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Monografías de la Asociación Española de Cirujanos Rehabilitación multimodal Coordinador: José Manuel Ramírez Rodríguez Asociación Española de Cirujanos N.º 03 Monografías de la Rehabilitación multimodal © Copyright 2015. ARÁN EDICIONES, S.L. Reservados todos los derechos. Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, transmitida en ninguna forma o medio alguno, electrónico o mecánico, incluyendo fotocopias, grabaciones o cualquier sistema de recuperación de almacenaje de información, sin la autorización por escrito del titular del Copyright. El contenido del documento refleja las opiniones, criterios, conclusiones y/o hallazgos propios de sus autores. Cualquier producto mencionado deberá ser estrictamente prescrito y utilizado de acuerdo con la ficha técnica autorizada del producto en España. La Editorial declina toda responsabilidad sobre el contenido de los artículos que aparezcan en esta publicación. ISSN: 2444-6947 ARÁN EDICIONES, S.L. 28006 MADRID - Castelló, 128, 1.º - Telf.: 91 782 00 35 - Fax: 91 561 57 87 e-mail: [email protected] - http://www.grupoaran.com Monografías de la Rehabilitación multimodal Coordinador: José Manuel Ramírez Rodríguez Comité Editorial Eduardo Mª Targarona Soler José Vicente Roig Vila José Mª Jover Navalón Elena Martín Pérez Pablo Moreno Llorente Salvador Navarro Soto Juan Carlos Ruiz de Adana Belbel José Luis Salvador Sanchís José Mª Enríquez Navascués Introducción Apreciado socio: Una de las misiones de la AEC es la diseminación y actualización de los avances en el desarrollo de la cirugía a todos los niveles. Desde hace años la AEC se ha caracterizado y ha favorecido la publicación de obras en diversos formatos que ha permitido conseguir este objetivo. La revista Cirugía Española se puede considerar como el escaparate de mayor calidad de la sociedad: en la revista, una vez indexada, evaluada por pares y con factor de impacto es donde se publican los avances o los resultados de los estudios más actuales de nuestra actividad. El libro de Cirugía, con el proyecto de desarrollar la tercera edición, pretende ser la referencia obligada ante cualquier duda o necesidad de información para el cirujano en formación o ya formado. Las Guías Clínicas, obra de especial éxito y reconocidas por todos los cirujanos, pretenden ofrecer de una forma concisa las bases y esquemas de tratamiento de un área concreta de la cirugía y, finalmente, cada año publicamos obras menores que intentan completar de forma más general algunos temas de actualidad. ¿Hacen falta más publicaciones…? Algún lector podrá decir que no, especialmente ante la plétora de información de la que disponemos en la actualidad, ante el éxito de Internet y la facilidad en la diseminación de la información. La Junta Directiva que tengo el honor de presidir considera que sí, que hay lugar para un modelo intermedio, y este son las Monografías de la AEC que pretenden, en un formato reducido, tipo revista, abordar de forma exhaustiva temas de especial interés y actualidad, con una presentación ágil que permita al lector la puesta al día tras su lectura. Este formato permite ser de rápida creación y publicación, y dar cabida a cualquier tema que cualquier miembro de la Junta Directiva, de las secciones o miembro de la sociedad pueda proponer. Prueba de ellos son los tres temas que presentamos en estos tres primeros números: ERAS, controversias en prevención ETV y manejo paciente anticoagulado y cirugía robótica. Se puede argumentar que la calidad de la publicación no está bien contrastada al no ser revisada por pares, pero la confianza en la profesionalidad del editor responsable, y la supervisión y corrección por parte del Comité Científico de la AEC permiten asegurar el rigor de su contenido. Me gustaría agradecer a diversas personas y entidades el desarrollo de este proyecto: a la Junta Directiva que confió y dio crédito a esta propuesta, a los editores y autores, que aceptaron el reto de desarrollar el proyecto en menos de 5 meses, incluyendo el verano, y a Arán Ediciones que, con la eficacia a la que ya nos tiene acostumbrados, ha dado cuerpo al proyecto. También agradecer a los sponsors que de forma ágil y generosa han dado soporte al proyecto. Estas Monografías se publicarán de forma electrónica y también estarán disponibles en la app de la AEC. No se prevé una periodicidad regular en la publicación pero, tras esta prueba piloto, se invita a todos los miembros de la AEC a proponer temas, títulos y editores; tampoco existe un temario cerrado y circunscrito, es un modelo únicamente uniforme en cuanto a su formato que da cabida a cualquier tema de actualidad. Espero que esta obra que tienes en tus manos sea de tu interés y será tu opinión la que definirá si el camino elegido ha sido el adecuado. E.M. Targarona Presidente de la AEC Sumario Programas de rehabilitación multimodal: del fast-track a la recuperación intensificada. 11 JM Ramírez Rodríguez y JV Roig Vila Práctica clínica perioperatoria. Respuesta metabólica al estrés........................................ 18 JM Calvo Vecino, J Ripollés Melchor, A Abad Gurumeta, R Casans Francés, P Ortega Domene, ML de Fuenmayor Valera, R Salvachúa Fernández y JB Seoane González Optimización preoperatoria y prehabilitación....................................................................... 27 J Longás Valién, J Guillén Antón, ME Elia Guedea y V Aguilella Diago Nutrición, inmunonutrición y recuperación mejorada.......................................................... 32 FJ Blanco González, A Arroyo Sebastián y P Moya Forcén Estrategias para manejo de fluidos y analgesia perioperatoria en programas de recuperación intensificada para cirugía abdominal........................................................ 40 JM Bausili Pons, O Blasco Delgado, C Brugiotti, V Corazza, A Pedregosa Sanz, JA Pérez García y R Casans Francés El papel del cirujano en los protocolos. Cómo de evidente es la evidencia...................... 51 E del Valle Hernández, F Esteban Collazo, J Zorilla Ortúzar, S de la Serna Esteban, E Hurtado Caballero y M García Alonso El valor de Enfermería en los programas de recuperación intensificada........................... 59 MPL Gómez Martín-Tesorero, CGl Nogueiras Quintas y Luis Sánchez Urdazpal Protocolos de rehabilitación multimodal en cirugía............................................................. 62 J Ruiz Tovar, C Pastor y D García Olmo Protocolos de rehabilitación multimodal. Problemas de implementación y sostenibilidad... 74 M Pera Román, S Salvans Ruiz, MJ Gil Egea, P Royo Dachary y JM Ramírez Rodríguez Indicadores de calidad y eficiencia. Bases de datos y auditoria de resultados................ 