. En esos años el precio de las casas crecía de año en año, de tal modo que era muy fácil pedir una hipoteca, pues el aumento de precio de la casa compensaba rápidamente el costo de la hipoteca. Fue un mecanismo eficaz para estimular el consumismo de la población norteamericana que en los créditos hipotecarios encontraba el financiamiento para hacer compras crecientes a cuenta de la vivienda, cuyo precio crecía de año en año. A su vez, las entidades financieras tomaban las hipotecas y las convertían en activos, las titularizaban o convertían en títulos de valor y las vendían y revendían con márgenes de ganancia en operaciones cada vez más lucrativa y riesgosas. Los vendedores de hipotecas las ofrecían con crecientes facilidades, pues la especulación así lo pedía para aumentar la masa de operaciones y se llegó a los llamados “créditos subprime” o “créditos por debajo de la norma de calidad”, que no son otra cosa que créditos concedidos a prestatarios que en condiciones normales nunca lo hubieran obtenido, pues no podrían demostrar solvencia para respaldarlo. Bajo el impulso especulativo las entidades financieras hoy en quiebra elaboraron instrumentos debidos a la audacia de la ingeniería financiera que elevaron la ganancia y el riesgo a extremos máximos. Un ejemplo son los llamados CDO (Collaterized Debt Obligations) que son papeles o títulos de valor que le ofrecen a su comprador el derecho a un rendimiento financiero derivado de un título o paquete cuya composición es opaca, o sea, que no se conocen sus ingredientes internos, pues se trata de títulos que proceden de una titularización anterior y aun de otras anteriores, esto es, títulos basados en títulos anteriores, en los cuales los componentes sucesivos que entran en el compuesto han quedado oscurecidos. Esto significa que se han difundido por el mercado financiero globalizado una cantidad no precisada de títulos “podridos” o portadores de créditos subprime incobrables, en forma encubierta, bajo las astucias de la ingeniería financiera y la falsa respetabilidad de las entidades que están ahora en quiebra. Esto hace del mercado financiero globalizado -que se extienda por todo el planeta- una especie de campo minado en el que explotan por doquier estos valores 8 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial “podridos” que la especulación y el neoliberalismo difundieron y que no se sabe exactamente dónde y en manos de quién se encuentran. Las primeras expresiones de crisis comenzaron en agosto de 2007 y en casi 14 meses transcurridos desde entonces, ella se ha ido agravando hasta llegar a la desesperada solicitud de salvamento hecha por el gobierno de Estados Unidos al Congreso, después de fracasar las sucesivas inyecciones de liquidez aplicadas durante un año. La profundidad de una crisis económica generada a partir de la explosión de una burbuja financiera depende de su extensión a la economía real. Si la burbuja sólo provoca pérdidas en entidades financieras, y descensos momentáneos en la Bolsa, la crisis resulta contenida y no trasciende en gran escala a la economía real, el problema no es tan grave. El resultado es la pérdida financiera que puede ser cuantiosa e incluso alcanzar millones de millones de dólares, pero si no toca con fuerza a la economía real, no pasa de ser una simple crisis financiera, como lo que ocurrió en el sector de la informática en Estados Unidos en el año 2001. Esto no significa que exista un muro divisorio absoluto entre economía real y financiera, pues en la práctica los grandes conglomerados transnacionales tienen ambas actividades dentro de su estructura y en líneas generales, la afectación en una de ellas repercute en la otra, pero lo que marca la diferencia entre una crisis financiera y una crisis de mayor calibre, es el grado en que ella impacta a la economía real (al empleo, al consumo, la producción industrial, etc.) y la correa de transmisión entre uno y otro ámbito de actividad es el crédito. La desaparición o el súbito encarecimiento del crédito, que es como el aceite que permite la marcha de la economía moderna, es el factor determinante en la conversión de una crisis financiera en una crisis económica generalizada de gran profundidad. Hasta el momento se ha registrado ya cierto impacto en la economía real de Estados Unidos, aunque se trata sólo de los primeros síntomas. En el mes de septiembre se perdieron en Estados Unidos 159 mil puestos de trabajo (la cifra mayor mensual en los últimos 5 años) y el desempleo alcanzó el 6,1%. Es significativo que de los empleos perdidos menos del 10% lo fueron en el sector financiero y la mayor parte lo fueron en actividades de la economía real como la industria automovilística (sus ventas cayeron 32% en septiembre), la industria informática y la industria textil. El 57% de los norteamericanos que poseen cuentas en bancos, teme por sus depósitos, a pesar del seguro que los cubre, el que fue elevado hasta depósitos de 250 mil dólares por el Plan de Rescate, aprobado por el Congreso y que trata de frenar el movimiento de pánico hacia una retirada de depósitos que ya se iniciaba. 9 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 El Plan rescate del gobierno de Bush. El Plan de Rescate del gobierno de Bush ha sido aprobado para tratar de contener la crisis y evitar su amplificación, por lo que el primer elemento a analizar sería la posibilidad de que el Plan funcione. A dicho Plan de Rescate se le pueden señalar varias deficiencias: • Su cuantía de 850 mil millones de dólares no asegura que sea suficiente para remediar la magnitud de los créditos “chatarra”. Algunos medios consideran que serían necesarios 5 millones de millones de dólares y la realidad es que por la sofisticación e intensidad de los papeles que empapelaron la economía norteamericana, nadie sabe la verdadera magnitud de los préstamos incobrables. Es de observar que la reacción de la Bolsa inmediatamente después de la aprobación del rescate fue a la baja y cerró esa semana como la peor registrada en 7 años, en lo que parece ser la expresión de la desconfianza en la efectividad del rescate. Algunas fuentes informan que 2/3 de los créditos hipotecarios otorgados son incobrables. • El rescate no aborda las causas que llevaron a la crisis, esto es, la desregulación financiera. En esas condiciones, salvar a las entidades quebradas equivale a refinanciarlas, para que sigan haciendo lo único que saben hacer: especular. Esto se refuerza por la lógica de la explicación oficial dada por Bush y Paulson el Secretario del Tesoro, según la cual la crisis es de “confianza” y bastaría reflotar las entidades quebradas para que todo funcione bien de nuevo. • Echaría más leña al fuego de los desequilibrios básicos de la economía de Estados Unidos. Con una deuda pública de 9,6 millones de millones de dólares, un déficit presupuestal de 450 mil millones antes del Plan de Rescate y un déficit comercial mayor de 600 mil millones, la puesta en circulación de 850 mil millones más no haría otra cosa que hundir más al dólar. Esta crisis puede ser mucho más intensa que la de 1929. Aunque algunos analistas hablan de que China pudiera compensar la caída de Estados Unidos y asumir el papel de locomotora, esto no parece posible, debido a que Estados Unidos representa el 20% del PIB mundial y en dólares se hace el 70% del comercio mundial y están en esta moneda el 65% de las reservas monetarias, pero más que eso, es el primer comprador mundial aventajando largamente a cualquier otro país y su mercado financiero (Wall Street) maneja más dinero que todas las Bolsas europeas juntas. 