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SALUDO DE LA NUEVA MADRE DIRECTORA SOR DULCE MARÍA RIAL AL INICIAR EL AÑO ESCOLAR Buenos días a todos y a todas. Creo que mis sentimientos en este momento deben ser parecidos a los de alumnos y alumnas de 1er grado: Una mezcla de nervios e ilusión, de incertidumbre y de ganas… así es cuando comenzamos una etapa nueva: Hay que pagar la novatada (no queda de otra…) Pero sobre todo, en mi corazón está el convencimiento, la certeza profunda, de que nada en nuestra vida es fruto del azar sino del cuidado providente de nuestro Dios. Desde esta certidumbre, les invito que nos hagamos conscientes de que el Señor ha permitido que estemos hoy aquí. Esta verdad tiene dos consecuencias: La primera que somos unos privilegiados. Son privilegiados: Los maestros porque hoy se les entrega un tesoro: nuestros alumnos, ellos, los niños, son los preferidos del Jesús. Los niños y las jóvenes porque ¡cuántos querrían tener esta oportunidad que ustedes tienen!, ¿lo han pensado? No es así para muchos… Ténganlo en cuenta y valoren de verdad la formación que aquí se les va a brindar. Los padres de familia porque, con humildad, y orgullo al mismo tiempo, les digo de corazón que, a partir de ahora, dejan a sus hijos, durante muchas horas cada día, en muy buenas manos. Que sea hoy, por tanto, un día de alabanza y acción de gracias al Señor porque “es de bien nacidos ser agradecidos”. La segunda consecuencia es en palabras del Evangelio: “Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá”. Que se podría traducir en una palabra que hoy está muy en boga: la excelencia. Sí, estamos aquí para luchar por la excelencia. ¿Cómo? Los alumnos y alumnas acogiendo con responsabilidad esta nueva oportunidad, recibiéndola como un reto en el que han de poner lo mejor de sí mismas, de sí mismos, desechando la tentación del mínimo esfuerzo, de la mediocridad, poniendo en juego todos los talentos que el Señor les ha regalado. Los padres acompañando día a día el crecimiento integral de sus hijos. Pequeños y grandes necesitan de su tiempo de calidad, necesitan poder compartir sus inquietudes, sus logros; necesitan un consejo, una palabra de ánimo… Que el trabajo, el compromiso de asegurar el futuro de sus hijos, no les impida implicarse con ellos, en el presente, cada día. Los profesores viviendo con gran responsabilidad la hermosa vocación de ser maestro. Nuestro ideario nos señala que el objetivo es la formación integral de nuestros chicos y chicas. Sean formadores con su vida, con su testimonio. Sean educadores por su capacidad de empatía, cercanía, también por su exigencia como acto de fe en las posibilidades de cada alumno. Séanlo por su buen quehacer pedagógico, fruto de una formación constante. Vivan, en definitiva, su profesión al estilo del único Maestro, con mayúsculas, Jesucristo. Por último, hay una excelencia que este año hemos de cultivar a petición del Papa Francisco: Ser misericordiosos como el Padre. Lo hemos pedido en nuestra oración con la palabra y con el gesto simbólico. Queda en cada uno la obligación de mantener este compromiso. Vivamos la misericordia acogiendo buscando con humildad y fe el abrazo del Padre, que siente un inmenso amor por cada uno y el horizonte esperando nuestro regreso; seamos misericordiosos haciendo realidad la acogida, llena de compasión y ternura, a todos, también a aquellos que han cometido errores. El desafío es grande, pero nuestro ánimo es mucho mayor. Así que comencemos con entusiasmo y decisión este camino: Bienvenidos al Año Escolar 2016.