80 V Soria Aledo, E Rodríguez Cuéllar y R Cabezali Sánchez Programas de rehabilitación multimodal: del fast-track a la recuperación intensificada JM Ramírez Rodríguez1, JV Roig Vila2 Coordinador del Grupo de Trabajo de Rehabilitación Multimodal de la AEC. Coordinador del Grupo Español de Rehabilitación Multimodal (GERM). Coordinador del Comité Educativo de la ERAS Society. Servicio de Cirugía General y del Aparato Digestivo. Hospital Clínico Lozano Blesa. Zaragoza 2 Presidente del Comité Científico de la AEC. Codirector del Centro Europeo de Cirugía Colorrectal. Unidad de Coloproctología. Hospital Nisa 9 de Octubre. Valencia 1 RESUMEN La rehabilitación multimodal ha surgido como una de las grandes revoluciones de la cirugía en los últimos años. Mediante múltiples actuaciones pretende reducir el impacto del estrés quirúrgico y acelerar así la recuperación disminuyendo las complicaciones. Tras los trabajos iniciales de Kehlet, que estableció el término “cirugía fast-track”, ha ido demostrándose no solo el valor de cada uno de los ítems que componen el programa, sino los beneficios globales de su conjunto. Hoy en día hay evidencia de su utilidad, si bien persiste la lucha con la tradición para lograr su implementación generalizada, y es necesario profundizar en aspectos que conduzcan a una verdadera recuperación intensificada de los pacientes en todas las esferas, minimizando el impacto de la agresión quirúrgica. Los protocolos de grupos de trabajo, con el necesario impulso de las autoridades sanitarias, son necesarios para establecer definitivamente este cambio de paradigma del manejo perioperatorio de los pacientes. Palabras clave: rehabilitación multimodal, fasttrack, recuperación incentivada, recuperación intensificada. INTRODUCCIÓN Los cuidados perioperatorios han mejorado en los últimos 50 años de forma dramática. Tanto es así, que se han considerado como uno de los grandes hitos de la cirugía tras el advenimiento de la asepsia y antisepsia, la anestesia y la cirugía endoscópica1. Sin duda, hay muchos otros avances que han aportado grandes mejoras al resultado de los procesos quirúrgicos, pero lo que se analiza a continuación es el desarrollo de los métodos de reducción del estrés perioperatorio y el control del dolor, que han conseguido mejorar el resultado de la cirugía disminuyendo las complicaciones y el tiempo de convalecencia de los pacientes. En este sentido, el estrés se relaciona con aquellos factores que desequilibran el organismo amenazando la homeostasis. La agresión quirúrgica genera como respuesta fisiológica por parte del organismo la liberación de corticoides y catecolaminas. En la primera mitad del pasado siglo, y sobre todo gracias a los trabajos de Cuthbertson, se empieza a tener conciencia de la importancia de la agresión quirúrgica y comienza a cuantificarse la respuesta2, de tal manera que una respuesta fisiológica puede pasar a fisiopatológica en dependencia del grado de agresión y la duración del mismo. Estos primeros trabajos logran despertar el interés en la patofisiología quirúrgica y entre los investigaciones en este campo pronto surge la figura de Kehlet3, que participa en un estudio en el que se evidencia que la anestesia epidural, al bloquear las vías aferentes al sistema nervioso central (SNC), atenuaba la respuesta del eje hipotálamo-pituitario-suprarrenal reduciendo el dolor y la liberación de las hormonas de estrés, con la consiguiente reducción de la hiperglucemia y del balance proteico negativo. Pese a que la corriente “tradicional” insistió en que era mejor no intervenir de modo agresivo en el cuidado de los pacientes críticamente enfermos, para así permitir la respuesta de los sistemas orgánicos, evolucionados durante milenios, lo cierto es que en pacientes críticos se demostró que, por ejemplo, el bloqueo anestésico neuroaxial reducía un 30% la mortalidad en comparación con la anestesia general4; que la prevención de la hipotermia, estimulante de la respuesta al estrés, rebajaba a la mitad o a una tercera parte las infecciones, hemorragias y arritmias5; que el bloqueo β-adrenérgico con propanolol disminuía el consumo I 11 I Rehabilitación multimodal de oxígeno y la frecuencia cardiaca y revertía el catabolismo proteico en quemados6, y así una larga lista de hallazgos7. Evidentemente, hay problemas relacionados con esta reducción del estrés, algo ya demostrado por Cannon hace casi un siglo8, y los protocolos que lleven esto a la práctica deben ser claramente validados, pero han contribuido a reducir la morbimortalidad de los pacientes quirúrgicos y a mejorar su evolución. La realidad es que durante muchos años aprendimos que la cirugía era una agresión, pero no aprendimos a modularla9. Hoy sabemos que la morbilidad postoperatoria es el resultado de una conjunción de factores que dependen tanto de la propia agresión quirúrgica como de la respuesta a la misma y de sus consecuencias (Tabla 1), y para reducirla se requiere una serie de intervenciones que van desde la información adecuada preoperatoria, para que el paciente sea conocedor de lo importante que es su implicación en la resolución de su proceso, a las acciones encaminadas a reducir el estrés, controlar el dolor y modificar los cuidados perioperatorios, todo ello acorde con la evidencia científica. EL CONCEPTO DE FAST-TRACK En la actualidad, el control del dolor postoperatorio ha mejorado y la cirugía incluye rutinariamente intervenciones y abordajes menos agresivos, muchos de ellos en régimen ambulatorio, pero a finales del último milenio fueron surgiendo modos de manejar procedimientos más complejos en lo que inicialmente se denominó “cirugía fast-track” que, fundamentada en la hipótesis de la combinación de actuaciones basadas en la evidencia científica, asocia diferentes técnicas anestésicas, de control del dolor, rehabilitación más agresiva o nutrición oral precoz, entre otras, para reducir la respuesta al es- Tabla 1. Factores que contribuyen a la morbilidad postquirúrgica Factores que contribuyen a la morbilidad postquirúrgica Respuesta al estrés y disfunción de órganos y sistemas Dolor Náuseas y vómitos íleo Fatiga Hipoxemia Alteraciones del sueño Inmovilización Ayuno Sondas y drenajes trés quirúrgico y la disfunción de órganos y así acortar de forma muy significativa el tiempo requerido para una recuperación completa. También incluye la actualización del manejo perioperatorio, como la preparación intestinal, el uso selectivo de sondas o drenajes y el manejo de fluidos, entre otros10. Avances recientes en el conocimiento de la fisiopatología quirúrgica como los mencionados previamente evidencian que hay múltiples factores que contribuyen a la morbilidad postoperatoria, alargando las estancias hospitalarias y la convalecencia global. Para mejorar esto se precisan actuaciones multimodales y, al igual que la cirugía mayor ambulatoria mostró su seguridad en procedimientos rutinarios incluso de riesgo elevado, las investigaciones en fast-track han ido evaluando técnicas aplicadas a intervenciones más graves y en sujetos de mayor edad y riesgo quirúrgico, fundamentalmente (o al menos en sus inicios), en procedimientos de cirugía abdominal. Los puntos básicos en los que se fundamentan estas intervenciones han sido progresivamente sometidos a estudios aleatorizados para valorar sus posibles beneficios, así como su seguridad, costes y la satisfacción de los pacientes11,12. El pionero y artífice