10 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial La crisis actual tiene una diferencia con el crac de la Bolsa de 1987 y el estallido de la burbuja informática en 2001, y es que ahora los activos en juego no son sólo instrumentos financieros (papeles), sino viviendas donde viven personas. En aquellos episodios de crisis no hubo colapsos bancarios y ahora el colapso es ya profundo. Otro ingrediente de la crisis actual con gran potencial de crear malestar social, es la ruina de los fondos de pensiones convertidos por el neoliberalismo en instrumentos especulativos con administración privada. Noticias recientes informan que los maestros del estado norteamericano de Ohio han visto evaporarse sus pensiones porque el fondo de pensiones fue invertido en entidades quebradas como Fannie Mae, Freddy Mac, AIG y Lehman Brothers. En Suiza las cajas de pensionados reportan pérdidas por 30 mil millones de francos suizos. En México los fondos de pensiones perdieron más de 6 mil millones de dólares y en Chile -el padre de la privatización de la Seguridad Social- se han perdido 20 mil millones de dólares. Esta crisis plantea un desafío teórico y práctico para los marxistas, para los que defienden el socialismo y en general, los que luchan por un mundo mejor. En ella se presentan elementos que responden al análisis marxista clásico de las crisis capitalistas; otros que entraron apenas en pequeño grado en ese análisis clásico por corresponder al capitalismo posterior a Marx y Lenin, y otros que no aparecen allí por ser fenómenos recientes. En efecto, en esta crisis tenemos la clásica sobreproducción o superproducción marxista de mercancías que no encuentran demanda solvente (viviendas en estados Unidos y posibles capacidades industriales en China, Japón, Corea del Sur, India diseñadas para exportar hacia Estados Unidos y Europa), tenemos el estallido de una burbuja financiera en complejas condiciones de neoliberalismo y globalización que el marxismo clásico apenas alcanzó a ver en sus estadios muy iniciales, y fenómenos absolutamente nuevos como la subproducción derivada del agotamiento de recursos no renovables como el petróleo, el agua, las tierras fértiles. Es una crisis que combina la vieja necesidad de sustitución del capitalismo por su tendencia a generar crisis económicas destructoras de fuerzas productivas, con la necesidad de supervivencia de la especie humana, en el planeta sometido a la depredación no sólo económica y social capitalista, sino a la depredación de las condiciones de vida humanas. Los resultados socio políticos de una gran crisis económica capitalista no están predeterminados. Dependen de las fuerzas políticas actuantes y su maestría para aprovechar la coyuntura favorable derivada de la ruina, el desempleo, la pobreza, el descrédito del discurso capitalista, que una crisis implica. De una 11 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 gran crisis económica y una guerra mundial surgió la primera revolución socialista y de una gran crisis económica surgió el fascismo alemán. Por el momento, el estado subjetivo reinante en Estados Unidos se refleja en la siguiente cita del Premio Nóbel de Economía 2001, el norteamericano Joseph Stiglitz, ex asesor económico de Clinton y ex Vicepresidente del Banco Mundial: “Tendremos que rezar entonces para que un acuerdo (se refiere al Plan de Rescate) armado con la mezcla tóxica de intereses especiales, una economía equivocada e ideologías de derecha que generaron esta crisis, pueda dar como resultado de algún modo un plan de rescate que funcione o cuyo fracaso no provoque demasiado daño”. 1 1 Joseph Stiglitz. Blues del rescate: los políticos deben actuar. Rebelión 5 octubre/2008. 12 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial 2 Estados Unidos en el epicentro de la crisis financiera. Faustino Cobarrubia Gómez Coordinador del Grupo de Comercio e Integración del CIEM Al comenzar la década actual, cuando se desinfló la burbuja bursátil, era evidente que la hegemonía financiera de los Estados Unidos había llegado a un punto crítico. La enorme desproporción existente entre su declinante potencial productivo y la masa de papeles-dólar circulando por el mundo (dólares reales y toda clase de papeles dolarizados) comenzó a provocar los primeros crujidos de la moneda norteamericana que rápidamente se convirtió en irresistible descenso de su valor en relación con el oro y las otras divisas fuertes, el euro y el yen. El gobierno de Bush respondió impulsando una nueva burbuja especulativa basada en los negocios inmobiliarios, la más grande de la historia, la cual reemplazó –como motor de crecimiento– a la burbuja del sector de la informática que reventó, escandalosamente, en el 2001 y arrastró la economía norteamericana hacia la crisis en marzo de ese año. Los sonados escándalos de Enron y Worldcom, entre otros, marcaron un hito histórico de manipulación contable, corrupción financiera y robo masivo. Se había derrumbado el mito del capitalismo sin crisis y en crecimiento continuo e ilimitado, bendecido por la globalización neoliberal y el surgimiento de una supuesta “nueva economía”. La respuesta del capital financiero y de la Administración norteamericana – favorecida por los atentados terroristas del 11 de septiembre del 2001 – tuvo varios frentes: uno de ellos fue atacar los salarios y las condiciones de vida de la clase trabajadora estadounidense; otro fue acentuar la política imperialista de recolonización en los países dominados: su muestra más dramática fue la invasión a Irak en marzo del 2003; un tercer elemento fue la escalada de los gastos militares y, finalmente, el recurso del endeudamiento masivo, apoyado en la disminución de la tasa de interés, que llegó a alcanzar al 1% por debajo del nivel de inflación (Beinstein, 2006). En virtud de esa política de dinero barato, y despojados de todo tipo de regulación y control, los “tiburones” del sector bancario y financiero ávidos de obtener grandes beneficios y con la expectativa de vender el riesgo de impago a un tercero, generaron un diluvio de créditos para el sector inmobiliario (sustentado