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La Entrada al Reino de los Cielos
Diciembre 30 de 2013
LA ENTRADA AL REINO DE LOS CIELOS
Mat 7:21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el Reino de los cielos, sino el
que hiciere la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
El texto anterior nos muestra con gran claridad que aunque hay muchos que dicen Señor,
Señor, no todos hacen la voluntad del Padre; y que la entrada al Reino de los cielos no es para
los que dicen Señor, Señor, sino para los que obedecen.
Existen otros textos muy conocidos y citados que nos muestran quienes pertenecen al Reino
de los cielos; la primera de las bienaventuranzas dice:
Mat 5:3 Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos es el Reino de los
cielos.
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Si buscamos en el diccionario, la palabra pobre la definen de la siguiente manera: Necesitado,
menesteroso, escaso, que carece de alguna cosa.
El pobre en espíritu es un necesitado, un menesteroso espiritual, carece de riqueza espiritual.
Recordemos que el Señor no vino a llamar a los justos a arrepentimiento, sino a los pecadores;
a los que reconocen su condición de completa miseria espiritual, recordemos que vino para los
que tenemos necesidad de médico.
Por otro lado, hay para quienes la entrada al Reino es un asunto complicado e incluso hay
otros que no solo no entran, sino que estorban la entrada de los demás.
Mat 19:23 Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que el rico
difícilmente entrará en el Reino de los cielos.
Mat 19:24 Pero os digo, que más liviano trabajo es pasar un cable por el ojo de una
aguja, que el rico entrar en el Reino de Dios.
El asunto es que donde está nuestro tesoro, está nuestro corazón, y que no se puede servir a
dos señores, no se puede servir a Dios y a las riquezas. Hay muchos diciendo Señor, Señor
pero sirviendo a las riquezas, pues ese es su tesoro, y ahí es donde está su corazón. No se
hace entonces la voluntad del Padre, por lo tanto no habrá entrada en el Reino de los cielos.
Mat 5:10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia (o
rectitud)
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, porque de ellos es el Reino de los cielos.
Mat 5:11 Bienaventurados sois cuando os vituperen y os persigan, y se dijere toda clase
de
mal de vosotros por mi causa, mintiendo.
Mat 5:12 Gozaos y alegraos; porque vuestro galardón es grande en los cielos; que así
persiguieron a los profetas que
estuvieron antes de vosotros.
El Reino de los cielos también pertenece a quienes padecen persecución por causa de la
justicia, es decir por causa de hacer la voluntad del Padre. Pues ciertamente si seguimos al
Señor, si andamos en obediencia, seremos participantes de sus padecimientos, seremos
perseguidos y rechazados por los religiosos, blasfemados y aborrecidos por la ciudad de la
religión y por los enemigos de la cruz, como lo fue nuestro Señor; pues él nos dejó ejemplo
para que siguiéramos Sus pisadas y como está escrito en Filipenses, se nos ha concedido una
gracia especial:
Flp 1:29 porque a vosotros es concedido acerca de Cristo, no sólo que creáis en él, sino
también que padezcáis por él,
Recordemos hermanos, pueblo del Señor, que si fuéramos del mundo, el mundo nos amaría;
pero hemos sido comprados con sangre y rescatados de la corriente de este siglo, por lo cual
el mundo nos aborrece.
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Pero la promesa es maravillosa, se nos dice que si padecemos por causa de hacer la voluntad
del Padre, que debemos gozarnos y alegrarnos, pues nuestro galardón es grande en el Reino
de los cielos. Así han perseguido a todos quienes han sido verdaderamente enviados por el
Señor a llevar Su mensaje.
Escuchemos otras palabras pronunciadas por nuestro Señor:
Luc 6:24 Mas ¡ay de vosotros, ricos! Porque tenéis vuestro consuelo.
Luc 6:25 ¡Ay de vosotros, los que estáis hartos! Porque tendréis hambre. ¡Ay de
vosotros, los que ahora reís! Porque lamentaréis y lloraréis.
Luc 6:26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! Porque
así hacían sus padres a los falsos profetas.
Para unos son las bienaventuranzas y para otros los Ayes.
Para los que tienen su corazón en las cosas de abajo, para los que sirven a las riquezas, al
dios dinero, que buscan solo lo suyo propio, aunque digan Señor, Señor, para ellos son los
Ayes y en aquel día tendrán que escuchar: No os conozco, hacedores de maldad (de la
voluntad propia), apartaos de mí.
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Ciertamente el que procure salvar su propia vida la perderá.
Hoy existen muchos hombres de los que se habla bien, que ahora están hartos y ríen, que
tienen en este mundo su consuelo. No quisiera estar en sus zapatos. Muchos sepulcros
blanqueados que aparentan piedad, pero llenos de inmundicia, de hipocresía, de iniquidad y
muerte por dentro, que estorban la entrada al Reino de los cielos.
Mat 23:27 ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque sois semejantes a
sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, más por
dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.
Mat 23:28 Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres;
mas por dentro, llenos estáis de hipocresía e iniquidad.
Mat 23:33 ¡Serpientes, generación de víboras! ¿Cómo evitaréis el juicio del quemadero?
Mat 23:34 Por tanto, he aquí, yo envío a vosotros profetas, y sabios, y escribas; y de
ellos,
a unos mataréis y colgaréis de un madero, y a otros de ellos azotaréis en
vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad.
Mat 23:35 Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado
sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de
Berequías, al cual matasteis entre el Templo y el altar.
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El Señor nos pide que oremos por obreros para la mies:
Mat 9:37 Entonces dice a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, más los obreros
pocos.
Mat 9:38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.
Todos por naturaleza buscamos lo propio pero no lo que es del Cristo y procuramos salvar
nuestra vida. El Señor enviará obreros a hacer su voluntad, pero como está escrito a unos
matarán, a otros crucificarán, a otros azotarán en sus sinagogas (de Satanás) y a otros
perseguirán.
Todos queremos que el Señor nos “bendiga” con un buen trabajo, ¿pero y qué de querer hacer
el trabajo del Señor? ¿De la verdadera bendición?
Oración:
Señor perdónanos porque hemos vivido para nosotros mismos y no para ti. Perdónanos porque
decimos Señor, Señor y no hemos hecho tu voluntad; porque te hemos honrado solo de labios
y nuestro corazón ha estado lejos de ti. Perdónanos porque buscamos lo propio y no lo de
Cristo. Perdónanos pues hemos andado en pos de nuestra dureza y de la invención de nuestro
perverso corazón.
Clamamos a ti por un verdadero arrepentimiento, por limpieza y sanidad, por tu misericordia y
gracia para que seamos llevados a la perfección, a andar en toda obra buena que tú preparaste
para que anduviéramos en ella, para hacer tu voluntad.
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OH, Bendito Padre, líbranos de nuestra condición miserable y perdida, somos desventurados,
ciegos, pobres y desnudos; por amor de tu Nombre envía tu fuego para que seamos cubiertos
con ropas blancas y se cubra nuestra vergüenza y desnudez.
Padre, nosotros no damos la talla, llévanos a la estatura de tu Hijo Amado.
Santifica tu Nombre, líbranos del temor y de la cobardía, haznos valientes, perfecciónanos en
tu Amor para que seamos de los vencedores, para que menospreciemos nuestras vidas hasta
la muerte.
QUE LA VIDA SEA CRISTO Y LA MUERTE GANANCIA. ENVÍA OBREROS A LA MIES.
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