fundamental de la integración de estos conceptos en un cuerpo de doctrina ha sido el danés Henrik Kehlet, quien con una ingente producción científica ha demostrado junto a otros autores, muchos de ellos componentes posteriormente del grupo de trabajo ERAS (Enhanced Recovery After Surgery), que un abordaje multimodal puede reducir la morbimortalidad perioperatoria y promover una más pronta recuperación atenuando el impacto de los factores que provocan el estrés quirúrgico, y por ello también se ha dado en llamar a estos procedimientos “rehabilitación multimodal” (RHMM). Cualquier programa de incentivación perioperatoria debe basarse en la cumplimentación de objetivos específicos como los que se reflejan en la Figura 1. El planteamiento inicial tras las primeras aportaciones en este campo y sus resultados prometedores fue si había que modificar nuestro sistema tradicional de cuidados postoperatorios y, por tanto, cambiar algo tan difícil como nuestras costumbres. Así, por ejemplo, la recuperación no tiene necesariamente que pasar por la dependencia de una unidad de hospitalización tradicional, sino más bien optimizar el control del dolor, la nutrición y la movilización sin generar necesariamente cargas de trabajo adicionales a los centros de medicina primaria, porque una condición indispensable para la reducción de estancias es que ello fuese una consecuencia de la reducción de la morbilidad perioperatoria, con la visión de que determinados procesos, como las prótesis de cadera, la cirugía de tumores colorrec- I 12 I Rehabilitación multimodal tales o de un aneurisma de aorta, llegasen a ser un día realizados como cirugía mayor ambulatoria. Lógicamente, estos nuevos conceptos han tenido que ser asimilados por todo el personal al cuidado de los pacientes quirúrgicos, obligando a una reingeniería de procesos con entrenamiento y planes de cuidados específicos, ya que el peso de la tradición ha sido muy importante en este terreno y así como incorporamos rápidamente avances tecnológicos, nos cuesta mucho más hacerlo en lo que atañe a los relacionados con la fisiopatología. Sin embargo, los conceptos sobre los que se asientan estos cuidados tienen una base sólida que poco a poco ha ido poniendo en su lugar la evidencia científica. Datos como la no necesidad de la preparación mecánica de colon13, de sondas o drenajes en muchos casos14, o la importancia de una pronta ingesta oral15, gestos que no solamente no tienen efectos deletéreos en el curso postoperatorio de los pacientes sino todo lo contrario, han sido establecidos por metaanálisis y hoy en día están fuera de discusión, al menos teóricamente. Para el éxito de estos programas se requiere una organización adecuada y una colaboración multidisciplinar que involucre a anestesiólogos, cirujanos, enfer- meros, nutricionistas o fisioterapeutas y, fundamentalmente, al paciente, que debe conocer la importancia de su participación activa en el programa, lo que reduce los niveles de ansiedad o necesidad de analgésicos y mejora su colaboración. ¿QUÉ DICEN LAS REVISIONES SISTEMÁTICAS DE LA LITERATURA CIENTÍFICA? El siguiente paso ha sido realizar metaanálisis de los estudios aleatorizados comparando la evolución de pacientes con o sin protocolos de RHMM. Estos han mostrado reducción en las estancias hospitalarias y las complicaciones16-21, aunque la evidencia no fue inicialmente elevada por la baja calidad de alguno de los estudios o por no seguir las guías del grupo ERAS. Después les han seguido otros de mayor calidad, muchos de ellos en cirugía colorrectal, que al ser analizados en revisiones sistemáticas han mostrado disminución de complicaciones y reinicio más rápido del tránsito intestinal en comparación con los cuidados convencionales22-29, aunque sin reducción significativa en las tasas de readmisiones o en la mortalidad30. Planes de cuidados específicos Información preoperatoria y optimización de las funciones orgánicas. Prehabilitación Reducción del estrés • Anestesia regional • Cirugía mínimamente invasiva • Normotermia • Movilización farmacológica Cirugía fast-track Rehabilitación multimodal Recuperación intensificada Control efectivo del dolor Profilaxis de náuseas y vómitos Documentación MorbilidadSeguridad Costes Satisfacción Modificación de los cuidados • Uso mínimo de sondas y drenajes • Fluidoterapia guiada por objetivos • Nutrición oral • Movilización precoz Figura 1. Actuaciones necesarias para la mejora de los resultados postquirúrgicos. (adaptado de: Wilmore DW, Kehlet H. Management of patients in fast-track surgery. Br Med J. 2001;322:473-6.). I 13 I Rehabilitación multimodal En este contexto, también es interesante valorar la eficiencia en una época en la que los costes son importantes; las estrategias que mejoren los resultados clínicos serán aún más atractivas si lo hacen a coste bajo. A priori puede no parecer claro que los programas de rehabilitación multimodal reduzcan los gastos25,26,31; sin embargo, un reciente metaanálisis32 apoya la relación coste-efectividad de los mismos. PROBLEMAS DE IMPLANTACIÓN EN LA PRÁCTICA En pocos años la recuperación incentivada se ha movido desde el terreno de la herejía al de la ortodoxia, pero ha surgido un problema: el paso de la teoría a la práctica es complejo y los cirujanos, aferrados a una tradición en el manejo de los pacientes, acostumbrados a nuestros usos y costumbres, podemos ser reticentes a incorporar estos hallazgos. Una encuesta realizada en nuestro país en 2007 mostró muy bajo conocimiento y empleo de medidas perioperatorias avaladas por la experiencia científica33, al igual que evidenció otra encuesta multinacional realizada en Europa y en Estados Unidos34. Cabe cuestionarse por qué ocurre esto, que debería ser algo casi automático y a lo que Kehlet ha denominado “knowing-doing gap”35. Por supuesto, no es sencillo aplicarlo a la práctica y no basta con redactar un protocolo; también se debe instruir y hacer consensuar a todo un grupo de trabajo para que actúe de forma coordinada36-37. Así, se ha observado que a lo largo de distintos periodos de tiempo y sucesivas mejoras de adherencia al protocolo las complicaciones y readmisiones se reducen progresivamente de forma significativa en una relación dosis-respuesta38,39. Estas dificultades, para algo que debería ser de obligado cumplimiento, han hecho cuestionarse si se debe financiar la investigación para obtener evidencias científicas que posteriormente sean ignoradas en la práctica, al haber perdido los cuidados basados en la evidencia en la traslación de la investigación al escenario clínico40. Así pues, es hora para quien no lo hizo ya de lanzarse a la piscina. Con las evidencias actuales es suficiente, no hay que realizar más estudios comparativos “locales” respecto a cuidados estándar (que ya sabemos que van contra la evidencia disponible) para convencerse de la utilidad de una vía clínica que está demostrado que lo es. Tampoco es preciso exigirse cumplir a ultranza todos los objetivos inicialmente, pues podemos chocar con tradiciones, dogmas y fobias. Es más operativa una