por una emisión masiva de dinero por parte de la Reserva Federal, el Banco Central de Estados Unidos). Cada año subían los precios de las viviendas y se inflaban hasta un 20% anual en los mejores lugares. Así, se puso 13 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 en marcha una especulación descomunal: entre el 2001 y el 2006, la nueva burbuja creada en el sector inmobiliario llegó a alcanzar más de 3 millones de millones de dólares de pura espuma financiera, sin algún contacto con la economía real productora de bienes y servicios tangibles (Beinstein, 2006). Se concedieron préstamos hipotecarios de todos los “colores”, incluso hasta para personas con bajo poder adquisitivo y/o con un historial de crédito problemático y/o que no aportaban toda la documentación necesaria (prueba sobre sus fuentes de ingreso, por ejemplo). Estas llamadas hipotecas basura 2 (o “subprime”), al tener un mayor riesgo de impago, implican un tipo de interés más elevado en comparación con los préstamos normales (2% o 3% más). La venta de estas hipotecas de alto riesgo llegó a su nivel record en el 2005, cuando su volumen superó los 500 mil millones de dólares, casi un 10% del mercado hipotecario estadounidense (OCEI, 2007) 3 . Como se contaba con la constante y continua elevación de los precios de las casas – prácticamente única garantía de los préstamos – y, en consecuencia la posibilidad de poder volver a refinanciarlas, ¡Qué importaba la capacidad de pago de las familias, o el importe de la hipoteca respecto al valor de la vivienda, o la comprobación de los ingresos de los clientes!. Y la supervisión de ese mercado, alejado del negocio bancario tradicional, se durmió; en un entorno donde, además, muchas de estas entidades no eran supervisadas por instituciones federales, sino estatales, sin criterios homogéneos. 2 Este mercado se desarrolló a partir de mediados de los años noventas en Estados Unidos para atender a una parte de la población que tenía calificaciones crediticias bajas y que, para acceder a una vivienda en propiedad, u obtener un crédito con la garantía de una vivienda, necesitaban o bien destinar una parte importante de sus ingresos al pago del servicio de la deuda hipotecaria (algo más de un 55%), o bien hipotecarse por una cantidad elevada del valor de la vivienda que adquiría (superior al 85%). Hasta finales del decenio de los noventas, la mayoría de los préstamos los garantizaba una institución pública denominada la Asociación Federal de Vivienda que aplicaba criterios estrictos para asegurarse que los parámetros de riesgo no fueran excesivos. Ante lo limitado de su financiación, irrumpieron agencias estatales como Fannie Mae y Freddie Mac que compraban hipotecas de este segmento con riesgos acotados y homogéneos. Este esquema, que fue el corazón del mercado de hipotecas de alto riesgo hasta el 2003, permitió que familias con bajos ingresos pudieran disponer de viviendas en propiedad, al tiempo que construían una historia que les permitía mejorar su calificación crediticia si cumplían con los pagos en el tiempo. Entre 1995 y el 2003, el porcentaje de familias que poseen vivienda en propiedad subió de 64% a casi el 68%, y esto ocurrió especialmente entre colectivos de menores ingresos. A partir del 2003, llegaron los cambios y los bancos de inversión, las agencias calificadoras de riesgo y otros actores más, atentos a la jugada, se metieron en el mercado hipotecario (OCEI, 2007). 3 En la actualidad, la deuda hipotecaria de Estados Unidos alcanza unos 10 millones de millones de dólares, casi igual al PIB del país y el 80% del total de la deuda de los consumidores norteamericanos (12 millones de millones de dólares). De esos 10 millones de millones, el 13% corresponde a las hipotecas basura, que hacen además un 9% del PIB del país (OCEI, 2007). 14 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial Con el objetivo de ganar más dinero, los bancos que concedieron los préstamos hipotecarios aprovecharon para vender esos títulos en el mercado mundial y negociaron incluso hasta con los hidrocarburos, los minerales y las “commodities” agrarias –es lo que se ha dado en llamar la “titularización” de los créditos hipotecarios. Esos títulos eran muy inseguros, de mucho riesgo, y por lo tanto, muy rentables en el caso de que las cosas marcharan bien. Pero era muy difícil para el inversor final evaluar con objetividad el riesgo que asumía al adquirir un “papel financiero” cuya garantía era precisamente ese crédito hipotecario sobre el cual tenía muy poco (o ningún) conocimiento y control. Quienes ingenian este tipo de estructura crediticia, cuyas innovaciones son remuneradas con cientos de miles de dólares al año, simplemente utilizan las vías que les proporciona el capitalismo en su versión de la era de las nuevas tecnologías y la globalización neoliberal, para allegarse colosales ingresos personales, evadiendo cualquier obstáculo ético o institucional. Si el resultado es desastroso para el sistema en su conjunto, no es una operación aislada, sino la racionalidad del sistema la que debe ser sometida a crítica. Es conocido que uno de los aspectos que más controlan los supervisores financieros es el nivel de concentración de riesgos de la banca, con el fin de impedir que un descalabro en una gran empresa, en un sector de la economía o en una actividad específica, pueda poner en peligro la estabilidad del sistema bancario que, como se sabe, tiene las características de estar fuertemente entrelazado, en tanto es normal y necesario que los distintos bancos de un país mantengan altas sumas de depósitos entre sí. Consecuentemente, cualquier evento de importancia en un banco de cierta dimensión tiene el efecto de desencadenar afectaciones a todo el sistema. Evidentemente, los “genios financieros” de Estados Unidos no estaban dispuestos a que ninguna regulación administrativa sobre concentración de riesgos les privase de los grandes ingresos que le podía producir la excelente combinación de una incipiente burbuja inmobiliaria y un exceso de liquidez a nivel internacional que los propios gestores de la política económica norteamericana habían contribuido a crear, inundando al mundo de dólares para cubrir los gigantescos déficits comerciales y de su cuenta corriente en general. Fue así que recurrieron a la aplicación del novedoso método de la “titularización” de los créditos hipotecarios, subdividiéndolos en innumerables títulos, mediante complejas y voluminosas formulaciones legales que, cual producto “preempacado, homogéneo y sin etiqueta”, eran vendidos a instituciones financieras de todo el mundo, con el toque extra de solidez que le otorgaba una alta calificación de las sacrosantas compañías de evaluación de riesgo... también estadounidenses, por supuesto. Al propio tiempo, se desarrollaron las estrategias de valorización de las acciones