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Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe
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Homilía pronunciada por S. E. Mons. Teodoro Enrique Pino Miranda, Obispo de
la Diócesis de Huajuapan, en la peregrinación de su diócesis a la Basílica de
Guadalupe.
30 de marzo de 2016
Estimados sacerdotes, religiosas, diáconos, ministros, fieles venidos de la
Diócesis de Huajuapan de León, hermanos y hermanas venidos de diferentes
lugares.
"¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos
explicaba las Escrituras!" (Lc 24, 32).
Cuántas experiencias se viven en el camino de la vida, cuántos momentos
gloriosos y dolorosos se pueden encontrar cuando se va de camino. Aquellos
dos discípulos camino de Emaús nos dejan una lección que no podemos agotar
porque está fundamentada en la Palabra de Dios.
Así quiero ver este encuentro anual, que año con año realiza nuestra Diócesis
de Huajuapan de León, Oaxaca, porque ciertamente es un camino en donde se
vive la oración, se comparte la Palabra y se fortalecen los lazos de la
fraternidad. Una peregrinación que hemos querido que tenga los rasgos
propios de la propuesta en la Bula por el Año de la Misericordia: "No juzguéis y
no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados, perdonad y seréis
perdonados. Dad y se os dará: una medida buena, apretada, remecida,
rebosante pondrán en el halda de vuestros vestidos. Porque seréis medidos
con la medida que midáis" (Lc 6, 37-38).
Y la pregunta primera que nos viene a la mente es: " ¿verdaderamente arde
nuestro corazón al llegar a este lugar? Tenemos que ser conscientes de que la
celebración litúrgica es el espacio ideal para escuchar la Palabra de Dios. La
hemos escuchado con atención, pero a la vez es bueno que pensemos en todo
el significado de este Santuario, en donde todavía podemos escuchar las
palabras maternales de nuestra Madre ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?
Ciertamente inclinamos nuestra mente y nuestro corazón ante tu imagen
bendita y dejamos que nuestros sentimientos nos invadan, porque hemos
llegado a comprender que el fin del camino que hemos emprendido es
fundamentalmente este Santuario que ha iluminado el corazón de los hijos por
muchas generaciones. Traerte nuestras penas y sufrimientos es como decirte
que ya las conoces; pero no queremos que estos nos hagan perder la
esperanza. "En aquel amanecer de diciembre de 1531... en ese amanecer, en
ese encuentro, Dios despertó la esperanza de su hijo Juan, la esperanza de un
pueblo" nos decía su santidad Francisco en este mismo Santuario.
Ciertamente San Juan Diego experimentó no solo la esperanza, sino a la vez la
misericordia, al ser elegido en su pequeñez para una misión tan excelsa y es
que para Dios no hay acepción de personas, por eso sentimos que vivir el Año
de la misericordia es volver a repasar las páginas amorosas de los evangelios
que nos llaman a hacer de cada una de las comunidades un espacio de
misericordia: "allí donde la Iglesia este presente, debe de ser evidente la
misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las
asociaciones y movimientos, en fin, donde quiera que haya cristianos,
cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia" (MV 12).
En el nombre de Jesús Nazareno, levántate y camina
También podemos decir que este hombre estaba a la orilla del camino, por
donde pasaban las gentes, con la mente puesta en las limosnas que recibiría...
así lo pensó con los apósteles, sin poder imaginar que recibiría mucho más,
pero en el nombre del Señor Jesús. El milagro primero que se suscita en la
resurrección de Cristo es que ya algunos comienzan a creer en su resurrección.
Este paralitico ni siquiera imagino lo que acontecería, cuando de alguna
manera tomo una actitud humilde de recibir lo que los apóstoles le ofrecían.