mejora continua para que los propios resultados animen a continuar con el cambio y convencer a los más escépticos. ¿HEMOS TOCADO TECHO EN EL “ESTADO DEL ARTE”? Obviamente, no hay verdades absolutas y la historia se encarga cotidianamente de demostrarlo. Como cualquier nuevo dogma, los cuidados perioperatorios basados en la evidencia científica requieren un análisis crítico más allá de los de cada uno de los ítems que lo componen, pues las medidas clásicas, como la estancia hospitalaria o incluso los reingresos, no son sinónimos perfectos de recuperación, aunque para ser dado de alta un paciente requiera cumplir una serie de criterios. Lo es más la tasa de complicaciones, que parece estar más relacionada con el empleo de recursos y las consecuencias económicas41. La reducción de la mortalidad genera también controversia, pues es conocida la variabilidad en los resultados clínicos entre hospitales y países34,42 y que muchas muertes hospitalarias son potencialmente predecibles y prevenibles, pues el deterioro clínico es precedido por cambios en los registros fisiológicos clásicos más de 24 horas antes de un evento adverso que, sin embargo, puede no ser no bien valorado o bien tratado tanto por error como por omisión. Así, por ejemplo, hay todavía una mala predicción de fugas anastomóticas por la medición de los signos vitales, e incluso mediante los nuevos parámetros bioquímicos43, pero también una deficiente definición de recuperación postoperatoria y de sus mecanismos fisiopatológicos. Aunque la rehabilitación multimodal ha producido grandes avances, evidentemente no es un dogma en sí: por ejemplo, hay controversia en el empleo de AINE en pacientes con anastomosis, ya que se ha cuestionado un mayor riesgo de fallos de sutura si se emplean44, y tampoco un procedimiento como el uso de goma de mascar parece que aporte algo más que una ingesta oral precoz45. Hay un espacio para la mejora de los protocolos, especialmente en pacientes de elevado riesgo, y así el foco de la recuperación tras un programa de ERAS se desplaza hacia criterios hoy día relevantes, como los relativos a la disfunción cognitiva, muscular o los tromboembolismos. En opinión de Jørgensen y Kehlet46, en lugar de ir más allá de la recuperación incentivada parece lógico incorporarla en los estudios futuros que definan “recuperación” con los mejores tratamientos en función de la evidencia disponible. Hay que poner pues el foco en intentar reducir las complicaciones graves con sus efectos en la calidad de vida o en el retraso del inicio de un tratamiento adyuvante y no ignorar estos problemas con unas ventajas marginales de reducción en las estancias47. Los principios de la rehabilitación multimodal deben incorporarse a estudios para definir la que se percibe como una mejor recuperación, sobre todo en pacientes I 14 I Rehabilitación multimodal de alto riesgo, y así recoger datos del estado funcional y de la opinión de los pacientes tras el alta48. También queda aún por determinar qué elementos de los protocolos predicen una recuperación precoz, pues estos varían según las publicaciones49,50. En este sentido, algunos autores han abogado por un cumplimiento rígido de todos los puntos del protocolo citando estudios que demuestran una relación entre el número de ítems no alcanzados y la morbilidad39. Sin embargo, conforme se modifica la evidencia científica respecto a sus componentes individuales, puede que haya que considerar un cumplimiento más flexible e individualizado51; así, por ejemplo, la analgesia postoperatoria puede variar al no haberse demostrado beneficio de la analgesia epidural en cirugía laparoscópica49. También hay que determinar el papel preciso de algo tan importante como la nutrición de los pacientes quirúrgicos (así como de aspectos relacionados con ella como la inmunonutrición52), la administración perioperatoria de fluidos y cómo monitorizarla (aunque que se ha demostrado que una fluidoterapia guiada por objetivos es lo ideal53) o incluso el tamaño del hospital, pues los centros menos complejos parecen tener un mayor grado de cumplimiento de los programas54. Como el proceso es dinámico y nunca termina, la metodología ha de ser cambiante en todos sus ítems55. Los fundamentos de este análisis son: ¿Por qué está hoy el paciente en el hospital? ¿Cómo podemos mejorar su recuperación? ¿Por qué este paciente de riesgo sigue todavía a riesgo?56. Esto invoca el reciclaje de los instrumentos de valoración del riesgo, de las características de las complicaciones médicas y quirúrgicas e incluso de otras no valoradas previamente, como las ya comentadas de disfunción cognitiva o fisioterapia postoperatoria, entre otras, para conseguir en definitiva una operación sin estrés, dolor ni riesgos35. IMPLICACIONES GUBERNAMENTALES. LA REALIDAD EN ESPAÑA Aunque estos avances clínicos son el resultado de investigación básica y traslacional requieren ser impulsados por las políticas sanitarias, que deben buscar tratamientos más coste-efectivos. Esta asociación clínico-política ha conducido a protocolos de actuación y a guías y vías clínicas cuyo objetivo no debe ser abaratar los costes, sino conseguir cuidados más eficientes al reducir complicaciones y ofrecer mejores resultados. Para una implementación efectiva de estas técnicas57 son de todo punto necesarios documentos de consenso como el del National Health Service británico, en los que se cita textualmente “La recuperación incentivada tiene beneficios importantes para muchos pacientes en relación con una recuperación más rápida tras cirugía mayor. Facilita unas estancias más cortas sin aumentar los reingresos. Ello tiene beneficios evidentes para los pacientes y sus familias, así como para el sistema nacional de salud” o “Creemos que la recuperación incentivada debe considerarse una práctica estándar para la mayor parte de pacientes de cirugía mayor en un amplio abanico de técnicas y especialidades”. Pero nuestro país no ha quedado a la zaga. En el año 2007 se formó el Grupo Español de Rehabilitación Multimodal (GERM), entre cuyos objetivos fundacionales están la difusión, implantación y mantenimiento de los protocolos de RHMM en las diferentes áreas de la Cirugía. Aparte de proveer de protocolos y documentación multidisciplinar consensuada, ofrecer accesos a las fuentes bibliográficas y estar abierta a través de las páginas web www.ftsurgery.com y www. grupogerm.es, ya tiene una producción científica notable50,52,54,58, lo que unido a que otros grupos nacionales han trabajado también en este ámbito23,38,59 y a que recientemente se ha formado en la Asociación Española de Cirujanos un grupo de trabajo multidisciplinar, da idea de las puntas de lanza actuales. Finalmente, estas actuaciones requerían un paso más, como es la implicación de sociedades científicas y de las autoridades sanitarias. Hay que destacar la colaboración existente desde 2013 entre el Grupo GERM y el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad para desarrollar un plan asistencial orientado a disminuir la variabilidad de la práctica clínica. Dado el carácter multidisciplinar, a esta iniciativa se han incorporado otras sociedades científicas involucradas tales como Asociación Española de Cirujanos (AEC), la Sociedad Española de Anestesiología, Reanimación y Terapéutica del Dolor (SEDAR), la Asociación Española de Coloproctología (AECP), la Sociedad Española de Nutrición Parenteral y Enteral (SENPE) y las sociedades de enfermería quirúrgica y de especialidades como Ginecología o Urología, y entre ellos se ha elaborado un magnífico documento de consenso y vía clínica sobre programas de recuperación intensificada (PRI) en cirugía abdominal, de obligada lectura para cualquier profesional que participe en el manejo perioperatorio de los pacientes y accesible en Internet (http://www. guiasalud.es/web/guest/listado-opbe)60. Finalmente, entre otras acciones se incluye esta monografía. BIBLIOGRAFÍA I 15 I 1. Slim K. Fast-track surgery: the next revolution in surgical care following laparoscopy. Colorectal Dis. 2011;13:478-80. 