Download La Rusia de los Zares

Document related concepts
no text concepts found
Transcript
Índice
PORTADA
DEDICATORIA
PRÓLOGO
1. LOS ORÍGENES: DE KIEV A
MOSCOVIA
2. LOS COMIENZOS DEL GRAN
IMPERIALISMO RUSO: IVÁN IV EL
TERRIBLE
3.
LA FORMACIÓN DEL
ESTADO MODERNO: LA DINASTÍA
ROMANOV
4.
EL
APOGEO
DEL
IMPERIALISMO: PEDRO I EL
GRANDE
5.
LA ETAPA DE
LAS
EMPERATRICES: DE CATALINA I A
ISABEL PETROVNA
6. CATALINA II LA GRANDE:
AUTOCRACIA, IMPERIALISMO E
ILUSTRACIÓN
7.
EL
REINADO
DE
ALEJANDRO I: DE LA ESPERANZA
REFORMISTA A LA DECEPCIÓN
AUTORITARIA
8. EL REINADO DE NICOLÁS I,
PROTOTIPO DE AUTÓCRATA.
9.
EL
REINADO
DE
ALEJANDRO II: LA EMANCIPACIÓN
DE LOS SIERVOS Y LOS ORÍGENES
DE LA REVOLUCIÓN
10. LA CAÍDA DEL ZARISMO.
ALEJANDRO III Y NICOLÁS II
11. GUERRA Y REVOLUCIÓN
BIBLIOGRAFÍA
CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA
DE RUSIA
CRONOLOGÍA DE LA HISTORIA DE
RUSIA (Hasta la caída de Nicolás II)
MAPAS
ÁRBOLES GENEALÓGICOS DE
LAS DINASTÍAS ROMANOV Y
HOLSTEIN GOTTORP
IMÁGENES
NOTAS
CRÉDITOS
A Isabel, mi otro yo.
A mis hijos Sacha (†), Nacho,
Guillermo y Lorena.
PRÓLOGO
Durante la última década del recién
pasado siglo XX tuve oportunidad de
viajar con bastante frecuencia a Rusia,
en mi condición de diputado a Cortes y
miembro de la Comisión de Asuntos
Exteriores del Congreso. Recuerdo muy
especialmente un viaje en la última
semana de noviembre de 1991, cuando a
la Unión Soviética le quedaba menos de
un mes de existencia. La suerte de aquel
enorme conglomerado de pueblos estaba
echada y desde Occidente se
contemplaba con preocupación la
evolución de los acontecimientos. Tanto
en Estados Unidos como en Europa
occidental se percibía una ambivalencia
de sentimientos, porque si, por una
parte, muchos se alegraban abierta o
secretamente
por
el
patente
desmoronamiento del enemigo la
víspera, por la otra se temía la
desestabilización de aquel inmenso
imperio, que hasta entonces se había
mantenido unido, con mano de hierro,
desde Moscú. Gorbachov —con quien
pudimos mantener una larga entrevista—
intentaba transformar la URSS en una
«Unión de Estados Soberanos» de estilo
confederal, mientras que Yeltsin —con
quien también debatimos la situación—
apostaba por una Rusia, de la que ya era
presidente por elección popular, que no
tuviera que depender de ningún
«centro», como se denominaba al
aparato soviético. Todavía, por apenas
unas semanas, ondearía sobre una de las
torres del palaciofortaleza del Kremlin
la roja enseña de la Unión Soviética, la
entidad política que representaba