empresariales, a través de las fusiones y adquisiciones. Aprovechando el dinero 15 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 barato, grandes empresas recurrían al crédito para la adquisición de otras firmas importantes, con la expectativa de que el resultado, en términos de cotización accionaria de la empresa fusionada, fuera mayor a la suma del valor accionario de las dos empresas por separado. Así, empresas que no tenían necesariamente gran rentabilidad, lograron incrementar el valor de sus acciones, y por ende beneficiar a sus accionistas. Durante el 2002-2007, la participación del reparto de dividendos y la recompra de acciones en las utilidades acumuladas de las empresas norteamericanas alcanzó los niveles más altos de todo el período de posguerra 4 (Krugman, 2007). Los instrumentos de innovación financiera – la sopa de letras de CDOs y SIVs, RMBS y ABCP –, surgidos al calor de la burbuja inmobiliaria de los últimos años “se vendieron con pretensiones falsarias. Se promocionaron como formas de dispersar el riesgo, de hacer más segura la inversión. Lo que, en cambio, hicieron –aparte de proporcionar a sus creadores un montón de dinero, que no tendrían que devolver cuando estallara la burbuja- fue dispersar la confusión, atraer a los inversores para que asumieran riesgos mayores de lo que podían percibir” (Krugman, 2007). El problema consiste en que la economía norteamericana entera pasó a depender, directa e indirectamente, del negocio lucrativo en el sector inmobiliario, bajo cuya sombra se cobijaron los instrumentos del mercado de crédito que aumentaron más de 150% en los últimos 10 años y el año pasado llegaron a los 15 millones de millones de dólares. Ese ritmo de concesión de créditos es dos veces más rápido que el crecimiento de la economía en general (Krugman, 2007). En el 2007, en su momento de apogeo, los bancos de inversión tomaron créditos a un promedio de 32 dólares por cada dólar que tenían. El auge del sector inmobiliario se convirtió, así, en la locomotora del consumo y el crecimiento económico de Estados Unidos durante el 2001-2006 (The Economist, 2008). El alza creciente y sin fundamento de los precios de las casas parecía hacer realidad el milagro de “multiplicar los panes y los peces”, en la medida en que posibilitó casi la mitad del gasto en consumo de los norteamericanos en el período mencionado. Se estima que, aproximadamente, el 80% del incremento del empleo y casi las dos terceras partes del aumento del producto interno bruto de Estados Unidos, entre el 2001 y el 2007, se originó, directa o indirectamente, del sector inmobiliario (OCEI, 2007). 4 Los Estados Unidos emergieron como un “hedge fund” gigante. Los beneficios de las compañías financieras saltaron desde menos del 5% de todos los beneficios corporativos, después de impuestos, en 1982 al 41% en 2007, incluso aunque su participación en el valor añadido corporativo solo creció desde el 8% al 16%. Los márgenes de beneficios bancarios ha sido fuertes hasta muy recientemente. Ahora, al final, las ganancias por acción y los valores se han colapsado (The Economist 2008). 16 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial En palabras de Stiglitz (2007): "La economía creció, pero principalmente debido a que las familias estadounidenses decidieron endeudarse más para refinanciar sus hipotecas y gastar parte del excedente. Y, mientras los precios de las viviendas subieron como efecto de las menores tasas de interés, los estadounidenses pudieron no darse por enterados del creciente endeudamiento". Pero incluso señala que "ni siquiera eso estimuló lo suficiente a la economía. Para que más gente pidiera préstamos, se ablandaron las condiciones de los créditos, lo que promovió el crecimiento de las hipotecas basura, las llamadas “subprime". La riqueza neta de las familias norteamericanas se incrementó casi 45% durante el 2002-2006 (17,2 millones de millones de dólares); en comparación con el record anterior de 11 millones de millones de dólares en 1997-1999, justamente, en la antesala del colapso de la burbuja del sector de alta tecnología. La clase media norteamericana se pudo permitir un consumo más allá de sus posibilidades reales 5 (OCEI, 2007). Bancos, sociedades financieras, promotores inmobiliarios y constructoras, compañías automovilísticas, alcanzaban beneficios astronómicos, a costa de una transferencia masiva de los salarios de los trabajadores norteamericanos, cada vez más entrampados. Era el esplendor del parasitismo. Los “hedge funds” (“sociedades de gestión de riesgo”) “hacían su agosto”. Estas sociedades, con domicilio en paraísos fiscales y en su mayoría creadas por los grandes bancos, se dedicaban a comprar los préstamos hipotecarios para volverlos a vender por grandes márgenes por todo el mundo. Eran los llamados “derivados financieros”. Todos querían participar en la fiesta. Más aún, los bancos europeos y asiáticos, directamente o por medio de sus “hedge funds”, compraban para luego volver a vender otra vez con ganancia. Las agencias de calificación (“rating”) bendecían las operaciones, mientras los bancos centrales y las autoridades financieras callaban complacidos. Una monumental burbuja financiera se alzaba sobre la ya enorme burbuja hipotecaria. La economía mundial pasó a depender de un descomunal “juego de casino” en torno a las casas: el crédito barato había impulsado auges de la vivienda en casi todo el mundo. Fin de la fiesta El escenario cambió, progresivamente, cuando en el 2004 la amenaza de la inflación obligó a la Reserva Federal (Fed) a dar el giro hacia una política monetaria restrictiva y elevar la tasa de interés en 17 ocasiones consecutivas hasta llevarla de 1% a 5,25% en el 2006 (Federal Reserve, 2007). Se abrió la puerta de la morosidad y durante el último trimestre del año 2006, los atrasos en 5 El encarecimiento de los precios de la vivienda en la última década implicó que también un gran número de familias de clase media e incluso con ingresos altos solicitaran créditos con un tipo de interés alto para poder comprarse casas caras que normalmente estarían fuera de su alcance. 