2. Cuthbertson DP. Observations on the disturbance of metabolism produced by injury to the limbs. Quart J Med. 1932; 25:233-46. Rehabilitación multimodal 3. Brant MR, Fernades A, Mordhorst R, Kehlet H. Epidural anesthesia improves postoperative nitrogen balance. Br Med J. 1978;29:1106-8. 4. Rogers A, Walker N, Schug S, McKee A, Kehlet H, van Zundert A, et al. Reduction of postoperative mortality and morbidity with epidural or spinal anesthesia: results from overview of randomized trials. Br Med J. 2000;321:1493-504. 5. Frank SM, Higgins MS, Breslow MJ, Fleisher LA, Gorman RB, Sitzmann JV, et al. The catecholamine, cortisol and hemodynamic responses to mild perioperative hypothermia. A randomized clinical trial. Anesthesiology. 1995;82:83-93. 6. Herndon DN, Hart DW, Wolf SE, et al. Reversal of catabolism by β-blockade after severe burns. N Engl J Med. 2001;345:1223-9. 7. Wilmore DW. From Cuthbertson to fast-track Surgery: 70 years of progress in reducing stress in surgical patients. 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Universidad Complutense. Madrid 3 Facultativo Anestesia. Servicio de Anestesiología y Reanimación. Hospital Universitario La Paz. Madrid 4 Facultativo Anestesia. Servicio de Anestesiología y Reanimación. Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza 5 Facultativo Cirugía. Servicio de Cirugía General y Digestiva. Hospital Universitario Infanta Leonor. Universidad Complutense. Madrid 6 Jefe de Servicio de Cirugía General y Digestiva. Hospital Universitario Infanta Leonor. Universidad Complutense. Madrid 1 RESUMEN INTRODUCCIÓN El estrés perioperatorio produce una liberación progresiva de hormonas, en concentración y proporción directa a la magnitud de la agresión, que provoca niveles plasmáticos elevados de epinefrina y sus precursores, cortisol y sustancias mediadoras de la inflamación (citocinas, complemento, peróxidos, prostaglandinas, etc.). Con el procedimiento quirúrgico los pacientes están sujetos a los efectos de sustancias anestésicas, a un descenso de actividad global, ciertas terapias glucocorticoideas y una nutrición enteral o parenteral continua que son responsables, junto a otros factores, de una hiperglucemia refractaria al tratamiento con insulina y la aparición de hipotermia (a veces hipertermia) por factores complejos y disregulación termorreguladora talámica. En conjunto, esta situación es responsable del descenso de la función inmune, del incremento del estrés oxidativo, de la disfunción endotelial, del aumento de los factores inflamatorios, de la elevación de factores mitogénicos, de la aparición de un estado procoagulante, de la redistribución de fluidos orgánicos y de la alteración de los flujos electrolíticos. La consecuencia fisiopatológica del estrés produce retraso en la cicatrización de las heridas, aumento en el riesgo de infección relacionada, retraso en la recuperación definitiva y un potencial riesgo de disfunción orgánica. “El cambio es la ley de la vida y los que miran solo hacia el pasado o el presente, seguramente perderán el futuro”. US President John F. Kennedy. Frankfurt, 1963. Palabras clave: estrés perioperatorio, hiperglucemia refractaria, hipotermia, estrés catabólico, abordaje ERAS, actitud terapéutica perioperatoria. En el año 1958 Francis Moore publicó en la revista Anales de la Academia de Ciencia Neoyorquina el trabajo titulado “Getting well: the biology of surgical convalescence”1. En este documento, además de hablar de las alteraciones fisiopatológicas que se producen como consecuencia de la agresión quirúrgica, concluía: “la convalecencia o la recuperación tras la cirugía incluye todo el conjunto de factores físicos, químicos, metabólicos y fisiológicos que comienzan con la agresión e incluso aquellos que se producen con anterioridad a esta, y solo terminan cuando el paciente regresa a su estado físico, a su actividad social y económica, y a sus hábitos fisiológicos previos a la cirugía”. Moore hizo una descripción completa de lo que hoy denominamos “estrés perioperatorio”; sin embargo, no encontró el término global que definiera tal circunstancia clínica. No obstante, dejó sentadas las bases para desarrollar el conjunto de actuaciones encaminadas a desarrollar los programas denominados “ERAS” (enhanced recovery after surgery), que aparecerían medio siglo después, o los más modernos, desarrollados en nuestro país, denominados “PRI” (programas de recuperación intensificada) por el Grupo GERM (Grupo Español de Rehabilitación Multimodal). Hoy la ciencia acepta de forma clara que desde el momento en que se plantea a los pacientes un procedimiento quirúrgico se genera una respuesta fisiológica de estrés. Este concepto es el denominado “estrés perioperatorio” y perdura hasta la completa recuperación de los pacientes. Fue Kehlet, en 2003, quien con su publicación en la revista científica Lancet del artículo “Anesthesia, Surgery, and challenges in postoperative recovery”2 puso en tela de juicio esta idea al sugerir lo I 18 I Rehabilitación multimodal siguiente: “En el manejo perioperatorio convencional se acepta sin reservas que una importante respuesta de estrés es inevitable en toda cirugía mayor. Este concepto ha sido recientemente cuestionado por la evidencia de que gran parte de esta respuesta de estrés se puede evitar con la aplicación adecuada de anestésicos y analgésicos modernos, así como técnicas quirúrgicas que minimicen el trauma”. Toda situación de estrés genera, desde su inicio, una situación de catabolismo, mecanismos físicos y/o psíquicos desencadenantes de dolor, inmunosupresión, náuseas y vómitos perioperatorios, situaciones de íleo con la cirugía, aumento de las demandas cardiacas, disminución de la función pulmonar, un estado procoagulante y, en conjunto, una respuesta general adaptativa que puede entrañar efectos aún más deletéreos. Aunque solo fuera desde el punto de vista teórico, los factores citados anteriormente pueden ser combatidos y atenuados mediante procedimientos quirúrgicos mínimamente invasivos, la utilización de bloqueos anestésicos combinados (anestesia/analgesia del