Hoy de muchas maneras se nos indica que la gran verdad que hay que
predicar es Cristo; de alguna forma este hecho nos permite penetrar en la
misericordia de Dios: "en nuestro tiempo, en el que la iglesia está
comprometida en la Nueva Evangelización el tema de la misericordia exige ser
propuesto una vez más con nuevo entusiasmo y con un renovada acción
pastoral. Es determinante para la iglesia y par la credibilidad de su anuncio que
ella viva y testimonie en primera persona la misericordia. Su lenguaje y sus
gestos deben transmitir misericordia para penetrar en el corazón de las
personas y motivarlas a reencontrar el camino de vuelta al Padre" MV 12.
Hoy, de la cual todos somos conscientes un sinnúmero de parálisis en la
sociedad que ameritan les sea llegado el mensaje de la misericordia. Por
mucho que se ha avanzado en la pastoral en las diferentes comunidades,
todavía nos queda un terreno demasiado distante para que cada uno de los
cristianos vivamos el mandamiento del amor, en donde se puede experimentar
la misericordia.
Es doloroso a la vez que todavía se dan en nuestras comunidades una serie de
hechos, que están muy lejos de testimoniar la misericordia; estos se dan en
todos los agentes de pastoral y en los mismos fieles, acostumbrados a una
serie de actos, con los cuáles justificamos nuestro seguimiento al Señor, no
nos hemos percatado que tenemos que vivir día con día el camino de la
misericordia. Esta es la Iglesia que queremos para nuestra Diócesis: Un
espacio de reconciliación, de unidad, de comunión y de gran compromiso
evangelizador, en donde los pobres y los marginados puedan ocupar los
primeros lugres.
Quiero en nombre de nuestra Iglesia diocesana, decirle a nuestra madre que el
cariño para ella está en el corazón de cada familia,' aunque resta mucho de ser
un espacio de compromiso y amor, en donde la madre reina. Quiero expresarle
que en nuestro camino pastoral que hemos recorrido con frecuencia hablamos
de la familia, que la contemplamos, como el medio más eficaz para resolver los
problemas de la sociedad. Quiero manifestarle que el camino de la
evangelización nos va ofreciendo nuevas posibilidades en el terreno espiritual,
esperando que el despertar de los fieles laicos nos venga aportar mayor fuerza
evangelizadora.
Cuando el Papa Francisco nos habló hizo hincapié en la grandeza de María y de
cómo deberíamos a través de sus ojos mirar la realidad de nuestro pueblo. Ella
se encarnó como está de manifiesto en su imagen bendita y nos ha
acompañado en etapas muy importantes de nuestra historia. Por lo mismo
tenemos que testimoniar con la encarnación en cada una de las comunidades
que hemos escuchado el mensaje de nuestra Madre.
Proponemos y nos comprometemos
Hoy que se nos permite este momento de confianza que nos brinda la Madre
bueno es que pensemos, que Cristo no vino a condenar, sino a salvar y el Papa
Francisco manifestó lo mismo en la pasada visita a nuestro México: y es por
eso que te pido, que a todos los agentes de pastoral: sacerdotes, religiosos y
laicos nos hagas más comprometidos y verdaderamente interesados en
caminar con nuestro pueblo.
A la vez te pido que los que ocupan algún puesto público pongan por encima
de cualquier interés el bien del pueblo y sean verdaderos servidores como
suelen pregonar.
Danos sabiduría para que podamos elegir a las personas más indicadas en las
próximas elecciones y que no nos dejemos corromper por propuestas ajenas a
la justicia y a la paz.
Infunde en el corazón de los padres de familia su responsabilidad como pareja
y a la vez como verdaderos formadores de sus hijos.
Llena de buenos pensamientos el corazón de los jóvenes para que lleguen a
entender la misión que ellos tienen ante la sociedad.
Que los medios de comunicación social difundan la verdad y se comprometan
con los intereses del pueblo y no sus propios intereses.
Haz que los corazones de los obradores del mal se sensibilicen buscando el
bien de los demás y construyendo una sociedad en donde reine la paz.
Que al venir hoya tu santuario, nos vayamos con un corazón lleno de amor y
dispuestos a seguir trabajando para que Cristo reine en el corazón de cada uno
de los de mi pueblo.
Con esa alegría y ese gozo nos despedimos, sabiendo que jamás nos
abandonarás.