17 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 los pagos de hipotecas en Estados Unidos aumentaron a su nivel más alto en tres años y medio mientras los embargos se elevaron a niveles históricos, debido a la incapacidad de las personas con problemas de crédito para mantener al corriente los pagos de sus casas. Las familias endeudadas comenzaron a poner a la venta unas casas que ya no podían pagar: a mediados del 2007 se estimaban en cinco millones las viviendas en esta situación. Después de 10 años de alzas continuadas y espectaculares (excepto la breve pausa del 2000-2002), los precios de las casas comenzaron un descenso sostenido desde el 2005 (ver gráfico 4), las ventas retrocedieron y la construcción entraba en un profundo letargo. En agosto del 2007, uno de los ciclos hipotecarios más prolongados de la postguerra (1995-2005) devino el peor desplome del sector en los últimos 30 años. Por primera vez, desde la Gran Depresión de los años treinta, los precios de las casas cayeron, entre el 2005 y el 2007, durante tres consecutivos. La burbuja inmobiliaria había explotado, era el fin de la fiesta. La garantía de la montaña de títulos hipotecarios en circulación se había esfumado. Los títulos se hicieron invendibles y su valor se desvaneció. El problema, además, era mundial, ya que los “derivados” habían sido comercializados a escala internacional. Hasta octubre del 2007, habían entrado en bancarrota 114 firmas de hipotecas y muchas otras suspendieron totalmente los préstamos, lo cual comenzó a afectar otros sectores del país, incluso de la economía real; 17 “hedge funds” que cargaban con las obligaciones de deudas de esas firmas hipotecarias, suspendieron sus negociaciones y diez fueron volatilizados, poniendo en gravísimas dificultades a los bancos, aseguradoras y fondos que financiaron sus operaciones; y se perdieron más de 35 mil empleos sólo en la industria financiera estadounidense (OCEI, 2007). Estas pérdidas multimillonarias se extendieron a las Bolsas, que comenzaron a entrar en caída libre. El sistema crediticio también quedó tocado de lleno. El mercado interbancario, en el que los bancos se prestan entre sí, quedó colapsado: desconfiando mutuamente de su solvencia, los bancos dejaron de prestarse dinero entre sí, y si lo hacían, era con elevados intereses. El crédito bancario, por otro lado, quedó severamente restringido para las empresas y las familias. El peligro de recesión era inminente. Enfrentados a esta difícil y compleja realidad, las autoridades norteamericanas tuvieron que poner en práctica el clásico paquete de medidas expansivas, monetarias y fiscales. Para evitar el “efecto subprime” y el colapso del crédito 6 , 6 El crédito, es decir el préstamo entre jugadores en el mercado, es para los mercados financieros lo que el aceite del motor es para el funcionamiento del automóvil. La capacidad para disponer de dinero en efectivo a corto plazo (es decir la “liquidez”) es un lubricante esencial para los mercados y para el conjunto de la economía. 18 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial en el último trimestre del 2007, se redujo en tres ocasiones consecutivas la tasa de interés hasta situarla en 4,25%. Desde hacia cuatro años, el precio del crédito se había congelado en 5,25%. (Infobae Profesional, 2008). Gráfico 1. Precios promedio de la vivienda en Estados Unidos (variación interanual; %) Fuente: OCEI, 2007 Más aún, en diciembre del 2007, en medio de la profundización de la crisis hipotecaria, el presidente Bush anunció la congelación de los intereses de cientos de miles de hipotecas de alto riesgo durante cinco años, el plan más enérgico hasta ese momento 7 . En paralelo, el Banco Central estadounidense estableció una facilidad crediticia temporal de corto plazo (“subastas a término”) para calmar las tensiones de los mercados del crédito, en concierto con otras medidas de alivio de algunos bancos centrales de los principales países industrializados 8 . En momentos en que los mercados interbancarios estaban 7 La iniciativa beneficiaría a 1,2 millones de personas (Federal Reserve, 2007). En diciembre del 2007, la Reserva Federal lanzó las dos primeras subastas y puso en circulación 40.000 millones de dólares. Otras dos subastas en enero del 2008 inyectaron 60 mil millones de dólares en los mercados financieros, la misma cantidad que las subastas lanzadas en febrero (Comesaña, 2008). En total, mediante el mecanismo de las subastas, se puso a 8 19 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 bajo tensión, esta facilidad debería servir para promover la diseminación eficaz de liquidez 9 . El mercado decreta alarma A pesar de los esfuerzos coordinados del Ejecutivo norteamericano, la Reserva Federal y los gobiernos de los otros principales países industrializados, la crisis hipotecaria continuó su paso arrollador hasta afectar a monopolios financieros legendarios del imperialismo estadounidense como Bear Stearns, Lehman Brothers, Merrill Lynch, Goldman Sachs, Citibank, Citigroup y J.P. Morgan, entre otros. En los inicios del 2008, el banco más grande de los Estados Unidos, Citibank, tuvo que admitir pérdidas por más de 35 mil millones de dólares y se colocó, prácticamente, al borde de la quiebra 10 . Irónicamente, algunos fondos soberanos como el de Abu Dabi de los Emiratos Árabes Unidos –que aportó 7,5 mil millones de dólares –, tuvieron que venir en auxilio de la emblemática institución financiera norteamericana, la cual intentó, además, conseguir otra inyección de fondos por parte de China y Kuwait (Vargas, 2007). disposición de los bancos préstamos por valor de 180 mil millones de dólares (Infobae Profesional, 2008). Estas operaciones de inyección de capital forman parte de un plan de acción conjunto acordado en diciembre de 2007 por la Reserva Federal con el Banco Central Europeo (BCE), el Banco de Inglaterra, el Banco Nacional Suizo (BNS) y el Banco de Canadá, a fin de darles liquidez, tranquilizar a los mercados y evitar una fuga masiva de capitales. 9 Hoy en día, Estados Unidos vive un exceso de demanda de dinero. La gente necesita más dinero pero el sistema financiero, dada la inestabilidad de la economía, pone mil trabas a su concesión. Las tasas de interés se tornan impagables y no todos pueden acceder al financiamiento que desean. Una solución alternativa a la baja de las tasas de interés de referencia es la inyección de dinero. Un aumento de la oferta de dinero hace que “su precio” disminuya. Ese precio es precisamente la tasa de interés que fijan los bancos para prestárselo a las empresas o los individuos. Es decir, a mayor cantidad, más barato es adquirir el dinero y eso facilita el acceso al financiamiento de todo aquel que lo necesite para emprender una inversión o para mantener su nivel de consumo. Y justamente, ¿qué buscan las autoridades? Evitar que esas variables caigan y que con ellas el producto de la economía se desmorone, dando lugar a la tan temida recesión. 10 De hecho, el Departamento del Tesoro norteamericano estaba buscando armar un “superrescate” del Citibank por unos 100 mil millones de dólares a finales del 2007, pero tuvo el problema de que quienes debían participar en ese superrescate eran otros bancos igualmente quebrados como Bank of America y Countrywide (http://www.wallstreet-inversiones.com). 