neuroeje, infiltraciones/bloqueos periféricos), intervenciones farmacológicas específicas (glucocorticoides, analgésicos, antieméticos, β-bloqueantes, agentes anabolizantes como GH o insulina, nutrición, carbohidratos preoperatorios) y la prevención perioperatoria de la distermia (fundamentalmente de la hipotermia no intencionada) (Figura 1). de eventos intracelulares que culminan en la activación de dos factores de transcripción genética mayores: el factor nuclear κβ y el c-Jun, que inducen genes responsables de un amplio rango de actividades biológicas que incluyen crecimiento celular y muerte, oncogénesis, respuesta inmunitaria e inflamatoria. – Liberación de reactantes de fase aguda. Grupo de proteínas plasmáticas, estructural y funcionalmente heterogéneas, que se sintetizan principalmente en el ámbito hepático y que comparten como característica común que varían su concentración plasmática al menos un 25% en respuesta al estímulo de ciertas citocinas. Se caracteriza por el establecimiento de un nuevo orden de prioridades en la síntesis hepática de proteínas3-5. – Leucopenia-leucocitosis, neutrofilia y proliferación de linfocitos. Es un hecho conocido que la anestesia y la cirugía producen inmunodepresión con aumento de la susceptibilidad a la infección que parece ser el resultado de dos mecanismos, una excesiva e indiscriminada respuesta inflamatoria y un fracaso de la inmunidad mediada por células; aunque parte Cirugía mínimamente invasiva CUESTIONES FISIOLÓGICAS Y FISIOPATOLÓGICAS QUE MEDIAN EL ESTRÉS PERIOPERATORIO Como respuesta al estrés se definen una serie de cambios hormonales, metabólicos y tisulares que siguen a la agresión o al trauma. Esta es una parte de la reacción sistémica a la lesión tisular, la cual incluye un amplio rango de efectos endocrinos, inmunológicos y hematológicos, tales como: • Activación del sistema nervioso simpático. • Respuesta endocrina al estrés: – Secreción hipofisiaria. – Resistencia a la insulina. • Cambios inmunohematológicos3: – Producción de citocinas3,4. Muchos de estos cambios son observados en periodos de horas o días y son iniciados por la producción y liberación de citocinas como el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-a), la interleucina 1 (IL-1), la interleucina 6 (IL-6) y la interleucina 8 (IL-8) en respuesta al estímulo nocivo. La unión del TNF-α al receptor TNF-R1 resulta en una serie Bloqueo anestésico combinado (anestesia/analgesia neuroeje, infiltración/ bloqueo periférico) Estrés perioperatorio: Catabolismo, dolor, íleo, NVPO, inmunosupresión ↑ Demanda cardiaca ↓ Función pulmonar ↑ Coagulación Prevención perioperatoria hipotermia Intervención farmacológica: Glucocorticoides, analgésicos, antieméticos, β-bloqueantes, agentes anabolizantes (GH, insulina, etc.), nutrición, carbohidratos preoperatorios Figura 1. Estrés perioperatorio y mecanismos que disminuyen la agresión. I 19 I Rehabilitación multimodal del sistema inmune presenta una abrumadora respuesta a la lesión, otra está en parte paralizada. La llegada de los neutrófilos al sitio de la lesión es fundamental y constituye una primera y efectiva línea de defensa del organismo. La migración y recirculación de leucocitos permite que células de diferente especificidad, función y experiencia inmune puedan repoblar continuamente diferentes tejidos, informarse en el sitio de la lesión, desarrollar la respuesta en los órganos linfoides que drenan el sitio de la lesión quirúrgica para luego migrar con el fin de neutralizar el antígeno extraño y participar en las reacciones de reparación tisular. El estrés induce primariamente un descenso del número de leucocitos en sangre. El aumento de los glucocorticoides en plasma durante el estrés se acompaña de un descenso significativo del número absoluto y relativo de linfocitos y de un incremento en el número de neutrófilos en la sangre. Con respecto a los linfocitos, no todas las poblaciones se afectan por igual durante el estrés. En los primeros 30 minutos tras la agresión se produce una disminución en sangre del número de linfocitos T helper, linfocitos T citotóxicos, linfocitos B, natural killer y monolitos, del 40% al 70% de los valores basales. Dentro de las 3 horas del cese del estímulo se recuperan lo valores basales e incluso aumentan. Estos cambios son inducidos por las modificaciones hormonales que se producen durante el estrés, tales como catecolaminas y principalmente glucocorticoides. Sin embargo, también deben ser considerados otros factores durante el estrés anestésico-quirúrgico, pues en esa situación están ejerciendo influencia, además, las modificaciones provocadas por la anestesia. Las drogas y procedimientos anestésicos no solo ejercen un efecto directo sobre los componentes del sistema inmune, sino también un efecto indirecto a través de los cambios inducidos en el sistema neuroendocrino, fundamentalmente sobre el sistema nervioso simpático y sobre el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal4. – Activación del complemento y aumento de producción de prostaglandinas, especialmente de prostaciclina y óxido nítrico. La propia agresión y los agentes infecciosos inducen degranulación de mastocitos (células cargadas de sustancias histaminoides de acción inmediata) y activación directa del sistema del complemento, determinando la liberación o activación de mediadoI 20 I res de la inflamación (cascada de activación de prostaglandinas y sistema calicreína) que inducen vasodilatación de la zona, aumento de permeabilidad capilar a grandes moléculas defensivas y facilitación de la migración de células con capacidad fagocítica (quimiotaxis). Los fagocitos circulantes (neutrófilos, monocitos, basófilos y eosinófilos), procedentes de la médula ósea, están modulados por mediadores de la inflamación y también por otros productos celulares como la interleucina 1 (IL1) y el factor de necrosis tumoral (TNF), así como por péptidos y endotoxinas bacterianas. Una vez que llegan al foco de infección pueden adherirse a los microorganismos, fagocitarlos y digerirlos. La fagocitosis se incrementa si el material está recubierto por ciertas proteínas plasmáticas llamadas “opsoninas”, que son básicamente anticuerpos (Ac), u otras proteínas de fase aguda. Estas proteínas (proteína C reactiva, fragmento activado del complemento C3 [C3b], fibronectina plasmática, interferones, etc.) son moléculas complejas que amplifican y modulan la respuesta inmune, facilitando el desarrollo de mecanismos defensivos innatos y adaptativos3-6. – Alteración del endotelio y estado procoagulante-alteración de fibrinólisis. La activación de las células endoteliales es fundamental en la respuesta al estrés, ya que una vez que son activadas por endotoxinas y/o citocinas amplifican la respuesta inflamatoria, el movimiento celular (polimorfonucleares, macrófagos) y la expresión de receptores de proteasa, los cuales son activados por factor VIIIa, IXa y trombina. Una vez activados inducen la síntesis en las células endoteliales de citocinas, quimiocinas y moléculas de adhesión. Asociado a este proceso, las células endoteliales pierden trombomodulina y heparán sulfato. Hay incremento en la síntesis del factor tisular (FT), que impide la activación de la proteína C, el inhibidor del FT y la ATIII, que asociado con la activación de la vía extrínseca por la expresión del factor tisular modifica el equilibrio procoagulante-anticoagulante con franco predominio procoagulante e inactivación de la fibrinólisis primaria y secundaria. Esta respuesta fisiopatológica modifica de manera significativa la microcirculación. Las células endoteliales, una vez activadas, amplifican la respuesta inflamatoria y se inicia un círculo vicioso de inflamación, apoptosis, consumo de proteína C, activación, disfunción y lesión endotelial que Rehabilitación multimodal evoluciona a trombosis microvascular y disfunción tisular y orgánica7,8,9. – El glicocálix. Nombre dado a una estructura polimérica específica de la membrana externa de la plaqueta madura. Es similar al glicocálix bacteriano y al endotelial. Está compuesto de glicoproteínas y permite que la plaqueta se adhiera a superficies como el colágeno de los vasos dañados. Aparece como una capa unida a la membrana externa de las plaquetas y contiene proteínas receptoras que permiten la adherencia de la célula. El glicocálix endotelial es una doble capa de polímeros (membrana externa cuya función es reducir la fricción del flujo sanguíneo y servir como barrera para evitar la pérdida de líquido a través de la pared del vaso, formada por una red de carga negativa de proteoglicanos, glicoproteínas y glicolípidos). En la agresión-inflamación se rompe, permitiendo el acceso de leucocitos y la extravasación. La estructura del endotelio vascular permanecerá intacta mientras se conserve la estructura del glicocálix10. En determinadas circunstancias, respuestas inflamatorias sistémicas y locales, tales como diabetes, aterosclerosis e isquemia o lesión por reperfusión quirúrgica y sepsis, se produce una pérdida rápida de las funciones del glicocálix, cuyas funciones de dependen de la estructura intacta del mismo11. La pérdida de sus componentes puede ocurrir en respuesta a mediadores inflamatorios tales como citocinas y factores quimiotácticos que se producen en arteriolas, capilares y vénulas. Los cambios microvasculares asociados a esa pérdida y una protección vascular alterada afectan negativamente las funciones de los vasos. La amplificación de la inflamación producida por liberación de mediadores inflamatorios iniciaría el acceso de los leucocitos a las moléculas de adhesión por degradar el glicocalix envolvente. Sobre la base de este mecanismo de acción, los mediadores inflamatorios pueden afectar directamente las células endoteliales que, en respuesta, modificarían las estructuras de glicocálix. Además, bajo condiciones de inflamación, subconjuntos activados de leucocitos tales como leucocitos polimorfonucleares, macrófagos y mastocitos desgranulan enzimas que posteriormente contribuyen a una mayor degradación del glicocálix y mayor pérdida de fluidos intravasculares12. – Aparición de peróxidos y supresión de la superoxidodismutasa13,14. Durante el metabolismo aeróbico de la glucosa la cadena respiratoria mitocondrial produce pequeñas cantidades de superóxido, que posteriormente son detoxificadas por la enzima manganeso superóxido dismutasa (MnSOD). Durante la hiperglucemia la producción de superóxido se incrementa lo que, aunado al óxido nítrico (aumentado en el estrés-), forma peroxinitrito. Esto induce nitración de los complejos mitocondriales I y IV, MnSOD, gliceraldehído-3-fosfato deshidrogenasa (GAPDH) y de los canales aniónicos dependientes de voltaje. Estos cambios, finalmente, tienen efectos de deterioro (por ejemplo, supresión de la cadena mitocondrial de transferencia de electrones, alteración de la detoxificación del superóxido, lanzadera de glucosa dentro de vías tóxicas e incremento de la apoptosis) y sugiere la toxicidad celular debida a la hiperglucemia15. Por otra parte, una de las consecuencias de la interacción de los neutrófilos con los inmunocomplejos es la generación de radicales superóxido, microbicidas, en la superficie del neutrófilo; estos radicales producen inflamación por lesión directa de los tejidos y por alteración de macromoléculas como el colágeno y el ADN16. La combinación de la liberación de catecolaminas junto a una función inmunitaria alterada, características distintivas de la respuesta al estrés quirúrgico, pueden contribuir a un estado de resistencia a la insulina que representa un factor patogénico importante junto a la disfunción termorreguladora responsable de la hipotermia y, ambos, modelan los resultados perioperatorios. Sin embargo, estos factores no solo están mediados por desencadenantes internos debidos al estrés perioperatorio; existen factores previos también responsables de estos efectos que se derivan del estado basal de los pacientes17. La insulina secretada por las células β pancreáticas en respuesta a la alimentación o a elevadas concentraciones de glucosa y proteínas en la sangre tiene un efecto netamente anabólico que promueve gluconeogénesis y captación de glucosa en el tejido muscular y graso. Sin embargo, durante la respuesta al estrés perioperatorio no existe una adecuada secreción de insulina secundaria al incremento de las necesidades orgánicas y las células, además, se vuelven resistentes a su acción. El grado de supresión de la secreción de insulina y la resistencia son proporcionales al nivel y la magnitud de la agresión. La baja sensibilidad de la célula hepática a la insulina delimita la resistencia a la misma e indica una respuesta biológica anormal para una concentración normal o baja de esta hormona. La resistencia hepática a la insulina se I 21 I Rehabilitación multimodal caracteriza por concentraciones circulantes elevadas de la proteína 1 fijadora de IGF-1 (IGFBP-1); también en el músculo esquelético y cardiaco el transporte de glucosa estimulado por insulina está alterado. En otro orden, se produce una alteración en el metabolismo de la glucosa con una elevación de la producción hepática y un descenso en la captación periférica, lo que contribuye aún más a ese estado de hiperglucemia y resistencia a la insulina. La importancia clínica de estos hechos se deriva del conocimiento de que una reducción del 50% de la sensibilidad a la insulina en el periodo postoperatorio supone un importante aumento de la tasa de complicaciones y de la infección relacionada18 (Figura 2). Aunque el músculo es el tejido principal para la captación de glucosa mediada por insulina, con la activación reducida de proteínas transportadoras de glucosa (especialmente GLUT4, aunque intervienen más transportadores GLT), hay una disminución del transporte a ese tejido y la degradación de la proteína muscular está determinada por el reducido efecto insulínico intracelular, responsable de la pérdida de masa muscular, que alcanza de 50 a 70 gramos de proteína al día. De esta forma, la hiperglucemia refractaria y la degradación de proteína muscular son las dos principales consecuencias metabólicas