20 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial En el cuarto trimestre del 2007, también Citigroup, el mayor banco de inversión 11 de Estados Unidos, registró las mayores pérdidas de su historia: 10 mil millones de dólares. La crisis “subprime” había obligado a dicha entidad a realizar provisiones de 18,1 mil millones de dólares, a la vez que recortar sus dividendos en 40%. Asimismo, Citigroup, recibió una inyección de 12,5 mil millones de dólares procedentes de inversores de Kuwait, Singapur y Nueva Jersey. Adicionalmente, Citigroup reconoció cargas de 4,1 mil millones de dólares, por concepto de créditos al consumo (http://www.wallstreet-inversiones.com). Otra de las casas bancarias estadounidenses más importantes, Merrill Lynch, declaró 3 mil millones de dólares en pérdidas en el último trimestre del 2007, lo que representó los peores resultados trimestrales en los 93 años de historia de la institución. Las pérdidas acumuladas por dicha entidad financiera debido a la crisis de las “hipotecas basura”, rondaban ya los 8 mil millones de dólares en septiembre del 2007 (Vargas, 2007). A este panorama sombrío tampoco escapo el banco de inversiones Bear Stearns, el cual registró pérdidas en el cuarto trimestre por amortizaciones adicionales por un monto de 1.200 millones de dólares en el cuarto trimestre del 2007. En el trimestre anterior, el banco había amortizado unos 800 millones de dólares debido a la crisis hipotecaria y de los mercados financieros en Estados Unidos. Además, dos de sus "hedge funds" se declararon en bancarrota (Vargas, 2007). En la lista de instituciones con problemas asociados al negocio hipotecario se incluyó hasta el banco de inversión Morgan Stanley, que sólo en el cuarto trimestre del 2007, anunció pérdidas en torno a los 4 mil millones de dólares y un recorte de 57% de sus ganancias anuales (Vargas, 2007). Tras estos decepcionantes resultados, comenzaron a “rodar cabezas” en las directivas de los grandes bancos estadounidenses. Una de las primeras víctimas fue el presidente de Citigroup, Charles Prince, seguido del presidente y consejero delegado de Merril Lynch, Stan O’Neal, quien decidió abandonar la compañía con efectos inmediatos. También, la copresidenta del banco de inversión Morgan Stanley, Zoe Cruz, tuvo que abandonar ese puesto, después de 25 años en la firma. En general, a principios del 2008, las pérdidas de los grandes bancos de Estados Unidos, provocadas por las hipotecas de alto riesgo, sumaban más de 70.000 millones de dólares y la Reserva Federal calculó que el sector financiero 11 El término “banco de inversión” es una traducción del inglés “investment bank”. Su existencia surge de una ley promulgada en Estados Unidos después de la crisis de 1929, que impulsó una separación entre banco de inversiones y comerciales, para proteger los depósitos de pequeños ahorristas. La financiación de los bancos de inversión depende del mercado bancario (préstamos entre establecimientos); los comerciales tienen la opción de convertir en créditos depósitos de los particulares. 21 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 norteamericano en conjunto había registrado pérdidas de no menos de 150 mil millones de dólares (FMI, 2008). Por otra parte, el endeudamiento con tarjetas de crédito devino otra preocupación creciente de los bancos. Tras largos años de seductoras promociones, los consumidores estadounidenses adeudaban la asombrosa suma de 915.000 millones de dólares y no podían abonar ni siquiera el mínimo mientras los incumplimientos de pagos se acumulaban a un ritmo récord. Cada ciudadano estadounidense medio tenía un promedio de 4.2 tarjetas de crédito con una deuda de 2.607 dólares, y la deuda promedio por tarjetas de crédito de una familia tipo era de 8.565 dólares (Vargas, 2007). El potencial destructivo de la cesación de pagos del mercado de tarjetas de crédito 12 , casi tan grande como el de la debacle inmobiliaria, amenazaba con desatarse. El mercado de valores pasó a ser muy vulnerable a la elevación del nivel de riesgo de los bonos respaldados por tarjetas de crédito. La liquidez 13 bancaria se estaba evaporando a un ritmo preocupante y un número creciente de mercados de crédito tuvieron que cerrar, definitivamente, la ventanilla. “Estamos asistiendo”, dijo entonces Hill Gross de la gestora de bonos Pimco, “en sustancia, al desplome del sistema bancario moderno actual, un complejo de préstamos apalancados tan difícil de comprender, que el presidente de la Reserva Federal, Ben Bernake, precisó de un curso de puesta al día cara a cara con los gestores de los fondos de derivados financieros (hedge funds) a mediados de agosto” (Krugman, 2007). En este contexto de incertidumbre y desconfianza, los créditos para el consumo y la inversión se resintieron aún más, lo cual comenzó a reflejarse en el funcionamiento del sector real de la economía norteamericana. Doblan las campanas de la estanflación Aunque la Reserva Federal no lo admita en sus informes, el precio de esa “política de aseguramiento” –reducción de la tasa de interés e inyección de gigantescas cantidades de dinero a la circulación –, fue (y será casi con certeza por varios años) el fortalecimiento del fantasma de la inflación (gráfico 5). El índice de precios al consumidor (IPC) en Estados Unidos subió 4,3% en los 12 meses contados hasta enero 2008, el mayor incremento desde 1990, lo cual estuvo impulsado por los precios de la energía (19,6%). El índice de precios al 12 Ese potencial destructivo deriva, en parte, del hecho de que la deuda de las tarjetas de crédito fue traspasada a inversionistas del mercado secundario (fondos de pensión, fondos de alto riesgo). 13 Lo que se esconde tras la desaparición de la liquidez es un colapso de la confianza: los jugadores en el mercado no se quieren hacer préstamos, porque no están seguros de recuperarlos. 22 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial productor (IPP) subió 7,4% en el mismo período, la mayor inflación a nivel mayorista en 26 años (BLS, 2008). En apenas siete años, la cantidad de dinero colocada en circulación por la Reserva Federal, se incrementó en 249 mil millones de dólares, al pasar de 571 mil millones de dólares en el 2000 hasta 820 mil millones de dólares en el 2007. Ello equivale a un promedio anual de alrededor de 34 mil millones de dólares, una cifra que supone un increíble incremento de 1 221% con respecto a los 28 millones de dólares por año del largo período de 110 años comprendido entre 1800-1910 (Ripplinger, 2008). Este ritmo de incremento en la creación y circulación de dinero no se justifica ni por el crecimiento de la población ni por la creación de riqueza, los dos factores que podrían sustentar ese dinamismo. Por lo tanto, para algunos analistas existe, de hecho, un proceso hiperinflacionario en Estados Unidos que implica una pérdida del valor real del dólar (Ripplinger, 2008). Gráfico 2. Tasas de inflación general y de componentes seleccionados (datos interanuales; %) Fuente: OCEI, 2008 Por otro lado, el abaratamiento del costo del dinero provoca una mayor debilidad del dólar y, por esa via, contribuye a alimentar el fenómeno de la inflación. A medida que cae el dólar, suben los precios de las compras externas norteamericanas, con los combustibles y los minerales a la cabeza. ¿Cómo pueden los hogares y las empresas pagar sus deudas, si los costes operativos de la calefacción, la electricidad y el transporte absorben cada vez más sus ingresos? 