de la respuesta al estrés perioperatorio. En el periodo postoperatorio se identifican además otros factores que contribuyen a la resistencia a la insulina como el ayuno, el hambre y el reposo en cama. Resistencia aguda a la insulina Hiperglucemia y distermia Hiperglucemia e hipotermia perioperatorias Actuación intraoperatoria: anestésicos, fluidos con glucosa, esteroides, agonistas adrenérgicos, α-2-agonistas, hipotermia Estado metabólico preoperatorio: diabetes, inflamación/sepsis, obesidad Figura 2. Resistencia a la insulina y alteración de la termorregulación. No se conocen bien todos los mecanismos que inician, regulan y mantienen la respuesta a la agresión. Se produce una elevación en los niveles plasmáticos de hormonas contrarreguladoras (antiinsulina) como cortisol, glucagón, catecolaminas y GH que producen hiperglucemia y, aunque se elevan sustancialmente los niveles de insulina, este efecto no es suficiente para contrarrestarla y/o existe una refractariedad para el efecto de esta hormona. También se produce una elevación plasmática de otras sustancias como la hormona del crecimiento (GH), la aldosterona y la VPA, cuya liberación está mediada, al menos parcialmente, por mecanismos nerviosos. Las citocinas proinflamatorias afectan indirectamente la homeostasia de la glucosa por estimulación de la secreción de hormonas contrarreguladoras y, directamente, por alterar la señalización del receptor de insulina17,18. El hipotálamo tiene un efecto coordinador central sobre la respuesta endocrina. Los impulsos aferentes estimulan la secreción de factores liberadores, que a su vez estimulan la hipófisis produciendo la secreción de propiomelanocortina (POMC), prolactina, vasopresina y GH. En la respuesta al estrés no solo está implicado el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, sino también el sistema opioide endógeno. El factor liberador de la hormona corticotropa (CRH) actúa sinérgicamente con la vasopresina estimulando la secreción de la POMC por la hipófisis. La POMC es metabolizada a ACTH y a β-endorfinas, de ahí que exista un eslabón entre los opioides endógenos y el eje hipotálamo-hipofisario-suprarrenal. La estimulación de la médula suprarrenal por el CRH tiene como consecuencia la liberación de catecolaminas y encefalinas. La secreción hipofisaria de prolactina se cree mediada parcialmente por el péptido intestinal vasoactivo y por la dopamina, aunque también pueden intervenir otros mediadores (precursores catecolamínicos). El papel de la prolactina frente al estrés no está aún claro, aunque parece ser que la determinación de prolactina es de las más sensibles en la valoración de la protección frente al estrés quirúrgico. Se desconoce el papel de otros mediadores neuroendocrinos en tejidos diferentes a los hipotalámicos e hipofisarios19. Las principales señales que inician la respuesta neuroendocrina a una lesión son la hipovolemia y el dolor. La respuesta hormonal es difusa y estimula la liberación de múltiples hormonas. En cada caso, el comienzo rápido de la secreción hormonal depende de un reflejo activado por nervios aferentes. Aunque el reflejo inicial de aumento de la actividad simpática puede ocurrir en el ámbito del bulbo o de la médula espinal únicamente, al parecer incluso estos reflejos re- I 22 I Rehabilitación multimodal quieren una coordinación hipotalámica similar a la que se observa en el control de la liberación de hormonas de la hipófisis anterior. Se han estudiado en detalle las vías precisas de terminaciones nerviosas aferentes al hipotálamo, en especial de ACTH y en menor grado VPA y catecolaminas. Los datos disponibles sobre el control de otras hormonas parecen análogos y es muy probable que las vías aferentes se compartan en gran medida. El control de ACTH y VPA como respuesta a los estímulos de hipovolemia y dolor es un ejemplo de un sistema neuroanatómico por el cual se integran respuestas humorales después de una lesión. Otros núcleos del hipotálamo tienen una acción central en estos reflejos mediante la regulación de la producción de factores de liberación, que a su vez rigen la secreción de diversas hormonas de la hipófisis anterior y la actividad del sistema nervioso autónomo20. La anestesia y la cirugía producen una serie de estímulos que determinan una reacción del organismo para restaurar la homeostasis o contrarrestar su amenaza y que se traducen en una serie de cambios de conducta y cambios fisiológicos. Estos cambios se conocen como “respuesta de adaptación” y se pueden considerar dos fases, una inicial hipovolémica y otra posterior hiperdinámica. La secuencia sería: aumento de la actividad simpática, aumento de la frecuencia respiratoria, aumento de la actividad hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, cambios metabólicos producidos por la respuesta endocrino-adrenal, aumento de la eliminación de toxinas y aumento de la respuesta inmunoinflamatoria en las zonas lesionadas. Una situación de estrés implica la interacción y suma de estímulos aferentes de muy diversa índole, que deben ser integrados en el sistema nervioso central (SNC) y que originan una respuesta hormonal directamente proporcional a la intensidad del estímulo y en la cual el hipotálamo va a jugar un papel preponderante en la respuesta eferente desencadenando una serie de respuestas metabólicas mediante un doble sistema efector: el sistema hipotálamo-hipofisario-adrenal (SHHA) y el sistema simpático-adrenomedular (SSAM). La respuesta del sistema simpático-adrenomedular suele ser inmediata, comparada con la del sistema hipotálamo-hipofisario-adrenal que es más tardía y de mayor duración. El hipotálamo está en relación directa con todas las áreas del sistema autónomo y controla la hipófisis por medios directos e indirectos21. De manera general, podemos decir que el SHHA controla la producción de la hormona liberadora de corticotropina (CRF), vasopresina-arginina, oxitocina, hormona del crecimiento (GH), hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), cortisol y el sistema reni- na-angiotensina. Por otra parte, el SSAM es el responsable de la liberación de catecolaminas, fundamentalmente noradrenalina, con la consiguiente estimulación de los receptores sobre los que actúa la misma22. En la zona central estos dos sistemas se encuentran sometidos a complejos mecanismos de regulación que podemos resumir en una activación mutua y una autorregulación, en que cada núcleo se inhibe a sí mismo por un mecanismo de feed-back ultracorto (la hormona liberadora de corticotropina y la noradrenalina actúan sobre receptores presinápticos y α-2 adrenérgicos respectivamente). Responden de forma similar a diferentes moduladores neuroquímicos. Ambos se activan mediante la serotonina y acetilcolina y se inhiben por el sistema del ácido gammaaminobutírico (GABA) y por benzodiacepinas y opioides. El núcleo paraventricular liberador de hormona liberadora de corticotropina es inhibido de forma retroactiva por esta misma hormona y por las β-endorfinas producidas en el núcleo arcuato. La vasopresina actúa de forma sinérgica con la