23 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 La inflación de Estados Unidos estaría contenida excepto por el hecho de que muchos países, desde el Medio Oriente hasta Asia, pegan sus monedas al dólar. Otros, como Rusia y Argentina, no tienen una paridad literal con el dólar pero, de todos modos, intentan suavizar los movimientos. En consecuencia, cada vez que la Reserva Federal recorta las tasas de interés, ejerce presión sobre todo el “bloque del dólar” para que haga lo mismo, por miedo de que sus monedas se aprecien a medida que los inversores buscan mayores rendimientos. Una política monetaria más laxa en Estados Unidos, en consecuencia, ha marcado el ritmo de la inflación en una porción importante –tal vez cercana al 60% – de la economía global (Rogoff, 2008). El cóctel bajas tasas de interés, devaluación del dólar, e inyecciones masivas de dinero, todo ello actuando en medio de una espiral excepcionalmente alcista del precio del petróleo, los alimentos y las materias primas, tiene el potencial suficiente para desatar una peligrosa espiral de precios. En este contexto, la tasa de desempleo estadounidense subió en flecha y a principios del 2008 se situó en torno al 5%, una cifra comparable a la que se registró durante la recesión del 2001-2002 y muy distante del nivel mínimo de 4,4% alcanzado en el 2004. Más de 7,5 millones de norteamericanos estaban desocupados (sin tener en cuenta los desempleados dentro de 12 millones de indocumentados), pero no todos tenían derecho a recibir susidios. Entre los jóvenes (15,6%), los negros (9,2%) y los hispanos (6,3%), la tasa de desempleo registraba los niveles más altos. Existían alrededor de 6 millones de estadounidenses con empleos precarios y casi 25 millones trabajaban a tiempo parcial, en empleos de duración determinada y sin seguros sociales (BLS, 2008). La economía de Estados Unidos había destruido 17.000 empleos en enero del 2008, por primera vez en cuatro años. En el mismo mes, el sector manufacturero recortó 28.000 empleos y acumuló 19 meses consecutivos de contracción, mientras que el número de puestos de la construcción se redujo en 27.000 (BLS, 2008). En la industria de la construcción se perdieron 284.000 empleos desde el nivel máximo alcanzado en septiembre del 2006, lo cual reflejaba, en gran medida, el continuo declive de la construcción de casas (BLS, 2008). Los permisos de construcción de viviendas –una señal sobre las edificaciones futuras- se desplomaron -8,1% en diciembre del 2007, la mayor caída desde principios de 1993; mientras la construcción de casas nuevas disminuyó -14,2% y alcanzó su ritmo más bajo en más de 16 años 14 . En el mismo período, los descensos de las viviendas iniciadas y vendidas (gráfico 6) promediaron alrededor de 40% y registraron los niveles más bajos desde mayo de 1991 y marzo de 1993, respectivamente. 14 La Reserva Federal estima que la menor construcción de casas se ha tradujo en una reducción de ¾ de punto porcentual en el crecimiento del PIB de Estados Unidos durante el último año y medio contado hasta enero 2008 (http://www.monterrey-newyorklife.com.mx). 24 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial Para ese entonces, el comportamiento del sector automovilístico, también mostraba claros síntomas de contagio, en particular la General Motors durante el cuarto trimestre del 2007 cerró con pérdidas de 38 mil millones de dólares – superiores al record negativo marcado en 1992– debido a los problemas de su filial financiera GMAC, involucrada en préstamos al sector inmobiliario, y a la continua debilidad de las ventas de automóviles en Estados Unidos. (http://www.monterrey-newyorklife.com.mx). Otro punto de alarma se situaba en torno a la bolsa de valores, donde se sucedieron grandes caídas desde los últimos meses del 2007 y sobre todo el índice Dow Jones, que refleja el valor de mercado de 30 compañías de las más reconocidas en los Estados Unidos y el mundo, más allá de recuperaciones efímeras, descendió más de 1100 puntos a comienzos del 2008. Gráfico 3. Vivienda privada iniciada y vivienda unifamiliar vendida (%; datos interanuales en media móvil a 12 meses) Fuente: OCEI, 2008 Al decir de algunos prestigiosos analistas, una “megacrisis global” estaba a punto de estallar 15 y, a la entrada del 2008, se tendría que imprimir mayor 15 Lo que sucedió fue que el paquete de estímulo a la economía propuesto por George W. Bush (ver más adelante) lo realizaron un viernes en la tarde cuando ya los mercados globales habían cerrado y el lunes siguiente era un feriado bancario por lo que Wall Street permanecería cerrado. 25 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 aceleración y dinamismo a la política monetaria: el 23 de enero del 2008, la Reserva Federal aplicó una palanca de emergencia sin precedentes, al recortar la tasa de interés en 75 puntos bases (0,75% o ¾ de puntos) y ubicarla en 3,5%. Este era el primer movimiento del Banco central norteamericano fuera de sus reuniones habituales desde septiembre de 2001 y el mayor recorte realizado en 25 años de una sola vez. Sin dudas, la acción tiene un “fuerte olor a pánico” (Infobae Profesional, 2008). Apenas una semana después de ese primer recorte del 2008, el miércoles 30 de enero, las autoridades monetarias norteamericanas procedieron a abaratar, una vez más, el precio del dinero, y redujeron la tasa de interés hasta 3%, el nivel más bajo desde junio del 2005. El recorte acumulado en las tasas de interés, en menos de dos semanas durante el 2008, constituye uno de los episodios más profundos y abruptos de reducciones del costo del crédito en la historia moderna del banco central de Estados Unidos (Gasalla, 2008). Adicionalmente, con inusual rapidez, el Congreso aprobó en febrero un paquete de estímulo fiscal (recorte tributario) por un monto de 150 mil millones de dólares, lo que equivale a alrededor del 1% del PIB de Estados Unidos (Hastings, 2008). Ese dinero llegaría directamente a los bolsillos de los consumidores, a través de dos vías, desgravaciones fiscales para los negocios que inviertan y la devolución de impuestos para los particulares. Todo parecía indicar que las autoridades estadounidenses presagiaban el descalabro de los mercados y estaban resueltas a intervenir sin importar la inflación, quizá por miedo a que las caídas de las bolsas se trasladaran a la “economía real” o porque la bolsa fuera, realmente, un reflejo de esta. Por consiguiente, tanto el presupuesto como la política monetaria continuarían al servicio de la recuperación económica, a través de adicionales reducciones de la tasa de interés o de inyecciones excepcionales de liquidez. Un “tsunami” financiero se desencadena Como resulta fácil advertir de todo lo expuesto hasta aquí, se había creado un círculo vicioso en Estados Unidos, cuyo impacto amenazaba con extenderse a la economía global. Una severa contracción del crédito estaba empeorando la recesión estadounidense, lo que a su vez generaba mayores pérdidas en los mercados financieros –y se socavaba, así, la economía en general. El colapso sistémico en los mercados financieros estadounidenses se había convertido en Los inversionistas globales evaluaron muy negativamente el Plan de Emergencia propuesto por considerar que se haría efectivo en el largo plazo y se necesitaba una acción rápida. En consecuencia, se desplomaron las bolsas de Asia, Europa y Latinoamérica donde no existen mecanismos para detener un crash como sí existen en Wall Street. Asia se desplomó 5%, Europa entre 6%-7% y América Latina un 6% como promedio. Los bonos, el petróleo y el oro se sumaron al desplome. El martes 22 de enero en la mañana, antes de la apertura de los mercados, la Reserva Federal se anticipó a la debacle que estaba por ocurrir (Gasalla, 2008). 26 Centro de Investigaciones de la Economía Mundial una posibilidad real, a medida que estallaban las enormes burbujas del crédito y los activos. El problema ya no consistía solamente en las hipotecas de alto riesgo, sino en un sistema financiero “de alto riesgo”. Las liquidaciones y los impagos se habían extendido, como pólvora, de las hipotecas de alto riesgo a las de riesgo medio y bajo. De esa manera, las pérdidas totales de los instrumentos relacionados con las hipotecas –incluyendo derivados crediticios exóticos como las obligaciones de deuda avalada (CDO por sus siglas en inglés — se elevaron hasta niveles significativos. Además, los bienes raíces comerciales habían empezado a seguir la tendencia a la baja de las propiedades residenciales. Después de todo, ¿quién quiere construir oficinas, tiendas y centros comerciales en los pueblos fantasmas del oeste estadounidense?. A ello se sumaba, los problemas derivados del amplio crédito al consumo: a medida que la economía estadounidense se acercaba a la recesión, los impagos de las tarjetas de crédito, los préstamos para comprar automóviles y los créditos estudiantiles aumentaron bruscamente. Los consumidores estadounidenses habían comprado en exceso, no tenían ahorros y estaban abrumados por las deudas. Dado que el consumo privado representa más del 70% de la demanda agregada de Estados Unidos, la disminución en el gasto doméstico agravaba la recesión. Cuando los grandes símbolos caen… En este contexto, un acontecimiento “fugaz e inesperado” sacudió a Wall Street cuando Bear Stearns, el quinto banco de inversión más grande del mundo cayó tras 85 años de trayectoria. El banco JP Morgan Chase recogió los escombros de este primer gigante caído – en unas horas perdió casi 90% de su valor – a un precio irrisorio de 2 dólares la acción (Reuters, 2008). Bear Stearns había sobrevivido a vaivenes tan poderosos como la Gran Depresión, contaba con 15.000 empleados y su negocio estaba diversificado en finanzas corporativas (fusiones, adquisiciones, emisiones de acciones y bonos, aseguramiento de deuda...), gestión de patrimonios y servicios de cámara de compensación. Este era el primero de los cinco grandes bancos norteamericanos en caer, pero, además, era el más pequeño y se suponía que con su rescate todo se tranquilizaría 16 . No obstante, lo sucedido con Bear era una evidencia clara de que la crisis financiera de los Estados Unidos había escalado un nuevo peldaño. Si antes, 16 La Fed pensó que las consecuencias de dejar caer a un banco como Bear Stearns provocaría un efecto devastador en el sistema financiero, por los compromisos que tenían muchas entidades con éste. Pero la Fed insistió en que lo de Bear Stearns era un caso puntual que no se volvería a repetir. 27 Temas de Economía Mundial. Edición Especial – CRISIS GLOBAL, 2009 cuando se hacía referencia a las más prestigiosas entidades financieras y fondos de inversión, aparecía la palabra pérdidas. Ahora, la palabra de orden era otra aún más fuerte: quiebra. En efecto, el 7 de septiembre el gobierno norteamericano se vio obligado a intervenir a las dos gigantes hipotecarias, Freddie Mac y Fannie Mae, cuya deuda conjunta ascendía a más de 5 millones de millones de dólares, todo un océano de dinero: cerca de la mitad de los 12 millones de millones de dólares que suma el mercado de hipotecas en Estados Unidos, entre las prime y las subprime (Zibel y Rutsinger, 2008). La envergadura de esta intervención o nacionalización, que clasifica entre las mayores de la historia en Estados Unidos, da escalofríos. Se veía venir, pero aun siendo así, provoca sudores fríos, no por la acción, sino más bien por la reacción o por lo que hubiese podido pasar. Era como provocar la explosión de una bomba nuclear en el corazón de un mercado hipotecario muerto, aislado y desconfiado. El temblor de estos dos colosos era conversación a esquivar desde el año pasado. Para un banquero era hablar de que el cielo se iba a caer sobre su cabeza. ¿Fannie, Freddie? Dos instituciones respetadísimas, que gozaban de más confianza que el mismísimo Pentágono estaban a punto de colapsar y destruir en su caída todo. Y todo, significa, todo el sistema bancario occidental, porque las consecuencias de una quiebra de este tamaño hubiesen sido impredecibles 17 . Los grandes bancos de Estados Unidos y algunos gobiernos extranjeros figuran entre los inversores afectados, con lo que el riesgo de que estos problemas financieros se contagien más allá del mercado hipotecario es grande. Fannie Mae y Freddie Mac ya tenían un estatus semipúblico, pero funcionaban como entidades privadas, cotizando en bolsa y aprovechando los márgenes del negocio hipotecario para generar beneficios-ganancias para sus accionistas, estaban generando inestabilidad en los mercados por los recelos fundados sobre su capacidad para garantizar los créditos hipotecarios bajo su paraguas. El banco de inversiones Lehman Brothers, el cuarto mayor de Estados Unidos – que operaba desde hacía 158 años – sería la próxima víctima de la crisis detonada por las hipotecas basura y, el lunes 14 de septiembre, protagonizaría 17 La nacionalización de ambas compañías dejaría sin valor alguno las acciones de ambas entidades, podría triplicar el insostenible déficit público del país –implicará una inyección entre 140 y 200 mil millones de dólares hasta el 31 de diciembre del 2009, según los expertos – y conllevaría el desembolso de casi 1 millón de millones de dólares por parte de los contribuyentes, según el peor escenario contemplado por la agencia de calificación Standard & Poor´s. Los expertos coincid